Hace veinte años se me paró el corazón.

Primero de julio de 1998, un día normal, me desperté como cualquier otro sin la más mínima idea de que ese día cambiaría mi vida para siempre.

Tenía 28 años y vivía muy tranquila. Trabajaba haciendo vitrales, tenía un novio que quería muchísimo y él me quería igual, su familia era muy importante para mi y la mia estaba sana y feliz, todo bien.

Era miércoles, no recuerdo qué hice durante el día pero seguramente trabajé feliz diseñando algún vitral o lijando vidrio y fundiendo plomo. Pero recuerdo perfectamente lo que pasó a partir de las 8 de la noche. Esa terrible noche que me colapsó.

Estaba sentada en el sillón del cuarto de tele en casa de mis papás. En unos meses nacería mi sobrina y aunque nunca había tejido ni una bufanda, había decidido intentar hacerle alguna monada. Mi novio no había ido a verme porque ese día llegaban de viaje su mamá y su hermana, habían ido a Boston a visitar a su hermano y quería recibirlas, “me las saludas mucho” le dije cuando nos despedimos por teléfono después de que me avisaba que estaban por llegar. Fue la última vez que hablamos en tono alegre acerca de su hermana, le decían la Nena.

Más o menos una hora después, mientras le cambiaba a la televisión, pasé por el canal dos y estaban las noticias, nunca las veía porque me aburría y soy más de ver series de comedia, sobre todo en la noche. Pero estaba Guillermo Ortega (lo recuerdo tan bien) y dijo algo así como “No se vayan, al regresar un científico explica por qué podría temblar los próximos días en México”… Odio los temblores y por morbosa decidí verlo.

Pasaron los anuncios y yo tejía totalmente concentrada (trataba de dar puntos que se saltaban y no lograba hacerlo bien) así que no estaba viendo la pantalla, de pronto escuché algo así como: “Guillermo, te reportamos que hace unos minutos, hubo un asalto y mataron a Marcela…” cuando dijeron el apellido, me petrifiqué, vi la pantalla y aparecía un coche rojo, la Nena no tenía un coche rojo, tenía que ser un error, de pronto pasaron una foto de su identificación, era ella, pero podía haber una explicación, la habían asaltado en el aeropuerto seguramente, le habían quitado la cartera y habían matado a quien la traía, pensaban que era ella, claro, ¡eso era! la Nena no podía estar muerta, obvio.

Cuando pasaron la escena del crimen, la cabeza de Marcela recargada en el asiento con una sábana tapando el rostro, vi el pelo, me recorrió un escalofrío todo el cuerpo y se paró en el corazón, era ella, era el precioso pelo negro de Marcela que tanto admiraba porque brillaba muchísimo.

No podía respirar, no podía hablar, no me podía mover, el corazón no sabía qué hacer, ahora mismo, mientras lo cuento, se me escurren las lagrimas porque recuerdo el dolor y no se ha ido, he aprendido a vivir con él.

Como no podía moverme, mis papás fueron a verme a la sala de tele, ellos lo habían visto en su cuarto, me encontraron en shock delante de la pantalla temblando con los ojos perdidos.

Quedaba una esperanza, todo podía ser un error, una terrible coincidencia, pero… ¿a quién le hablaba? ¿y si era cierto y mi novio no sabía? ¿y si no era cierto y lo asustaba horrible? ¡¿QUÉ DEMONIOS HACER?!.

Le hablé a una muy amiga mía que era además novia de un primo de la familia, y sí “Diana, mataron a la Nena, me acaba de decir Javo”.

En ese momento logré explotar, por fin lloré sin control, sollozaba y se me iba el aire, quería vomitar, mi mamá me abrazaba y trataba de calmarme, no lo conseguía, mis papás estaban preocupados porque no reaccionaba.

Se me había parado el corazón, no funcionaba.

Horas más tarde me habló mi novio. Con una calma terrible me dijo “tenemos que ser fuertes por mis papás” y me dijo que estaban en su casa pero que él iria a buscar el cuerpo.

“Buscar el cuerpo” lo escribo y el corazón se acuerda otra vez del dolor inmeso. Les pedí a mis papás que me llevaran a su casa, pero para ir teníamos que usar el Periférico, algo cerca de donde había ocurrido todo y les supliqué que no nos fueramos por ahí. Por años no pude usar esas calles, sentía que pasaba por una zona oscura y moría de miedo.

Al llegar a su casa, abracé a su mamá quien me consoló como si yo fuera la que había sufrido la terrible pérdida, recuerdo sentir culpa por estar en ese estado mientras ella, que había perdido a su adorada hija un par de horas antes, se mantenía ecuánime y tranquila.

La casa poco a poco se fue llenando de familiares y amigos que no podían creerlo, la Nena era una mujer muy querida por muchísima gente, era realmente maravillosa, llena de luz, sonreía y se iluminaba, era simpática, alegre, tenía muy buen sentido del humor, cariñosa y no se callaba lo que pensaba pero siempre tenía algo bueno que decir, jamás la escuché hablar mal de nadie.

Con ella iba en el coche su esposo, Rafa, quién había sobrevivido a otro balazo y estaba en el hospital. Era difícil de manejar la situación porque estaba la preocupación de su estado y la profunda tristeza de la pérdida de la Nena.

Lo que siguió, después de horas de angustia, fue el velorio. Lo recuerdo entre tristeza y cariño, no cabía un alfiler, la gente no iba y venía, no, solo venía. Se quedaban todos a apoyar y dar abrazos llenos de amor, unos llorábamos a mares, otros estaban callados en un estado de letargo provocado por una incredulidad enorme y otros rezaban.

Ese día se me paró el corazón, lo sentí, perfectamente, también sentí cuando arrancó de nuevo, pero nunca fue igual.

Ese día cambió mi forma de ver la vida, ese día entendí que estamos sobre un hilito que se puede romper en cualquier momento, ese día me dieron un madrazo de realidad, cualquiera puede venir a quitarte la vida o a quitársela a quien más quieres.

Un par de semanas depués, soñé con ella, traía un suéter rojo y se veía feliz, me decía “Diana, ve y dile a Rafa que estoy con él, a lado de su cama, que no me ve pero ahí estoy”.

Rafa había sobrevivido pero estaba en muy mal estado, físico y anímico. Marcela era su vida, estaban por empezara buscar un bebé, tenían todo un futuro por delante y de pronto, ya no tenían nada… ¿Cómo le dices “dice la Nena que está aquí contigo”?.

Dos meses depués, Rafa no pudo más y se fue con ella, entre tristeza y desolación, todos nos sentimos un poco más tranquilos de saber que lo que él tanto deseaba, se había cumplido. No podía vivir sin la Nena.

Me tomó meses dejar de llorar, mis papás estaban preocupados, no hablaba de otra cosa más que de Marcela y no podía sonreir siquiera. No solo era su muerte, era que alguien le había arrebatado la vida cuando empezaba a vivirla.

Después de algún tiempo, empecé a sentirme mejor, empecé a recordarla otra vez sin la imagen terrible que había visto en la televisión. Era difícil ya que repetían una y otra vez esas escenas de ese día. A cualquier hora y por cualquier lado escuchaba “la muerte de la maestra de Ballet…”

Logré acomodarlo, logré vivir con eso, ahora que se cumplen veinte años, puedo decir que recuerdo a la Nena con muchísimo cariño y que muy seguido pienso en ella y lo que podría ser su vida de no haber sido por esa persona que decidió terminar con ella. Sigo llorando ahora que lo escribo pero aprendí que si la vida es tan frágil, tienes que vivirla al máximo, ya no pienso todos los días “hoy podría morir” (porque eso pensé durante meses y quizá años) pero sí pienso “un día voy a morir, cómo quiero vivir mientras ese día llega?”

He pasado momentos muy difíciles y poco a poco salgo de ellos, me recupero y vuelvo a la lucha, me he demostrado a mi misma que soy resiliente y que aunque me derrumbe (porque sí lo hago), un día levanto un pie, después el otro y va de nuevo.

El día que se me paró el corazón queda en el recuerdo, ese día me morí tantito y después volví a vivir, diferente, más consciente, más realista, con una cicatriz pero también fortaleza.

Te recordaré siempre Nena, siempre siempre SIEMPRE, con tu suéter rojo, tu increíble sonrisa y tu alegría por vivir, y te honraré y les contaré a mis hijos de ti para que sepan que tuvieron una tía que iluminaba el lugar al que entraba. Besos hasta el cielo o hasta donde estés con Rafa y René.

Nunca pude volver a tejer…

 

Todo tiene consecuencias, correr también.

Y sí, todo lo que hacemos, decimos  y decidimos, tiene consecuencias, todo está en cuáles estamos dispuestos a pagar.

Hace unos meses que regresé a correr, decidí entrenar para una carrera que es especial para mi. Pero una cosa es correr diario un rato como solaz esparcimiento y otra muy distinta es ponerse a entrenar.

Implica muchos sacrificios, horas de ejercicio, mejor alimentación, dormir más y mejor, tomar mucha agua, darte masaje seguido para evitar lesiones y estar dispuesta a rechazar un montón de invitaciones de tus amigos (los cuales generalmente te odian porque no lo entienden). Todo esto lo pensé detenidamente y aún así decidí hacerlo.

