La increible historia de Lucy.

Antier vi la película “Cometa”, es la historia de un chavo con una vida muy complicada que va de un problema a otro y de pronto se encuentra con un perro de la calle y se adoptan mutuamente. Debo decir que fui porque parte de las ganancias serán donadas a un proyecto para ayudar a los perros de la calle.

Durante la película recordé a muchos perros a los que les he ayudado a encontrar casa y familia, pasaron por mi mente Wifi, Mocho, Mate, Rita, Yuri, Nico, Luna… y un largo etcétera, pero ayer me llegó una foto por whatapp… Era Lucy con una diadema de foquitos navideños, divina, frente a un taco de carne y una vela de cumpleaños, el mensaje decía “Mira Diana, Lucy cumplió ayer un año conmigo”, y se me salieron las lágrimas.

Lucy fue una de las perritas más difíciles para mi de econtrarles casa y hogar (porque no es lo mismo), la adoraba y quería lo mejor pero era una perra complicada. La había rescatado una amiga en Viaducto una madrugada camino al aeropuerto, corriendo desesperada y logró alcanzarla.

Cuando vi la película “Cometa” pensé que me hubiera gustado que tuviera más historias acerca de los perros exitosamente rescatados y ayer que recibí la foto de Lucy, decidí por fin contarles las increibles historias de adopción que he presenciado.

Empezaré por Lucy.

Es una perra grande y fuerte, delgada de pelo negro con café, algo de blanco y ojos grandes y expresivos, tiene la nariz negra negra y las patas largas y delgadas, pero lo más bonito de Lucy son sus ENORMES orejas paradas que me enamoraron la primera vez que vi su foto.

Amaranta (una amiga que es como un ser extraterrestre que vino a la Tierra a salvar perros) me mandó la foto y me dijo “Ella es Julia, me la encontré ayer a las 4 de la mañana en Viaducto, iba corriendo y cuando le hablé, corrió hacia mi como pidiendo ayuda, la subí al coche y vomitó kilos de croquetas, ayúdame a buscarle casa”, a lo que yo solo contesté “¡¡¡AYYY LAS OREJAS!!!”, nos reímos y empecé a mover mi cerebro pensando qué hacer, quería a Lucy en mi vida.

Siempre que me encuentro a un perro y le busco casa, la gente en automático me dice “Quédatela tú”, si lo hiciera, sería el refugio más grande de perros en el mundo, es imposible hacerlo, así que trato de econtrar lo mejor.

Con Lucy pasó igual, la quería cerca pero sabía que no podía (ni debía) quedármela. De pronto surgió una opción, mi tía había tenido que dormir a su amado Tomás, un Yorkie de 13 años que adoraba y pensé que sería una linda mamá para Julia, era una gran diferencia de tamaño pero mi tía es muy alta, así que incluso pensé que se veían mejor, aceptó y empezó la aventura, fui a recoger a Julia a casa de Amaranta y en cuanto la vi, el amor fue impresionante, las orejas son únicas, la cara es tierna y alegre y es una perra muy cariñosa, descubrí entonces que era muy fuerte y jalaba la correa, era necesario corregir ese comportamiento y aunque no tenía idea de cómo hacerlo, pensé que no sería un problema, cuando la vio mi tía solo dijo “¡ESTA ENORME!” pero tampoco en ese momento pensé que sería un problema, lo único que resolvimos fue cambiarle el nombre porque mi papá se llama Julio y hubo cierta “incomodidad” (qué especial) así que decidí ponerle Lucy.

Era imposible sacarla a pasear, la vuelven loca las ardillas así que va jalando hasta llegar a algún árbol para buscarlas, y donde llegue a ver alguna, se vuelve loca tratando de subir a atraparla, mi tía no la sacaba porque tenía miedo. Otro problema fue que se emocionaba tanto cuando llegaba alguien a su casa que brincaba a saludar, es muy fuerte y mi tía (pese a todos los consejos que le di) no pudo educarla. Empecé a notar que no eran una buena pareja, en mi intento por conseguir quedarnos con Lucy, me inscribí a mi primer curso de Adiestramiento Canino en la UNAM, mi intención era educar a Lucy y aprender al  mismo tiempo para ayudar a los perros que sabía que seguiría encontrando en mi camino.

Las clases eran una vez a la semana, la pasábamos increible, pasaba yo por Lucy, los primeros días vomitaba en el coche y después era feliz cada vez que me veía, no aprendía mucho porque pasaban ocho días hasta la siguiente clase y mi tía no practicaba lo aprendido, Lucy es muy dispersa y se la pasaba buscando ardillas porque las clases eran en un jardín. Logramos bastantes cosas pero aún así, decidí que no eran la una para la otra así que empecé a buscarle una familia.

A Lucy la había rescatado Amaranta en Julio, yo la empecé a educar en Agosto y decidí buscar una nueva familia en octubre. Fue una decisión muy difícil de tomar pero más difícil fue encontrar a alguien que la quisiera adoptar. Mucha gente se unió a mi causa, publicaciones en Facebook compartidas cientos de veces, pasaba el tiempo y no lográbamos nada, empezó a ser muy conocida entre mis amigos y siempre estaré muy agradecida con todos los que ayudaron compartiendo.

