Historia de un amor bonito.

Hoy hace un año tomé una de las mejores decisiones de mi vida. Lo soprendente es que no me caracterizo por tomar decisiones facilmente, pero en esta ocasión fue así, y gracias a esa decisión comprobé que el amor bonito sí existe.

No sé si empezar a contar por el principio, el mero mero principio que fue hace casi ocho años, cuando estaba yo en una relación medio tormentosa con alguien que no valía mucho la pena perder mi tiempo pero en ese entonces yo no lo sabía (tengo que hacer una pausa para advertirles a mis papás que este post los va soprender, vayan por algo de beber, alcohol de preferencia, échate una cubita papá).

Voy a contar mi parte de la historia porque la otra parte le pertenece a MonMau. Todo empezó (para mi) con una publicación en Facebook de una querida amiga, Joan, un meme chistoso en el que interactuamos varios de sus amigos. De pronto un comentario mio lo respondió un amigo de ella, me pareció ingenioso y lo contesté, lo que inció una serie de comentarios entre los dos y me pareció un hombre con buen sentido del humor e inteligente (la gente con sentido del humor me parece de lo más inteligente). Para mi, ahi terminó todo, fin de la historia del post de mi amiga en Facebook y a seguir con mi día, mi vida, mi historia.

Unos días después, me llegó un mensaje por inbox de Facebook, era de él, del que tenía inteligencia y buen sentido del humor, del amigo de Joan, de MonMau. Me decía que no me enojara con Joan pero que le había pedido que le pasara algo de mi blog para leerlo y que después de leer algunos de mis escritos, le parecía que sería bueno conocernos, que teníamos cosas en común y que si me gustaría iniciar una amistad a distancia.

No le contesté.

Sí, exacto, eso que piensan lo pensé mil veces después, soy una hija del mal, una perrucha, odiosa, grosera y prepotente. Lo siento, esa mala decisión me costó siete años de volver a crear la oportunidad de conocer al del buen sentido del humor. En fin, qué les digo, era yo una idiota que no sabía todavía reconocer lo bueno, pero tenía que aprender (les adelanto el final, aprendí).

Semanas o meses después, no recuerdo el tiempo porque ya saben que no recuerdo ni lo que hice ayer, terminó mi relación con el que de verdad no valía la pena PARA NADA (del que aprendí mucho, tengo que agradecerle que gracias a él entendí que cuando algo no vale la pena y no te hace feliz, no te puedes quedar un minuto más de lo estrictamente necesario una vez que detectas que no es para ti).

Entonces vino la cruda moral, recordé el mensaje en mi inbox y pensé “en qué estaba yo pensando cuando decidí no contestar ese mensaje” y decidí pedir disculpas, así como un paso a la recuperación, abrí mi inbox y leí de nuevo el mensaje, ¿qué le dices a alguien con quien fuiste extremadamente grosera? pues eso, “Hola, perdón, fui una grosera”.

Después le expliqué que su mensaje había llegado cuando estaba yo bien pendeja (perdón mamá, perdón papá, la palabra es necesaria). No tenía otra explicación. Obvio a él no le dije exactamente así pero seguro me entendió. Le dije que en ese momento estaba yo con alguien y que no había excusa pero que no pensaba con claridad, después le dije que por el momento no tenía inteciones de conocer a nadie porque quería tiempo para organizar mi mente, mi vida y mi corazón pero que no podía seguir sin pedirle antes que me perdonara. También le dije que le deseaba lo mejor y le di a entender que gracias pero no gracias (les digo… pend…).

Contestó de una manera tan educada, tan dulce, sin hacerme sentir mal (y miren que merecía sentirme mal) que lo único que pude decirle fue “encima eres encantador”.

Terminó la historia. Al menos por algún tiempo.

Meses después, cuando yo recuperé la cordura y la salud emocional (bueno más o menos), me di cuenta que nunca había dejado de pensar en él. Le escribí a Joan y le conté todo el caso, le dije que había sido yo una méndiga con su amigo pero que no dejaba de pensar en él. En ese momento me contó que lo conocía hace muchos años y que le parecía que estabamos hechos el uno para el otro, que teníamos mucho en común, dijo riéndose que eramos igual de distaídos, de alivianados, que nos gustaba reír y que teníamos grandes posibilidades de conicidir en muchas cosas, que lo buscara, que le escrbiera. Me armé de valor y lo hice. Fue algo así como “ahh ¡qué onda! fíjate que pasaba por aquí y se me ocurrió decirte que ya estoy bien, rehabilitada y pues… disponible para empezar una amistad” así como que no quiere la cosa, a lo que muy educado y de manera muy “sweet” me dio a entender que ahora él tenía novia, lo dijo sin decirlo pero fue un “pues ahora te toca a ti”.

