El peor día del año…

Hoy, 22 de julio, es el día más negativo del año, según los kabalistas, en términos de energía y niveles de oscuridad. Es la celebración del Tishá B´Av y en este día han ocurrido muchos de los eventos más negativos en la historia de la humanidad (sobre todo para los judios) como la Destrucción los Templos, el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la “Firma de la Solución Final de la Cuestión Judia” en Alemania en 1942, etc…

Para los judios hoy es un día trágico y triste y, sin embargo, lo festejan Esto me causó mucha curiosidad y me puse a investigar por qué.

Ellos lo consideran como un día de grandes oportunidades, los kabalistas explican que  cuando el nivel de oscuridad es tan alto significa que un nivel de luz equivalente  está disponible para sanarnos,  despertarnos y guiarnos y que las más grandes bendiciones están libres el día de hoy.

Así como ha ocurrido mucha oscuridad en este día y tiene un gran potencial de mala energía, también tenemos la oportunidad de revelar grandes cantidades de luz y todo esto depende de la CONCIENCIA.

Lo explican de esta manera más práctica, dicen que ante cada evento negativo, viene un evento positivo, como cuando sucedió el terrible incendio en Chicago en 1871 dejando a un tercio de la población sin hogar, fue nombrado uno de los más terribles desastres en la historia de Estados Unidos, pero debido a eso, una ciudad tan mal planeada como lo era Chicago en esa época, tuvo la oportunidad de ser reconstruida de manera muy eficiente y ordenada, eso la convirtió es una de las ciudades mejor planeadas del país.

Otro evento que mencionan es el constante bombardeo de los alemanes hacia el Reino Unido en los incios de 1940, conocido como El Blitz, fueron 9 meses terribles que dejaron desolación, muerte y destrucción. En tiempos de tanto miedo y muerte, la nación se unió y el gobierno creó un plan de asistencia a todos los ciudadanos necesitados que ayudó a los heridos, tuvo programas especiales para las madres que tenían que trabajar ayudando en la guerra cuidando a sus hijos, las medicinas se hicieron accesibles para todos y esto fue el incio del moderno sistema de asistencia médica que tiene ahora Gran Bretaña.

No soy judía, tampoco soy budista y de formación me considero católica, sin embargo, hace unos años tomé la decisión de considerarme más bien espiritual y tomar lo que más me gustaba de cada religión. Esto me ayudó a acomodar en todos los aspectos de mi vida lo que me ayudaba a ser una mejor persona y por lo tanto, más feliz.

Esta idea de que ante algo negativo siempre hay algo positivo me gusta, la vida no es perfecta para nadie y no creo en los finales felices, cosas malas nos pasan siempre, no sé si crea en la mala o buena suerte, más bien creo que la vida es así, las cosas pasan y punto.

Pero si somos capaces de encontrar lo bueno que sucede a partir de algo negativo, podemos vivir con más paz, o, al menos, no tan enojados.

Suelo ser muy positiva, sin embargo, tengo mis malos momentos y luego logro vencerlos encontrando “el lado amable” de las cosas.

Hace unos meses tomé la decisión de correr el medio martón de la Ciudad de México, el próximo domingo y me pensaba seguir entrenando para posiblemente correr el maratón completo el 25 de agosto.

Empecé a entrenar con mucha disciplina y tenía toda la inteción de lograrlo, pero apareció un problema en el pie llamado Fascitis Plantar que es más doloroso que caminar sobre legos. No tienes forma de solucionarla mas que con descanso, medicinas, terapias y, sobre todo, dejando de correr por completo. Cuando quieres entrenar para una carrera, que te digan “no puedes seguir corriendo” es un cubetazo de agua helada y te sientes morir.

