Mujer de doble generación.

Hace algunos años, después de separarme, me di cuenta de lo difícil que era para mi adaptarme a la vida de soltera otra vez. Resulta que después de mucho tiempo a lado de una pareja, de pronto te encuentras como si tuvieras de nuevo 20 años, te quieren presentar hombres, te dicen que te metas a Tinder, a la gente le surge la necesidad de verte acompañada y tú no sabes ni cómo comportarte en una sociedad nueva, porque cuando salias a los 20´s, las cosas eran muy distintas.

Empecé a sentirme como si me hubieran metido a un túnel de tiempo, esta idea la tuve hace un par de años y no pude escribirla porque un evento desafortunado me quitó la inspiración, se la conté a alguien e hizo su propia interpretación, un poco diferente a la mia, la escribió y me sentí decepcionada.  Tuve que esperar algún tiempo para poder retomarla.

Hace un rato, mientras me hacía de desayunar, me llegó esa voz que me dicta cuando escribo y me dijo “Diana, eres una mujer de doble generación” y ahí me cayó el veinte (expresión usada por mujeres de una de mis generaciones refiriéndose a cuando existían los teléfonos públicos en la calle y las llamadas costaban veinte centavos, cuando la persona a la que llamabas contestaba, “caía el veinte”, les digo que estoy mayorcita).

El caso es que tuve novio por cinco años, me casé como por trece y después de algo así como dieciocho años con la misma pareja, me lanzaron al ruedo de la soltería, me sentía como un programa de televisión (de mi generación anterior) que se llamaba “El túnel del tiempo” en donde dos viajeros eran lanzados a épocas distintas de la historia a resolver situaciones que se les presentaban, aparecían en la Revolución Francesa así como en la época de las cavernas, y básicamente eso nos pasa a casi todas las que nos divorciamos y llevamos muchos años en el mundo de una sola pareja.

Así que a los 42 años era de nuevo como de 20, pero ahora las costumbres son otras, los novios se llaman “galanes” te busca alguien pero sin compromiso porque es un “free”, los casados quieren conocerte porque pareces “disponible” y se acuerda entre parejas que lo pueden hacer y si de plano se te complica el asunto de conocer a alguien, hay un catálogo que se llama Tinder en donde subes tu foto y una descricpión tuya para ver si con alguien haces “match”.

Bueno, pues todo eso me sonaba rarísimo, me sentia como si fuera mi abuelita y me hubieran metido al túnel del tiempo y me sacaran en una expedición a Marte.

Pero las cosas no paran ahí, esto del túnel del tiempo lo pensaba en terminos de “ligar” o “salir a conocer” pero en realidad es todo muy complejo y es ahora cuando por fin alguien contesta la llamada y me cae el veinte.

A mi mamá la educaron de cierta manera, mi abuelita dirigía una familia de cientos de hijos (ok, ocho, pero luego adoptaron dos por algunos años, a mí más de dos hijos me parecen ochocientos). El jefe de la familia era mi abuelo, el hombre proveedor, y mi abuela se dedicaba a la casa, a dirigir ese ejército y ver cómo se aprovechaba mejor el dinero. Les dieron educación de calidad a los hombres y a las mujeres les enseñaron también las funciones de la casa, algunas estudiaron y trabajaron y otras ayudaban a mi abuela.

Mi mamá recibió ese tipo de educación y tuvo a bien modernizarla, siento que cada generación va sacando lo que no le gusta y se adapta a lo nuevo, sin embargo, quedan resquicios de lo que “mamaste” (diría mi papá).

En mi familia somos dos hombres y dos mujeres. El sistema era parecido al de mis abuelos aunque nos enseñaron a las mujeres a ser más o menos independientes, peeeeero “sin descuidar al marido”, entonces la cosa empezó a mezclarse, estudias y puedes trabajar y cuando te cases pues lo mejor es que inviertas en tu familia, con lo cual yo estoy de acuerdo (hasta cierto punto).

Aunque mi mamá había cambiado muchos patrones, algunos permanecían, como el hecho de atender a los hombres y que ellos no participen en las labores de la casa (no vaya a ser que se les caigan las manos si lavan los trastes, perdón, lo digo por mis hermanos que eran unos vagos y no cerraban ni el cajón de los calcetines).

