No sé si es cultural o religioso, pero la mayoría de las personas (me incluyo) creemos que lo peor que puede pasar es la muerte.
Ayer me habló una amiga que estaba sufriendo mucho, habían encontrado un perrito en la calle, estaba en mal estado pero parecía que ella podía ayudarlo. Lo llevó al veterinario y pasaron dos días tratando de rehabilitarlo, hasta que ayer le dijeron que tenía una fractura en el cuello y que era muy poco probable que se recuperara, existía la opción de intentar una cirujía, meses de rehabilitación, cirujías posteriores y aún así era probable que no se resolviera nada. Estaba cuadrapléjico, comía pero no podía moverse, lleno de pulgas y hojas secas, sucio y descuidado. Era evidente que había pasado tiempo en la calle abandonado y el corazón de mi amiga no podía soportar la idea de rendirse y que no tuviera una vida digna llena de amor y salud…
Quería mi opinión, sabe que yo también busco siempre el bienestar de los animales. Al saber todo esto le dije que creía que lo mejor era ponerlo a dormir, ella lloraba y me decía que no podía, le costaba aceptarlo y me dijo: -Todas mis historias con perros han sido de éxito, no puedo aceptar que se me muera.
En la noche hablamos con el veterinario, cuando nos dijo que era casi imposible que tuviera una vida sana y que estaba con dolor, decidimos con una tristeza enorme que lo mejor era dormirlo.
Hicimos cita hoy en la mañana y a las 9:30 estábamos en el consultorio, me pidió que pasara yo sola, ella no podía de dolor y yo estoy más acostumbrada a vivir esas escenas (si es que uno se acostumbra). Cuando vi al perrito me dí cuenta que no había otro camino, que era un acto de amor y tenía que dejar de sufrir, su estado era terrible y yo de verdad prefería verlo morir antes que verlo vivir así. En ese momento me entró una duda, ¿será que me ha vuelto fría y calculadora?, ¿por qué prefería verlo morir? Creo que lo que me he vuelto es más sensata y he aprendido a valorar la vida y a respetar la muerte. Todos nos vamos a morir, es parte de la vida y sin embargo lo seguimos viendo trágico.
Lo he platicado ultimamente en varias ocasiones, creo que es un tema que me ronda mucho porque las últimas semanas he visto personas muy queridas morir, y ha sido triste y me está costando trabajo. Obvio también pienso en que no quiero que se muera la gente que más quiero y le temo a que se vayan, no quiero extrañarlos. Yo no tengo miedo a morir, no le temo al “más allá”, pero le tengo pánico a dejar a mis hijos, así que se podría decir que sí temo a la muerte por lo que implica, al mismo tiempo sé que no hay nadie indispensable y que están rodeados de gente que los quiere mucho, seguro estarían bien y se podrían reponer. Los seres humanos tenemos las herramientas necesarias para superar ese dolor, aquí seguimos viendo morir a gente que queremos, vemos como tragedia tras tragedia la humanidad sigue existiendo, y no solo eso, sigue incluso provocando eventos terribles que llevan al dolor y la muerte de miles de personas, y las familias de esas personas siguen viviendo…
Una queridísima amiga acaba de ver morir a su papá, después de unas semanas difíciles, finalmente llegó el momento de dejarlo ir y aceptar que la muerte está entre nosotros, sé que está muy triste, que sufre la pérdida, quizá piensa que será difícil reponerse, sin embargo lo hará, su vida seguirá, y volverá a reír.
El veterinario me preguntó si quería estar presente, le dije que sí, que él estaría siendo apapachado sus últimos minutos. “Bimbo” (así lo nombró mi amiga) se fue perdiendo y su corazón dejó de latir de manera pacífica, sin embargo, sí lloré y bastante (al parecer no soy fría y calculadora), lo acaricié mucho y le dije que tenía que irse, que había sido un gran perrito, y otras cosas que no cuento aquí porque corro el riesgo de que, aunque sé que lo sospechan, confirmen que se me van las cabras… (cosas y creencias mías).
Cuando salí, mi amiga estaba muy triste y lloraba mucho, le dije que a mi me parecía un caso de éxito, ese perrito pudo estar días y días tirado en la calle sufriendo una agonía espantosa, ahora, había tenido una muerte digna, había pasado sus últimos minutos con mucho cariño y era su momento. Fue un increíble acto de amor y no fue su peor desenlace, fue lo mejor que pudo pasarle.
Ojalá estuvieramos más conscientes que la muerte está cerca de nosotros, que es parte de la vida, del ciclo del hombre. Ojalá dejáramos de verla trágica, yo aún no puedo, pero me gustaría hacerlo. Quizá dejaríamos de dar por sentado que hay cosas que podemos dejar para después, como decirle a alguien que lo queremos o hacer algo que deseamos y que no nos atrevemos, y quizá disfrutaríamos más la vida.
Morir no es el peor desenlace, no es lo peor que nos puede pasar, vivir sin vivir sí es trágico, sí es deprimente, sí es lo peor que nos puede pasar…
Ánimo Lorena querida, Bimbo tuvo el mejor final y es un verdadero caso de éxito.