¿Qué le diría a mi “yo de 20”?

Hace rato vi un video que da 5 consejos a tu “yo de 20” y me hizo pensar mucho. Aconseja ponerte el bikini, comprarte la ropa que te gusta, enamorarte, viajar, tener amigas, etc., etc…

Hace unas semanas me entró lo que yo llamé mi crisis de los #CasiCincuenta o el #YaNoEstoyEnEdad, mis amigas se morían de risa porque usaba esos hashtags para todo. Si me desvelaba, si corría demasiado, si comía mucho, si me invitaban a hacer un triatlón… (ahí no creo ceder), el caso es que entre broma y broma, me pegaba un poco. Un día me desperté muy temprano y una voz interior me dijo “tienes 46 años, estás muy cerca de los 50” y sentí como me iban saliendo canas por segundos.

A partir de ahí estuve pensando en eso, sí acepto que tuve una crisis, con mucho humor, pero crisis (gracias a Dios por el bendito sentido del humor con el que me mandó a esta vida) y mis amigas se reían de mi. Como por arte de magia me empezaron a llegar mensajes o videos que hablaban de lo bien que se ponen las mujeres pasados los 40’s, que son más inteligentes y atractivas, que son maduras y no se andan con mensadas y bla bla bla. Tenía pensado escribir desde hace tiempo un post aquí que se titularía “Ya no estoy en edad” en el que pensaba relatar mi crisis, pero hace un ratito vi este video que habla de los consejos para mi “yo de 20 años” y me quedé pensando en qué me diría, y aquí está:

Ahora que tienes 20 años, usa el bikini sin pena, llegará el día que tendrás gemelos y no podrás usarlo nunca más, ¡póntelo ahora mismo!. Fuera de eso, haz todo lo que estás haciendo, no importa, te diga lo que te diga, harás lo que te dé la gana, y está bien. Todos los errores que vas a cometer, están bien, pero te voy a decir una cosa, no tengas miedo de cumplir 46 años, porque a esa edad estarás increíble.

Deja de pensar que la gente que está cerca de los 50 es muy mayor, porque tiene todavía toda la energía del mundo y ahora sabe más. También deja de pensar que a los 46 ya no hay nada qué aprender, siempre hay algo nuevo e interesante que hará tu vida mejor.

Te vas a enamorar y van a romper tu corazón, varias veces, estará feo… pero vas a salir de todas y con grandes lecciones, y ¿sabes qué? a los 46 todavía tendrás oportunidad de volverte a enamorar, espero que entiendas que sufrir no es malo porque significa que das lo que tienes para dar y así son las cosas que vale la pena vivir. Ánimo, te faltará mucha gente por conocer.

A los 46 años estarás llena de amigas que te quieren bien, que te hacen reír y te acompañan cuando lloras, no serán pocas y las vas a querer mucho y vas a difrutar tu vida con ellas muy cerca de ti.

Vas a aprender a andar en bicicleta, no creas que porque nunca te enseñaron es demasiado tarde, te vas a caer, a dar unos trancazos y qué crees… lo vas a lograr y un día le dejarás de gritar a la gente que se quite de tu camino y lograrás rascarte la nariz sin caerte y saldrás con tus hijos a paseos muy lindos (solo que por favor ya cómprate una bicicleta).

Vas a correr mucho, sí, tu tan vaga que eres ahora, harás lo impensable: ejercicio. Y lo más inverosímil…lo vas a disfrutar, vas a correr más de 20 kilómetros, irás a carreras a otras ciudades y serás feliz

Vas a viajar, deberás de hacerlo más, pero un día, sin creer que podría ser posible, llevarás a tus hijos a un lugar increíble a donde siempre habías deseado ir con ellos, y ¿sabes qué? lo vas a pagar tú con tu trabajo.

Vas a descubrir qué es lo que te gusta tanto hacer, no importa, estudia diseño y dedícate a eso unos años, pero llegará el día en que te encuentres con lo que verdaderamente te hace feliz, será como a los 45 años y no será demasiado tarde.