Ahora estoy pagando las consecuencias, pero algunas fueron buenas. Resulta que como corrí durante mucho tiempo sin las plantillas adecuadas, sin masaje y sin cuidados necesarios, casi empezando el entrenamiento ¡ZAZ! una lesión: fascitis plantar, una dolorosa sensación en la planta del pie, para quienes no la han sufrido, hagan de cuenta que a cada paso que dan, pisan una pieza de lego, (para quienes no han pisado una pieza de lego, no han visitado el infierno). Tuve que empezar a atenderme esa lesión porque no he estado dispuesta a abandonar mi objetivo.

En el camino a la recuperación, tuve que empezar a nadar, deporte que nunca practiqué en forma, solo cuando veía de joven las olimpiadas y decidía que yo sería la siguiente representante de México (intención que me duraba dos semanas más o menos). Pues descubrí que me gusta mucho, que cuando aprendes a respirar bien y estiras los brazos, jalas el agua y avanzas sin ahogarte porque ya no te cansas, lo disfrutas bastante, incluso he descubierto que es una buena manera de meditar y estar en el aquí y ahora. Así que las consecuencias de nadar fueron muy buenas, adquirí una mejor condición física y de verdad lo disfruté.

Después de eso, tuve que ir al gimansio, algo que de verdad no me gusta nada, siento que me ahogo en un lugar encerrado lleno de gente sudando y con modelitos deportivos que se les ven divinos y yo no sé ni usar correctamente los aparatos. Tuve que pedir ayuda a uno de los instructores que gracias a Dios es amabilísimo y no se burla de mí, las consecuencias fueron que empecé a sentir más fuerza en las piernas y en los brazos, no es algo que me guste pero sí es algo que me sirve.

Tuve que ir a ver a un fisioterapeuta y a darme unos masajes ESPANTOSOS, me hacía llorar de dolor y me dijo que traía todo el cuerpo contracturado, sentía como si quisiera matarme cada vez que me tocaba y aunque él decía que lo estaba haciendo muy suave, parecía que me enterraba un puñal punto por punto del cuerpo.

Tuve que estar en reposo abosluto durante los últimos días, con una frustración enorme porque se acerca la carrera y yo sigo sin poder entrenar como debiera, pero las consecuencias del descanso han hecho que aprenda a tener paciencia, a tomar decisiones,  aprender a fluir sin apresurarme y a descansar. El fin de semana le dije a una amiga “no sé si estoy deprimida o soy muy floja pero no tengo ganas de hacer ni pensar nada”, después de un profundo análisis me dijo “duerme por favor un día entero, estás cansada mental y físicamente”.

Ahora tengo que hacer yoga, me cuesta muchísimo trabajo y la posición que mejor me sale es la del cadaver, y aún esa se me complica un poco. Pero las consecuencias son que estoy ganando elasticidad y fuerza, ¿creen que el yoga es fácil? no, sudas muchísimo, te tiembla todo el cuerpo, te duelen músculos que no sabías que existían y quieres que el tiempo que tienes que mantener una posición corra más rápido de lo normal. Pero es buenísimo.

Sí, correr tiene consecuencias, el otro día me decían que para qué corría si me lastimaba. Es cierto, los corredores comúnmente sufrimos lesiones, tenemos que hacer sacrificios y el esfuerzo es grande. Pero las consecuencias son más buenas que malas, y cada quién decide cuáles quiere pagar, imposible enumerar las que tiene no hacer ejercicio, son muchas y son terribles. Enfermades, depresión, ansiedad, mal humor…

Yo llevé una vida de vagancia la mayor parte de mi historia, no tenía el hábito del ejercicio y según yo era feliz así. De hecho de mi familia era la que menos deporte hacía y no se me daba nada. Lo que mejor hacía era estar sola en Dianalandia y disfrutarlo.

Pero algo cambió hace siete años, un día me puse a correr, el deporte que menos entendía de todos, pero fui persistente a pesar de lo difícil que era para mi, seguramente una parte de mi alma conocía las consecuencias de obligarme a correr.

Sí, me siento ahora frustrada, cansada, tengo miedo y no sé qué va a pasar, si lograré hacer la carrera o no, si voy a recuperarme a tiempo o no. Sigo yendo a los terribles masajes que me separan las extremidades como a una muñeca Barbie, sigo haciendo yoga, estoy esperando banderazo para volver a nadar y poder ir al gimasio, y lo que más deseo es poder caminar sin dolor para poder regresar a mi querido bosque a correr.

Estoy pagando las consecuencias de haber dejado de correr demasiado tiempo y de haber regresado sin los cuidados que necesitaba, pero esas mismas consecuencias me han llevado a nadar, hacer yoga, atenderme y darme masajes, tener paciencia, recibir apoyo y cariño de mis amigas, alimentarme mejor y, sobre todo, aprender cosas nuevas sobre mi, así que estoy dispuesta a pagarlas, además conozco las consecuencias de cumplir mi objetivo, cruzar esa meta.

Conozco los dos tipos de vida, el tranquilo, que no haces ejercicio, en el que no te lastimas ni haces sacrificios. También conozco el del deportista, que se levanta temprano, que a veces va a nadar con frío, que corre con lluvia o mucho calor y que a veces va al gimasio a las 6 de la tarde un viernes porque no pudo ir a otra hora. La cuestión es que conozco también las consecuencias de hacer el enorme esfuerzo que requiere, definitivamente me quedo con la segunda, quiero seguir corriendo.

Así que me harían un gran favor si van sacando los rosarios o le piden al universo o a quien crean que me pueda ayudar para que pronto pueda dar pasos sin dolor al caminar.

¡Qué hace falta para que te INDIGNES?

Hoy escribo porque no sé qué más hacer, con lagrimas en los ojos y profundamente triste. Ayer en la tarde empecé a entender lo que está pasando en la frontera con Estados Unidos desde abril, no doy crédito, de verdad no puedo creerlo.

Estuve todo el día en mil cosas y no pude investigar bien, quería saber más antes de tener una opinión, y en la noche vino el madrazo, leí artículos, busqué entrevistas, vi fotos desgarradoras… Y me fui a dormir con el corazón roto, solo agradeciendo que mis hijos estaban conmigo en una casa y una cama calientita con el estómago lleno de una rica cena.

Hoy en la mañana uno de mis hijos se levantó y antes de meterse a bañar se acostó en mi cama porque no podía de sueño y se volvió a quedar dormido, lo observé varios minutos con el corazón encogido, imaginando lo que sería de él si fueramos de esos desafortunados migrantes que están tratando como animales en las fronteras. Lo veía con una expresión de paz y tranquilidad y trataba de imaginar lo que estarían haciendo en esos momentos los miles de niños que han sido separados de sus papás y tienen miedo, frío, hambre y están solos.

Después de dejarlos en la escuela, se me desabartó por completo la fortaleza, empecé a llorar muchísimo, por fin pude mandarle un mensaje a una amiga que es un poco  como yo, sensible a estos temas, (gracias CC, me alivianaste muchísimo) y lloré con ella y me abrió aún más los ojos “¿y sabes lo que pasa en la frontera sur con Guatemala?” me dijo…

Total, que seguí investigando y lo que peor me tiene es que no estamos todos verdaderamente INDIGNADOS, son pocas las personas que me han comentado lo terrible de la situación, como no es nuestro problema (o eso creemos), como no vivimos allá o como no son nuestros hijos o parientes, seguimos con nuestra vida y no pasa de “algo que pasa en otro lado”.

En mi investigación, estuve leyendo todo tipo de comentarios buscando encontrar algo que me indicara que los norteamericanos están como yo, buscando con esperanza un repudio total, pero en cambio me encontré con gente que decía cosas como “pues que no vengan para acá con niños, que no sean irresponsables, que aprendan que acá no van a pasar, se les advirtió…” me dejó totalmente desolada.

Sé que el problema migratorio es serio, que los gobiernos de México, Guatemala, El Salvador, etc etc, son responsables en gran medida (si no es que en toda) por no dar las condiciones necesarias para que la gente no tenga la imperiosa necesidad de irse a exponer su vida y la de sus hijos buscando vivir mejor, lo entiendo y no encuentro de manera inmediata una solución pero… ¿hay que tratar a los niños como animales? ¿como fichas de cambio? ¡ESO ES LO QUE ESTÁN Y ESTAMOS HACIENDO! (porque en la frontera sur no nos salvamos).

No puede ser que veamos esas imágenes y no nos sintamos totalmente desolados, que nos cortemos las venas porque un grupo de mexicanos quemó una bandera (noticia que veo y veo en redes sociales), que no estemos todos hablando de esto y de lo que representa para la humanidad, que no consideremos que se está cometiendo un crimen contra estos niños y sus familias.

¿QUÉ HACE FALTA? Escuché la entrevista de un niño de 9 años, NUEVE AÑOS, diciendo que aventaron sus cosas, no trae zapatos, tiene frío y en las noches y le dan “papel alumnio” (una cobija térmica de papel) para taparse, duerme en el piso y con él hay niños desde 4 años hasta adolescentes que lo único que piden llorando es que los lleven con su mamá, el lugar en el que los tienen lo llaman “el refrigerador” por el frío que hace (¿no lloran al leerlo? yo lloré a mares al escucharlo).

