Mis 21 kilómetros…llenos de suspenso, amistad y amor…

Después de unas semanas de mucha incertidumbre, decidí intentar correr mi primer medio maratón. Para mí era especial porque ya lo había decidido hace unos meses, tenía mucha ilusión por la ruta, por el lugar donde estaba la meta y sobre todo porque era en mi ciudad…

Cuando era niña, cada año se celebraba el Maratón Internacional de la Ciudad de México y pasaban frente a mi casa,  siempre iba a verlos pasar, así como cuando ves en la tele las Olimpiadas o algún torneo de tenis y te emocionas y decides que un día vas a ganar una medalla y te pones a nadar como loco dos semanas….así decía yo de niña…un día voy a correr un maratón. Por supuesto se me pasaba a los dos días porque no podía correr más de 100 metros sin sentir que me asfixiaba, me desanimaba y seguía con otra cosa.

Hace casi dos años empecé a correr….y me pasaba lo mismo, a los 100 metros sentía la misma asfixia, con la diferencia de que ahora no me desanimé, ni lo dejé, seguí…un día a la vez…

Después de muchos eventos en mi vida (de algunos se han enterado por el blog) hace más o menos dos meses tomé la decisión de entrenarme para correrlo.

¿Quién es Pedro García?

Siempre uso seudónimos cuando hablo de gente que está en mi vida, pero tengo la esperanza de que a Pedro no le moleste que en este caso utilice su nombre, y es que quiero que todos sepan como se llama ese gran coach que me estuvo ayudando a cumplir un sueño.

Pedro García es un andalú que habla inglé (lo molesto mucho con eso porque me hizo reir el día que me dijo que hablaba “inglé”). De Almería, vino a México hace algunos años de vacaciones y conoció a la que ahora es su esposa, pero tiene solo un par de años viviendo aquí. Corre desde muy joven, adolescente. Es una pasión en su vida que yo admiro…no sé si sea lo más importante para él, pero lo hace con tanto gusto que lo transmite.

Pedro me había estado preparando para este medio maratón. Pedro es un hombre íntegro y honesto que no miente jamás, ni promete ni se anda con poses falsas creando espectativas imposibles solo para caer bien. A Pedro le haces una pregunta y te contesta con toda honestidad, te guste o no la respuesta. Me dijo que estaba a tiempo, pero tuve una lesión complicada…Pedro estaba preocupado, porque el programa que debía yo seguir había sido interrumpido…visitas al doctor iban y venían y Pedro seguía preocupado. La última semana le pregunté honestamente “Pedro, ¿qué hago? ¿tú correrías en mis condiciones?” y él sabiendo que yo tenía muchas ganas de correr me contestó “no”…así, honesto como siempre. Le dije que lo pensaría.

Pedro me conoció llorando …es el creador del apodo “la chillona de los viveros”, me ha visto reír, me ha visto llorar, lo he metido varias veces en problemas. Un día llegué al entrenamiento, lo abracé y me puse a llorar…pobre Pedro, no tenía ni idea de qué demonios me pasaba…No fue la única ni la última vez que me vio llorar, pero siempre tiene un comentario que me hace reír y me cambia el panorama…me distrae y me dice “¡¡anda ya, a correr!!” no me deja deprimirme….

Pedro García baila y canta Chayanne, solo porque un día se enteró que me gustaba…y cuando lo creía conveniente lo hacía….A Pedro no se le olvida que en un entrenamiento choqué contra un árbol…me lo recuerda caaaaada vez que hacemos el mismo ejercicio…y cuando digo “cada vez” es literal…”Diana, cuidado, no vayas a chocar con el árbol”….cada vez.

Pedro cuida, un día corriendo con una lluvia torrencial, no se fue…se quedó hasta que terminé mi entrenamiento, parado bajo una palmera, y en cuanto terminamos mi compañera y yo, nos dijo “quítense la playera” y yo con cara de “¿¿What??” le dije que noooo, ¡¡¡que claro que no, cómo!!! ¿¿quedarme en brassiere en los viveros??, me lo volvió a decir y como más enérgico “te vas a enfermar, quítate la playera” …y ahí….frente a las ardillas….me quité la playera, rápidamente nos pasó su sudadera, nos secamos y nos pusimos una chamarra seca. Tenía razón, escurriamos y nos hubieramos enfermado seguramente.

Pedro cuenta unos chistes maaaalísimos…pero malos en serio…pero cómo se divierte contándolos.