Terminó la historia, al menos por otro tiempo.

Tengo que decir que algo raro sentí, de verdad inexplicable, era como si hubiera perdido algo, una frustración enorme. Por un momento pensé que se debía al rechazo y a que a nadie le gusta que lo rechacen (¡PUM! “karma” pensé), pero era algo más, de verdad sentía como si hubiera perdido a alguien muy valioso y se lo conté a unos amigos, “me lleva la fregada” les dije, “se me fue algo, alguien” recuerdo que les dije. Después de contarles la historia, me dijeron

—Pero no lo conoces

—No

—Nunca lo has visto en tu vida

—No

—No has cruzado más palabras que esos mensajes

—No

—Ni por teléfono han hablado

—NO

Me sentí una idiota, ¿por qué sentía que había perdido a alguien que ni conocía? No lo sé, pero nunca lo superé.

Pasaron los años, sí, AÑOS, y yo seguía pensando el el amable y educado que me había mandado a la fregada por odiosa, sabía que seguía con su novia porque Joan me lo decía, no lo busqué jamás y no sabía de él. A veces me metía a su Facebook (como hacemos todos los que queremos ver si de casualidad tiene algo público que nos diga “oye corté con mi novia”) y solo veía fotos de paisajes de Montreal, lo que no me decía nada, solo me metía dudas “¿vive en México? ¿Vive en Montreal? a lo que Joan me confirmaba que vivía en México pero que había estado unos años antes en Montreal.

Cada vez que nos veíamos Joan y yo, trataba disimuladamente de sacarle información y siempre me confirmaba que seguía con su novia, y no solo eso, había sido su amiga de muchísimos años, así que la cosa no pintaba bien, esa relación parecía ya muy estable y yo no tenía ninguna oportunidad.

Seguía la vida, pasaban los años, él con su novia y yo con relaciones que me dejaban lecciones pero no el deseo de continuar con ellas, Debo decir que siempre busco una lección en mis errores, si ya la regué, al menos aprendo algo. Y siempre de todas aprendí a distiguir lo más importante, cuando no es para ti, vete.

Un día encontré una página de él en Instagram, y empecé a seguirlo, ahí descubrí que es fotógrafo y que tiene una sensibilidad muy especial, cosa que para mi es importante. Otro punto a su favor y él con novia…

Un día me empezó a seguir también y supuse que había sido por educado, porque él es así (cosa que ahora confirmo). Yo rara vez “likeaba” una de sus fotos aunque me encantaran porque antes muerta que pensara que era yo una arrastrada rogona (términos usados en los 80´s que denotan mi avanzada edad).

Un día me atreví a mandarle solicitud en Facebook, era el fin de mi dignidad, era un hecho, arrastrada y rogona… Nos empezamos a seguir mutuamente pero ahí quedó, muy de vez en cuando había un “like” o algún comentario.

Cuando en Instagram llegaba a comentarme algo, se me iluminaban los ojos y me daba mucha emoción, pero ahí quedaba. Siguieron pasando las semanas…meses…años.

Fue en el 2019 cuando empezó a estar más presente, de pronto me contestaba alguna historia en Instagram con alguna broma y yo solo escribía “jajajaja”. Ahora que lo pienso no sé cómo no pensó que yo tenía un chícharo en la cabeza. De vez en cuando me mandaba mensajes pero nuestros horarios eran muy diferentes, yo soy una viejita que se duerme a las diez y media de la noche y él es un desvelado que me escribía a las tres de la mañana, mensaje que yo veía y contestaba a las seis treinta y él lo leía supongo que como a las tres de la tarde. Y ahí quedaban las cosas.

Cuando por fin coincidíamos y cruzábamos más de dos frases seguidas (que generalmente era para molestarnos con el típico “bullying” (lo cual era bastante divertido) terminaba por decirme “bueno, te dejo seguir leyendo” ¡SIEMPRE! Cosa que me chocaba pero pensaba que era porque en realidad no estaba interesado en nada más.

No había nada que me indicara si tenía novia o no, yo confieso que estaba en una relación que estaba tratando de hacer funcionar pero era con una persona muy diferente a mi y aunque estaba tranquila, siempre un mensaje de MonMau me movía el tapete. En parte mis respuestas “jajajaja” eran porque no me pareacía leal “tirarle la onda” si yo tenía en ese momento un compromiso. Pero cuando me dijo que vivía otra vez en Montreal y que quizá vendría a México en el verano pensé en verlo “no matter what”, no volvería a perder la oportunidad. Eso me indicaba que él ya no tenía novia, pero yo sí… Seguíamos sin coincidir.

