Hoy hace dos meses fue el último día de vida de mi preciosa Tostada, he decidido no recordar el día en que murió sino tratar de celebrar el último día que vivió.
Para escribir este post puse música que me gusta, quiero tratar de transmitirles el maravilloso ser que fue Tostada y quizá así entiendan mejor por qué todavía me duele el corazón, lo escribo y se me llenan los ojos de lágrimas, es inevitable, no sé cuándo será el día en que si pienso en ella no llore. Pero tendré paciencia porque además se merece cada lágrima que sale de mis ojos y porque el duelo no es lineal, vas y vienes, y es diferente para cada persona, un día a la vez.
Tostada llegó a mi vida en marzo del 2011, en un momento en que me tambaleaba y, sin saberlo, estaban por venir momentos terribles para mi.
Acababa de morir mi adorada Beagle que se llamaba Chuleta, de una manera inesperada, había amanecido “rara” así que llevé a mis hijos, que tenían 6 años, a la escuela y me fui al veterinario. Fue un día horroroso porque me dijeron que tenía baja frecuencia cardíaca y que se quedaría en observación, una hora más tarde me dijeron que tenía una hemorragia interna debido a un tumor que tenía en el bazo y se estaba desangrando por dentro, lo primero que le dije al veterinario fue “¿y el cáncer se puede tratar?” a lo que me contestó “el cáncer es lo de menos, se está muriendo desangrada, hay que conseguir urgente donadores de sangre para tratar de estabilizarla y poderla operar”.
Conseguimos los donadores (gracias Sylvia, ese día empezaste a mejorar mi vida sin saberlo), la estabilizaron, la pudieron operar pero al final de la cirugía tuvo un paro cardíaco, trataron de salvarle la vida y recuerdo las escenas como sacadas de una película en la cuál veíamos cómo le daban choques eléctricos en el tórax, ella brincaba pero no respondía, hasta que les grité a los veterinarios que pararan, Chuleta no podía sufrir más. Murió un 5 de febrero. Se me rompió el corazón.
Días muy tristes siguieron, fueron dos semanas terribles de llorar sin parar, no quise hablar por teléfono con nadie porque no controlaba el llanto y no sabía cómo ni cuándo estaría mejor, hasta que de pronto llegó a mi celular la imagen de un Golden adulto en adopción, recuerdo que siempre había querido un Golden pero pensaba que para eso necesitaba una casa enorme y un jardín inmenso y me resigné a no tenerlo nunca, pero se me iluminaron los ojos y le hable a Sylvia, que tenía varios Golden, para preguntarle si consideraba que yo podría tener una adulta ya que si no era cachorro, sería más difícil que acabara con mi casa.
Me dijo que si estaba lista para tener otro perro, ella tenía a la cachorra perfecta para mi, se llamaba Greta, tenía tres meses y medio, había crecido con ella y sus hermanitos y cuando le pregunté por qué decía que era la perra perfecta para mi me dijo “porque es una perra feliz”, lo recuerdo como si fuera ayer, jamás lo olvidé porque fue, es y será siempre perfecta para mi.
Me mandó una foto y parecía un osito de peluche, con una pelota de tenis en el hocico y me enamoré, me dijo que fuera a conocerla, fuimos mis hijos, mi mamá y yo y cuando la vi corriendo hacia mi, supe que era ella, era perfecta, era para mi pero, sobre todo, era para mi corazón.
Le cambiamos el nombre, la historia es larga y no vale la pena contarla, pero la llamamos Tostada. Fue una cachorra terrible, yo no tenía idea de adiestramiento canino, hacía lo que podía con la Godzilla que tenía en mis manos, mientras comíamos en el comedor, se subía a la mesa arrasando con todo. Cuando la llevábamos en el coche, brincaba de un lado a otro de la cajuela hacia los asientos, hacia la cajuela, hacia los asientos… hacia la cajuela… hacia los asientos… ERA MARAVILLOSA.
Mis hijos estaban chiquitos y crecieron esos primeros meses juntos, Salían en la patineta y salía yo con Tostada a verlos, tengo un montón de fotos de esos días y sin embargo ahora siento que no tengo suficientes. Mis tres cachorros eran felices, en ese entonces. Tostada y mis dos niños me hacían la vida imposible y feliz.
Unos 8 meses después empezó la misión de Tostada, reparar mi corazón.
Se acabó mi matrimonio, en octubre me separé de mi esposo y empezó mi época oscura. Empecé a vivir momentos que odiaba con todo mi corazón como cuando mis hijos se iban los fines de semana con su papá y sentía que se me abría el piso, pero Tostada lo reparaba. Cuando se iban de viaje y yo no iba con ellos, Tostada se quedaba, cuando lloraba a escondidas, Tostada me acompañaba.
