Ya no quiero ser mamá…

Soy una mamá de dos adolescentes de catorce años que está TOTALMENTE CONFUNDIDA y, por lo tanto, APANICADA.

Me acabo de ir de vacaciones con ellos, están en esa edad en la que la mayor parte del tiempo me odian, por esto trato de buscar una sana convivencia por lo menos una vez al año y estar en santa paz al menos cinco días de nuestra vida.

Cuando estamos en este “modo zen” es más facil hablar con ellos y sacarles “la sopa” sin que sea una conversación tipo “Dianacápsula informativa” y no suene a sermón.

Fue en una de estás conversaciones al azar cuando uno de ellos me dijo que le causa curiosidad el alcohol, mis preguntas fueron contestadas y, aunque yo quería escupir la tostada de ceviche que me estaba comiendo, logré mantener la compostura:

—¿Y los han invitado a fiestas donde hay alochol?

—Sí mamá, algunas

—Ahhhh… ¿Y por qué no han ido?

—Porque sabemos que no podemos ir

—Ahhhh… ¿Y les dan ganas de ir?

—A mi sí…— (quise ahogarme en el mar)

—Oye, ¿Y te da mucha curiosidad probar el alcohol?

—Pues… sí

—Ok, bueno, ¿Y te da curiosidad el sabor o saber qué se siente en el cuerpo?

—El sabor

—¿Tienes curiosidad de lo que se siente estar borracho?

—No, solo tengo ganas de saber a qué sabe la cerveza.

—Bueno pero, ¿No la has probado?— (lo pregunté con toda calma, con tono de complicidad, guiñando un ojo, suplicando una respuesta negativa sabiendo que tendría la afirmativa).

—En una fiesta no, pero papá me dio un día un trago.

—¿Y tienes ganas de probar más?

—Sí

—Déjame pensar qué hacer y lo platicamos ¿Va?

—Ok ¿Nos metemos al mar?…

No tenía ganas de nadar, pero tenía que retribuir con algo la confianza, fortalecerla y, además, refrescarme el cerebro que estaba a punto de explotar.

Yo siempre he creído que ser congruente es la mejor manera de educar a los hijos. No puedes dar mensajes cruzados porque creo que la confusión es la madre de todas las “cajeteadas”.

Cuando me iba a separar de mi esposo, uno de mis hijos iba a terapia y aprovechamos para preguntarle a la psicóloga cómo abordar el tema del divorcio con los niños, tengo mala memoria pero hay cosas que no olvido cuando me marcan, recuerdo perfecto la respuesta “lo que un niño, al igual que un adulto, necesita, es claridad y contundencia y no tener dudas o mensajes confusos. Si él sabe qué esperar, será mejor y le dará calma y confianza”. Recuerdo que eso hicimos, fuimos claros, dirigimos un mensaje de acuerdo a su edad, tenían siete años y había manera de ser claro sin lastimar y parece que hicimos un buen trabajo, no son niños traumados con la experiencia de vivir con dos papás separados.

Ahora que viene el tema del sexo, alcohol, drogas y demás situaciones apocalípticas para mi, justo mi problema es no tener claridad en cómo abordarlo, ¿Los dejo beber? ¿No los dejo?…

Que quede clara una cosa, YO NO ESTOY DE ACUERDO EN QUE BEBAN, en eso no estoy ni tantito confundida, por mucho que parezca que no les afecta,  si a mi dos cervcezas me relajan y me siento en estado zen, ¿Qué pasa con un cuerpo que pesa menos que el mío? Pueden no estar dando tumbos mientras caminan, pero es un hecho que hay efectos. Lo que no sé cómo hacer es manejar de la mejor manera esta situación.

No satanizo el alcohol, a mi me gusta, me encanta la cerveza, no tomo mucho, es más, soy la aburrida de mis amigas porque puedo pasar una comida con dos cervezas o dos copas de vino o dos ginebras y pasarla increíble. No soy alguien que tenga necesidad de esa sensación de relajación o “pendejez” (perdón mi francés), no sé cómo explicarlo, a mi me gusta reírme en mis cinco sentidos, yo me siento mejor así. Ni lo juzgo ni lo satanizo, esa soy yo, y amo a mis amigas que beben y beben y me divierto mucho con ellas y no caigo en el “ándaleeeee, échate otra, no seas fresa”, lo intentan poco porque ya saben que me rio y después hago lo que se me da la gana (o sea si quiero tomo otra y si no, pues no).

Eso es algo que yo desearía enseñar a mis hijos, a hacer lo que desean sin que sea porque los presionaron o se sintieron obligados.

Sé que es un tema muy complicado, amigas mias que admiro y adoro, han tomado la decisión de enseñar a beber a sus hijos con el objetivo de protegerlos, es mejor que vayan a una fiesta en donde va a haber alochol y sepan hacerlo para que no se pongan en riesgo. Sobre todo pensando en niñas (gracias a Dios no tengo hijas, creo que mi estado sería peor), pero entiendo perfecto este punto, prefieren que estén en control y no las emborrachen, es cuando entra de nuevo mi confusión, ¿Los dejo beber?, ¿Mejor no?.

La cosa es que yo no estoy de acuerdo, no puedo con esta idea, entiendo perfecto que mis hijos son unos chavos normales y van a beber aunque yo diga misa y recite el mejor de los discursos, la cosa está en mi necesidad de ser congruente y clara.

