Hace días que deseo escribir esto y hoy que se celebra el Día Mundial de la Salud Mental me pareció perfecto para hacerlo.
Sí, soy Diana y tengo ansiedad.
¿Sufro de ataques de pánico? no.
¿Me dan mareos o taquicardia? no.
¿Tengo insomnio? no.
¿Fatiga, dolor u opresión en el pecho? no.
¿Siento que de pronto no me entra el aire por lo que trato de inhalar profundamente lo que ocasiona suspiros? esporádicamente.
¿Tengo pensamientos catastróficos? ABSOLUTAMENTE TODO EL TIEMPO.
La cosa es que esto lo normalicé porque me sucede desde niña, lo que me hizo creer que era normal y que todo el mundo tenía los mismos pensamientos que yo. Así que después de una vida de ser de cierta manera, uno cree que es un rasgo de la personalidad y que mucha gente es igual, “soy preocupona” pensé siempre.
Como para poner un ejemplo les contaré que cuando era niña y escuchaba a mis papás discutiendo, como cualquier pareja normal, yo pensaba que se iban a divorciar, pero no solo tenía miedo de que sucediera, no, en mi cabeza pasaba la película completa. Yo frente a un juez tratando de decidir con cuál de los dos me iría a vivir y con el corazón roto por el que no era el elegido, sufría mucho pero pensaba que mis hermanos sufrían igual, nunca lo comenté con nadie porque sentía que así era la cosa. Luego mis papás resolvían el problema y la vida seguía y yo suspiraba agradecida pensando “esta vez no se van a divorciar” pero en mi cabeza quedaba “por ahora…”.
También llegué a pensar que no viviría hasta el año 2000, eso era imposible, el mundo se iba a acabar antes, así que no cumpliría los cuarenta años, pero bueno… nadie seguiría vivo aunque… ¿y si yo sobrevivía una guerra nuclear? ¿viviría sedienta y hambrienta llorando la falta de mis seres queridos, sola y con pocas posibilidades de seguir viviendo? ¿trataría de sobrevivir o buscaría mejor morir? ahhhh pero el suicidio es un pecado mortal, tendría que esperar a que Dios decidiera que era hora de morir. Ojalá lo decidiera pronto.
Y claro… todos los niños pensaban igual, según yo.
La ventaja de esto es que yo no tenía grandes expectativas, jamás me imaginé, como lo hacen otras niñas, vestida de blanco en la iglesia a punto de casarme con el hombre más perfecto del mundo, no, yo no me iba a casar. Tampoco tendría hijos lo cual era muy bueno porque no iban a vivir en un mundo devastado entre cucarachas por los méndigos Rusos que habían echado una bomba nuclear, no. Todo era mejor sin imaginar nada bueno… ahí está lo malo. Que yo solo imaginaba dolor, no felicidad.
Sin embargo era una niña feliz, no considero que mi infancia haya sido horrible, vivía en Dianalandia, un mundo creado por mi y para mi. No imaginaba catástrofes todo el tiempo, solo cuando había algún evento como alguna noticia en el radio o una discusión entre mis papás. Estoy dotada de una gran imaginación, lo malo es que la uso para imaginar siempre lo peor.
Pero estoy tan acostumbrada a eso que lo normalicé, jamás lo catalogué como ansiedad. “Solo soy preocupona”. Ya ni les cuento lo que viví después del terremoto de 1985 ni lo que he llegado a imaginar, aprendí a dormir con la puerta abierta de mi cuarto porque si la cerraba y el aire movía un poco la puerta, me despertaba sudando pensando que estaba temblando (obvio se caía mi casa y yo quedaba enterrada sin que nadie me escuchara por días totalmente deshidratada y deseando una muerte rápida” pero bueno, seguramente todos tenemos el mismo miedo ¿no? seguro todos imaginamos que podemos morir después de días de gritar desesperados para que alguien nos escuche. Yo no soy la única. Sí… claro…
Llegaron mis hijos y las cosas se mantuvieron pero cambiaron mis miedos. Lo curioso es que no me daba miedo que algo les pasara a ellos sino a mi. Si yo me moría ¿quién los iba a cuidar?. Las cosas se pusieron muy graves cuando debido a un asalto murió Mariana Levy, una actriz mexicana muy joven que sufrió un infarto provocado por el susto al ver que los estaban asaltando y estaba en el coche acompañada de su esposo y sus hijos. Recuerdo que pensé en ese entonces que no solo te puedes morir porque te maten de un balazo, no, te puedes morir de un susto, qué terrible, con lo miedosa que soy. Mi hermano menor (si estas leyendo esto sabes que eres un ca…brnnn) me asustaba en mi casa escondiéndose en las equinas y gritaba “¡BU!” muy fuerte y yo sentía que se me salía el corazón del pecho. Cualquier cosa o ruido inesperado me hace saltar y me salen lágrimas de inmediato, así que ese juego de asustarme está prohibido si quieres ser parte de la gente con la que quiero estar. Pero esa manera de reaccionar a los sustos de mi hermano me hizo creer que si un día me asaltaban, seguro me iba a dar un infarto y me iba a morir dejando solos a mis hijos, tan chiquitos sin mamá. Tenían dos años más o menos y me partía el corazón dejarlos huérfanos.