¿Saben las consecuencias psicológicas que esto implica? ¿saben lo que pasa por la mente pequeñita de estos niños? ¿saben lo que se les está programando?. No soy psicóloga, pero no necesito serlo, el odio se ha engendrado en esas cabecitas.

Escribo esto con una impotencia enorme, llorando todavía, pero no quiero solo llorar, espero que alguien empatice, que alguien más proteste, que alguien que no sabía que esto estaba pasando, lo sepa y alce también la voz.

Lo único que nos queda de momento es la protesta, el repudio social, ejercer presión en redes, sé que hoy podría considerarse en la Casa Blanca lo que están haciendo, sé que hay americanos que están ejerciendo presión para tratar de ayudar y piden que la sociedad levante la mano y haga un reclamo, pero también sé que Donald Trump ya ha construído el muro, un muro humano de CERO TOLERANCIA equivalente a CERO HUMANIDAD.

Esos niños difícilmente volverán a ver a sus papás porque está tan mal hecho todo este infierno, que ni siquiera están creando archivos para que los niños vuelvan un día con sus familias. No les importa, “casualties of war” les llaman ellos…

¿Qué podemos hacer? INDIGNARNOS, SER HUMANOS, RECLAMAR, EJERCER PRESIÓN, NO QUEDARNOS CALLADOS, NO PASAR LAS FOTOS SIN VER PARA NO SUFRIR Y DEJAR DE PENSAR QUE NO ES NUESTRO PROBLEMA.

Me siento tan triste que no tengo ganas de hacer nada, tengo ganas de dormir y despertar y contarle a alguien que tuve una pesadilla horrible y habíamos regresado al Holocausto, ¿creen que estoy exagerando? vean las fotos de niños encerrados en jaulas y marcados con números, separados de su familia, tal como lo hacían en los campos de concentración de la Alemania Nazi.

Yo por lo pronto quiero ir a la marcha, voy a twittear mensajes de protesta, ayer mandé un mail a una organización para manifestar repudio y mi apoyo,  voy a seguir buscando información acerca de lo que yo puedo hacer desde acá y no voy a evadir la noticia pensando que gracias a Dios no es mi problema.

Lo único que me consuela, es que no paro de llorar, sigo siendo humana.

 

 

 

 

¡Sobreviví otro año!

Hoy hace 19 años me casé, mi matrimionio fue lindo y feliz por algún tiempo y después terminó, eso ya está superado aunque seguro saben los que me siguen, lo difícil que fue, pero aqui ando, y no solo sana y salva, también feliz.

Hoy hago conscientes varias cosas, tengo qué confesar que no recuerdo la fecha en que me separé, pero Facebook me recordó hoy en la mañana que cuando cumplí un año, escribí que había sido una época terrible y declaraba el 19 de junio como “El día de la Independencia” y el primer día del resto de mi vida.

Confieso también que en esa época me tiraba al drama, pero ¿saben qué? ni modo, estaba metida en un maremoto de emociones y sí, me ayudaba expresarlas con mis amigos, siempre alguien tenía algo lindo qué decir. Por eso perdono a todas las personas que de pronto publican alguna que otra tragedia personal, porque yo sé lo que se siente y sé lo que buscan con eso (a todas esas personas, ¡ANIMO! sí se puede).

El caso es que haciendo un recuento, como el que casi cada año hago, de verdad que he sobrevivido a muchas situaciones, una de las primeras fue a un embarazo de gemelos, créanme, es algo complicado (no solo por el tamaño del que te pones). Después sobreviví a tener dos bebés al mismo tiempo, DOS BEBES AL  MISMO TIEMPO (sí, lo quiero recalcar).

Después sobreviví a dos niños de dos años con la etapa de berrinches espantosa y a sentirme sola en esto de la maternidad, no fue una buena época.

Después sobreviví a la escuela de mis hijos cuando tenían 3 años, enfermedades iban y venían, cargaba con el termómentro en la bolsa porque sufrían de fiebres  todo el tiempo y yo quería irme a vivir sola a un lugar lejano en Groelandia.

Después sobreviví a tener a dos hijos de 4 años en el hospital al mismo tiempo, uno internado y el otro en quirófano, fueron semanas espantosas, ES-PAN-TO-SAS (también lo quiero recalcar).

Y después sobreviví al final de una historia de amor, al final de mi matrimonio, tuve que renunciar a la idea que yo tenía sobre lo que quería que fuera mi vida y ahí sí que viví días de abosulta supervivencia, un día a la vez y cada uno me costó una voluntad tremenda.

Cuando eso fue superado, creí que no tendría nada más por sobrevivir, que estaba comprobado ya que podía salir de situaciones complicadas y que el universo me daría un respiro.

No te lo da, cada día pasa algo nuevo, cada día tomas decisiones difíciles, cada día tiene sus retos. Lo que pasa es que te vas haciendo fuerte, te vas acostumbrando a que vas a descansar hasta que te mueras, y vas a dejar de luchar hasta que no haya motivo por el cual hacerlo.

Hace un año tomé una difícil decisión. Sacar a mis hijos de su escuela y cambiarlos a otra. Parececía algo así como “peccata minuta” (vamos, algo poco importante), pero lo que esa decisión implicaba era salir de una zona de confort y abandonar todo lo conocido y que me mantenía a salvo.

Quería salir del sistema, no quería estar cómoda pero enojada con algo que no me gustaba, y si algo me había enseñado hasta ahora la vida, era que tenía que aventarme al infinito y hacer lo que yo creía que era mejor aunque fuera difícil.

Dejaba a mis amigas, mis hijos dejaban a sus amigos, estaban asustados porque no querían el cambio y no lo entendían. Dejaba un sistema educativo ya conocido y al cual nos habíamos acostumbrado y todo esto lo hacía en la peor edad, la adolescencia, por supuesto uno de ellos me odiaba y me pedía que reconsiderara todo el tiempo.

Lo utilicé como ejemplo y les dije “cuando algo no te cuadra, no te gusta y no estás de acuerdo, hay que dejarlo por muy difícil que parezca, manténganse siempre firmes en sus convicciones”. Me veían con cara de “sí, ajá, lo que quiero es quedarme con mis amigos”.

He pasado un año complicado porque me fui a otra escuela en donde no conocíamos a casi nadie, donde mis hijos tenían que hacer nuevos amigos, acostumbrarse a otro idioma, otro sistema, otras personas, otros maestros… Yo tenía que hacer las cosas por mi misma porque no tenía a mis amigas, en especial a la Ché que siempre me decía cómo y por dónde en la escuela anterior. No tenía idea de aboslutamente nada y, para mas INRI (así dice mi papá) decidí no entrar a ningun chat de mamás (creo que me quería hacer harakiri) pero me negaba a ser parte de esas costumbres en las que TODO les resuelven a los niños. Tuve que confiar en mis hijos y les dije: “yo no estoy en chats, no me voy a enterar de tareas y entregas y esas cosas que ustedes deben de saber, así que abusados y Dios nos ampare”.

Pues con sus altas y bajas, un par de citas en la escuela, una en especial que tendría qué contarles, muchos olvidos y lecciones aprendidas, muchas llamadas de la escuela “señora, no sé si recibió el mail en el que se le avisaba que…” SOBREVIVIMOS, está por acabar el año, estamos en exámenes, sufriendo la gota gorda pero en febrero pagué inscripción para el año que entra (sentí que pagaba un par de riñones) pero ahí están, inscritos y nadie los saca como que me llamo Diana.

Sobreviví a Primero de Secundaria, a un año de adolescencia (sí, me faltan muchos, ya sé), a fiestas de mis hijos con gente que no conocía, haciendo preguntas incómodas aunque fuera la típica mamá insoportable, al campamento sin tener idea de cómo regresarían, a situaciones en la escuela que me pusieron los pelos de punta, y me mantengo firme, no sé si fue lo mejor que pude haber hecho o no, pero lo que sí sé es que sigo en la lucha, sigo esperando las siguientes batallas, sigo al pie del cañón defendiendo mis ideas y defendiendo lo que más quiero, mis hijos.

Mi vida es todo menos aburrida, un año más he sobrevidido a un montón de cosas, algunas con mucha dignidad y otras no tanto, eso sí, sabiendo que siempre habrá momentos de calma y otros de terrible confusión.

Doy gracias a Dios porque me mantiene fuerte y sana, porque siempre me manda herramientas, porque nunca estoy sola y cuando lo estoy, es por decisión mía, porque siempre me saca de todo y porque en el camino, aprendo muchísimo.

Hace unos días, mi mamá estaba viendo una foto mía de niña, era tímida, callada y estaba siempre en mi mundo, en Dianalandia, y me dijo con un tono especial que no voy a olvidar “me encanta ver fotos tuyas de niña, las disfruto mucho, quién iba a decir que esa niñita sería una mujer tan brava”, no sé si llegue a comprender lo que para mi significan esas palabras.

