¿Cómo amas a tu cuerpo a los 47 años?

En esta mi crisis de tener casi cincuenta años, me he enfrentado al deterioro del cuerpo, no porque antes fuera una Barbie, pero de verdad los años no pasan, se quedan, y es en forma de canas, arrugas, lonjas, celulitis, manchas en la piel y un largo etcétera…

Todo esto ha ido apareciendo gradualmente, pero yo me dí cuenta de golpe y porrazo un día que me estaba tomando unas fotos, me gusta hacerlo con los perros con los que trabajo y generalmente son acercamientos porque me gusta salir con ellos, aunque solo sale parte de mi cara, ultimamente ha sido muy difícil que salgan los ojos sin arrugas… porque ahí están, sin ojeras… porque ahí están, sin manchas… porque ahí están. Y es que no soy partidaria de retocar las fotos al grado que parezca que eres otra persona.

Recuerdo esos días en los que me pintaba el pelo de colores nuevos solo para verme diferente, ahora es imposible no hacerlo porque las canas son implacables. El otro día me vi en el espejo y las vi, rebeldes y decididas  a hacerme la vida de cuadritos, “¡pero si hace unos días me lo pinté!” pensé… no, haciendo cuentas habían pasado alrededor de tres semanas, TRES SEMANAS, crecen a una velocidad angustiante, y aparecen ahí justo donde no las puedes ocultar, parece que saltan y gritan en la frente.

Los ojos ya no son los  mismos, están del mismo color pero ahora rodeados de esas famosas “líneas de expresión” que tan bonito les llaman y que son rayas que marcan la edad, no conozco ninguna jovencita llena de “líneas de expresión” así que son más bien “líneas de la edad” y contra ellas no hay nada más que la cirugía, a la que también me resisto, claro que sería más fácil borrarlas con una aplicación del celular de esas que te quitan las manchas, te blanquean los dientes, te borran las “líneas de expresión” y a veces hasta te rellenan las cejas y hacen corto el mentón, rellenan los labios y los hacen rojos preciosos, incluso he visto fotos que te hacen las pestañas laaaargas y negras y te dibujan una rayita negra en el párpado de arriba para que te veas con la mirada más abierta… después de eso quién sabe a quién te pareces, pero eso sí, te ves bien bonita.

El otro día estaba leyendo un artículo acerca de una mujer preciosa, muy joven y que había pasado por dos embarazos que le habían dejado la panza destrozada, que cada vez que la veía quería llorar así que había decidido luchar contra la tristeza y aceptarse como es, una preciosa mujer con una barriga horrenda (yo solo soy una mujer con una barriga horrenda) y entonces abrió una cuenta en Instagram en donde comparte fotos de sus hijos divinos posando a lado de las estrias y la flacidez de su abdomen… No saben cómo la admiré y la envidia que me dio. Llegar a esa claridad y tener la autoestima tan en su lugar, debe ser maravilloso, porque yo antes muerta que mostrale al mundo la panza que me quedó después de un embarazo gemelar, mis hijos pesaron 5 kilos entre los dos y mi pobre piel hizo lo que pudo para sostener a dos bebés que se movían como si jugaran futbol.

Llevo varios días dándole vueltas a este asunto, entre otros muchos porque mi mente no descansa ni sabe delegar, y estoy entre aceptar lo que tengo y cómo lo tengo, o tratar de cambiarlo.

Cuando nacieron mis dos hijos pensaba en trabajar para ahorrar y operarme cuanto antes la panza que tanto me molestaba, incluso decía de broma que me ofrecía a cargar pianos para que me saliera una hernia, fueron pasando los años y se fue poniendo de moda este tipo de operación en la que te dejan como tabla para picar, lisita y planita aunque hay que pasar unas terribles semanas de dolor y penurias “pero lo vale” pensaba.

Ahora que soy un poco mayor y tantito más madura, ya no estoy tan segura de querer hacerlo, ahora no sé si trabajar para ahorrar y operarme o trabajar en mi para ahorrarme el sufrimiento y aceptar mi lindo abdomen que parece rodilla.

Me acuerdo que un día mi mamá me dijo “Oye Diana, ¿sí de plano te quieres operar?, ¿no te gustaría mejor ya quedarte así?, es mucho dinero”, en ese momento me levanté la playera y me dijo “no mirreyna, hay que ver cómo juntamos dinero”… y la autoestima sintió una punzada de dolor.