No vino en el verano y yo estaba muy distraída entrenando para el maratón así que el tiempo pasó rápido y seguíamos con esta dinámica de escribir muy de vez en cuando, sin tener los mismos horarios ni una conversación hilada y en serio. Pero siempre siempre me ilumiaba los ojos un mensaje suyo o un “like”.

Los últimos meses del 2019 fueron complicados para mi. Mi relación no tenía futuro pero solo yo lo sabía. No la terminaba porque no quería lastimar a esa persona y quería que pasara por un mejor momento antes de avisarle que yo ya no estaba interesada. ERROR, nunca hagan eso, por no lastimar a veces lastimas más y es terrible ver pasar el tiempo sin tomar una decisión cuando sabes que es lo mejor y hay que hacerlo.

Diciembre fue una pesadilla, se me metieron en la cabeza las voces de mis abuelas y la mia que discutían todo el tiempo, ellas me pedían que buscara a un hombre “de buen carácter” (literal es lo que escuchaba). Pero no me atrevía a lastimar a nadie…

El 31 de diciembre de 2019 no podía con las voces, “Diana, no es para ti, alguien de buen caracter” y confieso que cuando escuchaba eso, pensaba en MonMau.

El primero de enero la necesidad se convirtió en obsesión, las voces no me dejaban en paz, ni dormir, ni ver la tele, ni leer NI NADA. No sé cómo describir la sensación que tienes cuando sabes que quieres hacer algo, sabes que es bueno para ti pero no te atreves a hacerlo.

De pronto dije “basta”.

Tomé el celular y pensé “debe de haber alguna manera de escribirle sin ser una arrastrada y rogona” pero ¿cómo? Pues ya vería cómo… Gracias a Dios él había subido un video de una escalera nevada preciosa, a lo que pude atreverme a contestar con una cara de sorpresa (arrastrada y rogona) y él contestó en ese momento “qué lindo verdad”. Por fin estábamos los dos en línea y por fin teníamos una conversación de más de dos frases cortas que no terminaban en “te dejo seguir leyendo”.

Me sentí tan bien, todo se sintió tan bien… He aprendido a reconocer las reacciones del cuerpo para saber si algo es un error o no. Llevaba meses tensa, medio de malas y con insomnio. De pronto al estar platicando con él, me sentí relajada y libre, tranquila, feliz. Esa sensación era la que buscaba.

Nos despedimos y seguimos nuestro primero de enero cada quién en su sillón. Yo tenía algo que hacer antes de siquiera pensar en algo más serio. El dos de enero cerré un ciclo y terminé una relación que no era para mi (ni para él), no me siento orgullosa de haberlo lastimado y no me siento orgullosa de haber buscado a MonMau el primero de enero, antes de terminar lo anterior, pero el tiempo me dio la razón, así tenía que ser.

El tres de enero, creo que a las nueve de la mañana, busqué otro pretexto para escribirle, la necesidad de saber de él seguía, en todo caso, hasta había crecido. Ahí estaba de nuevo, al mismo tiempo que yo y teniendo una conversación que no se basaba solo en el “bullyin” o en el “jajajaja”, y de pronto le dije tres palabras, “Chateemos más seguido” y empezó la magia, no ha pasado un solo día desde ese tres de enero en el que no nos escribamos. Un año, 365 días, miles y miles de mensajes que poco después se conviertiron también en llamadas telefónicas, fotos, canciones, videollamadas, en fin… Todo lo que yo buscaba en alguien.

Recuerdo la primera vez que hablamos por teléfono y la cuento porque es la base de lo que tenemos hoy.

Resulta que él llevaba también mucho tiempo de querer estar conmigo pero es tan penoso que no me decía, además no sabía si yo estaba con alguien o no, el bullyin era nuestra manera de relacionarnos sin arriesgarnos. Pero en cuanto le pedí que estuvieramos más en contacto Y YA NO ME MANDARA A SEGUIR LEYENDO, abrí una puerta y todo lo demás es mérito de él.

Un día, muy poco tiempo después de que empezamos a platicar, me escribió que me quería mucho, yo muy sorprendida le dije “¿cómo sabes? no me conoces, cómo puedes querer a alguien que nunca has visto” a lo que me contestó “márcame por teléfono y te digo”. Debo confesar que a mi eso de hablar por teléfono me daba una pena horrible, pensaba “¿y si no me gusta su voz? ¿o no le gusta la mia? ¿y si tiene voz de Chabelo?”