Espero que el siguiente 19 de junio, siga reportando sobrevivencia 😀

Querido tío Cel:

Anoche soñé contigo, no puedo recordar el sueño pero estabas tú, tuve miedo en la mañana porque no quería que signficara que ya te habías ido, pero no, todavía estás aquí y quiero aprovechar para decirte algunas cosas.

Ojalá alguien te lea esta carta porque si la mando por correo, quizá no llegue a tiempo, y estoy segura que ya no te metes a ver tus mails.

Empiezo la carta como la empezaba hace muchos muchos años, cuando te escribía de niña, recuerdo que siempre ponía “Querido tío Cel” y después te contaba cosas de mi vida cotidiana, los últimos acontecimientos y te ponía un poco al tanto de la familia.

Era un placer escribirte, creo que fuiste mi primera experiencia en esto de contar historias. Con cuánta ilusión esperaba ver en el buzón algún sobre de color brillante con una carta tuya. Qué buenos tiempos aquellos en los que las cartas se hacían a mano, de puño y letra y no había “edit” o “undo”, simplemente seguías y corregías con algún tachón.

Amaba los libros para iluminar pequeñitos que me mandabas, recuerdo perfecto uno que traía pollitos y huevos de pascua, tenía mucho amarillo y el sobre era del mismo color, amarillo, un color que ahora me persigue, seguramente desde entonces estaba presente en mi vida (ya te explicaré por qué en nuestro siguiente encuentro).

Hace rato me puse a ver fotos familiares y encontré muchas en donde estamos juntos. Hicimos viajes divertidísimos y las fotos me trajeron recuerdos increíbles.

Tengo fotos contigo en Washington, Baltimore, Annapolis, Virginia, Nueva York, New Hampshire, Oaxaca, Cancun… en todas estás con la misma expresión en la cara, siempre de tranquilidad y placer.

Hay unas en las que estoy pescando cangrejos, me acordé de cuando los comimos después y chillaban horrible en el agua caliente para cocinarlos, yo quería morir y tú morías de risa de la expresión en mi cara.

Hay otras en Nueva York, yo con quince años, 1985, y creo que fue la época en la que peor me veía, plena adolescencia, el peor corte de pelo de mi vida, parecía niño rebelde y traía unos shorts blancos y una playera morada ESPANTOSA con una foto del actor Tom Sellekc porque yo amaba su programa Magnum. Veo las fotos y quiero llorar de pena de lo mal que me veía, al parecer no me la quitaba. Salimos juntos comiendo helado en las calles de Nueva York , en Greenwich Village junto a unas modelos, en Central Park caminando… Fue un viaje en el que además acampamos en un camper donde dormíamos 5 personas, tú, Carol, Jordi, mi tia nena y yo… Recuerdo el calor y los mosquitos y también recuerdo que siempre estabas bromeando (hay una foto en donde aparentemente estás volando con los brazo extendidos y corriendo hacia un barco).

Salimos en muchos lugares posando juntos, pero encontré un par de fotos tuyas posando solo, que me hiceron sentir muy feliz, tienes una expresión tan tuya, siempre contento, siempre sonriendo, siempre de buen humor, siempre bromeando y, sobre todo, siempre disfrutando el momento.

Es como te recuerdo y es lo que más admiro de ti, es con lo que me quedo tuyo, esa lección tan grande espero pasársela a mis hijos. La vida es para vivirse así, con buen humor, viviendo el momento, viajando, estando en contacto con la familia, DISFRUTANDO LA VIDA.

Nunca te hiciste viejo y eso es algo que admiro también, tu cuerpo está fallando, pero tu espíritu siempre ha sido joven. Hace dos meses estabas feliz viajando por la Florida, con el cuerpo cansado pero animado.

Hace unos días le dije a mi mamá “tú decides cómo quieres vivir tu vida, cómo quieres pasar tu vejez. Puedes empezar a aislarte, recluirte porque ya estás grande, dejar de hacer cosas porque ya no estás en edad y estar tranquila en tu casa sin presiones y sin salir porque “ya para qué”, o puedes ser como mi tío Cel, que a los 90 años anda tomando aviones y paseando, disfrutando del sol y el aire libre, comiéndose un helado en algún lugar lindo”.

Yo quiero ser como tú, quiero vivir cada momento con paz y tranquilidad, con bromas y disfrutando a la gente que quiero.

Te agradezco todas esas veces que me invitaste a pasar el verano a tu casa, eran semanas muy divertidas. No te agradezco que me hayas hecho podar tu jardín ni que me hayas hecho manejar de regreso de Washington por un freeway que no conocía, pero jamás voy a olvidar tus bromas y lo bien que la pasaba.

Tengo que confesarte que te nombré “mi Tío el Papa”, porque cuando venías a México, era una revolución familiar, todo se movía para hacer de tu viaje una experiencia increíble, así que si tenía yo algún compromiso, siempre decía “no puedo es que vino a México mi tío el Papa”.

Me siento triste de saber que nos estás dejando, el otro día me dio por llorar. Pero admiro que hasta eso lo estás haciendo con tu estilo propio, tranquilo y dándole paz a la gente que te quiere.

Te voy a recordar SIEMPRE, siento mucho decirlo pero eres mi tío favorito, de todos modos los otros tíos no se van a enterar. No les vayas a decir ahora que te los encuentres “por allá” porque eres capaz de hacerlo solo por molestar. No quiero que me vengan a jalar los pies en la noche, mira que soy miedosa. Amo tus bromas y tu sentido del humor y te voy a agradecer que en sueños te vengas a reir un rato conmigo.

Siempre odiaste las despedidas, lo recuerdo muy bien, pero qué crees, que me estoy despidiendo, y me siento con mucha suerte de poder hacerlo en vida, de poderte decir que te quiero mucho y siempre te voy a querer.

Así como cuando te ibas al aeropuerto y casi sin querer solo decías “nos vemos luego”, te digo lo mismo, porque tengo la certeza de que nos volveremos a ver, a viajar, a disfrutar helados, a ir a museos y a vivir momentos divertidos, espero no traer la playera morada de Magnum ni el horrible corte de pelo, sería una muy mala broma de Dios, pero ¿Sabes qué querido tío Cel?

Te quiero mucho.

NOS VEMOS LUEGO.

¡Las mamás somos seres humanos!

Ayer  me invitaron a un evento en donde presentaron unos bloqueadores de sol de una marca muy conocida, yo francamente iba por la comida, pero siempre se aprende algo nuevo y se conoce gente interesante así que la pasé bien. Estaba todo  muy agradable, primero habló un francés (amo el acento de los franceses) y todo iba bien, de pronto tomó el micrófono un Dermatólogo y, para mi, todó se derrumbó.

Empezó hablando acerca del daño que causa el sol, cosa que mal que bien, todos sabemos. Yo trato de usar bloqueador todos los días pero si tengo prisa es muy común que se me olvide (ya sé, muy mal) pero siento que si no me expongo al sol, estoy más o menos a salvo… PUES NO, resulta que no puede uno exponerse a CASI NADA sin bloqueador solar, yo pensaba que en mi casa no corría riesgos… PUES NO, resulta que la televisión, el celular, la computadora, bueno casi todo, afecta la piel con radiaciones, “cinco días de la semana dentro de tu casa viendo la tele, el celular o tu tablet, es como un día completo de playa sin bloqueador” cosa que me pareció un poco exagerada y totalmente deprimente, porque de bronceado y diversión nada, solo daño a la piel.

La cosa iba tranquila, yo siempre he pensado que ante toda información que recibes, hay que usar tu criterio, continuó hablando sobre la necesidad de la protección solar y, como era un evento para mamás, hizo incapié en los niños, así que empezaron las preguntas: que si hay que ponerles protector cuantas veces al día, que si queda una capa blanca es mejor, que si al salir de la alberca lo secas o no antes volver a poner bloqueador, etc, etc… De pronto, una mamá pregunta acerca de la hora en que más daño hace el sol y contesta “de 9 a 5″… “Sí sí” dijeron todas, “pero ¿cuál es la peor hora?, si estás en la playa ¿qué puedes hacer con los niños para protegerlos?” a lo que contestó muy ufano: “mamás, cambien sus hábitos, aprendan cosas nuevas y enséñenles a los niños a cuidarse, es mejor que si van a la playa, realicen otras actividades en ese horario para cuidar la piel de sus hijos y que aprendan a cuidarse para el futuro”.

No les cuento todas las cosas que me pasaron por la mente, todas las “sugerencias” que yo quería hacerle, todas las preguntas que quería que me contestara, empezando por “¿tienes hijos?” (una pregunta medio necia, era evidente que no).

¿A quién se le ocurre decir eso?, ¿quién puede pensar que es real que puedas hacer “otras actividades” en la playa de 9 a 5 de la tarde?, ¿o sea que el mejor horario para estar en la playa es de 7 a 9 de la mañana y de 5 a 7 de la tarde?, ¿y qué actividades puedes hacer si la televisión, el celular o la tablet también hacen daño?, ¿VAS A LA PLAYA A JUGAR JUEGOS DE MESA 8 HORAS???.

