Hoy en la mañana que estaba camino a la escuela, Daniel me dijo de pronto “mamá, hace mucho que no escribes”, no sé cómo lo sabe, él no está muy consciente de lo que hago en las mañanas, por más que les digo que no paro un minuto, a veces tengo la impresión de que creen que en cuanto los dejo en la escuela, me regreso y me echo al sillón a ver la televisión toda la mañana como lo hacen ellos cuando no van a la escuela, ojalá fuera cierto, de un tiempo para acá no tengo ni 5 minutos de descanso y eso ha afectado gravemente mi escritura. Antes me iba a correr y regresando, después de bañarme y desayunar, me sentaba a escribir todo aquello en lo que había pensado mientras corría. Aunque llevo un par de meses de no correr, mi cabeza sigue con muchas cosas que quiere escribir pero no tengo el tiempo, tengo que encontrar la manera de recuperarlo porque me hace muy feliz.
Después de las palabras de Daniel, decidí tomar acción y hoy dedicar la mañana a hacer eso que tanto disfruto, pero basta que sientas que tienes que hacer algo para que ya no puedas hacerlo, cuando es una tarea es casi imposible encontrar la inspiración. De pronto pensé en las palabras de Daniel dichas con tanta seriedad y me pregunté por qué me habrá dicho eso, y llegué a una conclusión: Daniel sabe que eso me hace feliz.
Recordé que hace poco me dí cuenta que a los niños les gustan las mamás felices, no las mamás ocupadas todo el tiempo en cumplir con sus obligaciones, mis hijos prefieren verme muerta de risa que ver el refrigerador lleno de toda la comida sana que siempre les digo que tendrían que comer.
Hace unos meses alguien me mandó un video de un león que seguramente estaba rugiendo, quizá bostenzando, el caso es que el audio está editado con una risa muy contagiosa y parece que el león está muerto de risa, no saben cómo me rio cada vez que veo ese video. Recuero que mis hijos entraron a mi cuarto sorprendidos al escuchar mis carcajadas para ver qué era lo que las ocasionaba, y al enseñarles el video vi que los hacía reír pero no tanto como a mi, lo que verdaderamente les causaba mucha gracia era verme llorar al ver a un león con una risa que no era real…
Pasó el tiempo y un día que estaba tratando de ordenar algo en mi cabeza y tratando de concentrarme haciendo cuentas, aparecieron los dos con su Ipod y el video de el león “mira mamá” me dijeron los dos, y al poner el video volví a llorar de risa, recuerdo perfecto sus caritas de satisfacción al haberme sacado de ese momento aburrido y verme reir tanto, ahora ese video tiene para mi un signficiado muy especial.
Cuando vamos en el coche en las mañanas, escuchamos la música que a mi me gusta, aunque a veces me piden que ponga a Antonio Esquinca, no me hace feliz pero sé que a ellos les divierte así que les hago ese pequeño favor que dura unos 20 minutos, pero cuando se les olvida, vuelvo a poner mi música favorita que saben que es Coldplay. Hace unos días, veníamos en el tráfico infernal del medio día y yo venía callada, tratando de sobrellevar el sueño y el sopor de la peor hora para manejar, cuando más hambre tengo, cuando se suben al coche y apestan a sudor, cuando tengo prisa porque ya hay que comer para ir corriendo al fútbol y vengo pensando en todas las cosas que hay que hacer en la tarde, Daniel venía adelante conmigo y de pronto quitó la música que veníamos oyendo, lo vi moviendo el radio buscando una canción y empezó a sonar “Yellow” de Coldplay, saben perfectamente que esa canción me encanta, me dieron ganas de llorar, me conmovió muchísimo el deseo de Daniel de sacarme de ese momento tan cansado que estaba pasando. Hace un par de semanas venía muy triste por una mala noticia y les dije “no estoy enojada con ustedes, simplemente estoy triste, necesito un poco de paz por favor”, venía manejando en la noche y lo único que quería era llegar a mi casa para ponerme la pijama y dormir, Daniel una vez más lo resolvió poniendo la misma canción, lo abracé y le di las gracias… Si antes me gustaba “Yellow”, ahora tiene un significado más especial.
Los sábados en la mañana es el mejor momento con ellos, tenemos la paz de no tener prisa y Diego en cuanto se levanta va a mi cama a meterse conmigo a las cobijas para platicar un rato, sabe perfecto que adoro esos momentos y con un esfuerzo sobrehumano me hace un poco de “piojito”, lo odia pero lo hace por mi, platica 5 o 10 minutos y luego con su sinceridad que adoro me dice “ya me aburrí, vamos a ver una película aunque te duermas”, y vamos todos al sillón y pone una almohada en sus piernas para que me acueste sabiendo que me voy a quedar dormida. No les importa, saben que igual estoy feliz y ellos también de estar juntos.
Daniel me manda videos de perros rescatados o chistosos a mi cuenta de Instagram, Diego me abraza y me dice “te quiero mother” porque sabe que me encantan los abrazos, Daniel me cuenta chistes malísimos porque sabe que me gustan y Diego me acaricia la cabeza de un modo brusco y torpe creyendo que me gusta (pero me hace feliz su intención).
No soy una mamá muy responsable, se me olvidan muchas cosas, a veces pasan 3 o 4 días pidiéndome que compre leche porque no hay para el cereal. Saben que me distraigo con facilidad y que cuando me platican algo es probable que al final no me acuerde bien de los detalles, pasan días y días con el pelo larguísimo porque odian ir a la peluquería y, ellos no lo saben, pero yo también y me hago de la vista gorda porque me da igual que el fleco les llegue a la nariz, vamos cuando verdaderamente no puedo con la presión social (o sea mi mamá diciéndome que ya se ven horrendos). Todos sus pantalones les llegan arriba de los tobillos porque me da lo mismo y por el momento a ellos también, ya les compraré otros (espero que sea la semana que entra, pobres niños). No siempre estoy de buen humor y me canso muchísimo de cuidar a dos adolescentes que ahora pelean por todo entre ellos y conmigo, no somos la familia perfecta, sin embargo, tienen muy claro que lo más importante es ser feliz, disfrutan muchísimo verme reír, creo que son felices cuando me ven divertida y cuando ven que estoy contenta, no creo que prefieran una mamá perfectamente ordenada que sea capaz de llevar la administración y el manejo de una casa de manera eficiente y sin errores pero seria y lejana, por lo que he visto, lo que ellos quieren es verme reír, quieren verme contenta, un día me dijo Diego “qué padre que tienes amigas que te quieren, qué padre que corres tanto y que cool que rescatas perros”, él sabe que eso también me hace feliz.
Cuando me separé de su papá me angustiaba que hubieran tenido que vivir eso, yo lo último que quería era que vivieran en un hogar dividido, ahora creo que para ellos es mucho mejor vivir con una mamá feliz en su casa porque hace lo que le gusta y disfruta momentos increíbles con ellos y un papá feliz en otra casa porque se siente mejor de estar solo y hay paz en las dos partes de su familia. Ya no me angustia que “les haya pasado” ahora disfruto que lo hayamos logrado.
Diana…no dejes de escribir por favor y eh algún momento de la vida tus hijos deben ver ésto…es increíblemente bello!!!!
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Soy fan nueva… pero me gusta muchísimo leerte Diana. Leer tus pequeñas felicidades diarias me hace feliz 🙂
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Ayyyy Renee!!! Me conmueve muchísimo tu mensaje! Qué manera TAN feliz de empezar el día, muchas gracias!!!!!
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Me encantó!
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