Querido tío Cel:

Anoche soñé contigo, no puedo recordar el sueño pero estabas tú, tuve miedo en la mañana porque no quería que signficara que ya te habías ido, pero no, todavía estás aquí y quiero aprovechar para decirte algunas cosas.

Ojalá alguien te lea esta carta porque si la mando por correo, quizá no llegue a tiempo, y estoy segura que ya no te metes a ver tus mails.

Empiezo la carta como la empezaba hace muchos muchos años, cuando te escribía de niña, recuerdo que siempre ponía “Querido tío Cel” y después te contaba cosas de mi vida cotidiana, los últimos acontecimientos y te ponía un poco al tanto de la familia.

Era un placer escribirte, creo que fuiste mi primera experiencia en esto de contar historias. Con cuánta ilusión esperaba ver en el buzón algún sobre de color brillante con una carta tuya. Qué buenos tiempos aquellos en los que las cartas se hacían a mano, de puño y letra y no había “edit” o “undo”, simplemente seguías y corregías con algún tachón.

Amaba los libros para iluminar pequeñitos que me mandabas, recuerdo perfecto uno que traía pollitos y huevos de pascua, tenía mucho amarillo y el sobre era del mismo color, amarillo, un color que ahora me persigue, seguramente desde entonces estaba presente en mi vida (ya te explicaré por qué en nuestro siguiente encuentro).

Hace rato me puse a ver fotos familiares y encontré muchas en donde estamos juntos. Hicimos viajes divertidísimos y las fotos me trajeron recuerdos increíbles.

Tengo fotos contigo en Washington, Baltimore, Annapolis, Virginia, Nueva York, New Hampshire, Oaxaca, Cancun… en todas estás con la misma expresión en la cara, siempre de tranquilidad y placer.

Hay unas en las que estoy pescando cangrejos, me acordé de cuando los comimos después y chillaban horrible en el agua caliente para cocinarlos, yo quería morir y tú morías de risa de la expresión en mi cara.

Hay otras en Nueva York, yo con quince años, 1985, y creo que fue la época en la que peor me veía, plena adolescencia, el peor corte de pelo de mi vida, parecía niño rebelde y traía unos shorts blancos y una playera morada ESPANTOSA con una foto del actor Tom Sellekc porque yo amaba su programa Magnum. Veo las fotos y quiero llorar de pena de lo mal que me veía, al parecer no me la quitaba. Salimos juntos comiendo helado en las calles de Nueva York , en Greenwich Village junto a unas modelos, en Central Park caminando… Fue un viaje en el que además acampamos en un camper donde dormíamos 5 personas, tú, Carol, Jordi, mi tia nena y yo… Recuerdo el calor y los mosquitos y también recuerdo que siempre estabas bromeando (hay una foto en donde aparentemente estás volando con los brazo extendidos y corriendo hacia un barco).

Salimos en muchos lugares posando juntos, pero encontré un par de fotos tuyas posando solo, que me hiceron sentir muy feliz, tienes una expresión tan tuya, siempre contento, siempre sonriendo, siempre de buen humor, siempre bromeando y, sobre todo, siempre disfrutando el momento.

Es como te recuerdo y es lo que más admiro de ti, es con lo que me quedo tuyo, esa lección tan grande espero pasársela a mis hijos. La vida es para vivirse así, con buen humor, viviendo el momento, viajando, estando en contacto con la familia, DISFRUTANDO LA VIDA.

Nunca te hiciste viejo y eso es algo que admiro también, tu cuerpo está fallando, pero tu espíritu siempre ha sido joven. Hace dos meses estabas feliz viajando por la Florida, con el cuerpo cansado pero animado.

Hace unos días le dije a mi mamá “tú decides cómo quieres vivir tu vida, cómo quieres pasar tu vejez. Puedes empezar a aislarte, recluirte porque ya estás grande, dejar de hacer cosas porque ya no estás en edad y estar tranquila en tu casa sin presiones y sin salir porque “ya para qué”, o puedes ser como mi tío Cel, que a los 90 años anda tomando aviones y paseando, disfrutando del sol y el aire libre, comiéndose un helado en algún lugar lindo”.

Yo quiero ser como tú, quiero vivir cada momento con paz y tranquilidad, con bromas y disfrutando a la gente que quiero.

Te agradezco todas esas veces que me invitaste a pasar el verano a tu casa, eran semanas muy divertidas. No te agradezco que me hayas hecho podar tu jardín ni que me hayas hecho manejar de regreso de Washington por un freeway que no conocía, pero jamás voy a olvidar tus bromas y lo bien que la pasaba.

Tengo que confesarte que te nombré “mi Tío el Papa”, porque cuando venías a México, era una revolución familiar, todo se movía para hacer de tu viaje una experiencia increíble, así que si tenía yo algún compromiso, siempre decía “no puedo es que vino a México mi tío el Papa”.

Me siento triste de saber que nos estás dejando, el otro día me dio por llorar. Pero admiro que hasta eso lo estás haciendo con tu estilo propio, tranquilo y dándole paz a la gente que te quiere.

Te voy a recordar SIEMPRE, siento mucho decirlo pero eres mi tío favorito, de todos modos los otros tíos no se van a enterar. No les vayas a decir ahora que te los encuentres “por allá” porque eres capaz de hacerlo solo por molestar. No quiero que me vengan a jalar los pies en la noche, mira que soy miedosa. Amo tus bromas y tu sentido del humor y te voy a agradecer que en sueños te vengas a reir un rato conmigo.

Siempre odiaste las despedidas, lo recuerdo muy bien, pero qué crees, que me estoy despidiendo, y me siento con mucha suerte de poder hacerlo en vida, de poderte decir que te quiero mucho y siempre te voy a querer.

Así como cuando te ibas al aeropuerto y casi sin querer solo decías “nos vemos luego”, te digo lo mismo, porque tengo la certeza de que nos volveremos a ver, a viajar, a disfrutar helados, a ir a museos y a vivir momentos divertidos, espero no traer la playera morada de Magnum ni el horrible corte de pelo, sería una muy mala broma de Dios, pero ¿Sabes qué querido tío Cel?

Te quiero mucho.

NOS VEMOS LUEGO.

2 thoughts on “Querido tío Cel:

Leave a comment