Usé mi criterio, mismo que me dijo “este cuate no tiene idea lo que es ser mamá (o papá, da igual), y aunque moría de ganas de levantar mi manita, tomar la palabra y hacer unos cuantos comentarios alusivos a sus “sugerencias”, decidí no ser esa persona y traté de recordar que yo estaba ahí por la comida, para conocer gente nueva y tratar de aprender algo nuevo, lo último, no sucedió.

Pero lo que en realidad tengo muchas ganas de decir y no me lo quiero callar porque después se me olvida o me duele la cabeza por darle mil vueltas, es que las mamás vivimos en una era de mucha presión. Lo comenté ahí con otras mamás muy agradables que estaban en mi mesa.

Ahora tienes que ser una mamá que vigile mucho la alimentación de los niños, que no coman azúcares y lácteos, o sea, que el desayuno que te saca de un apuro de cereal con leche, es veneno.

Tienes que vigilar su seguridad en la calle y ya no pueden andar solos porque corren muchos riesgos así que eres chofer y a la puerta porque qué miedo que les pase algo. Tienes que vigilar las horas de videojuegos y los programas que ven en la televisión porque son un asco cargado de violencia.

Tienes que vigilar la forma en que los corriges porque puedes decir las cosas de alguna manera que dañes su autoestima, no se debe levantar la voz porque puedes lastimarlos y hay que explicar casi todas las decisiones que tomas porque los niños necesitan claridad.

Hay que reconocer la diferencia entre “castigo” y “consecuencia” (a mi me confunde muchísimo así que simplemeente no le pongo etiqueta a las amenazas) y aplicarlo de manera IN TE LI GEN TE.

Tienes que hacer una investigación más complicada que las del FBI si va a ir a una fiesta porque (los mios son adolescentes) escuchas que pasan cosas que creías solo posibles en Kosovo.

Tienes que vigilar las horas que trabajas porque necesitan convivir contigo, tienes que dejar de chatear si están preguntando algo porque merecen tu atención, tienes que ir al super en cuanto falta harina para hot cakes porque los sábados eso se desayuna y además cargar con la culpa de que se están llenando de azúcares y eso ayuda al crecimiento de los tumores…

Hay una lista interminable de situaciones, ¿no se acuerda la gente que las mamás somos seres humanos perfectamente imperfectos? ¿no se acuerdan que también nos da flojera, estamos cansadas, necesitamos dormir, estar relajadas y ser felices?.

Aunado a todo esto, encima nos dicen “toma tiempo para ti, toma agua, come sano, cuida tu cuerpo, lee un buen libro, cuida tus emociones y tus reacciones, ten vida social, sal con tus amigas, disfruta ese café en las mañanas, haz ejercicio, medita, cuida a tu pareja, no seas solo madre, también eres mujer” (con lo último sentí que cantaba una canción de Lupita D’Alessio) y me gustaría que alguien me dijera A QUE HORA HACE UNA TODO ESO si además tienes que hacer todo lo anterior.

Sí, creo que vivimos en una era en que las mamás debemos ser perfectas en todo, y ¿saben qué? ME REUSO, haré mi mejor esfuerzo, prometo no alimentarlos con porquerías pero si un día quieren cereal, comerán cereal. Seguiré tratando de cuidar su estabilidad emocional pero si un día me enojo y grito, que lo superen.  Trataré de saber con quién andan y qué hacen, seguiré poniendo horarios para jugar Xbox y continuaré con mi campaña “no celulares en la mesa” pero, en mi vacaciones, tengo pensado descansar.

Mis hijos se pondrán bloqueador antes de entrar a la playa, prometo esos 20 minutos antes de que naden y hasta ahí acaba mi misión, no soy además gerente de relaciones públicas para mantenerlos entretenidos de 9 de la mañana a 5 de la tarde porque si salen al exterior se van a lastimar la piel, porque ¡SOLO ESO ME FALTABA!

Ya puedo continuar mi día, me siento mejor, espero que algún día llegue este post al Dermatólogo que sugiere que salgas de vacaciones en familia y te mantengas alejada 8 horas al día, de la playa.

 

La adolescencia es una mentada de madre…

Hoy uno de mis hijos de 13 (casi 14) años se despertó a las 6:20 de la mañana, se metió a bañar, se puso desodorante, se vistió, se secó el pelo con la toalla y a los 5 minutos decidió que mejor se lo peinaba con la secadora. Todo esto podría parecer una rutina normal de un niño antes de ir a la escuela, pero no lo es, y menos si consideramos que odia bañarse, que siempre peleo en las noches para que lo haga y que odia que le pida que se seque el pelo con la secadora antes de ir a dormir porque mi mamá me enseñó que si te duermes con el pelo mojado, amaneces con neumonía.

Tengo no uno sino DOS ADOLESCENTES y ayer fuimos a la peluquería, son pleitos terribles cada vez que vamos porque uno de ellos siente que es el peor día de su vida y quisiera andar como Jim Morrison. Llegamos muy tarde en la noche y prometieron que si les perdonaba el baño, se levantarían más temprano para hacerlo en la mañana, cosa que NUNCA ocurre, pero estaba cansada de negociar, con los niños de 13 años te la pasas como con Trump y el TLC. Pensé que no se bañarían en la mañana y sentí lástima por los maestros que soportarían la peste de mis hijos pero no tenía ganas de pelear así que les permití no bañarse.

Nunca pensé que uno de ellos se levantaría, se bañaría, se secaría el pelo, que estaría listo y lo más increíble: que yo no tendría que pelear para que eso sucediera.

Esto no es ninguna buena noticia, esto debe ser solo el resultado de una cosa: LE GUSTA UNA NIÑA.

Ninguna madre que se precie de ser normal, está preparada para ese momento en que a su hijo le gustan las niñas, NINGUNA DIJE.

Y es que desde que mis hijos entraron a la adolescencia han sido un montón de cambios, que si contestan golpeado, que si nada les parece, que si se aburren de todo, que si ya no les gusta la comida, que si quieren ir a dormir más tarde, que si quieren andar solos, que si no hay nada en la vida más importante que el futbol, que si su mamá está loca, que si sus ideas son las únicas que valen… en fin, en pocas palabras, odian odiar. A veces siento que estoy viviendo dentro de una ruleta rusa en la que en cualquier momento tiro la toalla y mejor me pego un tiro.

Entiendo que ellos tienen que pasar por esa etapa, que aprenden a vincularse con la sociedad, a decidir, a conocer su cuerpo y los cambios, etc etc… Todo muy romántico, pero, ¿por qué los papás tenemos que vivir esto?, ¿es karma?, ¿castigo divino?.

¡Yo a los 13 años jugaba con muñecas! ¡no les mandaba cartitas a los niños con mi celular anotado pidiéndoles que me hablaran para ser amigos! (la descubrí sin querer, lo juro).

Sí tuve mis “cosas”, pero son las que yo podría manejar ahora, aceptaría que mis hijos se aventaran a la cama llorando y haciendo una escena digna de la época de oro del cine mexicano gritando “¡NADIE ME ENTIENDE!”. Tenía varias situaciones contempladas pensando en la adolescente que fui, pero nunca pensé que tendría que lidiar con dos al mismo tiempo y que además les empezarían a gustar las niñas a esta edad (y que serían tan insoportables).

Hace un par de semanas, este mismo individuo que se bañó hoy a las 6 de la mañana, tuvo una fiesta, la primera de secundaria, era de su amiga “C”,  me pidió que le comprara un regalo, “¿una libretita padre está bien?” le dije ilusamente, después de la cara de desprecio que me hizo, le dije que le preguntara a su “amiguita” lo que le gustaría que le regalara (obviamente fui clara en el presupuesto asigando para dicho regalo). Regresó muy contento diciéndome que “C” quería un libro de mandalas.

Pasó una semana y obvio olvidé el regalo, pero el día de la fiesta me lo recordó temprano, “¿ya compraste el regalo?” así que (feliz) fui a comprarlo. Poco antes de llevarlo a la casa de la niña me dijo “¿ya envolviste el regalo?” (me hervía la sangre),  le dije que él debería envolverlo (quería aventarlo por la ventana), “es que quiero que quede padre mamá”, me sentí entre halagada y burlada, pero le hice el favor de envolverlo. Camino a la fiesta lo retaqué de una cantidad abusiva de consejos, tips, advertencias e información de todo lo que podría pasar o no en una fiesta de niños de secundara, le dije en qué circunstancias podría hablarme y en qué circunstancias más le valía que me hablara. Al final le dije “mira, yo sé que puede parecerte exagerado pero…” en ese momento me interrumpió y me dijo con una sonrisa sarcástica “solo un poco”.

Tengo varias amigas psicólogas que piensan que soy una exagerada, una en particular que me regaña porque debería darle más libertad, ¿pero saben qué? no quiero terapia, toda esa información me importa un cacahuate, no estoy lista ni para novias ni mucho menos para que ellos tomen decisiones por sí solos, lo que yo quiero es un grupo de autoayuda en el que me pueda levantar y decir “Hola, soy Diana, y tengo dos adolescentes” y todas digan a coro “HOLA DIANA” y levanten su cerveza y brinden conmigo mientras me cuentan lo desgraciada que es su vida y podamos decir juntas “la adolescencia es una MENTADA DE MADRE”.