Pedro me presentó a Raúl…otro español simpatiquísimo, también en México por amor a una mexicana, que hace una tortilla de papa espectacular, lo siento Gonzáles Sirocco, también uso tu nombre real porque quiero que sepan bien quienes son. Un fisioterapeuta que estuvo haciendo milagros para que yo corriera, es otro hombre que ama lo que hace, y se nota porque lo hace con un profesionalismo increíble…jamás ve el reloj cuando está haciendo magia….lo que sea necesario para que te sientas bien. El me dijo hace 5 días antes de la carrera que solo yo sabía cómo me sentía, que era mi decisión. Y me dejó lista.

La lesión que yo tenía era una fisura en un hueso del tobillo, cosa muy rara, no se explica bien el doctor como pudo ser, nunca me caí, torcí ni nada. Pero la lesión ahí estaba, hace 8 días traía yo una férula.

Todo esto fue provocando que yo le quitara todas las espectativas a la carrera…no sabía qué iba a pasar, si lo haría, si mejor me cuidaba y no corría…Todavía el viernes me mandaban amigos mensajes de que me cuidara, de que no corriera, que “escuchara” a mi cuerpo.

La cuestión está en que yo trataba de identificar si todos estos inconvenientes estaban ahí para que yo pudiera superarlos y aprender a sortear las dificultades buscando cumplir mis objetivos….o era que tenía que aprender que ante un problema tengo que frenarme, replantear mis metas y tener cuidado.

Me fui por la primera opción. Tenía que intentarlo, decidí que si el dolor se volvía insoportable lo dejaría, no iba a ser la heroína de la película, no me vería como Angelina Jolie cojeando y sangrando pero salvando al mundo.

El viernes me fui con mis hijos a Cocoyoc, a pasar el fin de semana, el plan era dejarlos allá y yo regresarme el sábado, les expliqué que aunque para mi lo más importante en mi vida eran ellos, también tenía cosas que me gustaba hacer y que eran importantes para mí. Y ese regreso en carretera, sola, que cuento en el post anterior, me hizo ver que emocionalmente estaba en mi mejor momento, que tenía que intentarlo.

Llegó el domingo…dormí dos horas y media, vueltas en la cama como chícharo en bandeja…no podía dormir, me tenía nerviosa la decisión, no por se la incorrecta, pero no quería que me doliera el pie y tenerla que dejar.

Por fin me levanté y zaz….dolor….pues ni modo. A ver hasta dónde llego…ahorita mismo habrá varias amigas que van a hacer cara de “¿no que con dolor no corrias?” lo siento…decidí medirlo…(sí Mache).

Una amiga vino a correr conmigo desde Querétaro…ella tiene experiencia en medios maratones, así que me daba tips, me dio sobres de gel…me dijo que me pusiera vaselina…todo esto me fue poniento más nerviosa, sentí que iba a la guerra.

Llegamos temprano….¡¡¡me urgía que empezara!!! y por fin…empezó…yo había preparado la noche anterior un playlist en mi ipod con canciones estratégicamente escogidas, primero muy tranquilas, para empezar despacio, incluso música de la película de la misión, para no emocionarme y acelerar y quemarme…poco a poco fuimos avanzando, la verdad es que yo con dolor. Y los primeros cinco kilómetros me cuestan mucho trabajo, me canso y pienso “Dios mio, ¡y lo que falta!” así que trataba de disfrutar la múscia y no pensar. Y algo pasó…dejé por fin de pensar y empecé a disfrutar, iba preocupada por los pies que me dolían pero empecé a escuchar las porras, la gente en la calle que “choca” manos…que incluso te dan de beber, de comer, apoyo incondicional de gente que no te conoce.

Ahí iba…luchando, mi amiga iba más adelante, corriendo más rápido, yo quería ir despacio…de pronto alguien me agarra de la cintura, me pega un susto terrible y se acerca…Alejandro…(si Nava, también uso tu nombre, lo siento) ¡¡me dio un gusto!! y corrió conmigo un buen tramo, él no tenía número. Es un amigo desde hace muchos años y lo quiero mucho, me dijo que solo correría un rato, me ayudó porque se me estaba complicando, de pronto ¡una subida de terror! nomás se rió cuando le dije “¡¡¡Dios mío qué es eso!!!!” y me dijo “tú puedes Dianita, tu puedes”….y pude Nava.

