Sin amor, no valdría la pena vivir.

Empiezo este post sin saber cómo titularlo. Se me ocurrió “La grinch de San Valentin” o quizá “La grinch del amor”, luego pensé en “El amor nos salvará” y también “Todo lo que necesitas es amor”, pero eran super comerciales y no me convencieron, así que decidí hacer lo que muchas veces hago y lo que recomienda la gran escritora Rosa Montero, empezar a escribir y dejar que el título llegue a mi.

Hoy es 14 de febrero, Día de San Valentín, y para muchos es un día terriblemente comercial en el que la mercadotecnia nos ha hecho creer que la mejor o única manera de celebrar es teniendo una pareja y que le escurra miel por los poros de amor por ti y te lleve a comer a un lugar delicioso, con el coche lleno de globos metalizados color rojo en forma de corazón y te regale una joya preciosa, de preferencia con un diamante, también en forma de corazón. Y eso, cuando no llega, puede llenar de frustración, así que es más fácil decir que eres un grinch y que odias el día porque es pura mercadotecnia (yo era esa persona).

Y es que no crean, tuve en su momento “galanes” que me decían “es pura mercadotecnia, el amor se festeja todos los días, yo odio que la gente crea que tiene que regalar algo para festejar” y yo pensaba “este cabrón (perdón el francés) no quiere gastar y es más fácil decir que él celebra su amor todos los días con hechos, no tarjetas ni flores” (cosa que tampoco hacía pero qué lindo se oye), a lo que uno generalmente contesta “ay sí qué horror, cuánta cursilería” como medio de defensa para tampoco tener que regalar nada y para no frustrarse porque tu novio/amigo/galán no quiere ni regalarte una ridícula flor.

Pero he cambiado de opinión. Y esto no es porque ahora tenga un novio cursi que le gusta celebrar el amor y hablarme temprano para decirme lo mucho que me quiere y que desearía poder celebrar juntos (que sí lo tengo y sí lo hizo y sentí bien bonito) pero no, no es por eso, es porque en los últimos días, o semanas… más bien meses y tendría que decir años, que venido comprobando que tengo mucho amor a mi alrededor, y que lo único que salva a la humanidad de la deshumanización es el amor.

El amor a tu pareja, el amor a tus amigos, el amor a tus padres, a tus hijos, a tus compañeros animales (llámese perros, gatos, ratones, canarios, loros…). El amor a tu trabajo, a tu libertad, a la justicia y, sobre todas las cosas, el amor que más me gusta, el amor desinteresado al desconocido. ¿Habrá un amor más puro y más bonito que el amor a esas personas que no conocemos y que sin embargo queremos ayudar o rescatar?.

En los últimos años he intervenido en varias campañas sociales en las que haces colectas de dinero o ropa, comida o productos varios para gente que desesperadamente lo necesita. Por ejemplo en el terremoto del 2017 (para no irme hasta 1985 que también lo viví). También recuerdo cuando fui voluntaria en la Cruz Roja de México cuando el huracán de Guerrero y estaba con un montón de voluntarios más armando cajas de despensa y no nos conocíamos entre nosotros, sin embargo la energía de amor era enorme. Ese amor desinteresado que te hace estar horas parada juntando arroz, frijol, mermeladas y mayonesa, donado por alguien que no conoces y armando cajas para enviar a alguien que jamás has visto ni verás, no puede ser otra cosa que una manera enorme de amar. Recuerdo cuánto me conmovió leer un mensaje escrito en una botella de mayonesa que decía “ánimo, no estás solo”¿quién lo escribió? quien sabe ¿quién lo va a leer? quien sabe, pero ahí había amor del más puro desde mi punto de vista.

También en los últimos años he sido testigo de un amor precioso al ser voluntaria en una escuela para niños con discapacidad, con mi preciosa Tostada, y ver lo que se esfuerza el patronato de esa escuela por mantenerla abierta, debido a la falta de recursos, se ven en la necesidad de trabajar todos los días para conseguir donativos, solicitar gente que apoye con becas a los niños y tratar de solventar todos los gastos para pagar a maestros que ganan poco pero están ahí por amor a los niños que, sin esa escuela, no tendría oportunidad de aprender ni rehabilitarse. ¿Qué ganan estas personas de ese patronato de la que una vez fui parte al batallar tanto para mantener esa escuela abierta? NADA, absolutamente NADA, nada más que sentir caliente el corazón cada vez que cae un donativo y saber que Mateo o Lupita o Iván, van a seguir yendo a su escuelita porque gracias a ti tiene un lugar seguro a dónde ir.

Para no irme tan atrás, las últimas semanas he recibido yo una cantidad ENORME de amor. Primero el día de mi exposición de Fotobordado, que se llamó “Abordando mi territorio, resignificando la historia” en la que mostré el trabajo que hice durante la pandemia bordando fotos antiguas de las mujeres de mi familia y algunos trabajos más de todo lo que he ido aprendiendo. Ahí estaba yo rodeada de un montón de gente que veía mi trabajo y me felicitaba. Ahí estaban las fotos de mi familia viendo todo el amor que se me demostró ese día, puedo honestamente decir que yo estaba desbordada. No lo esperaba, había hecho todo con muchísimo miedo porque me expuse completita, y todo fue precioso, el amor de mis amigos, de mi familia y, una vez más, de desconocidos que cayeron, me rebasó y me conmovió mucho, me hizo creer que haga lo que haga, siempre tendré amor a mi alrededor.

