Cambié los tenis por los zapatos y en estos úlitmos tres días aprendí tres lecciones muy valiosas. Estuve trabajando en una Expo con una querida amiga, desde hace unos años que lo hacemos y terminamos agotadas. Caminamos todo el día, a veces con tacones, tomamos fotos del evento, hacemos entrevistas, conocemos gente y aunque al final estamos hechas pedazos, siempre nos llevamos algo nuevo y algo bueno. Me acuerdo que el año pasado conocí a un gran hombre que salvó a mucha gente en el atentado de las torres gemelas en Nueva York. Me arrepiento muchísimo de haber esperado a estar más descansada para contar la historia de William Rodríguez porque está llena de valentía y amor. Pasaron los días y después los meses y aunque sigo en contacto con él, nunca conté su historia. Espero algún día tener toda la información de nuevo para poderla contar porque he perdido muchos detalles en mi memoria. También hace un año conocí a las personas que entrenan a los perros que trabajan con la Policía Federal Preventiva, fue increíble conocer también a los caninos. Detectan drogas, explosivos y dinero, fue una experiencia maravillosa porque son animales increíbles que además de ser muy inteligentes son capaces de mantenerse en un trabajo pesado siempre con actitud cariñosa y siempre felices de satisfacer a su dueño.
Este año aprendí algo distinto. Conocí también gente muy valiosa y tuve una experiencia increíble. En realidad tuve tres, de esas que te ponen la piel chinita, de esas que valoras tanto por lo que te hacen sentir, que no puedo otra vez dejarlas pasar para contarlas cuando me sienta más inspirada o más descansada para que pueda escribir mejor y pasar el mensaje de manera más eficiente. Ahora la contaré inmediatamente, entre las cosas que he aprendido ultimamente es que hay que hacer lo que tienes qué hacer cuando lo tienes qué hacer….y lo quieres hacer.
Conocí al grupo de Los Topos de Tlatelolco. Un grupo de rescatistas que trabajan en pro de la humanidad, así de sencillo. No buscan nada más que ayudar a los que lo necesitan en casos de desastres naturales. Nacieron en el temblor de 1985 en la Ciudad de México a raíz de que las autoridades estaban revasadas para poder ayudar en el estado de emergencia que vivía nuestra ciudad. Con picos y palas hacían lo que podían. Tiempo después, esas personas que sin mayor interés que ayudar y sin conocimientos mayores que utlizar palas, se organizaron y formaron una asociación que trabaja a través de los donativos, ahora estan plenamente certificados y capacitados. Controversias van y vienen y se han dividido en dos grupos. Yo conocí a los que van vestidos de naranja y a uno de los fundadores originales en el temblor del ’85. Impresionante porque yo alguna vez tuve un entrenamiento y capacitación para sacar gente atrapada, dar los primeros auxilios y buscar victimas y actuar en casos de emergencia. Fue un entrenamiento que me dejó afectada por mucho tiempo. Espero no necesitarlo nunca, pero en caso de que fuera necesario, supongo que tengo conocimientos básicos para poder ayudar en algo. Pero viví situaciones de estrés extremo, tenía 17 años, iba en preparatoria y me acuerdo que eran experiencias fuertes. Ni imaginarme puedo las situaciones que viven estas personas, el nivel de entrenamiento que pasan y las condiciones en las que viven cuando acuden a un rescate. Estaban pidiendo ayuda para poder ir a Nepal….así es, quieren ir a un lugar donde no hay ni agua para beber, no conocen a nadie pero sienten la necesidad de ayudar a gente que está sufriendo, ˘¿por qué lo hacen? seguramente por lo que sienten cuando lo logran….un ejemplo de vida.