Después de una dura batalla en la que yo no quería y él me insistía, acepté, ese primer momento lo recuerdo hecha bolita en la cama muerta de pena, roja y tratando de no decir alguna barrabasada, pero él muy seguro me dijo “ahora te voy a decir por qué te quiero” y empezó a definirme, cada cosa que decía parecía que me conocía a la perfección, nadie en mi vida me había descrito tan bien, me di cuenta de algo, él sí me veía, él sabía lo que había, lo aceptaba, le gustaba y estaba dispuesto a seguir… eso no se ecuentra todos los días, puedes llevar años de conocer a alguien y no lo conoces realmente, él no, él había decidido conocerme y con esa sensibilidad que tiene lo había logrado, él ve muchas cosas que los demás no ven, así que le creí.

A partir de ahí todo ha mejorado, no pasa un día sin hablar por teléfono, llegamos a tener conversaciones de horas y horas, pasamos una noche juntos hablando siete horas, sí, SIETE HORAS, ¿de qué? no me acuerdo, nos reimos mucho, bromeamos y nos burlamos el uno del otro, hablamos de cosas serias, de experiencias pasadas que nos ayudan a conocernos y a veces no tenemos nada de que hablar pero como no queremos colgar, nos pasamos recetas… da igual.

Este año nos jugó sucio, después de tanto tiempo de esperarnos, cuando por fin decidimos empezar esta historia, llega una pandemia y nos arruina todo, o al menos eso parecía. Teníamos planes de que yo fuera a Montreal en el verano para conocernos mejor y ver qué pasaba. A primera vista el covid nos frustró nuestros planes, pero solo a primera vista.

Hay dos maneras de ver las cosas y cada quien decide cuál tomar. Podríamos pensar en “queeeeeé mala suerte tienen, justo cuando por fin se deciden, cuando ninguno de los dos tiene una relación, viene el covid y los separa”. Pero él y yo nos quedamos con “bendito el día que decidimos por fin conocernos porque qué hubieramos hecho estas largas horas de encierro sin tener con quien reir, llorar, platicar, arreglar el mundo”.

Debo decir que no he tenido un año fácil, he tenido momentos muy complicados y en todos ha estado él conmigo. La distancia no existe, solo no podemos tocarnos con las manos pero nos tocamos con el corazón.

El día que vi a mis papás a través de un vidrio, lloré como loca y ahí estaba él para consolarme. El día que al papá de mis hijos le dio covid y más tarde se quedó sin trabajo, yo moría de miedo y ahí estaba él para apapacharme. El día que decidí empezar un negocio y moría de nervios, ahí estaba él para impulsarme y darme confianza. El día que tuve un quiebre, que me enojé con él y me puse necia, que lloraba sin parar y quería que el mundo se detuviera, que hice crisis por la cuarentena de tantos días, ahí estaba él con su paciencia y calma, esperando que se me pasara con todo el cariño del mundo.

Nos hemos conocido mejor que si hubiera sido en persona, cuando alguien me dice que cómo pretendo tener una relación a distancia le digo “llevo años conociendo gente que vive incluso a cuadras de mi casa y nunca conecté”. Para mi no es relevante, los dos sabemos estar solos, tenemos una vida en donde vivimos, no necesitamos estar fisicamente en el mismo lugar para sentir que estamos cerca.

Nos hemos vuelto expertos en compartir momentos, vamos al cine juntos, corremos juntos, trabajamos juntos, tenemos proyectos juntos, somos creativos y lo hemos hecho bien.

Hay gente que pasa una vida entera buscando a alguien con quien pueda tener este tipo de conexión y no la encuetra. Nosotros somos afortunados, nos encontramos.

Yo siempre quise lo que yo llamo “un amor bonito”. Ese en el cual no sientas ansiedad, angustia. Que todo fluya, que haya respeto y que las cosas sean fáciles. Hay quien dice que el amor no es fácil, yo creo que es todo lo contrario, si no es fácil no es amor.

MonMau me enseñó que sí existe. No tenemos prisa, ya aprendimos a no hacer planes, no sabemos cuándo podremos por fin abrazarnos en persona, pero sabemos abrazarnos con el corazón. Después de tantos años de esperarnos y coincidir, podemos esperar más, de cualquier manera, cada día estamos juntos.

Ahora no fue el fin de la historia, ahora es el comienzo…