Los papás tenemos miedo.

Me metí a un diplomado que se llama “Soluciones creativas para una crianza positiva”, me invitó una amiga y lo que pensé que sería divertido y entretenido, ha resultado ser muy revelador.

Pensé que era solo para papás de niños chiquitos y que yo no venía al caso con mis dos labregones adolescentes, pero estaba muy muy equivocada, no hay edad para descubrir cómo y cuánto la estás cajeteando y para encontrar soluciones creativas, pero, sobre todo, para descubrir un montón de emociones, patrones, errores y aciertos al ser mamá o papá.

Las primeras sesiones fueron divertidas y, mediante el juego, los alumnos nos empezamos a integrar, es raro compartir cosas medio intimas con gente que no conoces, y la psicóloga que lo imparte sabe perfectamente cómo manejarnos para irnos abriendo como cebollas y terminar llorando todos juntos como si fueramos los mejores amigos de toda la vida, y lo más padre es que es como en las Vegas, lo que sucede en el diplomado, se queda en el diplomado, sin siquiera tener la necesidad de hablarlo, todos sabemos que estamos ahí para acompañarnos en el descubrimiento de nuestra paternidad y maternidad.

En la primera sesión tocamos el tema de  “¿Infancia es destino?” y uy… no saben qué revelador, con una simple dinámica descubrí cómo creo que me ven mis hijos y cómo los veo yo al hablar de mi, fue sorprendente porque nunca me había puesto a pensar en eso.

En la segunda pudimos identificar patrones familiares que no teníamos conscientes ninguno de los que estábamos ahí, situaciones que vienen desde nuestros abuelos y que pueden estar influenciando de manera positiva o negativa en nuestra manera de educar, y decidimos qué acciones tomar al respecto.

Un día hicimos “Instalaciones” para las emociones de nuestros hijos y en otra sesión aprendimos a usar los juegos como nuestros aliados.

No quiero contar la película completa, pero siento una enorme necesidad de contar lo que ocurrió la semana pasada…

Ahora no jugamos, no hicimos dinámicas divertidas, empezamos un veradero trabajo de introspección y, como les digo a mis amigas “OMAIGOD” lo que he descubierto.

La tarea consistía en encontrar una conducta que yo quisera cambiar en mis hijos, tenía que escoger a uno y, teniendo adolescentes, fue bastante fácil. Yo quería lograr que el escuincle odioso dejara de discutir absolutamente todo lo que digo, supongo que todas las personas que tienen hijos de 14 años estarán de acuerdo conmigo en que es DESESPERANTE vivir en una batalla campal todos los días tratando de ganarle a tu hijo porque un chamaco de esa edad no puede saber ni lo que es mejor, ni debe poder más que tú (a menos que sea yo la única que piense que sus hijos no tienen la más mínima idea de lo que les conviene).

Por medio de una actividad (no quiero ser un “Spoiler” porque de verdad recomiendo que algún día lo tomen) al principio salieron frases como “Que deje de pelear conmigo”, “Discutir todo lo que digo”, “Estar tranquilo y de acuerdo en las simples cosas que pido”, y un ratito más adelante empezaron a desfilar verdades como “Me enojo”, “Me engancho”, “Me bloqueo”, “Soy explosiva” y, cuando se prendió la luz en mi cerebro, llegué a “Siento miedo” y “Siento enojo por hacerlo sola”… AHÍ ESTABA LA VERDAD.

Entonces me di cuenta, y ese miedo no es el natural que sentimos todos, por ejemplo a que les pase algo a mis hijos o a que me pase algo a mi y no esté para ellos, no, el miedo que siento es a no cumplir con mis propias espectativas, siento pánico de que se me salgan de control y haga de ellos unos terribles seres humanos, a que al estar educándolos me esté equivocando tanto que sean infelices y yo también, al miedo a perder su respeto y entonces no vean en mi una figura de autoridad… miedo a un montón de cosas que ni siquiera sabía.

Me impresionó descubrir el enojo de sentir que los estoy educando sola, al no estar su papá la mayor parte del tiempo, hay cientos de situaciones que tengo que manejar yo. Este es un tema que sentía que tenía totalmente superado y estando ahí me dí cuenta que todavía tenía esa emoción.

Fuimos haciendo descubrimientos juntos, entre todos, cada quién el suyo, pero aprendes un montón de los demás. Me di cuenta que TODOS TENEMOS MIEDO, algunos a crear patrones, otros a perder el cariño y respeto de sus hijos, otros a repetir historias propias, y cuando todos nos escuchamos, entendemos que es necesario identificar todas esas emociones para que a partir de ahí empecemos a buscar soluciones creativas.

Al final de la sesión, ya a punto de irnos, descubrí algo y lo compartí, me dí cuenta que el enojo que siento por estar educando sola puede estar infundado, esa es una emoción mía que no superé en su momento, decidí que tendría que pensar bien si eso era cierto, si lo estoy haciendo sola o no quiero ver que somos dos y es más cómodo enojarte y así justificar tu miedo, ahora me he dado cuenta que no es así y he soltado ese enojo, me siento incluso libre, en realidad estaba equivocada.

Cuando nos despedimos, un papá se acercó a mi y me dijo “Qué increíble lo último que dijiste, me gustó mucho”, y pienso que alguna fibra personal toqué en él, como muchas fibras han tocado en mi los demás.

Hemos dicho hasta el cansancio que nadie nace sabiendo ser mamá o papá y es cierto. Nos equivocamos mucho y tratamos de corregir, pero ¿Alguna vez se pusieron a pensar en las emociones que están detrás de todo esto?, yo honestamente no, siento un profundo agradecimiento por estarlo descubriendo, estoy segura que cosas muy positivas saldrán a partir de aquí.

La verdad, tengo una buena relación con mis hijos, sé que me quieren y estoy segura que saben que los adoro, pero eso no significa que no pueda mejorar, y no es por ser perfeccionista pero en cuestión de educar a mis hijos, sí quiero hacer el mejor trabajo posible.

Ahora sigue descubrir soluciones creativas, no tiene nada de malo sentir miedo, enojo, frustración, no considero ninguna emoción como negativa, pero a partir de eso, ¿Qué puedo hacer?, ¿Cómo manejarlo mejor?, hoy en la noche tengo la sexta sesión, me siento emocionada porque ahora sé que puedo descubrir un montón de cosas que me van a servir mucho, no para ser una  mamá perfecta, nadie lo es, sé que soy buena, no me doy golpes de pecho, pero sí puedo ser más asertiva, sí puedo estar más relajada, sí puedo ser más creativa, comprensiva y, sobre todo, VALIENTE.

Siempre les he dicho a mis hijos que un valiente no es quien no siente miedo, es quien a pesar del miedo, hace y emprende.

Así que va, a seguir descubriendo mis emociones, con todo y miedo.

GRACIAS “PSICOLOGÍA PARA NIÑOS”, están haciendo de mi una mamá que se conoce mejor y,  en consecuencia, unos hijos emocionalmente sanos, están ayudando a crear mejores seres humanos.

Gracias por siempre Xó, jamás agradeceré suficiente.

 

 

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