Perdónanos Ruth

Hace unos días me dí cuenta que llevaba mucho tiempo sin escribir y pensé que era hora de regresar, pero quería hacerlo con un post como los primeros que escribía, algo natural, algo sin importancia, algo que me hubiera pasado, no una despedida porque me dijo Monsieur Maurice que corría el riesgo de convertirme en un obituario ya que últimamente solo escribía despedidas y es cierto.

Tristemente este post no es alegre ni chistoso, no es anecdótico y no es tampoco una despedida, es una forma de sacar lo que tengo en el corazón que me ha estado oprimiendo el pecho desde ayer.

Ruth era una niñita preciosa, inquieta, bailarina, intensa, curiosa… Era alumna de la escuela La Gaviota, en la cual soy voluntaria con Tostada.

Hay momentos y personas que te marcan la vida y Ruth es una de ellas, Ruth me dio momentos y me dio su presencia, Ruth es parte de mi historia y de la de Tostada.

Era una niñita pequeñita de tamaño pero enorme de corazón, recuerdo cómo me enternecían sus piernitas delgaditas con jeans y sus tenicitos de bota. Era de verdad delgadita y pequeñita. También recuerdo que siempre traía un peinado que no entendía cómo lograban hacérselo ya que Ruth no se quedaba quieta más de dos segundos. El peinando consistía en varias coletitas en el pelo unidas por ligas que formaban a veces una trencita o una colita de caballo, pero siempre se notaba la dedicación (aunque Ruth terminaba despeinada al final de la mañana).

Era una niña muy curiosa, algo que siempre hacía cuando estaba cerca de Tostada era investigar su correa, la tomaba con las manos y exploraba la textura, le encantaba ver la cajita que traía las bolsas que cargamos por si Tostada hace popó en la calle, a veces las sacaba y me daba risa, luego yo las volvía a meter cuando Ruth ya no estaba viendo.

A veces en cuanto veía a Tostada, la abrazaba muy fuerte, así son los niños con Sindrome de Down, sí, Ruth tenía Sindrome de Down. Son intensos al demostrar sus emociones aunque a veces solo la veía y estaba horas investigando su correa para después abrazarla y a veces ni caso nos hacía, porque así era ella, tomaba sus decisiones acerca de lo que tenía o no ganas de hacer.

Hasta hace unos años, yo pensaba que no podría trabajar con niños con Sindrome de Down porque no sabía cómo tratarlos, me daban una sensación mezclada entre miedo y nervios, no quería ofenderlos con mi curiosidad y prefería manterme alejada de ellos. Pero un día tuve la oportunidad de trabajar con un niñito al que siempre voy a recordar que se llamaba Oscar, mi primer niño con Down, y aprendí mucho de él y de ellos, ahora me duele el tiempo perdido, ahora los entiendo, los respeto y los admiro. Ahora son un imán para mi. Ruth era especial, Ruth tenía una discapacidad, pero solo era intelectual, porque tenía una ENORME CAPACIDAD de disfrutar la vida, de abrazar, de bailar, de investigar… Ruth sabía vivir y sé que sabía amar.

La última vez que la vi y la abracé fue en febrero del 2020, poco antes de la pandemia, y la útima vez que hablé con ella fue algún día de julio del 2021, poco antes de que terminara el ciclo escolar, me dio mucha ternura sentadita e inquieta frente a la pantalla porque nos veíamos por zoom.

Hace cinco días me avisaron que Ruth y su famlia tenían covid, que ella estaba delicada y la habían internado, también a su hermano y que el pronóstico no era bueno, los niños con Sindrome de Down son delicados del corazón, así que la situación era de verdad grave. Me impresionó mucho y empecé a rezar y a pedir oraciones por ella y su familia, seguí con mi vida pero pendiente de su evolución, siempre confiando en que se recuperaría.

Ayer, alrededor de la una de la tarde, mientras hablaba por teléfono con Monsieur Maurice, me llegó un mensaje que decía que a las 5 de la mañana Ruth había fallecido. SE ME PARÓ EL CORAZÓN y se me rompió. Lo sentí en el pecho. Ni para qué perder el tiempo en decirles cuánto lloré.

He estado en shock desde ayer tratando de identificar y lidiar con mis emociones. Sé que estoy triste, pero hay algo que no me permite seguir con la tristeza “normal” de una gran pérdida, y es que lo que siento es mucho enojo, mucho coraje, mucha impotencia.

Hace un ratito que estaba viendo llover en mi patio, me llegó la calma, me entró algo de paz y entendí lo que tenía ganas de hacer, lo que en realidad quiero es pedirle perdón a Ruth. Lo escribo y empiezo a llorar, así estoy desde ayer, cada vez que pienso en ella me ruedan las lágrimas y no puedo parar, y en este momento de nuevo sucede, se me nubla la vista y deseo solo sentir paz.

Perdón Ruth, perdónanos a todos, porque no debiste morir de covid, porque nosotros debimos de haberte protegido, porque eras un ser vulnerable y era nuestra resposabilidad mantenerte a salvo.

Perdónanos Ruth porque hemos sido una sociedad egoísta que solo ver por sí misma. Yo solo veo por mi familia, por mi vacuna, atiendo solo mis miedos y no volteo a ver a los niños que, como tú, son tan vulnerables y hay que proteger sobre todas las cosas.

Perdónanos Ruth porque no hemos luchado lo suficiente por ustedes, porque yo no luché lo suficiente por ti, porque no he protestado porque no se atiende y protege a los niños con discapacidad, porque he mirado hacia otro lado por estar preocuada por mis propios asuntos sin darme cuenta que ustedes deberían de ser los asuntos de todos.

