Benditos escritores

No sé qué haríamos si no existieran. Leo desde que era niña, mis papás han leído siempre y seguramente empecé por imitación. Leía una colección que se llamaba “El Club de los Cinco”, de Enid Blyton, que contaba cómo un grupo de cuatro niños y un perro tenían aventuras en los veranos, se llamaban Ana, Julián, Dick, Jorge y Tim, me causaba mucha curiosidad que Jorge era niña, pero se hacía llamar así porque le parecía que le quedaba mejor. Pasadizos secretos, misterios de casas embrujadas, peligros con contrabandistas… era increíble vivir todas esas aventuras que me hacían sentir que estaba con ellos, casi me daban ganas de hacerlos entrar en razón o pedirles que me invitaran a descubrir algún tesoro, los disfrutaba muchísimo.

Hubo un libro que me encantó cuando era adolescente, “El Árabe” de Edith M. Hull. Me lo dejaron en la secundaria, creo que fue mi primer acercamiento con libros románticos y algo éroticos, aunque muy sutil y adecuado a mi edad. La protagonista se llamaba nada más y nada menos que Diana Mayo, y era secuestrada por un árabe llamado Ahmed Ben Hassan (no me acuerdo de lo que hice ayer, pero esos nombres no los olvido). Y es que viví por un tiempo en el desierto dentro de tiendas perfectamente adaptadas con todo lujo y sufrí junto con Diana todas las traiciones, secretos,  aventuras y desventuras de un amor no correspondido…

Muchos libros han pasado por mis manos, o tendría que decir por mis ojos, cerebro y corazón. Tengo una mente que me traiciona a veces por mi mala memoria pero me hace disfrutar enórmente porque goza de una gran imaginación, cuando leo algo lo imagino perfectamente, le pongo color, olor, sabor y sensaciones. Cuando me platican algo pasa lo mismo, hay que tener mucho cuidado con esto porque lo imagino TODO (esto va para los que me conocen y saben que digan lo que digan, crearán imágenes en mi cerebro que no siempre deben estar ahi, no me cuenten intimidades por favor).

Después de una larga lista de libros y de una época de sequía, hace casi dos años decidí formar un club de lectura, somos alrededor de 10 mujeres con vidas ocupadas que hacemos un espacio para poder leer. Algunas son terriblemente rápidas y otras tenemos otro ritmo. Ojalá pudiera dedicar todo mi tiempo para hacerlo, pero al terminar el día y por fin acostarme para leer un rato, se me cierran los ojos y me despierto un par de horas después con la luz prendida y el libro abandonado a su suerte en algún lugar de mi cama.

Hemos leído  22 libros y sus autores nos han hecho sentir muchas cosas. Sufrimos con Amélie Nothomb en “Forma de vida” y nos hizo sentir náuseas, que aunque suene desagradable, a mi me pareció maravilloso que un escritor cause eso en un lector, teníamos algunos problemas para leerlo porque estábamos molestas con el protagonista y, aunque no quisiera contar nada, el final nos dejó pensando mucho…

Almudena Grandes en su “Corazón Helado” nos llevó al mundo de la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y la guerra entre familias… para mi fue fascinante porque mis abuelos vivieron esa época y en la España de esos años que los obligó a huir, si tan solo hubiera leído ese libro cuando todavía vivían, todo lo que hubiera podido preguntar. Fue algo difícil y tuvimos que hacer una reunión especial para poder aclarar y componer el complicado árbol genealógico, sin embargo, es un libro muy recomendable, largo y al principio cansado pero poco a poco todo se va acomodando y después no hay manera de soltarlo porque deseas a toda costa saber el final.

Lloramos con John Green en “Bajo la misma estrella”, la película nos quedó debiendo (como casi siempre sucede cuando has leído antes el libro), sufrimos con Maria Dueñas y “Tiempo entre costuras”, me encantaba que llegara la hora de leer las aventuras de Sira Quiroga, sufría con ella el miedo que sentía y estaba muy enojada con su primer novio…no diré más, pero es un libro que hay que leer, sobre todo antes de ver la serie, misma que también me decepcionó (si ya la vieron, recomiendo leer el libro, es mucho mejor).