 

 

 

¿Podrían vivir sin luz?

Ayer me cortaron la luz, estaba dando una clase a un perro y me habló la señora que trabaja conmigo, Mary, y me dijo “Señora, cortaron la luz”, yo pensé que era algún fusible, la semana pasada había fallado uno así que mi mente albergaba la esperanza de que fuera solo eso, un fusible quemado. Terminé de dar la clase (porque los perros no entienden de emergencias) y fui corriendo a comprar uno, llegando, el portero me informó que ahora la compañía de luz puede cortar el servicio desde la central, sin avisar, sin un señor que se presente al cual le puedas pedir clemencia y le llores como Libertad Lamarque diciéndole que tus hijos no podrían seguir viviendo sin luz.

Eran las 6 de la tarde, mis hijos salían a las 6:30 de la escuela, corriendo me fui a pagar porque también me informó el portero que a dos vecinos les había pasado igual y que dos horas después del pago su servicio se había reestablecido.

El tráfico infernal de esas horas hizo más grave la crisis, pero pagué, fui por mis hijos tardísimo y les di la triste noticia, “niños, no hay luz en la casa”…

La primera reacción fue de una gran sorpresa, ¿cómo es eso? ¿cómo que no hay luz? ¿se puede vivir así? ¿podremos seguir respirando?. Después de contestar a todas sus preguntas y confirmarles que efectivamente, ni tele, ni wifi, ni cargar el celular ni luz para bañarse (lo cual fue creo de las peores noticias), les pedí una sincera disculpa “miren, la culpa la tengo yo, no pagué y la cortaron, lo siento”, primero fui muy honesta, pero estaba dispuesta a decir a continuación “pues es que hago todo en esta casa, soy humana y me equivoco, o ¿ustedes creen que soy un robot?” pero no fue necesario ya que se conmovieron con la primera parte y me dijeron “no importa mamá, está bien” (lo cual me sorprendió aún más que el corte del suministro eléctrico).

Llegando a la casa eran las 7:30 y ya no se veía nada, usamos la lámpara de los celulares para subir las escaleras y Tostada nos veía con cara de “no se ve nada ¿por qué no prenden la luz?”, llegamos al cuarto de tele con actitud de “¿qué se hace en estos casos en los que no sabes cómo vivir?” y se me ocurre la maravillosa idea de decirles “podemos jugar un juego de mesa” (en qué momento, sin luz, un juego de mesa), pero les pareció tan buena idea que aceptaron encantados, nos pusimos la pijama, Mary les hizo de cenar a la luz de las velas y juntos los cuatro en mi cama (Tostada siempre participa de todo) decidimos jugar “Maratón”.

Cada tarjeta tenía que ser leída con una linterna que tenemos para los campamentos, nos moríamos de risa porque no veíamos nada, Tostada recargaba la cabeza en el tablero y movía las fichas, las preguntas eran difíciles y no sabíamos más de la mitad, de pronto, me tocó leer una que empezaba así “Le erección de la…” y soltamos los tres una carcajada, no podía seguir leyendo porque parecíamos Beavis y Butthead riendo de la manera más inmaudra posible, se refería a la erección de la república de no sé dónde, pero no podíamos manejar la palabra, cada vez que yo intentaba leerla volvíamos a reír, me sentía como una adolescente más , ellos dijeron “¿quién usa esa palabra para hablar de una república?” (y estoy de acuerdo),  fue de verdad divertidísimo.

Pasó el tiempo necesario para ir a dormir y tuvimos que suspender el juego, no teníamos ya teléfonos y tuve que cargarlos con la computadora, nos despedimos riendo todavía por la pregunta que había causado tanto alboroto.

Hoy en la mañana seguíamos sin luz, cuando sonó el despertador se quiseron morir, ¿cómo se iban a vestir sin luz?, ¿cómo iban a desayunar sin luz?, ¿COMO IBAN A IR AL BAÑO SIN LUZ?… Pues todo con velas porque la linterna no la puedes usar mientras te vistes o vas al baño.

Todavía no tenemos luz, estoy muy enojada porque se supone que la reconexión es inmediata, si te la quitan via satélite, deberían de arreglarlo igual, obviamente me hago responsable por no pagar a tiempo, es mi culpa y no tengo nada qué decir al respecto, pero al momento llevo casi 18 horas sin energía eléctrica, eso va más allá de no tener Netflix o wifi, justo ayer fui al super y llené el refirgerador de comida, misma que empieza a entibiarse, hace rato tuve que ir a comprar hielo y una hielera al Seven Eleven y puse ahí lo más importante, el pollo, la carne, el pescado, el jamón, la leche y, OVBIO, las cervezas (nadie piensa en eso cuando se va la luz, pero ¿saben lo que les pasa cuando se calientan y se vuelven a enfriar?).

Nos hemos vuelto dependientes de la tecnología, es terrible, pero yo no lo soy tanto, mis amigas dicen que soy una especie de Amish porque no tengo horno de microondas, no uso la secadora (está en una bodega haciéndose vieja), no tengo tostador y odio usar un hornito que me regalaron en diciembre en consideración a mis hijos, (me tiemblan las manos cuando lo prendo). Trato de ahorrar luz lo más posible y todos los que me conocen saben cómo me estresa desperdiciarla, me la paso desconectando aparatos, apagando luces y solo uso la lavadora cuando se junta la ropa (cosa que mis hijos odian). Casi no tardo en bañarme para ahorrar agua y a mis hijos les cuento los minutos en la regadera porque ponen música y podrían vivir dentro del baño.

Pero vivir sin luz es imposible, ahorro en todo pero no he llegado al punto de conservar los alimentos con sal, el teléfono es eléctrico porque ahora es de museo tener de los anteriores, la tele para los niños, el internet, cargar tu celular, la computadora, vaya…

Lo único que ha sido muy bueno de todo esto y estoy segura que nos acordaremos siempre, fue haber reído tanto anoche con mis hijos jugando “Maratón” con linternas y siendo inmaduros ante la palabra “erección”. Recordé los tiempos en los que cuando era niña, y no había luz (ahora no sé si se iba o la cortaban seguido) toda la familia jugábamos “escondidillas chinas”, tomaba cada quien una sábana y en la sala nos tapábamos con ella (no sé para qué si de todos modos no veíamos nada) y uno trataba de adivinar quién era cada uno. Mis papás participaban también y nos divertíamos mucho.

Hoy en la mañana me dijeron mis hijos “mamá, quedarse sin luz no estuvo tan mal, nos reímos mucho”, espero recordar eso una vez que se me pase el coraje de ver la comida en una hielera del Seven Eleven.

Moraleja: de lo malo, algo bueno saldrá.

P.D. Espero que algún día llegue la luz para poder publicar este post…

 

La increible historia de Lucy.

Antier vi la película “Cometa”, es la historia de un chavo con una vida muy complicada que va de un problema a otro y de pronto se encuentra con un perro de la calle y se adoptan mutuamente. Debo decir que fui porque parte de las ganancias serán donadas a un proyecto para ayudar a los perros de la calle.

Durante la película recordé a muchos perros a los que les he ayudado a encontrar casa y familia, pasaron por mi mente Wifi, Mocho, Mate, Rita, Yuri, Nico, Luna… y un largo etcétera, pero ayer me llegó una foto por whatapp… Era Lucy con una diadema de foquitos navideños, divina, frente a un taco de carne y una vela de cumpleaños, el mensaje decía “Mira Diana, Lucy cumplió ayer un año conmigo”, y se me salieron las lágrimas.

Lucy fue una de las perritas más difíciles para mi de econtrarles casa y hogar (porque no es lo mismo), la adoraba y quería lo mejor pero era una perra complicada. La había rescatado una amiga en Viaducto una madrugada camino al aeropuerto, corriendo desesperada y logró alcanzarla.

Cuando vi la película “Cometa” pensé que me hubiera gustado que tuviera más historias acerca de los perros exitosamente rescatados y ayer que recibí la foto de Lucy, decidí por fin contarles las increibles historias de adopción que he presenciado.

Empezaré por Lucy.

Es una perra grande y fuerte, delgada de pelo negro con café, algo de blanco y ojos grandes y expresivos, tiene la nariz negra negra y las patas largas y delgadas, pero lo más bonito de Lucy son sus ENORMES orejas paradas que me enamoraron la primera vez que vi su foto.

Amaranta (una amiga que es como un ser extraterrestre que vino a la Tierra a salvar perros) me mandó la foto y me dijo “Ella es Julia, me la encontré ayer a las 4 de la mañana en Viaducto, iba corriendo y cuando le hablé, corrió hacia mi como pidiendo ayuda, la subí al coche y vomitó kilos de croquetas, ayúdame a buscarle casa”, a lo que yo solo contesté “¡¡¡AYYY LAS OREJAS!!!”, nos reímos y empecé a mover mi cerebro pensando qué hacer, quería a Lucy en mi vida.

Siempre que me encuentro a un perro y le busco casa, la gente en automático me dice “Quédatela tú”, si lo hiciera, sería el refugio más grande de perros en el mundo, es imposible hacerlo, así que trato de econtrar lo mejor.

