Hace unas horas recibí uno de los mensajes más bonitos y esperanzadores que he recibido en toda mi vida.
¿Recuerdan a Emilio?, ¿ese precioso niñito de dos años que junto con su papás y su hermana, está luchando por su vida?. Ayer estuve platicando con mi adorada Casual Chic, quien no solo es tía de Emilio, también es su madrina y lo ama con todo su corazón, y me contaba cómo se sentía llena de paz porque había estado con él unas lindas horas y lo había sentido tranquilo y había aprovechado cada minuto y cada segundo para ser feliz con él. También me dijo cómo le contó un cuento acerca de unas libélulas…un cuento precioso.
Hoy en la mañana tenía qué correr, no es raro que me dé una flojera tremenda, pero por alguna razón, hoy no busqué pretextos, simplemente fui, estaba algo nerviosa porque el entrenamiento de hoy era pesado, incluía una serie de intervalos (correr a tu máxima velocidad) con los cuales tengo una relación de amor-odio. Me gusta sentir la velocidad pero me canso muchísimo.
Cuando estaba a punto de empezar decidí que cada uno se los dedicaría a Brenda, la mamá de Emilio y a Alejandra (Casual Chic) porque han pasado momentos muy difíciles y sería para mi un honor y una motivación extra, no me iba a rendir así como Brenda no se ha rendido, y no porque sea una heroína de novela, simplemente es su mamá, tiene qué seguir y muchas veces he sentido una gran impotencia de querer hacer algo por quitarle la carga que lleva, pero como no puedo, al menos dedico un gran esfuerzo para mandarle mucha luz, toda esa que se crea al pensar en alguien en postivo.
Empecé a hacerlo y de verdad que en cada uno pensaba en ellas, uno para Brenda, uno para Ale…y así. Por ahí del quinto sentí el sol en la cara y el viento fresco en el cuerpo y fui muy feliz, ese se lo mandé a Brenda, el séptimo me costó mucho trabajo, ese se lo mandé a Ale.
Antes de hacer el último, cuando ya sentía que no me quedaba nada en el cuepo, ni fuerza, ni aire, ni un músculo que me pudiera ayudar a terminar, decidí dedicárselo a Emilio, pensé en hacer el mejor intervalo de los diez, toda mi energía para esos preciosos ojos de Emilio.
Sonó la alarma de mi reloj y arranqué con más velocidad que los anteriores, era en la zona más bonita del bosque porque veo el sol a la izquiera y los árboles dan sombra suficiente para no sentir calor, pero alcanzas a ver cada rayo de luz, no bajé del ritmo en ningún momento, y cuando estaba desesperada por oir el aviso de mi reloj diciéndome que mi tortura había terminado, cambié el chip de mi cerebro y dije “anda, con alegría y sin sufrir que Emilio lo merece” y aceleré los último metros, terminé con el corazón en la mano, pero feliz, lo había logrado, fue el más rápido de los diez.
Minutos después de recuperar el aliento, tenía qué correr otros diez minutos a paso tranquilo, lo hice y mientras cambié de música. Apareció “Sky full of stars” y pensé en que Emilio ilumina como una estrella, iba tan distraída cantando que no me dí cuenta y cambié mi ruta, sin quererlo me dirigía a un lugar en los viveros que antes visitaba mucho, la zona de los toreros. Es una explanada que tiene alrededor bancas que ven hacia el centro, seguí mi camino y del lado derecho había un equipo de hombres vestidos de azul haciendo unas rutinas de ejercicios, algo me motivó a voltear hacia atrás y vi una banca donde siempre me sentaba a sentir el sol en la cara y me quedaba disfrutando un momento de paz. Me regresé y me senté en esa banca mientras seguía oyendo la canción, cuando terminó apagué el celular y cerré los ojos, sentí el sol en la cara, la levanté y pensé en un Emilio feliz, lleno de luz, sano y fuerte y enseñándonos a creer… es un niño tan iluminado que nos ha hecho a todos los que lo conocemos (y a los que no, también) ser mejores seres humanos.
Me levanté y en ese momento prendí la música otra vez para seguir corriendo y terminar el entrenamiento, tenía una sensación de tanta paz y amor que no me dolían las piernas, empecé a escuchar una de las canciones más bonitas que conozco, “Miracles”, y en ese momento me detuvo un enjambre de insectos extraño que volaba a mi alrededor, parecían abejas y me sorprendió mucho, me detuve porque me revoloteaban alrededor, pero no eran abejas y no me querían hacer daño, eran libélulas… y me dieron un mensaje muy claro “Emilio estará bien”.
Me paralicé, libélulas en los viveros, recordé el cuento… hoy que le mandé toda mi mejor energía a Brenda, Ale y sobre todo a Emilio, hoy que el sol salió y me iluminó la cara, todo esto mientras escuchaba “Miracles”…
Traté de tomarles una foto, pero no era posible porque volaban muy rápido a mi alrededor… después de unos segundos se fueron, no quedó ninguna…
Mientras salía, pensaba… ¿por qué hoy cambié de ruta?, ¿por qué hoy fui a ese lugar que hace años no visitaba?, ¿por qué me sentía tan feliz después de entrenar tan duro y estar tan cansada?, ¿por qué me senté en esa banca?, ¿por qué escuché “Miracles”? y la respuesta me hizo llorar… porque las libélulas me esperaban…