Perdón en nombre de la gente que decide no vacunarse porque deciden por ellos, porque su decisión afectó tu vida, la de tus papás y la de tu hermanito, porque su decisión se basó en el miedo causado por la mala información, la ignorancia, por la falta de educación y por la falta de verdadera investigación que sí aporta la ciencia. Pero a tí no te dejaron decidir.

Perdón en nombre de la gente que no usa tapabocas porque dice que no sirve para nada, por la gente que dice confiar en su sistema inmunológico pero no pensó en el tuyo. Perdón por la gente que cree que el virus no existe y perdón por la gente irresponsable que hace fiestas y se descuida, porque decidió por ti.

Perdón por el gobierno que tenemos que ha tomados decisiones sin importarle la vida de ustedes, los niños, porque no tienen planes de protección ni apoyo para los niños con discapacidad y sus familias. Perdón en nombre de quienes solo critícan y se quejan en redes pero no actúan, como yo.

Perdónanos Ruth porque todo eso que te digo, lo hemos aceptado y permitido, lo he aceptado y permitido, me he enojado y he protestado, pero no he hecho nada.

Perdónanos Ruth porque no hicimos nada por protegerte, por salvarte, porque nuestra indiferencia te detuvo el corazón, te cegó esos ojitos llenos de curiosidad, te paralizó las piernitas delgaditas que bailaban, te detuvo las manitas que acariciaban a Tostada y te apartó los brazos que la abrazaban tan fuerte y con tanta intensidad.

Perdónanos Ruth, perdóname Ruth, necesitaba decírtelo y llorar una vez más llena de tristeza y de coraje porque no te veré más y porque merecías más, tenías derecho a más, porque eres una victima del covid pero, sobre todo, de la indiferencia.

Deseo de todo corazón, y quiero creer, que estás en un lugar mejor, en un lugar donde puedes bailar libremente, donde puedes explorar, ver y tocar cosas lindas que te emocionan, donde no sufres, donde no lloras, donde solo sonríes.

Espero que nosotros aprendamos a hacerlo mejor y podamos proteger a quien todavía podemos salvar. Te recodararé como esa niñita que un día me dio una de las lecciones más fuertes e importantes en mi vida y espero que el enojo no quede en este post lleno de tristeza, coraje y pesar. Espero hacer algo con él, espero hacer arte con tu memoria.

Te recodaré siempre.

Perdónanos Ruth, perdóname Ruth.

Descansa en paz.

3 thoughts on “Perdónanos Ruth

  1. Ay Diana… no hay suficientes palabras para poder expresar una pérdida Yam triste, pero tú nos lo transmites con tanto amor, que te agradezco hacer este llamado a que dejemos de ser indiferentes y que por favor no seamos tan egoístas. Muchos pensábamos que el COVID nos haría mejores personas y yo estoy pensando que es lo contrario. Te abrazo y te agradezco que tú puedas expresar tan claramente que estamos fallando todos. Te quiero mucho.❤️

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    1. Gracias Isolde querida. Siempre sé que cuento contigo. Ojalá esta triste historia se convierta en un parteaguas y muchos de nosotros no volvamos a ser indiferentes. Sé que tienes un enorme corazón y siempre estás viendo cómo y a quién ayudar así que confío que podremos hacer lindas cosas. Te quiero mucho mucho mucho ♥️

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  2. Lamento el mal momento, lamento mucho más este tipo de situaciones, que no deberían ser, NO DEBERÍA PASAR, NUNCA, ningún pequeño debería morir por nuestra falta de responsabilidad y de sensibilidad; en lo indivudual y en lo colectivo.

    Estamos atentos a nuestro mundo, a nuestras necesidades y como bien dices, ¿Y a los vulnerables, cuándo?

    Ni siquiera le dimos la oportunidad de poder decidir. lo sé, lo he vivido, no hay garantía de nada y nadie quiere por gusto propio padecer ni enfrentar nada que tenga que ver con salud. Pero al menos, algunos, en determinado momento si podemos responder, controlar, recuperar, aliviar por propia mano. Pero, ¿Y los que aún no pueden decidir o tomar acción por si mismos?, en ellos, ¿Quién si piensa y actúa?

    No lo sé, me duele y mucho leer acerca de esto, entiendo muchos de los sentimientos (más allá de la tristeza) que debes sentir Diana (el infarto cerebral del 2015, como secuela, me volvió muy chillón sabes). Pero también me deja ver que la autoflagelación no va contigo, eres una buena mujer Diana que sabe ayudar y lo hace. No sufras más por ello, regocíjate por que tienes la dicha de convivir con seres muy especiales a través de La Gaviota, eres el rayito de luz, alegría y esperanza de todos ellos.

    Con toda la certeza que me da el haber vivido mi viajes astral, encuentro cercano del chingagesimo tipo, experiencia cercana a la muerte o como le quieran llamar por allá en el 2006 cuando me diagnosticaron con Diabetes, te puedo jurar y asegurar que Ruth está en el mejor lujar en el que se puede estar, ahora ella goza de una paz y tranquilidad infinitas.

    La volverás a ver te lo aseguro, en esta o en cualquier otra vida, tuya o de ella y será el gran encuentro de dos almas bellas, puras y limpias (la tuya con algunos litros de chela adentro, pero pura, tú, la chela no tanto).

    Para la familia de Ruth, pronto consuelo, resignación y recuperación. Para ti me estimada Diana, un abrazo, que las letras te sigan ayudando en esta catarsis.

    Ruth, no tiene nada que perdonarte, al contrario, ¡Te agradece!

    Cuídate.

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