Tostada hizo lo que pudo y lo hizo bien, lo hizo perfecto. Empezó también a acompañar a mis hijos en su proceso de duelo por su papá y también lloró con ellos. Unos años más tarde los acompañó en la espantosa adolescencia y se convirtió en su válvula de escape. Cada vez que estaban tristes o enojados y me odiaban con todo su corazón, abrazaban a Tostada y se sentían mejor. Empecé a ver cómo tenía cualidades sanadoras y cómo podía ser capaz de abrir tu corazón para ponerle un poco de luz y hacerte sentir mejor.
Años más tarde, empecé a cuidar alguno que otro perro como favor a mis amigas cuando se iban de viaje y empecé lo que más tarde se llamó “La Casa de Tostada”, una pensión casera para perros sin jaulas y que vivían en mi casa como si fueran de la familia.
Fueron ocho años en los que Tostada me tuvo toda la paciencia del mundo, cada vez que entraba un perro en la casa, me veía con cara de “es en serio… otro perro…” pero jamás fue agresiva con ninguno. Había algunos con los que jugaba pero yo sentía que no era algo que le encantara, tenía que compartirme aunque siempre respeté su lugar en la casa, solo Tostada tenía acceso a mi cama y había cosas que solo hacía con ella, para que entendiera que aquí seguía siendo la reina. Ocho años me aguantó mi preciosa Tostada, ocho años que me ayudaron mucho a entender a los perros, aprendí a comunicarme con ellos y, aunque fue agotador porque cada vez descansaba menos días al año y veían más y más perros, fue maravilloso ver a mis hijos crecer rodeados de ellos.
Un día una amiga me mandó un video en el que un Golden, que era Perro de Terapia, ayudaba a un niño que había sufrido un accidente a rehabilitares jugando, “Yo quiero hacer eso con Tostada” pensé.
Busqué información al respecto y un día por fin dí con Bocalán México. Cuando algo se me mete en la cabeza, no se me sale hasta que lo hago. Empecé a estudiar un diplomado en Terapia Asistida con Animales y Tostada y yo estudiábamos juntas, fue una de las mejores épocas de mi vida. Nos íbamos los jueves, viernes, sábados y domingos a la escuela. Teníamos que tomar carretera y acompañadas de música y con un paisaje boscoso éramos muy felices. Cuando había mucho tráfico Tostada se acercaba a mi entre los asientos y yo cantaba y tomaba video, empezó lo que llamé “Carpool Tostada”. Tengo un montón de videos y sin embargo no tengo suficientes.
Cuando hicimos nuestro examen juntas fue maravilloso. Creo que fue la primera vez que hice verdadera consciencia de cómo Tostada me entendía con la mirada, nos hablábamos sin hablar. En el examen tenía que enseñarle en pocos minutos un truco nuevo, recuerdo que tenía que enseñarle a tomar una cubetita con el hocico y caminar conmigo con la cubetita sin soltarla. Recuerdo haberla visto a los ojos y pedirle en silencio “vamos Tostada, sí puedes, podemos juntas…” y lo logramos. Por lo tanto no solo yo pasé el examen, Tostada se llevó un diploma también y lloré de emoción porque juntas habíamos logrado lo que yo consideraba casi imposible.
Vinieron meses de hacer trabajo como voluntarias. En el 2017, en el terremoto de la Ciudad de México, nos pidieron que fuéramos un albergue para leer cuentos con los niños, fue precioso. Como no tenía un peto especial que se les pone a los perros de trabajo, le puse unas alas que alguien nos había donado para los niños. Así que Tostada iba con sus alitas y los niños la consideraban un perro con alas. Una especie de hada, una perrita con magia. Y eso era.
Fue un momento muy difícil para mucha gente pero muy lindo para mi, Tostada y yo hicimos muchas cosas juntas. Nos subíamos al coche y visitábamos gente que necesitaba reír. Visitamos zonas de desastre, visitamos a los “Topos” que trabajaban en derrumbes y en sus tiempos de descanso acariciaban a Tostada. Fuimos a la zona donde estaba el edificio de Álvaro Obregón para acompañar y dar consuelo a los rescatistas que estaban extenuados y a las personas que estaban esperando noticias de sus familiares desaparecidos. Recuerdo en especial una anécdota: Se me habían acabado los premios porque estuvimos más tiempo del que yo planeaba, Tostada amaba la comida y jamás pude quitarle las ganas de robársela, así que la distraía con premios, pero al haberse terminado, tuvimos un serio problema porque estábamos pasando por la zona de comida donde había gente voluntaria dando de comer a rescatistas y familiares, se sentaban en la calle, sin mesa, con los platos en las piernas y yo veía los ojos desorbitados de Tostada deseando robarse un taco, la veía babear y tenía miedo de que pasara lo que pasó… de pronto me distraje una milésima de segundo que era lo que Tostada necesitaba para acercarse a una persona y robarse un taco. Lo que yo consideraba lo peor que podía pasarme, pasó a ser un momento de diversión y un segundo en el que se olvidaron de la tristeza las personas que vieron la escena. Todos los que lo vieron rieron mucho, yo no podía creer lo que había pasado. Un perro de terapia robándole el taco a una persona que estaba a la espera de saber si un familiar suyo que estaba desaparecido había sobrevivido o no. Tostada no pensó en eso, no, ella solo quería ese taco de tinga que le supo a gloria y el dueño del taco se rió y me preguntó si le podía dar otro.