Debido a eso, como tenía toda la inteción de seguir con mi objetivo de hacer la carrera SÍ O SÍ, me puse a nadar, a hacer yoga, me dejaban hacer pesas y tuve que buscar una terapia que me ayudara a recuperarme. Encontré a un terapeuta que con masajes ha ido encontrando otros problemas en mi cuerpo, tenía contracturada casi toda la espalda, los muslos por la parte de atrás, las pantorrillas y, por supuesto, las plantas de los pies. Cada punto que tocaba me hacía gritar de dolor, descubrí que llevaba años de tener nudos por todo el cuerpo sin ser atendidos.

No he podido correr desde hace más de 5 semanas, recuerdo que la última vez que lo hice estaba lloviendo y fui muy feliz y extraño mucho esa sensación que me provoca brincar charcos o pisarlos al ir corriendo.

No podré hacer ninguna carrera este año, no las que yo quería, pero después de la frustración al tomar la decisión, hice una reflexión de todo lo bueno que salio de esto, sigo nadando y lo disfruto muchísimo, hacía más de diez años que no lo hacía y le esta dando fuerza a los brazos, la parte más débil de mi cuerpo. Seguí haciendo pesas y ahora estoy en clases de pilates, cosa que no había hecho nunca porque me parecía una tortura (sí lo es). Me rio muchísimo porque además de tomarla con amigas que sufren como yo, soy poco coordinada y me hace mucha gracia el trabajo que me cuesta, pero cada vez lo hago mejor y seguro que aunque nunca tendré el cuerpo de Barbie, mis pobre cuerpo está agradeciendo que por fin le esté dando la fuerza que necesita.

Sigo con los masajes que por fin han dejado de ser dolorosos, me están inyectando directamente al músculo unas vitaminas alemanas que están haciendo que se recupere mejor y me han dicho que cuando termine toda la terapia quedaré como nueva (eso espero porque las inyecciones si duelen muchísimo).

Todo esto no lo hubiera hecho de no ser por la fascitis, de haber seguido corriendo quizá hubiera hecho las carreras que quería, pero no sé a qué precio. Mi salud estaba medio deteriorada y ahora estoy siendo más consciente de la importancia que tiene cuidarme mejor, comer bien, tomar más agua, darme masajes, hacer ejercicios que me hagan fuerte, como los pilates, y me ayuden a relajarme, como la natación.

Ya no siento tristeza por no correr mis carreras, solo cambié la fecha, no serán este año pero quizá algún otro.

Quiero aprovechar hoy para reflexionar acerca de las cosas malas que me han sucedido y hacer conscientes todas las cosas buenas han salido a partir de ellas. De eso se trata este día que para los kabalistas es una oportunidad más que una tragedia.

Pocas veces pensamos en lo bueno que sale a partir de lo malo, ojalá hoy lo hagamos, y, como dice una frase judia: Gam Zu Letová, “Todo es para bien”.

Mujer de doble generación.

Hace algunos años, después de separarme, me di cuenta de lo difícil que era para mi adaptarme a la vida de soltera otra vez. Resulta que después de mucho tiempo a lado de una pareja, de pronto te encuentras como si tuvieras de nuevo 20 años, te quieren presentar hombres, te dicen que te metas a Tinder, a la gente le surge la necesidad de verte acompañada y tú no sabes ni cómo comportarte en una sociedad nueva, porque cuando salias a los 20´s, las cosas eran muy distintas.

Empecé a sentirme como si me hubieran metido a un túnel de tiempo, esta idea la tuve hace un par de años y no pude escribirla porque un evento desafortunado me quitó la inspiración, se la conté a alguien e hizo su propia interpretación, un poco diferente a la mia, la escribió y me sentí decepcionada.  Tuve que esperar algún tiempo para poder retomarla.

Hace un rato, mientras me hacía de desayunar, me llegó esa voz que me dicta cuando escribo y me dijo “Diana, eres una mujer de doble generación” y ahí me cayó el veinte (expresión usada por mujeres de una de mis generaciones refiriéndose a cuando existían los teléfonos públicos en la calle y las llamadas costaban veinte centavos, cuando la persona a la que llamabas contestaba, “caía el veinte”, les digo que estoy mayorcita).