Yo ya quería llegar a Insurgentes, le preguntaba todo el tiempo “Nava, ¿dónde está Insurgentes?” se reía…”ya casi” me decía…y de pronto llegamos como al k 13…otra tremenda subida…y llegando a Insurgentes a la altura del Hotel de México me dejó, me dijo “échale que tú puedes, aquí te dejo, ¡sí llegas!”….y siguieron las porras, recuerdo perfecto a un chavo  que me dijo “vamos Diana, tu puedes” y pensé que mi memoria ya estaba fallando, seguro se me estaba bajando el azúcar….yo no lo conocía y él a mi sí, hasta que me acordé que mi número tenía mi nombre….recuerdo la cara de una niñita que me dio Coca Cola en una bolsita, la emoción que le dio que la tomara, otra señora me dio naranjas…varias veces me las comí. Es increíble vivir esa fiesta, la gente en la calle apoyando a todos los que estamos luchando contra el cansancio, el calor, la deshidratación, haciendo un esfuerzo por llegar a la meta…y ellos ahí ayudando para que lo logres, y no te conocen…

La música me acompañaba…me ayudó mucho, cuando iba más o menos tranquila escuché una que se llama “I’ll be okay” me encanta..habla de cambios y de que no importa que pase, siempre voy a estar bien, y era un súper momento para oirla…

Mi amiga se había lastimado cerca del k 10, así que iba sola, me consolaba la idea de ver pronto a Pedro García y a todo el equipo de Run and Run, el nombre de su tienda, y ha hecho un equipo de corredores con gente valiosa, sana, simpática, algunos corrieron el maratón completo, otros el medio y otros iban a estar dando agua, frutas, ÁNIMO….etc. a los que lo necesitaran.

Y de pronto ví a la porra, no saben la emoción!!! al primero que vi fue a Raúl..le grité y corrió hacia mi…me dio un abrazo que me supo a 100 litros de agua en el desierto, me preguntaba cómo estaba y me decía que sí podía…¡yo quería que me cargara a la meta! ya iba de subida, los últimos 8 kilómetros fueron subiendo y subiendo y subiendo, ellos estaban cerca del 18…y de pronto veo a Pedro…corriendo junto a nosotros diciéndome “¡¡¡VAMOS DIANA, VAMOS, ANDA VAMOS!!!” yo quería quedarme ahí con ellos, pero sabía que tenía que seguir, y me dijeron todo lo que pudieron para darme ánimo…así que seguí…

Y unos metros más adelante aparece Ana…perdón que diga también tu nombre, pero no diré tu apellido….protección al testigo….¡¡¡y me dio una alegría inmesa, me conmovió!!! ella no corrió, solo fue a buscarme y a correr conmigo un ratito para acompañarme….Ana te lo he dicho varias veces, pero lo quiero dejar aquí para siempre….me demostraste lo que es una verdadera amistad, nunca olvidaré este gesto de cariño infinito….y juntas corrimos….seguía subiendo y subiendo, de pronto me sentí muy mal, me dio un mareo…fuerte…sentí que tenía que parar y le agarré el brazo a Ana y le dije “estoy mareada Ana tengo que parar” y me dio agua…caminé unos segundos, en ese momento gente que iba corriendo le daban miel, gel energético, agua…se dieron cuenta que me sentía mal y querían ayudar…no quise nada, sentía que tenía que concentrarme en sentirme bien, puse todo mi empeño en hacerlo, de pronto decidí que tenía que volver a correr o no lo terminaría, había pasado quizá un minuto, Ana lo sabrá mejor, y empecé a correr de nuevo, en cuanto había arrancado alcancé a ver a Heidi (sorry) y me dio mucha emoción ¡¡¡una queridísima amiga!!! y me inyectó vitaminas….me agarró la mano y me dijo “¡vamos Diana!”…a seguir….Ana corría conmigo…