Yo creo que una persona de catorce años NO DEBE BEBER, en eso tengo total claridad. Sé que el alcohol lesiona el cerebro, desequilibra las emociones y altera las hormonas de los adolescentes, no es una conclusión mía, lo he invetigado. Si las bebidas alcoholicas son ofrecidas solo a adultos, si es ilegal darle de beber a un menor de 18 años (en algunos países a menores de 21) y no pueden comprarlas libremente, es porque hay una razón. No es porque el alcohol sea malo, es porque ellos no deben beber, porque se encuentran en etapa de desarrollo, afecta el cerebro de manera irreversible, les hace daño, afecta su salud.

También sé que  bloquea la función del lóbulo frontal, encargado de controlar el comportamiento social, esto hace que no midan el peligro y tomen decisiones que los ponen en riesgo, además, altera el sistema límbico, que equilibra las emociones, AUNQUE BEBAN POQUITO.

Todo esto lo he estado investigando, siento la necesidad de tomar una postura clara y para no sentirme que ando en el limbo de la información, estos días estuve platicando con gente que sabe del tema, para poder tomar una decisión clara, he estado leyendo y preguntando, llevo días de crisis “Materno-adolescente”.

Tengo ahora mucha más información que hace una semana en cuanto a las consecuencias de que beban aunque sea una cerveza (es más, quisera no saber tanto o haber descubierto que no era tan mala idea). Entonces para mi es muy claro, no deben beber porque les afecta a la salud, peeeero…

Sé también que la presión social es implacable, que están (y estarán aún más) expuestos a la tentación. Sé que irán a fiestas donde tendrán la oportunidad y que es muy inocente de mi parte pensar que porque yo les doy razones contundentes de por qué no deben beber, harán caso de su madre que es como Libertad Lamarque y le van a romper el corazón si beben.

Desgraciadamente cada vez es más permisivo este tema, antes era tan difícil conseguir alcohol que era una hazaña y lograban beber menos porque de verdad estaba lejos de su alcance. Ahora incluso hay aplicaciones en el celular que no piden identifiación para venderlo y lo llevan a las puertas de tu casa.

Sé que van a beber, de esto tengo la triste certeza, sé que caerán en la tentación, sé que se van a emborrachar horrible y sé que van a vomitar y tendré que obligarlos a limpiar (obvio) y nos vamos a odiar y que voy a tener episodios horribles, solo espero que me hablen por teléfono para irlos a recoger.

Aún así, tengo la necesidad de manterme firme en mi postura, estoy muy confundida y ante eso, estoy trantando de informarme lo más que puedo, pero no puedo mandar mensajes incongruentes y decirles “mira, beber es malo, no puedes hacerlo porque te hace daño y porque puedes tomar malas decisiones y porque soy tu mamá y mi obligación es proteger tu salud, pero bueno, toma poquito”.

Me siento en un mar picado lleno de olas que me atacan por todos lados. El otro día desayuné con unas amigas que me contaron cosas terribles, se reían porque mi expresión se transformaba cada minuto que pasaba y salí con ganas de irme a cortar las venas. Junto a nosotros estaba una señora con un bebé que tendría unos días de nacido, lloraba y rechinaba de hambre, recordé mis días de mamá de dos miniaturas y se me puso la piel chinita de pensar en mi cansancio, no soy fan de los bebés, qué puedo decirles, no estoy ni orgullosa ni apenada por ese hecho, solo no me gustan. Pero mientras veía al bebé en su sillita, rechinando, moviendo sus manitas desordenadamente, deseé tanto volver a tener el problema de a cuál de mis dos bebés darle de comer primero, de decidir a quién sacarle el aire o cambiarle el pañal antes y dejar a uno esprando…

A veces no quiero ser mamá y lo digo muy honestamente. Amo a mis hijos pero no me gusta tener que velar por sus seguridad, no me gusta tener que educarlos en un mundo en el que el alcohol, las drogas, el sexo y la violencia, están al alcance de niños, porque tienen catorce años, perdón, no son adultitos, SON ADOLESCENTES TEMPRANOS, la adolescencia empieza a los trece y termina a los dieciocho, podrán empezar a tener pelos en las axilas, pero no se han terminado de desarrollar, ¡APENAS EMPIEZAN!.

Estoy preocupada, asustada, tengo miedo pero, como con los perros (que ese tema es mi fuerte) no voy a dejar que mis hijos lo noten, creo que mi plan será mantenerme firme, presente, incorruptible, abierta a la comunicación pero, sobre todo, informada.

Para ellos, no será opción beber. No, no tienen mi permiso, sé que lo harán pero no con mi autorización, no voy a darles una navaja y les voy a decir “toma, pero córtate poquito”, no les voy a decir que pueden salir a manejar un coche a 200 kilómetros por hora pero solo unas cuadras, las situaciones en riesgo ahí están, no las voy a poder evitar, pero prefiero dar herramientas para que aprendan a tomar decisiones (aunque estoy segura que se van a equivocar muchísimo) y quiero que aprendan de los errores, pero no puedo confundirme.

Así como hace unos años esa psicóloga me dijo que fuera clara con mis hijos, mi decisión, por ahora, es darles toda la información posible, hablar mucho con ellos, explicarles las consecuencias que tendrán si rompen las reglas, asumir el odio con el que me van a ver por momentos y aceptar que seré tomada como retrógada e inocente por mucha gente, pero, si lo que quiero es enseñarlos a no caer rendidos ante la presión social, yo haré lo mismo, no caeré en lo mismo.

Y que Dios me agarre confesada…

 

 

3 thoughts on “Ya no quiero ser mamá…

  1. Siempre me entretienen tus Posts y ahora te comprendo, paso por lo mismo y siento la misma confusion en este mundo de tan pocos valores que les esta tocando vivir a los adolescentes, están tan expuestos que como dices tu… Dios nos agarre confesadas.

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