No sé por dónde empezar así que empiezo por contarles que me corté el pelo, incluyendo el fleco.
Muchas mujeres entenderán de lo que estoy hablando, para quienes no lo sepan, se los explico.
Por alguna razón, cuando una mujer termina una relación o pasa por un cambio que le está costando mucho trabajo, se corta el fleco, quizá en un intento de hacer un cambio radical que le ayude a olvidar por lo que está pasando o porque piensa que un cambio de imagen le va a ayudar para avanzar más rápido. No lo sé, me encantaría que alguien me lo explicara, porque lo que es un hecho es que la mayoría de las veces terminamos arrepentidas porque el fleco no ayuda en nada, todo lo contrario, nos vemos al espejo y decimos en voz alta “qué demonios estaba pensando”, incluso hay memes y publicaciones que advierten “NO TE CORTES EL FLECO” sin embargo, lo hacemos.
No se asusten, Mon Cochon y yo seguimos juntos, pero el último mes del año fue tremendo para mi, todavía me estoy limpiando las rodillas como cuando te caes y lo único que te queda es ver si el raspón fue leve o te salió sangre, si se te rompió el pantalón o no fue tan grave.
El 2022 había sido un año muy complicado para muchas personas que quiero pero muy bueno para mi. Las cosas que me propuse a inicios de año las pude cumplir y no tuve tiempo de contarles porque no paraba pero en octubre cumplí un sueño que tuve cuando corrí un maratón: hacer una exposición de fotografías antiguas de mis abuelas y las mujeres de mi familia bordadas a mano por mi. Fue INCREÍBLE, no quiero hablar mucho de eso ahora porque quiero estar mucho mejor de ánimo para poder expresar lo mejor posible lo lindo que fue, lo que significó para mi haberlo hecho, haber vencido el miedo de exponer y exponerme y haber recibido tanto cariño y tanto apoyo de la gente que me quiere y también de la que no, de la que me conoce y de la que no me conocía, fue un sueño que trabajé para cumplirlo, trabajé mucho, muchísimo, pero ver a mis hijos ese día, a mi mamá, a mi papá, a mi familia, a mis amigos, reunidos todos para apoyarme, superó todas mis expectativas cuando imaginé con hacerlo. De verdad me siento muy agradecida con la vida, con mi gente y muy orgullosa de mi por haberlo logrado.
Pero todavía seguía viviendo en un sueño divino, todavía no se los había contado porque de esa exposición salió mucho trabajo, cuando se me abrió el piso y perdí el equilibrio, me aventaron, me pusieron pruebas que no me esperaba y es que la vida es así, un día estás en las nubes y en la noche estás en un túnel.
Los primeros días de diciembre se cayó mi mamá, de la manera más inesperada posible, en la noche, en la calle, sacando a Yuri su perrita, a quien unos días antes la habían diagnosticado con un cáncer muy agresivo y el veterinario daba como única solución cortarle una patita trasera. Lo estábamos sufriendo mucho cuando de pronto sucede este accidente que le rompe a mi mamá la rodilla, el cuál la mandó al hospital y le dijeron que había que operarla.
Así que después de tener unos días ajetreados para agendar la operación de mi mamá y la de Yuri, se decidió que sería el mismo día, en la mañana operarían a Yuri y en la tarde a mi mamá, así las dos estarían hospitalizadas al mismo tiempo y se recuperarían en casa después los mismos días.
El día anterior a la cirugía, cuando todo parecía en calma, Tostada (mi compañera del alma, una Golden preciosa de 12 años) se sentía rara en la tarde, algo no me parecía bien porque no quería caminar, supuse que se había lastimado una pata y la llevé al veterinario a las 7:30 de la noche pensando que le inyectarían un analgésico y listo, pero seis horas después murió y se me rompieron el corazón y el alma al mismo tiempo mientras trataba de digerir lo que estaba pasando, no puedo ahora entrar en detalles porque Tostada se merece un post para ella sola, pero esa noche fue terrible para mis hijos y para mi, pasamos la noche en vela y a las 6 de la mañana, como pude, me bañé para llevar a mi papá al hospital veterinario a llevar a Yuri para que le amputaran la patita y estuvimos ahí todo el día. Yo estaba como adormecida suplicando despertar de la pesadilla y darme cuenta que Tostada no había muerto. Pero nunca desperté. Del hospital veterinario nos fuimos al hospital donde más tarde operarían a mi mamá. Fue un día que todavía no sé cómo sobreviví. En realidad fue una semana que no sé cómo sobreviví.
Todo se fue acomodando, mi mamá se ha ido recuperando, lento pero va bien. Yuri tiene ahora tres patitas y ha sufrido mucho pero se ve cada día más alegre, y, como les digo a mis papás, está viva.
Tostada no regresó.
Tostada no va a regresar.
Eso no se acomodó.
Agradezco muchísimo todos los mensajes de la gente que me dice que es un ángel que me cuida desde el cielo, o que me está esperando a la orilla del arco iris, pero yo la quisiera aquí. Ella sabía perfecto cómo consolarme y cómo alegrarme la vida y ahora, que la necesitaba mucho, la extrañé como nunca.
Tengo a Salsa, mi perrita loca tercermundista rescatada de maltrato que ha hecho lo que ha podido, pero en lugar de consolarme, me tuve que enfocar en ayudarla yo a ella. Tostada era como su mamá, como su hermana mayor, Salsa era su rémora, y ahora no se “hallaba” sin ella. Cada día más triste dejó incluso de comer. Y eso me entristeció aún más.
Gracias a Dios a finales de diciembre fui a ver a Mon Cochon a Montreal y pasamos unos días increíbles, fueron dos semanas durante las cuales tuve momentos buenos y otros no tanto, pero él siempre se esmeró en alegrarme la vida, objetivo que cumplió, me alegró la vida. Pero había que regresar…
Hace una semana sentí que tenía que hacer algo más, y fue cuando sentí la necesidad IMPERIOSA de cortarme el pelo, después de tanto tiempo de traerlo largo, me urgía un cambio, así que fui y lo hice, “córtalo todo” le dije a la estilista, y, cuando había terminado, le dije “córtame el fleco” a lo que me preguntó “¿estás segura?” y asentí pensando “es lo que necesito, tener fleco”… no sé en qué estaba pensando…
Estaré bien, no me queda duda. He sobrevivido a todos mis peores momentos porque aquí sigo. De todo me he levantado y no es ninguna tragedia, no vivo en Ucrania, no estoy en la bancarrota con 10 hijos que alimentar ni tengo una enfermedad terminal, pero reconozco que sigo triste y respeto mi proceso. Aprendí a no comparar tragedias, a no minimizar mi dolor porque hay cosas peores, porque Tostada era “solo un perro” o porque hay gente que está peor que yo.
Tengo muchos planes para este año, espero lograr alguno, al menos uno, porque me puse metas altas, pero si logro terminar este año sin volverme a cortar el fleco, lo consideraré un éxito.
Gracias a todos los que me han acompañado en estos dos meses complicados, gracias a quienes me demostraron que están en las buenas y en las malas, a los que me demostraron que solo eran capaces de estar en las buenas y se fueron en las malas, y gracias a quienes me sorprendieron porque no contaba con ellos y se hicieron presentes porque fueron un regalo increíble.
Enero ha sido interesante, contaré más adelante, pero hoy que empieza febrero, espero que, al menos, me crezca un poco el fleco.