En diciembre murió Tostada y recibí una cantidad de amor y cuidados de la gente que me quiere que no sé cómo habría hecho sin su apoyo y su cariño. Cuando anuncié que había muerto Tostada, pedí que no me mandaran mensajes porque no era capaz de contestar y me apenaba. Sin embargo la gente que me quiere no hizo caso de mi ridículo pedido, me escribían diciendo “no tienes que contestar, pero te quiero y quiero que sepas que aquí estoy para ti”. Hubo mensajes de gente que no conozco en persona pero que son amigos de redes como Instagram que me conmovieron tanto que sé perfecto quienes son. Es cuando sabes que pase lo que pase, cuentas con el amor de personas que ahí estarán siempre para ti. A todos los que no me hicieron caso y me escribieron, me mandaron regalos y me preguntaron un simple “¿cómo estás?” los tengo en el corazón y los celebro hoy, y sé quienes son. Puedo no acordarme de qué tengo que hacer en las próximas dos horas, pero jamás olvido a alguien que me hizo sentir querida.

Otro ejemplo de amor fue el que me hizo sentir Mon Cochón una noche en Montreal. Estábamos viendo una película y eran alrededor de las 12.30 de la noche, en pijama y calentitos mientras afuera hacía un frío tremendo, le dije “hoy hace cuatro semanas fue el útmio día que vi viva a Tostada”, me abrazó, seguimos viendo la película y de pronto veo por la ventana que empezaba una nevada divina, con unos copos enormes que jamás había visto (él sí) y me dieron ganas de salir a caminar. A 12 grados bajo cero, ya en pijama y con calefacción, le dije “podemos salir a caminar tantito” y me dijo que sí, se levantó, se vistió, se puso su gorro y me dijo “vamos”. Fue una nevada preciosa con unos copos enormes que al principio se sentían divino, cuando vio mi cara de felicidad me dijo “vamos a caminar al río”, él no venía preparado para ese frío que sentimos porque pensó que solo saldríamos a ver la nieve, pero Mon Cochon quiere verme feliz, así que caminamos y caminamos y caminamos muertos de risa porque la nieve empezó a caer con más fuerza y lastimaba la cara. Llegamos al río y era precioso, PRECIOSO. Siempre le agradeceré ese sencillo acto de amor, porque alguien puede decirte que te quiere mucho, pero si no lo demuestra, de poco sirve.

He vivido muchos tipos de amor, el de mis papás al irme a echar porras cuando corrí el maratón llenos de orgullo, al ayudarme con mis dos hijos desde el día en que nacieron porque al ser dos al mismo tiempo se dieron cuenta que yo sola no podría, al apoyarme cuando me separé de mi esposo, de manera amorosa e incondcional, al hacerme mi mamá huevito revuelto, chilaquiles, chiles rellenos o mandarme queso porque sabe que todo esto lo disfruto muchísimo. Al tener un papá que si viajo o lo necesito, pasa, recoge y lleva a mis hijos a donde sea que quieran ir porque para eso tienen un abuelo que está presente.

Mis hijos tienen 18 años y son secos como el desierto como buenos hombres adolescentes y, sin embargo, siempre encuentran la manera de demostrarme que me quieren, hay que estar muy receptivo porque con ellos nunca se sabe, pero siempre hay un momento en el que digo “sí me quieren”.

El amor incondicional de Tostada, Salsa, en su momento Chuleta y ahora Morrita. Ese amor que sentimos por los perros y ellos sienten por nosotros, es una de las manifestaciones más claras que hay de que el amor incondicional existe y sana.

Eso… el amor sana, el amor cura, el amor repara, el amor te arma, el amor te impulsa, el amor te mantiene vivo, el amor te hace sentir que puedes seguir, el amor hace que, en un mundo en el que podría se cada día más desalmado, mientras exista amor, hay esperanza de poder seguir.

Así que si me lo permiten, sin globos metalizados rojos en forma de corazón, sin flores y sin anillos con diamantes, sin bombones ni chocolates ni tarjetas, yo celebro el amor, celebro que nos siga manteniendo vivos, celebro que haya gente que sigue deseando querer y ser querido, porque el día que podamos vivir sin amor, será un día que ya no valga la pena vivir.

Feliz día del amor.

5 thoughts on “Sin amor, no valdría la pena vivir.

  1. Y así sin querer aparece agüita en mis ojos! Y sí tengo el amor incondicional de mi marido, de mis hijos, de mis hermanos, de mi mami y de mi adorada Cookie, mi perrita feliz que adoptamos en el 2018! Gracias por recordarme lo afortunada que soy!

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