El caso es que tuve novio por cinco años, me casé como por trece y después de algo así como dieciocho años con la misma pareja, me lanzaron al ruedo de la soltería, me sentía como un programa de televisión (de mi generación anterior) que se llamaba “El túnel del tiempo” en donde dos viajeros eran lanzados a épocas distintas de la historia a resolver situaciones que se les presentaban, aparecían en la Revolución Francesa así como en la época de las cavernas, y básicamente eso nos pasa a casi todas las que nos divorciamos y llevamos muchos años en el mundo de una sola pareja.

Así que a los 42 años era de nuevo como de 20, pero ahora las costumbres son otras, los novios se llaman “galanes” te busca alguien pero sin compromiso porque es un “free”, los casados quieren conocerte porque pareces “disponible” y se acuerda entre parejas que lo pueden hacer y si de plano se te complica el asunto de conocer a alguien, hay un catálogo que se llama Tinder en donde subes tu foto y una descricpión tuya para ver si con alguien haces “match”.

Bueno, pues todo eso me sonaba rarísimo, me sentia como si fuera mi abuelita y me hubieran metido al túnel del tiempo y me sacaran en una expedición a Marte.

Pero las cosas no paran ahí, esto del túnel del tiempo lo pensaba en terminos de “ligar” o “salir a conocer” pero en realidad es todo muy complejo y es ahora cuando por fin alguien contesta la llamada y me cae el veinte.

A mi mamá la educaron de cierta manera, mi abuelita dirigía una familia de cientos de hijos (ok, ocho, pero luego adoptaron dos por algunos años, a mí más de dos hijos me parecen ochocientos). El jefe de la familia era mi abuelo, el hombre proveedor, y mi abuela se dedicaba a la casa, a dirigir ese ejército y ver cómo se aprovechaba mejor el dinero. Les dieron educación de calidad a los hombres y a las mujeres les enseñaron también las funciones de la casa, algunas estudiaron y trabajaron y otras ayudaban a mi abuela.

Mi mamá recibió ese tipo de educación y tuvo a bien modernizarla, siento que cada generación va sacando lo que no le gusta y se adapta a lo nuevo, sin embargo, quedan resquicios de lo que “mamaste” (diría mi papá).

En mi familia somos dos hombres y dos mujeres. El sistema era parecido al de mis abuelos aunque nos enseñaron a las mujeres a ser más o menos independientes, peeeeero “sin descuidar al marido”, entonces la cosa empezó a mezclarse, estudias y puedes trabajar y cuando te cases pues lo mejor es que inviertas en tu familia, con lo cual yo estoy de acuerdo (hasta cierto punto).

Aunque mi mamá había cambiado muchos patrones, algunos permanecían, como el hecho de atender a los hombres y que ellos no participen en las labores de la casa (no vaya a ser que se les caigan las manos si lavan los trastes, perdón, lo digo por mis hermanos que eran unos vagos y no cerraban ni el cajón de los calcetines).

Me casé y mi esposo y yo trabajábamos cada uno por sus chicles aunque el proveedor principal era él, yo ayudaba con algunas cosas pero él era quien mantenía a la familia. Nacieron mis dos hijos y entonces ya no trabajé ni para mis chicles, ya no tenía tiempo ni para ir a comprarlos, pero fue un acuerdo que hicimos los dos, “yo trabajo, tú cuidas a los niños” y siendo gemelos no había tiempo ni para pensar en ir al baño sola.