Con Lucy pasó igual, la quería cerca pero sabía que no podía (ni debía) quedármela. De pronto surgió una opción, mi tía había tenido que dormir a su amado Tomás, un Yorkie de 13 años que adoraba y pensé que sería una linda mamá para Julia, era una gran diferencia de tamaño pero mi tía es muy alta, así que incluso pensé que se veían mejor, aceptó y empezó la aventura, fui a recoger a Julia a casa de Amaranta y en cuanto la vi, el amor fue impresionante, las orejas son únicas, la cara es tierna y alegre y es una perra muy cariñosa, descubrí entonces que era muy fuerte y jalaba la correa, era necesario corregir ese comportamiento y aunque no tenía idea de cómo hacerlo, pensé que no sería un problema, cuando la vio mi tía solo dijo “¡ESTA ENORME!” pero tampoco en ese momento pensé que sería un problema, lo único que resolvimos fue cambiarle el nombre porque mi papá se llama Julio y hubo cierta “incomodidad” (qué especial) así que decidí ponerle Lucy.

Era imposible sacarla a pasear, la vuelven loca las ardillas así que va jalando hasta llegar a algún árbol para buscarlas, y donde llegue a ver alguna, se vuelve loca tratando de subir a atraparla, mi tía no la sacaba porque tenía miedo. Otro problema fue que se emocionaba tanto cuando llegaba alguien a su casa que brincaba a saludar, es muy fuerte y mi tía (pese a todos los consejos que le di) no pudo educarla. Empecé a notar que no eran una buena pareja, en mi intento por conseguir quedarnos con Lucy, me inscribí a mi primer curso de Adiestramiento Canino en la UNAM, mi intención era educar a Lucy y aprender al  mismo tiempo para ayudar a los perros que sabía que seguiría encontrando en mi camino.

Las clases eran una vez a la semana, la pasábamos increible, pasaba yo por Lucy, los primeros días vomitaba en el coche y después era feliz cada vez que me veía, no aprendía mucho porque pasaban ocho días hasta la siguiente clase y mi tía no practicaba lo aprendido, Lucy es muy dispersa y se la pasaba buscando ardillas porque las clases eran en un jardín. Logramos bastantes cosas pero aún así, decidí que no eran la una para la otra así que empecé a buscarle una familia.

A Lucy la había rescatado Amaranta en Julio, yo la empecé a educar en Agosto y decidí buscar una nueva familia en octubre. Fue una decisión muy difícil de tomar pero más difícil fue encontrar a alguien que la quisiera adoptar. Mucha gente se unió a mi causa, publicaciones en Facebook compartidas cientos de veces, pasaba el tiempo y no lográbamos nada, empezó a ser muy conocida entre mis amigos y siempre estaré muy agradecida con todos los que ayudaron compartiendo.

Llegó noviembre y Lucy vino a vivir a mi casa, mucha gente veía la foto y se enamoraba (es adorable) pero yo era muy sincera y les explicaba que jalaba la correa y perseguía ardillas. Hicimos muchas entrevistas. Lucy y yo andabamos en el coche por la ciudad para conocer posibles familias y aunque a todos les encantaba, nadie se animaba cuando salíamos a la calle, empecé a tener miedo de nunca encontrar lo mejor para ella, yo quería alguien que la entendiera, la aceptara, la educara y la amara, pero además venía diciembre y nadie quería una perra grande y complicada, todos preferían un cachorro precioso de raza pura.

Un día apareció una buena opción, una señora que me dijo que no le importaba el tamaño ni que jalara porque no la sacaría a la calle, estaría en Toluca en un hermoso jardín, parecía la respuesta perfecta para Lucy, pero algo no me cuadraba, y platicaba yo con la señora y me decía que no le interesaba conocerla antes, que podría adoptarla sin problema. Decidimos ir un sábado a entregarla porque yo empezaba a desesperarme. Unos días antes yo empecé a llorar muchísimo, no podía controlarlo, cada vez que veía a Lucy en la cara, me ponía a llorar, me sentía culpable y le pedía perdón, no entendía por qué. Mis amigas me decían que iba a estar bien, que era un jardín, que correría muchísimo, pero yo seguía llorando…

Un día vi a Lucy a los ojos y le dije “Te voy a entregar a la mejor persona del mundo para ti, no te voy a entregar a nadie que no te merezca ni merezcas” y decidí cancelar la adopción, la señora se enojó cuando le avisé un día antes y me di cuenta entonces que la quería para vigilar un jardín, que ella no sería una perrita de familia y que por las noches dormiría afuera en el frio. Entonces entendí por qué lloraba yo tanto al ver a Lucy a la cara, eso no era para ella por muy grande y precioso que fuera el jardín. Lucy se merecía y necesitaba el cariño de alguien.

Se me quitó en automático el llanto, decidí que no tomaría acciones desesperadas y que si Lucy viviría conmigo unos meses más, ya veríamos el modo de arreglarlo, nos estábamos encariñando mucho pero era necesario tener paciencia.

Un día, así de pronto, mi hermana me mandó un mensaje y algo me latió. El amigo de alguien había visto la foto de Lucy y le había interesado, le hablé, platicamos y concertamos una cita, le pedí que fuera en un parque, él tenía que ver el comportamiento de Lucy en su modo más salvaje, dentro de casa se portaba increible, pero no podía mentirle, Lucy tenía que ser aceptada tal cual era.

Nos conocimos y caminamos con Lucy, como maldición (o bendición, no sé) ese día se portó de lo peor, vio ardillas y jalaba como nunca, él trataba de controlarla y era complicado, es un chavo fuerte y lo lograba pero yo pensé “Me va a decir que muchas gracias, que él me avisa y será el fin de la historia como tantas…”

Más tarde me envió un mensaje, estaba interesado en Lucy, yo no podía creerlo, la había conocido en su modo más primitivo, había sido una salvaje, su departamento no tenía jardín, tendría que sacarla a la calle y aún así seguía interesado…

Un par de días después, fuimos Amaranta y yo una noche a entregar a Lucy, yo sabía que la extrañaría y estaba triste de no tenerla cerca en la familia, pero algo me decía que Mauricio (su increible adoptante) era lo que buscaba para Lucy.

Ha pasado un año, he visto a Lucy en muchas fotos, sigue jalando y sigue perdiendo la cabeza por las ardillas, pero Lucy es feliz. La vi hace unos meses en una pensión a la que la lleva Mauricio (Q25). Tenía el peso ideal (había estado muy desnutrida), el pelo precioso, la cara alegre y era sociable con otros perros, me reconoció y se emocionó al verme, seguía siendo muy cariñosa, me conmovió muchísimo al recordar por todo lo que habíamos pasado juntas.

Es por eso que lloré cuando vi la foto que me mandó Mauricio celebrando un año con ella, es por eso que sigo luchando por encontrar siempre la mejor familia para los perros abandonados, es por eso que vale cada minuto invertido en la lucha por proteger a los seres que no tienen voz, es por eso que vale oro cada vez que ustedes comparten la foto de un perro que necesita hogar, es por que cuando lo logramos juntos, la satisfacción es inmensa.

Hace poco, alguien me dijo que no podría involucrarse en buscar familias para perros abandonados, maltratados o perdidos, que se sufre mucho y se preguntaba cómo lo lograba, y solo le dije “POR LO QUE SIENTO CUANDO LO LOGRO Y CUANDO VEO A UN PERRO Y A UNA FAMILIA FELIZ”.

Dicen que no encuentras a un perro, que un perro te encuentra a ti, Lucy encontró a un gran papá. Gracias Mauricio, gracias por la foto, gracias por querer a Lucy, gracias por haberle dado una oportunidad, gracias por ser parte del grupo de personas dispuestos a adopar perros sin hogar, les deseo a ti y a Lucy una larga y feliz vida juntos.

 

 

Todos merecemos colapsar.

Hace un mes que tembló en la Ciudad de México, parece increíble que haya sido el mismo día que hace 32 años, hay quien dice que aquel fue más fuerte, hay quien dice que este fue peor, yo creo que más que magnitud en escala de Richter, la magnitud se midió en lo incréible de la ironía. El mismo día en el mismo lugar.

Hace 32 años yo no tenía conciencia alguna de los temblores, no me daban miedo, nunca había vivido algo así, y después de ese día, se creó en mi conciencia un nuevo miedo, a los temblores, a quedar atrapada y no ser rescatada, a que mi casa se cayera, a que estuviera en un lugar público y la estampida de gente apanicada me matara. Ahora, 32 años después de haber vivido con ese temor, se creó uno nuevo, ahora soy mamá, ahora no solo se trata de mi, ahora temo por mis hijos, y es un miedo que estremece y tengo que aprender a vivir con él y a ser su aliada.

Pero todo esto soy capaz de pensarlo con calma gracias a que colapsé unos días después del temblor y es lo que quiero contarles, lo que sucedió los días posteriores fue lo que hoy me tiene de pie y positiva.