Conocí también a una mujer que decidió dar un donativo a una asociación que lo necesita….no puedo hablar más del asunto, ni de la cantidad estratosférica del donativo (para mi son números irreales) ni de la asociación a quién decidió dársela…y la razón por la que no puedo hablar es porque ella decidió que no se supiera ni se publicara. Cuando la anunció y habló al respecto, la emoción se le veía en los ojos, nos puso a todos la piel chinita y a varios se nos salieron las lágrimas. Un ejemplo más de que la gente sabe cómo ser feliz. La asociación para la cual hizo el donativo realmente necesita ese dinero, se lo deben de agradecer muchísimo, ella quedaría muy bien ante todos haciéndolo público, pero no…porque no lo hizo por eso, lo hizo por los que lo necesitan y estoy segura que la fellcidad que sintió al hacerlo no la olividará jamás…se le veía en los ojos y la transmitió a todos nosotros. Nos conmovió hasta los huesos.
Dos días después, justo ayer, en el día del niño, me encontré con un “stand” de Mission 500, una asociación que trabaja con Wold Vision México para ayudarlos a conseguir “patrocinadores” para niños en comunidades muy necesitadas en México.
Desde hace algunos años, incluso antes de que nacieran mis hijos, yo decía que algún día quería adoptar a un niño. No sé por qué siempre he tenido esa necesidad. Luego supe que iba a tener gemelos….como que se me quitó esa necesidad….pero al pasar de los años la recuperé. Supongo que cuando tuvieron edad suficiente para que yo pudiera comer sentada, poder ir al baño sola y sin interrupciones (bueno…casi sin interrupciones) y durmiendo casi toda la noche, seguía yo con el deseo de hacer una adopción.
“Ten cuidado con lo que deseas” dicen por ahí, por razones del destino llegó a mi vida la muchacha que me ayuda en mi casa, se llama Mary, y en algún momento comenté en el blog de cómo llegó también a mi vida Estrella, la hija de Mary, el post se llama algo así como “tengo corazón de pollo” (no lo recuerdo). Han pasado casi tres años desde que Estrella vive con nosotros, y aunque a veces me saca de quicio, me desespero y por momentos quisiera que regresara a vivir con sus abuelos, trato de tomar las cosas con calma y recordar por qué Estrella vive con nosotros. A veces a Diego le cae gordita y quisiera que un día se fuera. En una ocasión, de esas en las que voy manejando y mis hijos aprovechan para sacar todas sus dudas, Diego me preguntó “mamá ¿cuándo se va a ir Estrella a su casa?”….y le contesté así sin pensar “espero que nunca”, se le salían los ojos de la cara…y así sin pensar le dije “mira Diego, no podemos terminar con el hambre en África, no podemos construir escuelas en comunidades alejadas en México ni darles trabajo a todos los papás que no pueden darles eduación a sus hijos y los ponen a trabajar, pero sí lo podemos hacer por una sola niña, Estrella viviría en un lugar de mucha pobreza, donde su escuela está tan lejos que tendría que caminar horas y donde a veces pasan semanas sin tener clases, comiendo lo básico y lejos de su mamá…si podemos ayudar para que estudie y tenga entonces una vida mejor, estamos ayudadando a mucha más gente que lo necesita, Estrella va a tener hijos algún día y, además, hasta estamos ayudando a México para que más gente tenga educación”….Obvio no pudo decir nada, y todo esto me salió del corazón sin siquiera pensarlo. Iba más allá de la “hijita de la muchacha”, es una persona con un futuro incierto.
Fue hace unos meses cuando decidí no adopar a nadie más, después de todo ya había “pseudo adoptado” a Estrella, pensé que mis deseos estaban cumplidos.
Pero ayer me topé con Mission 500….y ooootra vez sentí esa necesidad, “es el día del niño” pensé “¿qué mejor día para cambiarle la vida a uno?”…y sin dudarlo me acerqué, me empezaron a enseñar fotos de niños y niñas y no sabía qué hacer, ¿cómo escoger? pensé que podría hacer algún tipo de conexión con la foto, pero no fue así, entonces decidí buscar una niña con la edad de mis hijos y la encontré, la foto no me dice mucho, no fue un “amor a primera vista” fue la idea de que esa niña será una mujer muy pronto, y si alguien necesita apoyo y educación es la mujer, son cabeza de familia, desde mi punto de vista, quien más necesita de nuestra ayuda son las niñas mexicanas.