Vas a disfrutar mucho esta edad, porque lo tienes todo, experiencia, sabiduría, madurez, sentido del humor, amigos, hijos, trabajo, ganas de aprender, ganas de seguir adelante y sobre todo, seguirás creyendo que existe el amor y seguirás creyendo que veniste a esta vida a ser feliz.

Y, para terminar, insisto en que te pongas el bikini, tendrás un embarazo de gemelos que acabará contigo, te abrirán en dos y te marcarán de por vida, pero te vas a dar cuenta que no hay imposibles, tu cuerpo será capaz de cargar con dos bebés, y así con tu distracción y dispersión, verás que podrás cuidar y educar dos niños al mismo tiempo, ellos te harán vivir experiencias increíbles y serás muy feliz con ellos, te sacarán mas canas pero te vas a pintar el pelo, te van a hacer llorar y te van a salir arrugas de cansancio, pero no importa, ya verás más adelante como resuelves ese problema, pero te vas a negar a usar bikini, USALO AHORA, no seas necia, te ves muy bien.

Tienes 20 años, estás en una edad padrísma, no te doy consejos, haz todo lo que tengas que hacer, pero piensa siempre una cosa, a los 46 estarás INCREIBLE.

Benditos escritores

No sé qué haríamos si no existieran. Leo desde que era niña, mis papás han leído siempre y seguramente empecé por imitación. Leía una colección que se llamaba “El Club de los Cinco”, de Enid Blyton, que contaba cómo un grupo de cuatro niños y un perro tenían aventuras en los veranos, se llamaban Ana, Julián, Dick, Jorge y Tim, me causaba mucha curiosidad que Jorge era niña, pero se hacía llamar así porque le parecía que le quedaba mejor. Pasadizos secretos, misterios de casas embrujadas, peligros con contrabandistas… era increíble vivir todas esas aventuras que me hacían sentir que estaba con ellos, casi me daban ganas de hacerlos entrar en razón o pedirles que me invitaran a descubrir algún tesoro, los disfrutaba muchísimo.

Hubo un libro que me encantó cuando era adolescente, “El Árabe” de Edith M. Hull. Me lo dejaron en la secundaria, creo que fue mi primer acercamiento con libros románticos y algo éroticos, aunque muy sutil y adecuado a mi edad. La protagonista se llamaba nada más y nada menos que Diana Mayo, y era secuestrada por un árabe llamado Ahmed Ben Hassan (no me acuerdo de lo que hice ayer, pero esos nombres no los olvido). Y es que viví por un tiempo en el desierto dentro de tiendas perfectamente adaptadas con todo lujo y sufrí junto con Diana todas las traiciones, secretos,  aventuras y desventuras de un amor no correspondido…

Muchos libros han pasado por mis manos, o tendría que decir por mis ojos, cerebro y corazón. Tengo una mente que me traiciona a veces por mi mala memoria pero me hace disfrutar enórmente porque goza de una gran imaginación, cuando leo algo lo imagino perfectamente, le pongo color, olor, sabor y sensaciones. Cuando me platican algo pasa lo mismo, hay que tener mucho cuidado con esto porque lo imagino TODO (esto va para los que me conocen y saben que digan lo que digan, crearán imágenes en mi cerebro que no siempre deben estar ahi, no me cuenten intimidades por favor).

Después de una larga lista de libros y de una época de sequía, hace casi dos años decidí formar un club de lectura, somos alrededor de 10 mujeres con vidas ocupadas que hacemos un espacio para poder leer. Algunas son terriblemente rápidas y otras tenemos otro ritmo. Ojalá pudiera dedicar todo mi tiempo para hacerlo, pero al terminar el día y por fin acostarme para leer un rato, se me cierran los ojos y me despierto un par de horas después con la luz prendida y el libro abandonado a su suerte en algún lugar de mi cama.

