Desde ayer tenía mil cosas qué decirte, se me llenó la cabeza de ideas que decidí escribir hoy, en tu cumpleaños, y de pronto me encuentro la página en blanco y mi mente se puso igual, en blanco.
Pero confío en mi proceso de siempre, ese de soltar las manos y dejar que hable el corazón a través de ellas, y espero poder decir todo lo que quiero decir hoy, en un día en el que me siento infinitamente agradecida y muy muy enojada.
Aquí vamos mamá.
Me siento agradecida porque hace ratito estaba buscando unas fotos donde salimos juntas y me dí cuenta que llevo cincuenta años contigo aprendiendo todos los días. No recuerdo esto pero sé que tú me enseñaste lo primero que se aprende en la vida. A caminar, a hablar, a hacer pipí en el baño (aunque me has contado varias veces que fue complicado porque me sentaba en el piso cuando me daban ganas y era como perrito), y estoy segura que tú me enseñaste a abrazar. Sé que fuiste mi primer abrazo en este mundo.
Trataste de enseñarme otras cosas que nada más no pudiste, como a ser elegante, como tú, a ser femenina, como tú, a ser tolerante, como tú y a ser servicial, como tú.
No se me olvida la frase “ofréceselo a Dios” cuando te decía que no quería hacer algo, y yo me enojaba y te decía “¿y no será que Dios prefiere que le ofrezca cosas que sí quiero hacer?”, siempre has sufrido con mis respuestas pero nunca te has enojado con ellas.
No sabes cúanto te admiro y espero que sientas cuánto te quiero. Eres el mejor ejemplo de fortaleza y resiliencia que tengo, la cosa es que no sé si tú sepas lo fuerte que eres y lo resiliente que has sido toda tu vida. Ojalá tú te admiraras hoy como lo hago yo.
Tengo grandes recuerdos que parecerían insulsos pero no lo son, no para mi. Por ejemplo, esas tortillas fritas en la noche con salsa Búfalo que sabías que nos ecantaban a todos y que siempre nos hacías cuando salíamos de viaje y regresábamos porque eso significaba que habíamos vuelto. Las tortillas fritas son el símbolo que nos recuerda a todos cenando en la cocina, sentados a la mesa mientras tú estabas parada frente a la estufa friendo tortillas una tras otra porque no podíamos parar.
Todavía hace poco deseaba con todo mi ser una tortilla frita con salsa Búfalo porque eso me regresaría a esa época y me daría la sensación de hogar.
Eso fue lo que nos diste siempre, la sensación de hogar, de seguridad, de bienestar, de amor. Estar en la casa era tan placentero que lo que más nos gusta a mis hermanos y a mi es ir a verte, es estar en tu casa, es tener siempre algo rico que comer, algo chistoso que platicar y sentir tu cariño.
También me acuerdo del pan con jitomate y la salsita verde. La sopa de fideo y los bisteces con cebollita. Amo la palabra “cebollita” porque todo lo diminutivo es tan tuyo… Como el “agüita de limón” que siempre siempre había (y hay) en la casa. Cómo me costó trabajo, cuando me casé, el hecho de que cuando abría mi refrigerador no había en automático “agüita de limón” porque si tenía ganas, me la tenía que hacer yo. Recuerdo que quería regresar de inmediato a la casa para que todo funcionara bien, porque eso pasaba, siempre había comida para comer, agua para beber, todo estaba limpio y ordenado y siempre estabas ahí, SIEMPRE ESTABAS AHÍ.
Mi té de las mañanas, lo acabo de recordar, ¡ay mamá! cuánta dedicación a los seres que más quieres, a tu familia. Todos los días, antes de que yo abriera los ojos me llevabas un té de boldo a la cama, con miel y limón para que no supiera feo pero me hiciera bien a no sé que cosa porque no tengo idea para qué sirve el té de boldo, pero tú sí sabías y lo importante era que yo estuviera bien, pero feliz, así que el boldo era para mi salud y la miel y el limón para mi felicidad.
Me empiezan a venir tantos recuerdos, necesito un libro, no un blog. Pero los tengo en mi corazón y quiero que sepas eso, que nunca los voy a olvidar, con todo y mi mala memoria, porque marcaron mi vida.
