“Necesitamos amor” les dije a mis hijos…

El domingo fui a ver con mis hijos la película de la mujer maravilla, supuse que, como siempre, me iba a quedar dormida, pero no, y al salir platiqué con ellos acerca del mensaje. Tengo esta necesidad metida en la cabeza de conectarlos con el mundo y las emociones, de hacerlos sensibles y espirituales, no quiero niños que solo piensen en fútbol, Xbox, celulares y Ipods.

No quiero arruinarles la película, pero el fin último es: el amor vence, y a esa conclusión logramos llegar.

Hace unas semanas fue el ataque terrorista en un concierto de Ariana Grande (que yo de verdad no conocía) en Manchester, mis hijos sí saben quién es y uno de ellos me dijo “murieron niños mamá” y no pude negarlo, estaban impresionados por la maldad de la persona que sabía lo que hacía. El domingo les conté cómo se estaba llevando a cabo un concierto a favor de las víctimas y en el cual cantaría Coldplay junto con otros artistas muy famosos (#OneLoveManchester) y les dije que siempre por cada persona mala, aparecen muchísimas personas buenas a tratar de superar con actos de amor el dolor que se había causado, la energía en ese concierto es impresionante.

Les expliqué la importancia de la empatía, les conté cómo cuando yo más triste estaba, mis amigas siempre salían en mi rescate, y no era precisamente lo que hacían, no era el café que me invitaban o la cena que me hacían o el temazcal al que me llevaban, era el amor con el que lo hacían lo que sanaba mi alma.

Les conté el caso de un perro muy maltratado que rescatamos, había sido muy lastimado y le encontramos una familia maravillosa que lo ama y ese perro ahora no solo es feliz, ahora hace feliz a su familia. Las personas que lo ayudamos lo hicimos desde el amor y esa energía se contagia. Lo que yo hago por los demás, lo siento de regreso.

Es difícil que dos niños de trece años sean en este momento empáticos y sensibles, mucho menos espirituales, lo entiendo, están creciendo. Los videojuegos, las series de televisión, las noticias en México y el mundo no se pueden ocultar, no es fácil decirle a tus hijos que esos estímulos están haciendo que poco a poco se haga “normal” vivir en un ambiente de violencia.

Al vivir conmigo, tienen el 90 por ciento del tiempo con un lado femenino, ven menos a su papá, soy extremadamente sensible y tengo que lograr el equilibrio, pero no pienso nunca dejar de decirles que trabajen por los demás, que busquen siempre el bien común, que cuando la energía del amor se esparce, se contagia.

Les dije que vivimos en un mundo complicado, siempre habrá gente mala, eso no lo vamos a cambiar, pero por cada terrible acto de violencia, como un ataque terrorista, el maltrato a un animal o el bullyin a un niño, debe haber quien quiera ayudar con un increíble acto de amor y actuando desde el corazón.

Hace unos meses una amiga organizó una visita al Instituto Nacional de Pediatría, el objetivo era llevarles tortas, jugos y pan a la gente que está afuera esperando noticias por los pequeños pacientes internados, pasan horas en la calle y muchas de esas personas son de muy bajos recursos y no han comido bien por días. Me llevé a mis hijos que estaban asorados porque no fueron a la escuela, los puse a preparar tortas y nos fuimos con bolsas y canastas de comida. Hubieran preferido mil veces faltar a la escuela para quedarse a ver la tele o jugar Xbox, pero cuando llegaron y vieron a esas familias con muchísima hambre y llenas de agradecimiento, lo entendieron todo, vieron gente con cajas de cartón como maleta, niños enfermos esperando ser atentidos jugando con un carrito destartalado o incluso con la tierrita de la banqueta. Conocieron a un niño que tiene una enfermedad que no lo deja crecer, tenía 8 años con la estatura de un niño de 4, todavía recuerdan su nombre y el color de la sudadera que llevaba puesta, también se acuerdan de un niño ciego que les impresionó porque estaba feliz, “mamá, estaba ciego y se sentía feliz” me han dicho varias veces…

Ese día aprendieron más en unas horas que en un año de escuela, sé que soy juzgada por mucha gente por lo que voy a decir, pero me interesan más esas experiencias que el nivel académico de la escuela a la que vayan. Ese día sintieron y entendieron el poder del amor.

Hagamos a los niños conscientes de esto, entiendo que tenemos que hacerlos fuertes y resistentes, pero eso no implica que sean insensibles, un niño que se preocupa por los demás y hace algo por alguien, será un adulto sano, empático y lider, eso es lo que más necesitamos.

Somos más los que lo sabemos, solo tenemos que atrevernos a manifestarlo y contagiarlo.