Pasan los años y me convierto en una cómoda esposa y madre de familia, todo estaba muy establecido y organizado hasta que un día MADRES, que te regresas al mundo donde tienes que salir a comprarte tus chicles y, además, soltera…

Mi exmarido es un padre responsable y un buen hombre, pero una cosa es mantener perfectamente a mis hijos y otra que me vaya a mantener el resto de mi vida, recuerdo la angustia que me provocaba la idea de “y a los sesenta años, ¿de qué voy a vivir?” porque te casas pensando que será para siempre y tu vida está organizada y punto.

Entonces es ahora cuando todo se complica, tengo que cuidar a mis hijos pero tengo que pensar en ser independiente. Tengo que cuidar a mis hijos pero tengo derecho a salir con alguien. Tengo que cuidar a mis hijos pero debo hacer ejercicio para mantenerme sana y feliz. Tengo que cuidar a mis hijos pero tengo que comprarme mis chicles… Total que además de cuidar a mis hijos, tengo un montón de cosas por hacer con el poco tiempo que me queda al día.

Ahora no solo es que me hayan metido al túnel del tiempo en cuestión de estar soltera, ahora además tengo que buscar ser independiente económicamente hablando.

Me toca aprender de la nueva generación de mujeres que ya no las educan para el matrimonio, que salen a comprarse sus chicles y de los más caros y aunque tengan hijos, no dejan de trabajar. Admiro mucho a esta generación porque no se conforma ni descuida a su familia, hace lo mejor que puede con el tiempo que tiene y siempre se está preparando para adaptarse al mundo que cambia las condiciones de vida todos los días.

Entonces es cuando veo que soy de la generación anterior, la que me educó a estar en mi casa, con mi familia, atender al marido y pedirle dinero para los chicles, y soy parte de esta nueva generación en la que puedo y debo trabajar y aprender a no depender nunca de nadie para salir adelante.

No es una tarea fácil, la cosa está en lograr el equilibrio, hay cosas a las que no me quiero adaptar. No quiero tener relaciones sin sentido con hombres que no conocen el respeto por tu tiempo cuando lo tienes tan comprometido, no me voy a adaptar a relaciones que no me aportan nada y no me voy a adaptar a situaciones que me parezcan incómodas solo porque “ahora así se usa”.

Me voy a adaptar a trabajar, me llena de satisfacción, me voy a adaptar a una generación de mujeres que me enseñan todos los días el valor incalculable de no depender de nadie, me voy a adaptar a administrar mejor mi tiempo para poder estar con mis hijos pero sin dejar de disfrutar momentos sola, ellos se van a adaptar a ver a su mamá trabajar, correr, reír, salir a divertirse y todo esto sin descuidarlos jamás.

Pertenezco a dos generaciones y pretendo sacar lo mejor de cada una.

 

Prometo vivir.

Vengo llegando de un velorio, ayer fui a otro, en la semana murió la mamá de una querida tía en España y me estoy enterando de la muerte de un chavo que luchó contra la leucemia de manera valiente y hoy perdió la batalla.

Entiendo que debo aprender algo, los últimos días he estado en contacto con la muerte muy de cerca, he visto gente llorar desconsolada llena de tristeza y he visto también la paz de despedir a quien por fin descansa y deja de sufrir.

Dos muertes de gente muy joven que luchó contra el cáncer y dos muertes de gente mayor que vivió una vida larga y merecía descansar.

No puedo pasar por alto la lección y siento una necesidad enorme de escribir. Dejé de hacerlo por mucho tiempo con el pretexto de no tener tiempo, cuando en realidad lo hice por no sentirme vulnerable.

Hace unas semanas abandoné la lucha y abracé de nuevo la vulnerabilidad, me hace sentir más humana, más real, más viva.

No podía dejar esto para mañana, hoy quiero decir que entiendo la lección que me toca, hoy acepto la responsabilidad de vivir plenamente.

Prometo aprovechar mi tiempo, prometo seguir riendo, seguir llorando, seguir tomándome una cerveza con mis amigas y seguirme divirtiendo.

