Lo que no me dijo el Ginecólogo…

Ser  mamá es complicado… Ser mamá de dos niños es complicado… Ser mamá de mellizos futbolistas es COMPLICADÍSIMO.

Cuando estaba embarazada y el doctor me dijo que eran dos, se me salieron las lágrimas de susto, no era emoción, era una sensación de pánico y me quedé cortita al imaginar por todo lo que iba a pasar, en ese momento solo esperaba que nunca se me olvidara uno en algún lugar.

Al principio lo más complicado era decidir a quién darle de comer primero, sacarle el aire o cambiarle el pañal (de bañarlos ni hablamos).

Después de que uno empezó a caminar y el otro a gatear, tenía que decidir a quién rescatar primero cuando los dos se iban por caminos diferentes, aunque uno caminaba, el otro gateaba a una velocidad impresionante así que trataba de imaginar quién correría más peligro si no lo interceptaba.

Era muy difícil no compararlos ya que habiendo nacido el mismo día, uno esperaría que todo sería como tener dos por uno. Que comerían lo mismo, les gustarían las mismas cosas y al educarlos igual, responderían de la misma manera. Nada más incorrecto. Uno no soporta la mayonesa y el otro los frijoles, uno es muy ágil y el otro muy fuerte, uno muy dramático y el otro aguanta “vara”… El caso es que es como si fueran dos embarazos diferentes pero, sobre todo, de dos mamás diferentes, el problema es que no solo es la misma, el problema es que soy yo.

Pensé que una vez pasados los terribles años de berrinches y de enfermedades espantosas cuando les daba un virus cada 15 días, mis problemas se iban a ir haciendo más ocasionales, o al menos yo estaría mejor preparada para resolverlos, de nuevo, NADA MÁS ALEJADO DE LA REALIDAD.

Tienen 13 años, acaban de entrar a secundaria, a una escuela nueva y ya llevo tres semanas de estrés masivo.

Una de las razones por las que los cambié fue porque quería que la escuela tuviera más actividades deportivas de calidad y, sobre todo, una selección de futbol decente. Aman ese deporte, no sé si son los genes de su papá o que yo estoy pagando un karma por vaga (aunque me gusta correr, no soy deportista de nacionalidad ni nacimiento). Me gusta el futbol y disfruto mucho ver buenos partidos, amo el mundial (aunque lo que más disfruto es hacer el album que saca Panini cada 4 años), pero ser mamá de futbolistas conlleva un estrés que hasta el momento desconocía.

Siempre habían jugando en el mismo equipo, medio chafón y todo iba bien, no puedo ir a los partidos porque me convierto en un monstruo que no se puede controlar y evitar gritarle a los árbitros ante lo que considero una injusticia o a los papás que gritan obsenidades a los niños o los provocan a hacer faltas, no soporto que mis hijos jueguen con niños 10 metros más altos que ellos y con bigote, me ponen muy mal los “cachirules” y brinco y monto en cólera ante una patada que los deja en el piso. Por mi salud mental y el bienestar de mis hijos, trato de no ir a sus partidos aunque ante las otras mamás quede  muy mal y piensen que me voy a hacer un manicure, lo que hago es que me quedo rezando un rosario (y bebiendo) porque los dos metan un gol.

Y es aquí donde la cosa se pone color rojo… “que los dos metan gol”… Entre muchas cosas que hace una madre como alimentar, educar, cuidar las enfermedades y velar por su seguridad (además de hacer la cola para recogerlos de la escuela) está el sufrimiento porque los dos tengan lo mismo, que los dos tengan éxito, que los dos disfruten, que los dos estén contentos… Si uno mete gol y el otro no, como mamá siempre queda un huequito vacío… Si uno juega todo el partido y el otro no, queda ese huequito, es imposible hacer circo, maroma y teatro porque son cosas que no están en mi control y eso es desesperante.

Hace tres semanas empezaron las pruebas en su escuela para la selección de su categoría, lo que yo consideraba “pan comido” fue una pesadilla, obvio los considero los futbolistas que México está esperando para ganar un mundial, pero no todos lo ven así. Entonces yo creía que llegaban, se apuntaban y listo, pues no. El entrenador tenía que ver si tenían madera, cosa que pensé “obvio tienen”… Pues fueron pasando los días y no los seleccionaban, mi estado emocional y mi salud mental iba mermando ante la posibilidad de no ser convocados.

Me quedaba el consuelo de que siguieran con sus clases por fuera, pero después viví lo que justo no quería vivir, uno fue seleccionado y el otro estaba pendiente, eso era lo peor que me podía pasar (no sé si a ellos, pero a mi sí porque sabía lo que haría por la autoestima del no convocado).

Esa parte no la imaginé cuando el ginecólogo me dijo que eran dos, no pensé lo que yo sufriría porque no todo iba a ser parejo, no sabía que no se trataba de darles la misma cantidad de jugo o un chocolate a cada quién, hay cosas que la vida se encarga de manejar y como mamá solo eres testigo y no queda más que tratar de enseñarlos a manejar esas situaciones. Cuando son gemelos o mellizos, la situación es diferente porque es inevitable la competencia entre ellos mismos, es muy difícil manejar que ante las mismas oportunidades, uno consiga lo que los dos desean y no puedas morir de emoción por uno porque el otro todavía no lo consigue, o no puedas super apapachar al otro porque uno sí lo consiguió.

Entiendo y acepto que todo enseña, que si no era convocado era para hacerlo más fuerte y resiliente, pero como dijo una amiga querida cuando le platiqué mi estrés “sí, sería una buena lección, pero no estamos para esas chingaderas” (gracias Marce, me sentí tan entendida). Y es que hay momentos en los que aceptas lecciones y otros en que solo quieres que todo salga bien.

Finalmente fue seleccionado el último jugador y adivinen quién fue… GRACIAS A DIOS los dos entraron a lo que tanto deseaban, ahora que descansó mi alma, espero recuperar la estabilidad emocional porque por tres semanas me sentí como en el limbo.

Por un lado les decía “no se desanimen, échenle ganas y demuestren que son buenos, hay que ganarse su lugar”, a veces también “miren, tampoco es lo peor que podría pasar, hay muchos equipos de futbol así que quizá la vida quiere que vayan a otro ¡¡y hasta mejor!!” (guardando las apariencias de mi estado de nervios) y a veces tenía ganas de decirles “¿por qué no mejor se meten al ajedrez?”.

Fue difícil, y ganamos esta, pero ahora tienen que ganarse la titularidad, apenas estamos empezando, como dice otra amiga muy sabia “niños chicos, problemas chicos, niños grandes, problemas grandes” (tenías razón querida Hei).

Tengo ganas de regresar con el ginecólogo que me dijo hace casi 14 años “no te asustes, solo son dos al mismo tiempo” y decirle “sí, pero yo no estoy para estas chingaderas”.

 

 

3 thoughts on “Lo que no me dijo el Ginecólogo…

  1. PRIMERO LO MAS IMPORTANTE. yyyyyyeeeeyyyy que bueno que ya andas por acá .
    y la reflexión…seh no estamos para esas chingaderas.

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    1. ¡Hola Mica! ¿Cómo estás? Ando trabajando mucho con Tostada, me perra, estoy escribiendo cosas más cortitas en mi página de fb, tengo poco tiempo y por eso no he posteado aquí en el blog pero en estos días lo haré, tengo mucho qué contar.
      La página en fb se llama igual, La nueva de Diana.

      ¿Cómo estás? ¡Te mando un abrazo fuerte!

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