Me casé y mi esposo y yo trabajábamos cada uno por sus chicles aunque el proveedor principal era él, yo ayudaba con algunas cosas pero él era quien mantenía a la familia. Nacieron mis dos hijos y entonces ya no trabajé ni para mis chicles, ya no tenía tiempo ni para ir a comprarlos, pero fue un acuerdo que hicimos los dos, “yo trabajo, tú cuidas a los niños” y siendo gemelos no había tiempo ni para pensar en ir al baño sola.

Pasan los años y me convierto en una cómoda esposa y madre de familia, todo estaba muy establecido y organizado hasta que un día MADRES, que te regresas al mundo donde tienes que salir a comprarte tus chicles y, además, soltera…

Mi exmarido es un padre responsable y un buen hombre, pero una cosa es mantener perfectamente a mis hijos y otra que me vaya a mantener el resto de mi vida, recuerdo la angustia que me provocaba la idea de “y a los sesenta años, ¿de qué voy a vivir?” porque te casas pensando que será para siempre y tu vida está organizada y punto.

Entonces es ahora cuando todo se complica, tengo que cuidar a mis hijos pero tengo que pensar en ser independiente. Tengo que cuidar a mis hijos pero tengo derecho a salir con alguien. Tengo que cuidar a mis hijos pero debo hacer ejercicio para mantenerme sana y feliz. Tengo que cuidar a mis hijos pero tengo que comprarme mis chicles… Total que además de cuidar a mis hijos, tengo un montón de cosas por hacer con el poco tiempo que me queda al día.

Ahora no solo es que me hayan metido al túnel del tiempo en cuestión de estar soltera, ahora además tengo que buscar ser independiente económicamente hablando.

Me toca aprender de la nueva generación de mujeres que ya no las educan para el matrimonio, que salen a comprarse sus chicles y de los más caros y aunque tengan hijos, no dejan de trabajar. Admiro mucho a esta generación porque no se conforma ni descuida a su familia, hace lo mejor que puede con el tiempo que tiene y siempre se está preparando para adaptarse al mundo que cambia las condiciones de vida todos los días.

Entonces es cuando veo que soy de la generación anterior, la que me educó a estar en mi casa, con mi familia, atender al marido y pedirle dinero para los chicles, y soy parte de esta nueva generación en la que puedo y debo trabajar y aprender a no depender nunca de nadie para salir adelante.

No es una tarea fácil, la cosa está en lograr el equilibrio, hay cosas a las que no me quiero adaptar. No quiero tener relaciones sin sentido con hombres que no conocen el respeto por tu tiempo cuando lo tienes tan comprometido, no me voy a adaptar a relaciones que no me aportan nada y no me voy a adaptar a situaciones que me parezcan incómodas solo porque “ahora así se usa”.

Me voy a adaptar a trabajar, me llena de satisfacción, me voy a adaptar a una generación de mujeres que me enseñan todos los días el valor incalculable de no depender de nadie, me voy a adaptar a administrar mejor mi tiempo para poder estar con mis hijos pero sin dejar de disfrutar momentos sola, ellos se van a adaptar a ver a su mamá trabajar, correr, reír, salir a divertirse y todo esto sin descuidarlos jamás.

Pertenezco a dos generaciones y pretendo sacar lo mejor de cada una.

 

2 thoughts on “Mujer de doble generación.

  1. Pues si, es todo un tema. Ellos tienen tooodo el tiempo del mundo para trabajar, y aportar una parte de los ingresos a los hijos. Nosotras, los cuidamos en todas las áreas, absolutamente todas, sin descuidarlos. Literal, 24×7. Y el tiempo para ganar dinero para poder mantenernos, viajar, ahorrar, etc, de donde lo sacamos??
    Y si, totalmente de acuerdo contigo, que flojera las relaciones que no aportan nada. Sin duda, nos toco vivir algo muy interesante; un camino de aprendizaje a toda velocidad al cual seguramente no tendríamos acceso de otro modo.

    Like

Leave a reply to mica Cancel reply