Esa era Tostada… esa perra feliz que quería estar conmigo y comer… nada en la vida le importaba más.
En las reuniones del club de lectura se portaba fatal, se convertían en un campo de batalla para mi y lleno de oportunidades para ella. Varias veces fuimos a dar a hospital en la madrugada porque se había robado algo que le había hecho daño. Una vez fuimos a las cuatro de la mañana porque no paraba de caminar y me imaginé que algo malo pasaba, le tomaron una radiografía y me dijeron “no tiene más croquetas en el cuerpo porque no le cupieron”, cuando vi la imagen no sabía si reír o llorar. Se había robado el costal de croquetas y se lo había comido todo, eran cerca de 5 kilos.
Tostada fue siempre feliz, mientras estuviera conmigo, era feliz. Empezamos a trabajar de voluntarias en una escuela para niños con discapacidad de bajos recursos, La Gaviota. Tostada entendía perfecto lo que tenía que hacer en las sesiones. Seguía mis instrucciones con los ojos, jugaba con los niños con parálisis cerebral y les llevaba la pelota para que trataran de aventarla. Jugaba boliche gigante con los niños de kinder I. Se dejaba acariciar y untar espuma de los niños con Síndrome de Down. Escuchaba con atención rodeada de niños los cuentos que yo leía y se dejaba colgar collares hechos con Frutilupis por los niños de Kinder III. Y cada vez que salíamos de La Gaviota cantábamos de regreso y yo me sentía llena, sentía que el esfuerzo valía toda la pena. Ver a los niños sonreír y gritar “¡Hola Tostada!” cada vez que llegábamos hacía mi vida plena.
Llegó la pandemia y Tostada y yo no dejamos de trabajar, hacíamos lo mejor que podíamos por zoom, “Tostadazoom” lo llamaba yo. Y siempre aprendía cosas nuevas.
Para mucha gente el encierro fue terrible, para mi fueron dos años de estar con mi preciosa Tostada y mis hijos las 24 horas del día. Seguro fueron los años más felices para Tostada porque estaba donde más feliz era. En su casa con su familia.
El martes seis de diciembre del 2022, a las 3:30 de la tarde, Tostada subió lento, muy lento, las escaleras de mi casa. Veníamos de recoger a mis hijos de la escuela y siempre me acompañaba. Pensé que al bajarse del coche se había lastimado una pata y decidí hacer cita con el veterinario porque algo me decía que era mejor que la atendieran. No quería que pasara la tarde y noche con dolor así que a las 7:30, después de dejar a mis hijos en el fútbol, la llevé esperando que nos atendieran rápido porque yo tenía clase de Historia.
“Tiene dolor abdominal” me dijo la doctora que la atendió. Se me hizo raro porque yo estaba segura que era una pata. Se la llevaron a hacerle una radiografía y tardaron mucho. Esa más de media hora de espera me pareció eterna. Cuando salieron los doctores, vi a Tostada acostada sobre la cama de exploración muy tranquila, pensé que estaba sedada porque casi no se movía, pero no, lo que tenía era dolor. Pasé y me dieron las peores noticias. En la radiografía no se veía algo malo en el abdomen pero en el tórax no se veían los pulmones ni el corazón porque había líquido libre por todos lados, por lo que le hicieron un ultrasonido y vieron en el corazón una masa enorme.
Una masa enorme en el corazón… Si yo les dijera que cada vez que yo representaba a Tostada lo hacía con un corazón enorme en el pecho, no me lo creerían. Tengo un dije de plata que traigo colgado en el cuello con un Golden con un corazón enorme que compré hace muchos años. Cuando estuve en unos talleres de Juegos Colaborativos para la Paz, en una dinámica hice una Tostada con un corazón enorme. Cuando tomé una clase de Papel Maché, hice una Tostada con alas y un corazón enorme.
