Hoy me desperté, hice lo que hago todos los días al despertar, la rutina normal de bajar a mis perras a hacer pipí, darles de comer, hacer el desayuno de mis hijos, el lunch, vestirme en friega, llevarlos a la escuela, enojarme porque salimos tarde (siempre), preocuparme por el tráfico, regresar a mi casa y por fin: meditar.
Esta rutina es la que hago siempre a menos que vaya a hacer pilates o a correr, y lo único que cambia es que no regreso a mi casa a meditar, pero funciono en automático, todo lo que hago lo tengo que hacer porque si no, no se hace. Y funciono, esté como esté de ánimo, humor, si dormí bien o pésimo, funciono.
Hoy iba todo bien, en estos días, gracias a que quiero hacer unos trabajos para unos amigos, he vuelto a trabajar en lo que tanto me gusta: hacer cianotipia (sería largo de explicar pero es un proceso de reproducción de imágenes en papel o tela mediante una emulsión que hago con unos químicos o sales y se expone al sol, algo que de verdad disfruto muchísimo).
Esta semana decidí ser más productiva y ver menos redes o mis chats de Whatsapp, que los disfruto mucho pero me quitan tiempo, sobre todo en la mañana, así que en cuanto regresé de la escuela de mis hijos me puse a meditar, estuvo muy rico, me sentía muy bien, decidí hacer ejercicio en casa porque no me gusta dejar a Morrita (mi nueva perrita adoptada) sola mucho tiempo y porque quería ponerme a trabajar cuanto antes. Así que mis planes eran meditar, hacer ejercicio, bañarme, desayunar, tomar café, empezar mis cianotipias y terminar un bordado pendiente.
En algún momento dudé acerca del ejercicio (por floja, no por otra cosa) pero pensé que seguro me ayudaba a tener mejor ánimo, el ejercicio siempre te dota de hormonas de felicidad, entonces con todo y flojera me puse a mover el cuerpo mientras Morrita y Salsa me veían desde el sillón y yo las envidiaba. Empecé a sentirme mejor, sobre todo a estar muy orgullosa de mi misma porque no había ganado esa voz que me decía que no hiciera nada hoy.
Terminé el ejercicio y poco me faltó para echarme porras, me sentía invencible. Empecé a estirar los brazos, las piernas, la espalda… y cuando estaba de pie, con el torso hacia abajo tratando de tocar con la mano derecha el tobillo izquierdo para hacer una torsión de la espalda y estirar, empecé a llorar… ¿Por qué? por Tostada ¿por qué en ese momento? no tengo idea.
Justo cuando uno cree que ya está casi del otro lado del dolor, que ya pasó lo peor, que esos días de recordar, extrañar y llorar ya se fueron, viene un momento en el que el duelo te dice “oyeeeee no, ya te fijaste que no está Tostada, te acuerdas que siempre que hacías ejercicio te acompañaba, estás consciente que ya no existe…” y así ¡PUM! el corazón roto otra vez.
No crean que solo se me salieron las lágrimas, no, lloré muchísimo, no dejé de estirar, seguí haciendo lo que estaba haciendo solo con una tristeza enorme.
En cuanto terminé, vi a Salsa en el sillón y la fui a abrazar y le dije “Salsa, lo siento, se nos murió Tostada, no debes de entender nada, pero si yo que entiendo todo, la extraño tanto, no me imagino lo que tú debes sentir, lo siento de verdad Salsa, lo siento tanto” y seguí llorando.
Vi a Morrita cómo nos observaba y le dije “Morrita, preciosa, no vienes a llenar el hueco que dejó Tostada, eres única, tienes tu propia personalidad y vienes a dar y recibir mucho amor, tranquila no nos tienes que sanar”.
No entiendo las fases del duelo, no soy psicóloga, tanatóloga, coach de vida… solo soy una persona que está tratando de entender las emociones que le pasan por enfrente y las atrapa.
Pensé que iba muchísimo mejor, pero es que la muerte es tan absoluta, tan definitiva, que a veces quisiera un horario de visita para ver a Tostada, supongo que a todos los que pasan por estas pérdidas les pasa lo mismo, solo quieres un segundo, un abrazo, un beso, un momento especial para llenar el tanque del corazón y seguir. Pero no se puede.
Un serio problema de las personas que pasamos por el duelo de perder a un animal, el que sea, con el que tengamos una historia de amor de muchos años, es que nos sentimos incomprendidos por “ridículos”. Habiendo tantos problemas en el mundo, la situación terrible en Turquía, Siria, Croacia… Tantas madres buscando a sus hijas desaparecidas, tantas familias rotas por culpa de la delincuencia, tanta gente que se queda sin trabajo, que no tiene nada que comer, tanta injusticia, tantas enfermedades, tanto dolor en el mundo y uno roto por la muerte de un perro, ay por favor, debería de estar agradecida por todo lo que tengo y no estar pensando en lo que no tengo, debería de estar mejor porque ya pasaron dos meses, debería de estar feliz porque tengo un perrito que me empieza a querer, debería de estar, debería de estar, debería de estar…
Ayer leí un post de Lamargeitor (bloguera mexicana) titulado “Disculpe las molestias” en el que, entre otras cosas (vale la pena leerlo) decía que no son competencias y me gustó mucho porque me dio paz.