Hay cosas que nomás no pudiste enseñarme, a ser ordenada, por ejemplo. No sé por qué con tu ejemplo de pulcritud soy este ser caótico y revuelto, mira que lo intentaste. A estar peinada siempre, no puedo mamá, lo siento, mi estilo es totalmente diferente al tuyo, desparpajada y fachosa, al contrario de tu elegancia y clase, es increíble que seamos igualitas en lo físico (bueno, solo la cara porque envidio tus piernitas delgadas y tus tobillitos huesudos) pero no haya logrado parecerme a ti en lo femenino.
Pero me aceptas como soy, eso no cabe duda porque solo me dices “ay Diana, qué bárbara eres” pero no tratas de cambiarme, y eso mamá, no lo pago con nada.
No sé si eres la mejor mamá del mundo pero si tuviera que elegir, te eligiría de nuevo, sin dudarlo un minuto. No sé si eres la mejor abuela del mundo, pero tus nietos te adoran y en tu casa siempre hay algo especial para ellos (como el helado de chocolate, que NUNCA falta).
Por lo que estoy muy muy enojada es porque no puedo creer que hoy cumplas 80 años y no podamos comer juntas, en el comedor de la casa con la mesa llena de comida, como tanto te gusta, que no podamos reirnos todos juntos, como siempre, burlándonos de alguien, generalemente de ti y de mi tía María, parte escencial de la familia, y que con tu gran sentido del humor solo digas “¿ya ves María? somos su diversión”. No puedo creer que no te puedo dar un abrazo apretado como te gustan, con esos con los que siento que te voy a romper de lo flaquita que estás (aunque digas que tienes una panza horrible y yo te diga que es lamentable que este verano no puedas lucir bikini por gorda). Tengo ganas de tronarte los huesitos con todo mi cariño en un abrazo en el que me sobran brazos por lo chiquita que estás pero que me ganas en fuerza porque expresas todo tu amor.
Ni modo mamá, hoy no se puede y me ENCABRONA (ya sé que no digo groserías pero hoy me ¡ENCABRONA! el maldito coronavirus y no poder festejarte).
Así que para superar esa sensación, decidí hacer algo especial para que sepas que siempre voy a honrar este día.
He decidido marcar el día de hoy, 14 de agosto, como el día que empecé una nueva vida, hace 80 años naciste y hoy nace en mi una mujer nueva y emprendedora. Hoy suelto el miedo y me atrevo a sacar la fuerza que tengo de ti para empezar un nuevo proyecto de arte. Hoy nace la emprendedora en mi y siempre será el día de tu cumpleaños cuando decidí jugar todas mis canicas y explotar mi creatividad y sacarla por fin con mi proyecto que tanto hemos platicado, hoy nace el proyecto “Mis mujeres fuertes”, hoy empiezo a honrar a las mujeres de mi familia y empiezo por ti.
Hace muchos años (50 y pico) tú me diste la vida, fuiste mi primer hogar, dentro de ti crecí calientita y llena de amor y fue ahí donde empezó a latir mi corazón, el que nunca ha dejado de latir ni sentir gracias a ti.
Así que con el perdón de todos los que no lo van a ver, al ratito te voy a ir a entregar mi corazón, y será el símbolo de que el tuyo y el mio laten juntos siempre, como cuando estaba en tu vientre materno, hoy, aunque no podamos estar tan juntas como queremos, te entrego físicamente mi corazón para que lo veas todos los días de tu vida y recuerdes que gracias a ti, yo existo.
Feliz cumpleaños mamá, me siento bendecida y agradecida por poder estar vivas las dos en tu ochenta cumpleaños, el enojo se me va a pasar, el amor, JAMÁS.
He leído y releído este post desde el año pasado y me encanta. A ti te detiene el coronavirus, a mi la muerte.
Ya se fue mi chicharroncita adorada, pero tuve la suerte de tenerla hasta mis 63 años!!! Guauuuu! No muchas…
Así que, coronavirus o no, abrázala, disfrútala, ámala y díselo mil veces.
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