Pero en esa ocasión la pasé tan mal que pedí ayuda. Fui con quien en ese entonces era mi homeópata de cabecera a decirle que no quería vivir así, que si necesitaba un Psiquiatra, me lo dijera, o alguna medicina o algún tratamiento, algo que detuviera las películas que me hacía en la cabeza. No recuerdo qué me dijo pero me dio un tratamiento y se me quitó. Me calmé bastante y seguí con mi vida.
Les cuento un ejemplo de que no todo el mundo es como yo. Hace unos años, mi amiga la Che (que ahora le digo Sis) me invitó a andar en bicicleta con los niños a un parque precioso que se llama Xochitla, ya habíamos ido varias veces y la pasábamos muy bien, pero era un par de días antes de que terminaran las vacaciones y le dije que no, que mejor no, a lo que ella coincidió, pero les comparto más o menos la conversación:
—¿Cheee (así dice), vamos mañana a Xochitla con los chavos?
—Ay no, no friegues, pasado mañana entran a la escuela.
— Sí, tenés razon (recuerden que es argentina) mejor otro día
—No, es que imagínate que se caen de la bicicleta y se rompen un brazo o una pierna ¡qué horror! y luego hay que ir a urgencias, el dineral que cuesta eso y luego no pueden ir a la escuela después de dos meses metidos en la casa, no no, vamos otro día.
—¡Boluda estás loca! a mi lo que me dio flojera fue el tráfico, es fin de vacaciones y el regreso se va a poner fatal ¡y tú te fuiste ya hasta el hospital con chamacos sangrando!
Nos reímos, pero en mi cabeza yo tenía razón, el tráfico es lo de menos, yo no quería ir a urgencias.
Esto no está bien, Esto NO ES NORMAL.
No toda la gente imagina el peor escenario como yo, no soy preocupona, tengo ansiedad. Esto lo acepté hace unas semanas, y fue porque uno de mis hijos, que ya tiene dieciocho años, fue a una fiesta, la primera después de la pandemia y yo tenía que recogerlo a la una de la mañana.
Lo dejé a las 9 de la noche en la casa de la fiesta y me regresé a mi casa a dormir, pensaba poner el despertador a las 12.30 para irme a recogerlo pero Mon Cochon me habló por teléfono y me mantuvo despierta para evitar que me durmiera y después no escuchara el despertador o me fuera medio dormida manejando por él. Así que como pudo me entretuvo casi tres horas, hablamos de tantas cosas sin sentido… cuando me escuchaba bostezar me decía “hey hey despierta!!! te conté el día que…” (es lo máximo Mon Cochon). Y cuando por fin fueron las 12.30 y colgamos, me iba a poner mis crocs horribles esas con borrega por dentro que son una maravilla para andar en la casa cuando hace frío y pensé “no, no puedo ir en crocks, qué tal que necesito correr, qué tal que por alguna razón tengo que bajarme del coche y perseguir o rescatar a alguien” (obvio ese alguien era mi hijo que en la película de mi cabeza gritaba desesperado pidiendo ayuda y yo corría para rescatarlo) así que me puse mis tenis porque si voy a correr, mi mejor oportunidad de ganar es con tenis.
Me fui por él. No pasó nada, no tuve que correr, no tuve que rescatar a nadie y llegamos tranquilos a la casa como debí de haberlo imaginado siempre.
Como dicen por ahí, la mayoría de las cosas que te preocupan nunca suceden y eso es lo que ha pasado a lo largo de mis cincuenta y dos (casi tres) años. Mis papás siguen casados y no tule que elegir con quién vivir. Rusia no ha lanzado un misil nuclear (aunque está a punto). No me he quedado enterrada bajo los escombros de mi propia casa gritando ahogada pidiendo ayuda y mis hijos chiquitos y totalmente dependientes de mi no se quedaron huérfanos a los dos años. Pero en mi cabeza esto solo es suerte… todavía lo peor puede pasar, y en mi cabeza todos somos iguales.