No son competencias, no es a ver quién sufre más o quién tiene una pena más grande. No tengo que justificarme ante nadie por el dolor o la tristeza que estoy sintiendo. Si alguien cree que exagero, que es solo un perro, que ya debería de estar bien, que ya tengo otro, que mi situación es privilegiada, déjeme decirle que no tiene idea de cómo debo o puedo vivir mi duelo, déjeme decirle que a mi, más que a nadie, me gustaría sentirme mejor, déjeme decirle que me duele Turquía, Siria, Croacia, Etiopía y México. Déjeme decirle que me llena de tristeza la situación de miles de migrantes que no tienen hogar y déjeme decirle que eso no evita que yo, cada vez que me baño, me descubro buscando a Tostada porque abría la puerta del baño para esperarme junto a la regadera, que extraño tenerla a mis pies abajo de la estufa porque siempre que me hacía el desayuno estaba junto a mi por si algo se me caía y que tuve que cambiar de lugar para meditar porque siempre que lo hacía, al abrir los ojos, la veía frente a mi, acostada en el piso frente al patio y que es doloroso hacerlo sin ella.
A todas esas personas que están sufriendo la pérdida de su amado perro, gato, hámster, pez, erizo… quiero decirle que las entiendo, que el hueco se sufre a cada momento, pero que lo peor es sentirse ridículo y juzgado, lo peor es sentirse apenado porque está tristeando por un animal cuando hay tanto por qué sufrir, que se calla esta tristeza muchas veces porque cuando la compartes te da miedo que te digan “oye, se acaba de morir la mamá de Fulanita, esas son penas, ese es dolor” y que las entiendo porque el duelo es traicionero, porque cuando crees que estás muy bien, se presenta el llanto sin entender por qué, que no es ascendente ni lineal, que no tienes por qué entenderlo, que solo tienes que sentir lo que sientes y que alejes por el momento a las personas que te hacen sentir mal porque “no superas la muerte de un animal”.
Yo confieso, ya sin miedo a sentirme ridícula, que tengo un cuaderno donde le escribo cartas a Tostada, y se llama así: “Cartas a Tostada” y que ahí me desahogo y no me callo nada, nadie lo va a leer, nadie va a saber que todas las madrugadas las busco y se lo escribo y que siempre empiezo una carta diciendo “Hola Tostada…” y termino “sigo llorando, te sigo extrañando, te sigo queriendo y quizá hoy un poco más”.
No escribo esto para ayudar a nadie, solo quiero compartir mi duelo porque a lo mejor alguien lo lee y piensa “si la ridícula de Diana le sigue llorando a Tostada, yo puedo llorarle a Firulais a gusto sin sentirme tan mal”. Porque eso, encima uno llora con culpa, con pena, con la ridícula idea de no ser ridículo.
La muerte es absoluta y definitiva, no hay marcha atrás, es dolorosa pero es inevitable. No hay mas que empezar a reconciliarse con la idea de que siempre nos hará falta Tostada, Firulais, la Moka, el Barrabás o Solovino.
Hace unas semanas, Rosa Montero, mi escritora favorita, me dijo cuando le pregunté en un “en vivo” que hizo en su Facebook si lo que escribía tenía que servirle a alguien: “la escritura nunca puede ser utilitaria, estoy harta de decirlo, tú no escribes para serle útil a nadie… Escribes para intentar aprender algo, escribes porque lo necesitas, escribes para ti, para intentar poner un poco de luz en tu oscuridad y si pones un poco de luz en tu oscuridad , tú pondrás un poco de luz en la oscuridad los demás, porque todos somos iguales muy en el fondo, muy dentro de cada uno de nosotros estamos todos…” (entre otras muchas cosas que me dijo), así que eso, escribo esto para tratar de entenderme, de entender el duelo, de poner algo de luz en mi oscuridad, si a alguien le sirve y le pone luz, bendito sea, pero si no, yo por lo menos ahora me siento un poco mejor, ahora por lo menos puedo seguir el día, puedo ir por mis hijos a la escuela, puedo comer con ellos, puedo llevarlos al fútbol, puedo hacer todo eso con la tristeza que me acompaña desde el 6 de diciembre pero sin culpa. Puedo seguir disfrutando momentos lindos y divertidos y sentirme agradecida por muchas cosas que tengo, con todo y la tristeza que me acompaña. Puedo hacer todo eso sabiendo que quizá pasen cinco días sin llorar y que de pronto un día llegará y ¡ZAZ! volverá… pero que parece ser que el duelo así es…traicionero y, quizás, ridículo.