Siempre lo hice así porque siempre sentí que Tostada tenía un corazón grande lleno de luz y amor que nos daba a todos los que la conocíamos. A los niños de la Gaviota, a los rescatistas en el temblor, a los niños con cáncer que fuimos a visitar a un hospital, a los niños con los que leíamos en los albergues, a mis hijos cuando lloraban, a mi cuando estaba deprimida, a mis amigas cuando la acariciaban… Siempre un corazón enorme y ahora tenía una masa en el corazón que había provocado una hemorragia interna que no la dejaba respirar.
La tuve que dejar en el hospital, firmé una carta donde decía que estaba enterada que era un paciente grave con riesgo de muerte, pero pensé que era solo precaución. Me despedí de ella, estaba tranquila, con los ojos parecía decirme “no te preocupes y ven mañana por mi”, lloré pero jamás pensé que eran mis últimos momentos con ella viva.
Un par de horas más tarde me dijeron que habían logrado drenar parte del líquido en el tórax, que era sangre y que habían sacado muestras de la masa para analizarla en laboratorio.
Un par de horas más tarde me hablaron y me dijeron que era una llamada rápida para decirme que había tenido un paro respiratorio, que estaban practicando resusitación y que me llamarían unos minutos después. De los peores minutos de mi vida, ofreciendo de todo para que se hiciera el milagro, que se salvara, Tostada no se podía morir así, sola, de pronto, sin mi cantándole como siempre le cantaba, no, Tostada no se podía morir.
Minutos más tarde, Tostada murió, eran las 2:30 de la mañana.
Fuimos a despedirnos en ese momento mis hijos, Mary (la señora que trabaja hace años en mi casa) y Estrella (su hija) porque quería verla todavía bien, calientita, quería abrazarla y decirle que gracias a ella, cumplí sueños que solo con ella tuve, que gracias a ella los peores momentos de mi vida fueron superados, que gracias a ella entendí el amor tan grande que puedes sentir por un animal y ese animal por ti, que gracias a ella entendí que la comunicación con los perros es posible y que gracias a ella mi corazón se hizo más fuerte.
Tostada murió por una masa en el corazón, ahora creo que esa masa se creó por tanto amor que dio, no le cupo más en el pecho, no podía dar más y se salió de control.
Sigo despertando pensando en ella, sigo viéndola afuera de la regadera todos los días después de bañarme, sigo deseando sentirla en mis pies cuando hace frío en la madrugada, sigo deseando verla en el patio mientras medito, sigo deseando cantar con ella en el coche canciones de Cold Play o José José mientras hace cara de “otra vez, es en serio…”
Tostada, no puedo sentirme mas agradecida de haberte tenido en mi vida, no puedo creer que hayas sido parte de mi corazón y ahora no estés, no puedo creer que te hayas ido pero puedo aceptar que tu corazón estaba lleno, que esa masa era de tanto amor y que fue la que te ayudó a tomar la decisión de partir.
Me voy a reconciliar con esto preciosa, lo prometo. Hoy hace dos meses, a esta hora, todo estaba bien, no tenía idea que eran mis ultimas horas contigo y, sin embargo, recuerdo bien que estabas acostada al pie de la escalera, me senté en el piso y te canté “you are my sunshine, my only sunshine, you make happy when skies are gray, you´ll never know dear how much I love you, so please don´t take my sunshine away”.
Cada vez que salga el sol, pensaré que ahí estas, my sunshine, my lovely and only sunshine. Te adoro preciosa. Tengo miles de fotos tuyas y, sin embargo, no tengo suficientes.

Lo siento. Un saludo.
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Muchas gracias Ernesto.
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Que belleza de historia … créeme que comparto tu dolor… el siempre hecho de estar leyendo esta hermosa historia me tenía con un nudo en la garganta y derramando lágrimas de felicidad y dolor a la vez. Por alguna razón los empecé a seguir precisamente en la pandemia de tantas páginas que tengo siguiendo perritos ustedes me aparecieron y llenaban mis días de alegría de ver todo lo que hacían juntas.. yo tengo 4 hermosos hijos perrunos, 1 de ellos es mi mayor tesoro, es mi vida entera he compartido como tu tantas vivencias que ahora que la tengo enfermita me tiene rogando a Dios me la deje x muchos años más a mi lado pues sin ella no se que haría. Gracias x compartir esta belleza, x tu dedicación y amor a Tostada y a todas esas personitas que han ayudado. Tostada sin duda alguna es y sigue siendo ese ángel maravilloso en tu vida y su legado sigue dentro de ti bonita. Dios te siga bendiciendo grandemente y colme tu corazón de paz, amor y tranquilidad. Te abrazo con el alma 💚
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Muchas gracias Ivonne, deseo de verdad que tu perrita recupere la salud y la disfrutes muchos años más ♥️
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