Prometo recuperarme de la lesión y volver a correr, prometo seguir nadando, seguir comiendo tacos de carnitas con maciza, buche y cuerito y prometo comer verduras también.

Prometo seguir intentando meditar sin miedo.

Prometo volverme a enamorar, prometo correr ese riesgo, volver a entregar el corazón y, si se vuelve a romper, prometo repararlo otra vez.

Prometo seguir viajando con mis hijos y sola, prometo llevarlos a Paris y a esquiar y hacer angelitos en la nieve. Prometo ir a África y a las islas griegas, ver las auroras boreales, ir a acampar a la montaña y a seguir viendo atardeceres en la playa.

Prometo hacer algo por los niños que no tienen los privilegios que tienen mis hijos, prometo cumplir ese sueño de visitar niños en la cárcel con Tostada, prometo buscar hacer más y mejor altruismo y prometo educar a mis hijos para ser personas que siempre ayuden a quien lo necesita.

Prometo seguir buscándole hogar a perros abandonados, seguir donando dinero para salvar a la vaquita marina y prometo adoptar un elefante o un gorila (o los dos).

Prometo salir a ver la luna cuando vea que alumbra mi tragaluz y prometo seguir disfrutando cuando a las seis y media de la mañana me despierta el canto de los pájaros.

Prometo seguirles comprando a mis hijos las papas de carrito los viernes y verlos disfrutarlas, prometo seguir riendo con sus burlas y cochinadas. Prometo seguir sufriendo en sus partidos de futbol y seguir gritando cuando juega la selección.

Prometo seguir cantando en la regadera a todo pulmón.

Prometo seguir difrutando caminar con Tostada y trabajar con ella, prometo manejar en carretera con la música que más me gusta y sentirme libre y feliz, prometo seguir disfrutando las noches en que llueve y estoy en mi cama leyendo tomando una cerveza.

Prometo seguir perdonando y aprendiendo, seguir enojándome y seguirme conmoviendo, seguir perdiendo el tiempo cuando eso necesito y aprovecharlo cuando lo demás lo necesita.

Prometo arriesgarme, complicarme la vida cuando sea para aventarme a una aventura que me haga sentir feliz y ser responsable cuando sea necesario.

Prometo pedir consejos y tomar decisiones propias, prometo estar para mis amigas, prometo dejar ir y prometo no sentir rencor.

Prometo seguir escribiendo sin importarme si es inteligente o si estoy compartiendo demasiado, si lo va a leer alguien que me juzgue o si va a ser útil.

Prometo hacer las cosas que más me gusten y tratar de hacer menos lo que no disfruto.

Prometo correr algún día un maratón, nadar en aguas abiertas, subirme a la bicicleta aunque me dé miedo y aprender siempre algo nuevo .

Prometo ser más honesta conmigo misma, autocrítica, quererme mucho y cuidarme siempre.

Prometo escribir un libro y leer las veces que sea necesario Rayuela.

Hoy me siento obligada a vivir…

PROMETO ENTRARLE A LA VIDA.

 

Hace veinte años se me paró el corazón.

Primero de julio de 1998, un día normal, me desperté como cualquier otro sin la más mínima idea de que ese día cambiaría mi vida para siempre.

Tenía 28 años y vivía muy tranquila. Trabajaba haciendo vitrales, tenía un novio que quería muchísimo y él me quería igual, su familia era muy importante para mi y la mia estaba sana y feliz, todo bien.

Era miércoles, no recuerdo qué hice durante el día pero seguramente trabajé feliz diseñando algún vitral o lijando vidrio y fundiendo plomo. Pero recuerdo perfectamente lo que pasó a partir de las 8 de la noche. Esa terrible noche que me colapsó.