Pero al día siguiente de la fiesta me di cuenta, me cayó el veinte y pensé “no creo que toda la agente elija zapatos dependiendo del peligro al que se van a enfrentar” y me dio mucha tristeza pero también me sentí aliviada porque yo no soy preocupona, yo estoy enferma y sufro de ansiedad y puedo pedir ayuda y sentirme mejor.
Hablé con mi amiga Xó y le dije que creía que necesitaba ayuda y me dijo que sí, que todos estamos pensando en que las cosas podrían salir mal, o teníamos miedos o preocupaciones, pero yo vivo en estado de alerta 24/7, si hay un riesgo calificado como nivel dos, yo me voy al nivel diez. Yo veo catástrofes en mi mente, no posibles contratiempos.
¿Saben qué? aceptarlo fue liberador.
Lo único que me preocupaba es que pensaba ¿cómo puedo cambiar algo que vengo haciendo toda mi vida? ¿cómo puedo dejar de ser así? esta soy yo ¿cómo puedo ser diferente? en realidad no quiero ser diferente.
Pero algo bueno que aprendí hace muchos años, cuando me separé de mi esposo (es chistoso pero ese miedo jamás cruzó por mi mente, nunca pensé que al casarme me podría divorciar, y eso sí sucedió), fue pedir ayuda. Aprendí a pedir ayuda y aprendí que muchas cosas no tengo por qué hacerlas sola ni saber cómo hacerlas, así que empecé un proceso de terapia.
No llevo mas que dos sesiones y en la primera sentí mucha paz porque la psicóloga me dijo “tú eres quien eres, no te vamos a cambiar, es un rasgo de tu personalidad, esto es biológico, sería inútil tratar de evitar a toda costa los pensamientos negativos y cambiarlos por positivos con pura fuerza de voluntad, no es real, no va a pasar que un día seas el Dalai Lama y solo fluyas llena de paz, porque no es así de fácil, pero lo que sí vamos a hacer es ayudarte a tener herramientas para que lo puedas manejar y puedas vivir en paz. Ya con eso me di cuenta que había hecho bien. Y también me sentí aliviada porque podría seguir viviendo en Dianalandia, solo que ahora podría ser un lugar mejor, donde puede haber cosas malas, pero también buenas y también puedo ser capaz de manejar las malas cuando y si se presentan, Dianalandia puede ser un lugar en el que no solo suceden catástrofes.
Todo esto lo cuento por dos razones, una es para que en unos años yo pueda leer esto y sentirme muy feliz de haber pedido ayuda y la otras porque si alguien es como yo, crea que solo es preocupación y que es normal, y que la gente que no se preocupa es una inconsciente que no ve la realidad (seh, eso pienso yo, hay una cantidad enorme de mamás inconscientes que no cuidan bien a sus hijos desde mi ególatra punto de vista), puede estar sufriendo de ansiedad. Porque la ansiedad es vivir en el futuro y no solo eso, verlo terriblemente malo.
No es necesario vivir así. No se puede vivir así, hay manera de vivir diferente. Vivir mejor, vivir en paz sin por eso ser evasivo, se puede vivir pensando que algo malo puede pasar pero también quizá no pase, pero no es probable que hoy caiga una bomba nuclear, al menos no hoy. Hoy estoy aquí, en mi casa, escribiendo en mi computadora escuchando la música de la película La Misión, con mis perras junto a mi, acurrucadas porque hace frío, tomándome un té porque me estoy helando, esperando terminar este post para ver si me da tiempo de ver una película con Mon Cochon y si no, leer un rato. Yo creo que la bomba nuclear puede ser la próxima semana y si Rusia decide lanzarla, quizá no sobreviva así que es muy probable que no esté tratando de sobrevivir totalmente deshidratada y no haya mucho de qué preocuparse.
Por favor, si te identificaste con mi manera de ser, pide ayuda, no eres preocupón, procupona o preocupone… tienes ansiedad. POR FAVOR PIDE AYUDA.
La salud mental es prioridad. Si alguna persona cercana a ti tiene una enfermedad como depresión, ansiedad o alguna otra, no la sueltes, no la obligues, no la juzgues y NO LA SUELTES.
Si te identificaste conmigo, tienes solución. Te mando un gran abrazo con cariño. No es fácil vivir así. No lo hagas.
Hola, soy Diana y tengo ansiedad.