Pero eso fue hace unos 10 años, mis prioridades eran diferentes a las de ahora, no me gusta la panza, es difícil verme al espejo y decir como esas frases motivacionales de facebook “amo a mi cuerpo, soy un templo de belleza, me quiero y acepto como estoy y soy la mujer más bella del mundo por haber dado vida”, en serio no, eso no sucede en la vida real, no ves la panza y piensas “qué maravilloso mi cuerpo que fue capaz de dar vida a dos niños”, no, no cuando te ves al espejo en serio no. Lo que piensas es “Ay no, adiós al traje de baño, ¿cuánto costará una cirugía? ¿dolerá mucho? a ver ¿cuántos perros tendría qué cuidar para que me alcanzara?, ojalá que con esta playera se disimule esta malformación”…

Es muy difícil amar a un cuerpo que está lleno de “líneas de expresión”, canas, manchas cafecitas que antes eran pecas y ahora son figuras geométricas indefinidas. Pero si me preguntan a quién me quiero parecer, a quién admiro más y me dan a escoger entre una mujer segura porque logró operarse y corregir todos esos “defectos” y se ve preciosa y perfecta y una mujer que es segura porque se sabe inteligente, sabe lo que quiere, para ella el físico no es tan importante y sabe que no define su valor, escojo a la segunda, admiro a la segunda. Eso no signfica que no me gustaría operarme la panza, significa que ha empezado a perder importancia, estoy considerando seriamente conseguir el valor que requiere aceptarla, no digo quererla, es muy aventurado, simplemente dejar de verla en el espejo con cara de asco y… no verla, ahí está, no me gusta y no la quiero, pero ahí está como están las canas y las arrugas y las manchas.

Al final del día, las “líneas de expresión” sí son eso, son líneas que demuestran que hay expresión, que ha habido muchas risas, mucho llanto, muchas caras de sorpresa y caras de frustración, mucha tristeza pero muchísima alegría, quiere decir que alrededor de mis ojos hay historias, muchas de ellas no las cambiaría por nada, no aceptaría que no estuvieran a cambio de no haber pasado por todas ellas.

Las canas son esos pelitos blancos que ya no alcanzan a pintarse pero son solo eso, pelos blancos que necesitan tantito color, se los das y listo, cada vez más seguido pero no es algo que no se pueda manejar.

La panza que tengo sí es causada por un embarazo gemelar, sí fue capaz de dar vida a dos niños al  mismo tiempo, sí es un milagro, y lo hizo bien, quedó algo arrugada y triste porque no está planita, pero si tuviera voz quizá me diría “¿qué esperabas? dí lo mejor de mi durante 8 meses, tus bebés jugaban y me estiraban al grado del dolor, antes dí que resistí y fui fuerte, agradece que te dejé hacer eso conmigo”.

No es que ame a mi cuerpo, no es que me vea al espejo y diga “qué bonito templo de belleza, me acepto y me quiero como estoy”, más bien creo que a mis casi cincuenta años (aunque mis amigas me digan que estoy más cerca de los 45 que de los 50), estoy agradecida de que sigo funcionando bien, sigo corriendo medios maratones, sigo saliendo a cenar, cantar y bailar, me desvelo y me sigo riendo muchísmo, siguen dándome ganas de estudiar y vivir nuevas aventuras, sigo queriendo ir a la ruta de Santiago, a un Safari fotográfico a África, quiero llevar a mis hijos a Paris y no me quiero morir sin ver una Aurora Boreal… para ninguna de esas cosas necesito una panza de concurso. No amo a mi cuerpo físico, pero si estoy empezando a querer al emocional pero sobre todo, a enamorar del espiritual.

Quizá algún día los soprenda y en mi cuenta de Instagram me atreva a mostrala al mundo, o tal vez un día decida operarla, uno nunca sabe, ahora por lo pronto puedo manejar las arrugas, perdón, las líneas de expresión, y las canas.

https://www.instagram.com/lanuevadediana/

arrugasycanas

3 thoughts on “¿Cómo amas a tu cuerpo a los 47 años?

  1. pensé que ibas a terminar
    Ahora por lo pronto vayan depositando …..( en lo que me decido)
    Es una buena causa
    Y si por fin decides que no..
    Pues armas maletas y te vas a París….
    O a Africa ….

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  2. Querida, yo tengo 59, y apenas estoy emprendiendo el viaje a la aceptación, el respeto y el agradecimiento a mi cuerpo. Demasiados años de mi vida queriendo ser quien no soy ni seré. Nunca es tarde para empezar a amarSE.
    Bravo por esta preciosa reflexión con la que tanto me identifico.
    Me encantas!!

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