Estaba sentada en el sillón del cuarto de tele en casa de mis papás. En unos meses nacería mi sobrina y aunque nunca había tejido ni una bufanda, había decidido intentar hacerle alguna monada. Mi novio no había ido a verme porque ese día llegaban de viaje su mamá y su hermana, habían ido a Boston a visitar a su hermano y quería recibirlas, “me las saludas mucho” le dije cuando nos despedimos por teléfono después de que me avisaba que estaban por llegar. Fue la última vez que hablamos en tono alegre acerca de su hermana, le decían la Nena.

Más o menos una hora después, mientras le cambiaba a la televisión, pasé por el canal dos y estaban las noticias, nunca las veía porque me aburría y soy más de ver series de comedia, sobre todo en la noche. Pero estaba Guillermo Ortega (lo recuerdo tan bien) y dijo algo así como “No se vayan, al regresar un científico explica por qué podría temblar los próximos días en México”… Odio los temblores y por morbosa decidí verlo.

Pasaron los anuncios y yo tejía totalmente concentrada (trataba de dar puntos que se saltaban y no lograba hacerlo bien) así que no estaba viendo la pantalla, de pronto escuché algo así como: “Guillermo, te reportamos que hace unos minutos, hubo un asalto y mataron a Marcela…” cuando dijeron el apellido, me petrifiqué, vi la pantalla y aparecía un coche rojo, la Nena no tenía un coche rojo, tenía que ser un error, de pronto pasaron una foto de su identificación, era ella, pero podía haber una explicación, la habían asaltado en el aeropuerto seguramente, le habían quitado la cartera y habían matado a quien la traía, pensaban que era ella, claro, ¡eso era! la Nena no podía estar muerta, obvio.

Cuando pasaron la escena del crimen, la cabeza de Marcela recargada en el asiento con una sábana tapando el rostro, vi el pelo, me recorrió un escalofrío todo el cuerpo y se paró en el corazón, era ella, era el precioso pelo negro de Marcela que tanto admiraba porque brillaba muchísimo.

No podía respirar, no podía hablar, no me podía mover, el corazón no sabía qué hacer, ahora mismo, mientras lo cuento, se me escurren las lagrimas porque recuerdo el dolor y no se ha ido, he aprendido a vivir con él.

Como no podía moverme, mis papás fueron a verme a la sala de tele, ellos lo habían visto en su cuarto, me encontraron en shock delante de la pantalla temblando con los ojos perdidos.

Quedaba una esperanza, todo podía ser un error, una terrible coincidencia, pero… ¿a quién le hablaba? ¿y si era cierto y mi novio no sabía? ¿y si no era cierto y lo asustaba horrible? ¡¿QUÉ DEMONIOS HACER?!.

Le hablé a una muy amiga mía que era además novia de un primo de la familia, y sí “Diana, mataron a la Nena, me acaba de decir Javo”.

En ese momento logré explotar, por fin lloré sin control, sollozaba y se me iba el aire, quería vomitar, mi mamá me abrazaba y trataba de calmarme, no lo conseguía, mis papás estaban preocupados porque no reaccionaba.

Se me había parado el corazón, no funcionaba.

Horas más tarde me habló mi novio. Con una calma terrible me dijo “tenemos que ser fuertes por mis papás” y me dijo que estaban en su casa pero que él iria a buscar el cuerpo.

“Buscar el cuerpo” lo escribo y el corazón se acuerda otra vez del dolor inmeso. Les pedí a mis papás que me llevaran a su casa, pero para ir teníamos que usar el Periférico, algo cerca de donde había ocurrido todo y les supliqué que no nos fueramos por ahí. Por años no pude usar esas calles, sentía que pasaba por una zona oscura y moría de miedo.

Al llegar a su casa, abracé a su mamá quien me consoló como si yo fuera la que había sufrido la terrible pérdida, recuerdo sentir culpa por estar en ese estado mientras ella, que había perdido a su adorada hija un par de horas antes, se mantenía ecuánime y tranquila.