El día del temblor pude comunicarme minutos después con mis hijos gracias a que uno de ellos había salido corriendo de su salón con el celular en la mano, tenía la certeza de que estaban bien, decidí ir por ellos a la escuela caminando porque sabía que el tráfico estaría complicado, me habían dicho que existía el rumor de un derrumbe en el Tecnológico de Monterrey, y pensé que era solo eso, un rumor. Así que me puse un backpack en la espalda con agua, unos dulces y mi cartera, salí con Tostada y caminé cerca de 45 minutos hacia la escuela, en el camino fui sintiendo la energía del miedo, de la tristeza, la expresión en la cara de las personas era de angustia, algunos lloraban, otros corrían y en un trayecto de 500 metros fui testigo de dos choques, no estaba siendo consciente que toda esa energía se estaba almacenando en mi cuerpo, seguí adelante y vi a una niña llorando desconsolada con su papá, me acerqué con Tostada y le dije que la acariciara, no lo hice tampoco muy consciente pero le ayudó mucho, le regalé unos dulces y una botellita de agua. Seguí mi camino y llegué por mis hijos, pensé que lloraría al verlos pero no fue así, empezamos a platicar y se sorpendieron de ver que no traía coche, emprendimos el camino de regreso y el tráfico era impresionante, rios de gente caminando en la calle, pegada al celular tratando de localizar a sus seres queridos, nos paramos en una tiendita y en la tele dijeron que se había caído una escuela y había niños atrapados. No sentí gran impesión, no me había dado cuenta que yo estaba tratando de conservar la calma por el bien de mis hijos y seguimos adelante, ellos poco a poco empezaron a sentir la angustia de la gente. Cuando llegamos a la casa, no había ni luz, ni teléfono ni internet, estábamos totalmente desconectados. Gracias a eso tuvimos que idear en qué entretenernos. No vimos imágenes de derrumbes y estábamos en un ambiente contenido.

Al llegar la noche me dijeron mis hijos que no se querían dormir, que tenían miedo, así que dormimos los tres juntos y amontonados en mi cama.

Al día siguiente, fuimos a ayudar a un centro de acopio, ellos no tenían ganas, querían ir a jugar futbol, fue cuando tuve que explicarles cómo estaban las cosas, así que nos fuimos a trabajar. Yo no quería ir a las zonas de derrumbe, no había nada que yo pudiera hacer ahí y pensé que ayudar al acopio era una buena idea y así fue.

Dos días estuvimos más de 12 horas ayudando a clasificar, marcar, empacar y cargar cajas de despensa, articulos de limpieza, ropa, etc. Fueron días cansados pero llenos de satisfacción.

Llegó el tercer día… El día que recordé que Tostada y yo podríamos dar apoyo emocional a niños que estuvieran en albergues, después de todo, era lo que yo mejor sabía hacer. Había puesto público en mi muro de facebook que si alguien sabía de algún lugar en el que me dejaran entrar con ella, me avisara. No pensé jamás la respuesta que esto tendría.

El tercer día, el viernes en la mañana, yo me sentía cansada, física y emocionalmente, empecé a leer todos los mensajes que tenía de gente desconocida en facebook y empecé entonces a sentirme muy abrumada, gente que había conseguido mi celular me empezó a mandar mensajes por wapp pidiendo mi presencia en lugares donde había niños en crisis, los mensajes eran alarmantes, empecé a sentirme mal físicamente, me dolía la cabeza, sentía náuseas y quería desconectarme del mundo. No quería leer ni un mensaje más. Empecé a sentir unos deseos enormes de pintarme las uñas, sí, me imaginaba sentada en mi comedor pintándome las uñas de rojo, era de lo único que me sentía capaz y era mi único deseo. Tengo que decirles es algo poco común en mi, es raro que me pinte las uñas y lo hago cuando no tengo nada que hacer, así que no entendía por qué tenía tantas ganas de hacerlo. No era de dormir, comer, ver la tele o leer, no, quería pintarme las uñas.

Empecé a sentir una culpa enorme y pesada, ¿cómo era posible que ante la crisis y la necesidad de la gente yo quisiera pintarme las uñas?, ¿qué tipo de persona era que ante la solicitud de ayuda yo me negara y quisiera hacerme manicure?, no podía entenderlo y mucho menos controlarlo. Antes de entrar en crisis, fui a llevar a mis hijos al club, deseaba estar sola y en silencio, así que cuando regresé a mi casa, tenía unas ganas incontrolables de llorar, estaba tan decepcionada de mi, me sentía una inútil, insensible y ridícula. Me acosté en el sillón de la tele, me hice bolita como en posición fetal y tenía la mirada perdida, no me consideré capaz de hacer nada más que eso y en ese momento era cierto, estaba totalmente ausente del mundo. Pensaba en los niños llorando por haber perdido a su familia, su casa, sus cosas… y yo quería pintarme las uñas. Estaba enojada conmigo, no, estaba furiosa conmigo, y eso no me ayudaba a ver lo que en realidad pasaba.

Hablé con la Che, esa amiga que es como mi hermana y que seguro sintió lo que me pasaba, lloré entonces desconsolada, no podía ni hablar, me tranquilizó, más tarde, me empezaron a llegar mensajes que decían que por favor ya no fuera a los albergues ni a las zonas de derrumbe porque era demsiada gente y no podría pasar, y por fin pude descansar un poco. Pero la culpa no me dejaba. Acabó el día y llegó el sábado, no había mejorado gran cosa, ahora además me quería pintar el pelo, me sentía más animada pero sin ganas de ver mensajes ni de pensar. Pasé el día en una especie de letargo, como inconsciente, le hice caso a mi cuerpo y le di lo que me pedía, no me pinté ni las uñas ni el pelo pero descansé, leí, escuché música y vi la tele un rato, comí y dormí. Seguía sin entender lo que me pasaba pero dejé que la luz me llegara en algún momento, dejé de buscar explicaciones y dejé que la culpa me castigara sola.

Llegó el domingo y todo había cambiado, amanecí con una claridad impresionante, fue entonces cuando abrí los ojos y una voz me dijo “tienes miedo, ahora sí es en serio”…

Miedo, eso era, resulta que lo que había deseado por tantos años se estaba cumpliendo, pero no sabía cómo hacerlo, no me sentía capaz, había estudiado con Tostada, había trabajado con ella, llevaba ya varios años trabajando con niños y perros, pero de pronto, tenía que poner en práctica todo lo que sabía y me sentí comprometida, tenía que hacerlo bien, pero ¿cómo?, ¿cómo iba yo a ayudar a un niño que estaba en crisis si ni yo misma me había permitido sacar los sentimientos atorados?, ¿cómo iba a dar apoyo si yo no me sentía fuerte?, así que tenía miedo de no ser capaz de ayudar a nadie y de darme cuenta que lo que había deseado por años y la vida me lo estaba poniendo enfrente, yo no lo haría bien.

Al entenderlo pude solucionarlo, al saber que era miedo pude enfrentarlo, y decidí hacerlo, pero hacerlo bien, organizarme, no salir a la guerra sin fusil. Decidí tomar el toro por los cuernos pero de manera eficiente. Empecé a mandar mails, pedir permisos, investigar a dónde sí podría ir sin poner en riesgo mi seguridad ni la de Tostada y las cosas empezaron a fluir. Empecé a tener buenos contactos con gente que sí organizaba, que no mandaba mensajes alarmistas y con gente que podría darme acceso a dónde sí sería de ayuda y apoyo.

El lunes era otra persona, tenía ya permiso de ir a un albergue con unos niños, caminé con Tostada por las calles de la colonia Del Valle y fue una experiencia increíble, triste pero que me dejó ver que sí podría hacer lo que tanto tiempo soñé, dar apoyo emocional a lado de mi preciosa Tostada, muchas historias he vivido desde entonces, muchas experiencias que me han dejado roto el corazón pero llena el alma, tengo que contarlas, vale la pena que las conozcan. Pero por ahora solo quería contarles que mi vida cambió desde ese día en que solo deseaba pintarme las uñas, desde que toqué fondo con el miedo y me di cuenta que no solo es desarlo, es hacerlo, pero que cuando necesitas derrumbarte, tienes qué permitírtelo.

Ahora tengo la cabeza llena de ideas, fui a zonas de derrumbe, a la colonia Condesa, a la Roma, al edificio de Álvaro Obregón, a albergues y eventos públicos con Tostada, salimos en la tele en una entrevista, en la radio en otra y en un programa en el extranjero, ahora no tengo miedo, ahora tengo ganas, ahora quiero seguir aprendiendo y trabajando.

Tenía que colapsar para poder reconstruirme, tenía que tocar con el miedo para aprender de él, tenía que descansar.

Ahora incio una nueva etapa en mi vida, ahora empiezo a escribir una nueva historia, ahora empieza a cumplirse el sueño que tuve desde hace varios años y no pienso dar marcha atrás, pero ahora soy consciente que si un día quiero pintarme las uñas, es porque necesito ese momento de paz para recapitular, no era vanidad, no era inconciencia ni estaba siendo insensible como la culpa me decía, tenía que caerme para levantarme más fuerte.

Gracias a todos los que durante esos difíciles días estuvieron presentes tratando de hacerme sentir mejor. Los quiero mucho.