Inicié entonces así, diciendo “ella, la quiero a ella” y sacaron todos los papeles, los llené totalmente convencida, al terminar me dijeron que podía hacerle su mochila, escoger sus cuadernos y si quería podía escribir una carta a mano en uno de ellos, tomé la pluma y solo le dije algo así como “hola, me llamo Diana, y tengo dos hijos de tu edad, se llaman Daniel y Diego y los tres queremos ayudarte para que estudies y tengas una vida mejor. Espero que podamos hacerlo juntos. Saludos, espero saber más de ti muy pronto”….cerré el cuaderno, metí todo a la mochila, firmé y cuando me pusieron una pulsera en la mano derecha, junto a mi reloj, se me enchinó la piel y me dieron unas ganas locas de llorar, gracias a que teníamos que seguir trabajando y teníamos algo de prisa, no me pude poner ahí a hacerla de Libertad Lamarque, pero cada vez que veía mi mano derecha me daban ganas de llorar.
Cuando regresé a mi casa, en la noche, agotada me acordé de la mujer que hizo la donación estratosférica y que no quiso que se supiera, la admiro porque no lo hizo para que la gente la admirara ni para recibir las porras, fue un acto de amor sincero y desde el corazón. Yo estaba entre publicarlo o seguir su ejemplo. Pero decidí compartirlo, por dos razones. La primera es que la felicidad se comparte, la segunda (y más importante) es que nunca sabes a quién puedes inspirar a hacer lo mismo. Estos niños necesitan toda la ayuda que puedan tener, viven en comunidades de extrema pobreza. Al patrocinarlos les cambias la vida y la de su familia. Entran a un programa en los que se benefician con cisternas, baños secos acondicionados, asisten a talleres de educación, ofrecen servicios de salud y capacitación en la prevención del VIH-SIDA, les proporcionan estufas ecológicas que reducen las enfermedades respiratorias y mejora su calidad de vida, todo esto lo haces tú por su familia por menos de 10 pesos al día.
Si alguien más conoce este programa, o se inspira al saber lo feliz que me hace, ya sirvió de algo compartirlo. Si por contarlo, un niño y su familia es beneficiado y cambian su vida, yo me siento útil al compartirlo.
Cuando llegué a mi casa estaba en un estado de cansancio patético, mis hijos estaban comiendo churros con chocolate con mi papá y yo me aventé en mi cama, subí las piernas a la pared y me puse a leer el folleto de World Vision, saqué un par de chocolates Lindor rojos, me los comí despacio y fui totalmente feliz.
Antes de dormir, les conté a mis hijos, les enseñé la foto de Jessica y les dije que los tres la habíamos “apadrinado”, les dio mucha emoción, lo vi en sus ojos y Diego me dijo “oleeee mamá” y me dio un beso, Daniel me dijo “¿y va a poder estudiar por que la vamos a ayudar y va a vivir mejor?” cuando le dije que sí me abrazó.
Cumplí un sueño y de la mejor manera posible, compartiéndolo con mis hijos. Las cosas pasan como tienen que pasar, no sé cuándo reciba una carta de Jessica, pero desde ahora sé que su vida va a cambiar, y seguramente la mía y la de mis hijos también, por 250 pesos al mes he recibido tanta felicidad que vale oro.
Tres lecciones en tres días….no podría pedir nada mejor.
P.D.World Vision trabaja en muchos países, yo decidí hacerlo en México, pueden apadrinar directamente con ellos o por medio de Mission 500, pero si quieren más información, me pueden mandar un mail a lanuevadediana@gmail.com

Para mí anoche también fue día de Lindor rojo!…. fueron tres…..de casualidad estaban en el Centro Bnamex?
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Sí Mica! justo ahí estuvimos….delicioso momento de Lindor rojo ¿no?
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