La casa poco a poco se fue llenando de familiares y amigos que no podían creerlo, la Nena era una mujer muy querida por muchísima gente, era realmente maravillosa, llena de luz, sonreía y se iluminaba, era simpática, alegre, tenía muy buen sentido del humor, cariñosa y no se callaba lo que pensaba pero siempre tenía algo bueno que decir, jamás la escuché hablar mal de nadie.

Con ella iba en el coche su esposo, Rafa, quién había sobrevivido a otro balazo y estaba en el hospital. Era difícil de manejar la situación porque estaba la preocupación de su estado y la profunda tristeza de la pérdida de la Nena.

Lo que siguió, después de horas de angustia, fue el velorio. Lo recuerdo entre tristeza y cariño, no cabía un alfiler, la gente no iba y venía, no, solo venía. Se quedaban todos a apoyar y dar abrazos llenos de amor, unos llorábamos a mares, otros estaban callados en un estado de letargo provocado por una incredulidad enorme y otros rezaban.

Ese día se me paró el corazón, lo sentí, perfectamente, también sentí cuando arrancó de nuevo, pero nunca fue igual.

Ese día cambió mi forma de ver la vida, ese día entendí que estamos sobre un hilito que se puede romper en cualquier momento, ese día me dieron un madrazo de realidad, cualquiera puede venir a quitarte la vida o a quitársela a quien más quieres.

Un par de semanas depués, soñé con ella, traía un suéter rojo y se veía feliz, me decía “Diana, ve y dile a Rafa que estoy con él, a lado de su cama, que no me ve pero ahí estoy”.

Rafa había sobrevivido pero estaba en muy mal estado, físico y anímico. Marcela era su vida, estaban por empezara buscar un bebé, tenían todo un futuro por delante y de pronto, ya no tenían nada… ¿Cómo le dices “dice la Nena que está aquí contigo”?.

Dos meses depués, Rafa no pudo más y se fue con ella, entre tristeza y desolación, todos nos sentimos un poco más tranquilos de saber que lo que él tanto deseaba, se había cumplido. No podía vivir sin la Nena.

Me tomó meses dejar de llorar, mis papás estaban preocupados, no hablaba de otra cosa más que de Marcela y no podía sonreir siquiera. No solo era su muerte, era que alguien le había arrebatado la vida cuando empezaba a vivirla.

Después de algún tiempo, empecé a sentirme mejor, empecé a recordarla otra vez sin la imagen terrible que había visto en la televisión. Era difícil ya que repetían una y otra vez esas escenas de ese día. A cualquier hora y por cualquier lado escuchaba “la muerte de la maestra de Ballet…”

Logré acomodarlo, logré vivir con eso, ahora que se cumplen veinte años, puedo decir que recuerdo a la Nena con muchísimo cariño y que muy seguido pienso en ella y lo que podría ser su vida de no haber sido por esa persona que decidió terminar con ella. Sigo llorando ahora que lo escribo pero aprendí que si la vida es tan frágil, tienes que vivirla al máximo, ya no pienso todos los días “hoy podría morir” (porque eso pensé durante meses y quizá años) pero sí pienso “un día voy a morir, cómo quiero vivir mientras ese día llega?”

He pasado momentos muy difíciles y poco a poco salgo de ellos, me recupero y vuelvo a la lucha, me he demostrado a mi misma que soy resiliente y que aunque me derrumbe (porque sí lo hago), un día levanto un pie, después el otro y va de nuevo.

El día que se me paró el corazón queda en el recuerdo, ese día me morí tantito y después volví a vivir, diferente, más consciente, más realista, con una cicatriz pero también fortaleza.

Te recordaré siempre Nena, siempre siempre SIEMPRE, con tu suéter rojo, tu increíble sonrisa y tu alegría por vivir, y te honraré y les contaré a mis hijos de ti para que sepan que tuvieron una tía que iluminaba el lugar al que entraba. Besos hasta el cielo o hasta donde estés con Rafa y René.

Nunca pude volver a tejer…