Reí con Saramago en “El viaje del elefante”, es complicado leer a este autor, pero si le tienes paciencia, tiene un humor que disfruto mucho y la historia (que resulta ser verdadera) está llena de momentos muy simpáticos contados con mucho ingenio, parece tan inverosímil que podrías pensar que estaba fumando algo mientras escribía…

Rosa Montero nos contó acerca de las mujeres de algunos de los grandes y crueles dictadores de la historia en un libro que a mi me gustó mucho: “Dictadoras”, si ya sentía resentimiento  por esos hombres tan terribles, fue muy interesante conocerlos más a fondo y la relación que tenían con las mujeres en su vida hasta llegar a sentir tristeza y pena por ellas y sus familias (algo curioso, también llegué a sentir asco).

John Katzenbach nos hizo sufrir con “El estudiante”, Javier Moro nos contó la historia de la India de los grandes  marajás en “Pasión India” y yo quería sacar a Anita Delgado de su palacio para vivir una vida feliz. Kenize Mourad nos trajo la historia de Turquía en “De parte de la princesa muerta” y Christine Kabuz nos hizo soñar con ir algún día a Noruega y conocer los fiordos con un libro que entrelaza dos historias en dos épocas diferentes, lo disfruté muchísimo, “En el corazón de los fiordos”.

Hubo un libro en especial que fue precioso, difícil de conseguir y lo tuvimos que leer en inglés, aún así fue amado por todas las que lo leimos, “The memory painter” de Wendolyn Womack. Creo que de todos lo que han pasado por el club, es el consentido (al menos para mi). Yo tenía miedo porque lo recomendé sin saber nada de él, me interesaba el tema, una historia que trata la reencarnación de una manera novelada llena de suspenso, intrigas, traiciones… un libro que te sorprende hasta el último renglón de la última página que te lleva a vivir aventuras a través de diferentes épocas en la historia, pasando por el Egipto de los faraones, los samurái del antiguo Japón, hasta la época actual, MARAVILLOSO.

Carla Guelfenbein nos metió de lleno a dos historias contadas de manera simultanea mientras intentamos descifrar el misterio de la muerte de una mítica escritora en “Contigo en la distancia” nos encantó.

Matilde Asensi nos soprendió con su estilo tan sencillo y tan fácil al mismo tiempo que nos tenía sin poder dejar de leer en “El regreso del catón” y Elena Garro nos decepcionó un poco en “Los recuerdos del porvenir” con opiniones un tanto divididas, algunas esperábamos más…

Hace un par de semanas estaba muy atrasada con “La Isla de las Mariposas” de Corina Bomann, tuve pocos días para leer algo así como 500 páginas y no quería llegar a la reunión que tenemos después de leer cada libro y que me contaran la historia.

Leía cada minuto que tenía disponible, en la comida, en el coche mientras esperaba a los niños, en el estacionamiento del club mientras tenían su clase de fútbol, mientras hacían tarea, antes de dormir…

¿Por qué me gusta leer? porque mientras estaba comiendo sopa de fideo, estaba paseando por las plantaciones de té en Sri Lanka, porque mientras estaba en el coche con el vidrio cerrado estaba sufriendo con la vida de Diana (otra gran protagonista) que estaba tratando de desenmarañar el secreto de la familia mientras acudía al triste entierro de su abuela, porque mientras los niños peleaban en mi casa  yo estaba con Grace tratando de vivir su amor con Vikram, porque mientras se lavaban los dientes antes de dormir yo quería que Diana y Jonathan Sing por fin se besaran.

Fue un libro que viví en pocos días, cuando lo terminé y descubrí junto con Diana el secreto de Victoria y Grace, me quedé triste pensando que las dejaba, que no las vería más, que no volvería a saber de Vikram y que extrañaría profundamente los paseos por los preciosos lugares en Sri Lanka.

Agradezco tanto que existan esas personas que nos hacen salir de la rutina del día a día para llevarnos a lugares increíbles, que nos hacen usar la imaginación para que podamos sentir y entender emociones tan humanas, que nos hagan sufrir con el suspenso y a veces el miedo desde un lugar seguro como puede ser tu cama… Yo no habría intentado encontrar un tesoro en un castillo abandonado cuando tenía 10 años, no hubiera visitado nunca una tienda en el desierto de arabia a los 15, no hubiera sentido la tristeza y la impotencia de una familia deshecha durante la guerra, no habría sentido el coraje  de una mujer que trata de librarse de las garras de un insoportable y lujurioso capataz, no tendría la intención  de visitar Norugea y no hubiera reído con la historia de un elefante que hace pasar las de Caín al capitán del pelotón encargado de su ridículo traslado…

GRACIAS QUERIDOS ESCRITORES, me hacen la vida con sus historias.