Porras iban y venía, la gente gritando como loca, un ambiente increíble, una verdadera fiesta…y de pronto veo el Estadio de Ciudad Universitaria, la meta….y aparece en mi ipod “Where the streets have no name” de U2….no bueno, la emoción, el cansancio…la ganas de llegar, el dolor de pies, las vitaminas inyectadas por Pedro, Raúl, Heidi, Ana…y sobre todo la idea de entrar al estadio con el pebetero encendido… esa era mi meta…eso quise hacer desde hacía tiempo, fue entonces cuando Ana me dejó entrar sola, quería que lo viviera así, se despidió de mi , me dio un abrazo muy fuerte, me dijo que me quería mucho…y seguí cantando con U2….ya se me empezaban a salir las lagrimas, ya estaba entrando….se me hizo eterno, vueltas por todos lados y no entraba, ya los pies no querian seguir luchando, así que utilicé el corazón…y de pronto…aparece la canción …aparece “Yellow” del Colplay, la versión que más me gusta, en vivo…y de pronto aparece el túnel de acceso…y empiezo a llorar…de dolor, de alegría de emoción…y cuando entro al túnel y escucho a la gente gritar se me puso la piel chinita, y entro a CU… y veo la cancha… y piso el tartán… se me salen las lágrimas de recordarlo, es una sensación para la cual no encuentro palabras… y corría con dolor pero feliz… lo había logrado y me di cuenta que había tomado la decisión correcta, tenía que vencer todos los obstáculos que se me habían presentado, cruzar esa meta fue un milagro físicamente, pero estoy tan bien emocionalmente que tenía que intentarlo.

Lloraba y lloraba sola… rico… veía el estadio, veía el cielo, le agradecía a Dios, pensaba en mis papás, en mis hijos, en lo que he superado… en lo bien que me siento… y solo pude voltear al cielo a decir “GRACIAS”.

Después seguí caminando, estiré un poco junto a unos chavos que se me quedaban viendo porque yo seguía llorando, deben de haber pensado que no podía de dolor, caminé hasta encontrar agua, seguía oyendo música…estaba disfrutando al 100 por ciento, en kabbalah se le dice el 99 por ciento, yo lo explicaría que es cuando te desconectas del mundo físico, del 1 por ciento en el que vivimos todos los días, pero esos momentos en los que vives algo que te conmueve y disfrutas y se te pone la piel chinita es un momento de 99 por ciento del mundo espiritual… algo así. Pues estuve viviendo un 99 por ciento como por media hora, caminando entre todos los corredores que habíamos llegado, era el recorrido de salida, mucho orden, todos callados disfrutando cada quién su momento…en eso me dan la medalla…me la dan en la mano y en el momento en que me la puse en el cuello…a llorar otra vez…la piel chinita, y como Magdalena…de verdad que le deseo a todo mundo que viva una experiencia así.

No sé si me hubiera sentido igual de no haber tenido tantos inconvenientes, de estar segura que terminaria, de buscar un tiempo bueno para terminar…no me importaba nada, ni mi ritmo, ni la velocidad, ni el tiempo…nada…quería pisar la meta en CU…y lo logré.

Gracias a Alejandro Nava por sorprenderme en la mitad de la carrera y hacermela más amena en el momento en que mi amiga se lastimó y yo no sabía qué hacer.

Gracias a Raúl González Sirocco por cuidarme las piernas, por darme ánimos y por acompañarme unos metros importantísimos para mi.

Gracias a Ana por acompañarme, por demostrarme el valor de una verdadera amistad, incondicional…

Gracias a Heidi por estar presente en un momento en que estaba empezando a rendirme, por darme la mano y darme tanta buena vibra.

Gracias a Miriam por venir de Querétaro a correr conmigo, por los tips, por la compañía, por hacerme reír…es una guerrera, la acabó lastimada, a ella la mueve un motor lleno de amor…

Gracias a todos los que me mandaron mensajes por wapp, por fb, por mail… a los que deseaban que me fuera bien, a los que sé que rezaron, gracias por la llamada de Mérida, importante para mi Tusita…

Gracias de verdad a Pedro García por enseñarme a correr, por cuidarme, por ayudarme a cumplir un sueño, por ser mi amigo y mi entrenador….sin tus consejos, experiencia y amistad no lo hubiera logrado.

Gracias a mis papás por apoyarme siempre, ese abrazo de mi mamá llorando las dos de emoción lo llevo en el corazón para siempre, sin hablar, llorando felices, y las flores, ¡¡¡preciosas!!!….los quiero con todo mi corazón

Gracias a mis hijos, porque sé que les costó trabajo ver que me iba, pero nunca dijeron que no me fuera, siempre me dijeron “suerte mamá, corre y gana”.

Gracias a Dios, por la salud, por el amor, por la fuerza y por la esperanza.

2 thoughts on “Mis 21 kilómetros…llenos de suspenso, amistad y amor…

  1. Ya te lo he dicho muchas veces, pero una mas no sobra… eres un gran ejemplo, me encanta leerte, me haces mi día mucho mas feliz,…

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