Llegó noviembre y Lucy vino a vivir a mi casa, mucha gente veía la foto y se enamoraba (es adorable) pero yo era muy sincera y les explicaba que jalaba la correa y perseguía ardillas. Hicimos muchas entrevistas. Lucy y yo andabamos en el coche por la ciudad para conocer posibles familias y aunque a todos les encantaba, nadie se animaba cuando salíamos a la calle, empecé a tener miedo de nunca encontrar lo mejor para ella, yo quería alguien que la entendiera, la aceptara, la educara y la amara, pero además venía diciembre y nadie quería una perra grande y complicada, todos preferían un cachorro precioso de raza pura.

Un día apareció una buena opción, una señora que me dijo que no le importaba el tamaño ni que jalara porque no la sacaría a la calle, estaría en Toluca en un hermoso jardín, parecía la respuesta perfecta para Lucy, pero algo no me cuadraba, y platicaba yo con la señora y me decía que no le interesaba conocerla antes, que podría adoptarla sin problema. Decidimos ir un sábado a entregarla porque yo empezaba a desesperarme. Unos días antes yo empecé a llorar muchísimo, no podía controlarlo, cada vez que veía a Lucy en la cara, me ponía a llorar, me sentía culpable y le pedía perdón, no entendía por qué. Mis amigas me decían que iba a estar bien, que era un jardín, que correría muchísimo, pero yo seguía llorando…

Un día vi a Lucy a los ojos y le dije “Te voy a entregar a la mejor persona del mundo para ti, no te voy a entregar a nadie que no te merezca ni merezcas” y decidí cancelar la adopción, la señora se enojó cuando le avisé un día antes y me di cuenta entonces que la quería para vigilar un jardín, que ella no sería una perrita de familia y que por las noches dormiría afuera en el frio. Entonces entendí por qué lloraba yo tanto al ver a Lucy a la cara, eso no era para ella por muy grande y precioso que fuera el jardín. Lucy se merecía y necesitaba el cariño de alguien.

Se me quitó en automático el llanto, decidí que no tomaría acciones desesperadas y que si Lucy viviría conmigo unos meses más, ya veríamos el modo de arreglarlo, nos estábamos encariñando mucho pero era necesario tener paciencia.

Un día, así de pronto, mi hermana me mandó un mensaje y algo me latió. El amigo de alguien había visto la foto de Lucy y le había interesado, le hablé, platicamos y concertamos una cita, le pedí que fuera en un parque, él tenía que ver el comportamiento de Lucy en su modo más salvaje, dentro de casa se portaba increible, pero no podía mentirle, Lucy tenía que ser aceptada tal cual era.

Nos conocimos y caminamos con Lucy, como maldición (o bendición, no sé) ese día se portó de lo peor, vio ardillas y jalaba como nunca, él trataba de controlarla y era complicado, es un chavo fuerte y lo lograba pero yo pensé “Me va a decir que muchas gracias, que él me avisa y será el fin de la historia como tantas…”

Más tarde me envió un mensaje, estaba interesado en Lucy, yo no podía creerlo, la había conocido en su modo más primitivo, había sido una salvaje, su departamento no tenía jardín, tendría que sacarla a la calle y aún así seguía interesado…

Un par de días después, fuimos Amaranta y yo una noche a entregar a Lucy, yo sabía que la extrañaría y estaba triste de no tenerla cerca en la familia, pero algo me decía que Mauricio (su increible adoptante) era lo que buscaba para Lucy.

Ha pasado un año, he visto a Lucy en muchas fotos, sigue jalando y sigue perdiendo la cabeza por las ardillas, pero Lucy es feliz. La vi hace unos meses en una pensión a la que la lleva Mauricio (Q25). Tenía el peso ideal (había estado muy desnutrida), el pelo precioso, la cara alegre y era sociable con otros perros, me reconoció y se emocionó al verme, seguía siendo muy cariñosa, me conmovió muchísimo al recordar por todo lo que habíamos pasado juntas.

Es por eso que lloré cuando vi la foto que me mandó Mauricio celebrando un año con ella, es por eso que sigo luchando por encontrar siempre la mejor familia para los perros abandonados, es por eso que vale cada minuto invertido en la lucha por proteger a los seres que no tienen voz, es por eso que vale oro cada vez que ustedes comparten la foto de un perro que necesita hogar, es por que cuando lo logramos juntos, la satisfacción es inmensa.

Hace poco, alguien me dijo que no podría involucrarse en buscar familias para perros abandonados, maltratados o perdidos, que se sufre mucho y se preguntaba cómo lo lograba, y solo le dije “POR LO QUE SIENTO CUANDO LO LOGRO Y CUANDO VEO A UN PERRO Y A UNA FAMILIA FELIZ”.

Dicen que no encuentras a un perro, que un perro te encuentra a ti, Lucy encontró a un gran papá. Gracias Mauricio, gracias por la foto, gracias por querer a Lucy, gracias por haberle dado una oportunidad, gracias por ser parte del grupo de personas dispuestos a adopar perros sin hogar, les deseo a ti y a Lucy una larga y feliz vida juntos.

 

 

2 thoughts on “La increible historia de Lucy.

  1. Como olvidar a Lucy que bueno q es feliz, te admiro mucho sigue así x q eres un ángel para los perros q se cruzan en tu camino

    Like

Leave a reply to Ale Rueda Cancel reply