Hemos leído  22 libros y sus autores nos han hecho sentir muchas cosas. Sufrimos con Amélie Nothomb en “Forma de vida” y nos hizo sentir náuseas, que aunque suene desagradable, a mi me pareció maravilloso que un escritor cause eso en un lector, teníamos algunos problemas para leerlo porque estábamos molestas con el protagonista y, aunque no quisiera contar nada, el final nos dejó pensando mucho…

Almudena Grandes en su “Corazón Helado” nos llevó al mundo de la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y la guerra entre familias… para mi fue fascinante porque mis abuelos vivieron esa época y en la España de esos años que los obligó a huir, si tan solo hubiera leído ese libro cuando todavía vivían, todo lo que hubiera podido preguntar. Fue algo difícil y tuvimos que hacer una reunión especial para poder aclarar y componer el complicado árbol genealógico, sin embargo, es un libro muy recomendable, largo y al principio cansado pero poco a poco todo se va acomodando y después no hay manera de soltarlo porque deseas a toda costa saber el final.

Lloramos con John Green en “Bajo la misma estrella”, la película nos quedó debiendo (como casi siempre sucede cuando has leído antes el libro), sufrimos con Maria Dueñas y “Tiempo entre costuras”, me encantaba que llegara la hora de leer las aventuras de Sira Quiroga, sufría con ella el miedo que sentía y estaba muy enojada con su primer novio…no diré más, pero es un libro que hay que leer, sobre todo antes de ver la serie, misma que también me decepcionó (si ya la vieron, recomiendo leer el libro, es mucho mejor).

Reí con Saramago en “El viaje del elefante”, es complicado leer a este autor, pero si le tienes paciencia, tiene un humor que disfruto mucho y la historia (que resulta ser verdadera) está llena de momentos muy simpáticos contados con mucho ingenio, parece tan inverosímil que podrías pensar que estaba fumando algo mientras escribía…

Rosa Montero nos contó acerca de las mujeres de algunos de los grandes y crueles dictadores de la historia en un libro que a mi me gustó mucho: “Dictadoras”, si ya sentía resentimiento  por esos hombres tan terribles, fue muy interesante conocerlos más a fondo y la relación que tenían con las mujeres en su vida hasta llegar a sentir tristeza y pena por ellas y sus familias (algo curioso, también llegué a sentir asco).

John Katzenbach nos hizo sufrir con “El estudiante”, Javier Moro nos contó la historia de la India de los grandes  marajás en “Pasión India” y yo quería sacar a Anita Delgado de su palacio para vivir una vida feliz. Kenize Mourad nos trajo la historia de Turquía en “De parte de la princesa muerta” y Christine Kabuz nos hizo soñar con ir algún día a Noruega y conocer los fiordos con un libro que entrelaza dos historias en dos épocas diferentes, lo disfruté muchísimo, “En el corazón de los fiordos”.

Hubo un libro en especial que fue precioso, difícil de conseguir y lo tuvimos que leer en inglés, aún así fue amado por todas las que lo leimos, “The memory painter” de Wendolyn Womack. Creo que de todos lo que han pasado por el club, es el consentido (al menos para mi). Yo tenía miedo porque lo recomendé sin saber nada de él, me interesaba el tema, una historia que trata la reencarnación de una manera novelada llena de suspenso, intrigas, traiciones… un libro que te sorprende hasta el último renglón de la última página que te lleva a vivir aventuras a través de diferentes épocas en la historia, pasando por el Egipto de los faraones, los samurái del antiguo Japón, hasta la época actual, MARAVILLOSO.

Carla Guelfenbein nos metió de lleno a dos historias contadas de manera simultanea mientras intentamos descifrar el misterio de la muerte de una mítica escritora en “Contigo en la distancia” nos encantó.

Matilde Asensi nos soprendió con su estilo tan sencillo y tan fácil al mismo tiempo que nos tenía sin poder dejar de leer en “El regreso del catón” y Elena Garro nos decepcionó un poco en “Los recuerdos del porvenir” con opiniones un tanto divididas, algunas esperábamos más…

Hace un par de semanas estaba muy atrasada con “La Isla de las Mariposas” de Corina Bomann, tuve pocos días para leer algo así como 500 páginas y no quería llegar a la reunión que tenemos después de leer cada libro y que me contaran la historia.

Leía cada minuto que tenía disponible, en la comida, en el coche mientras esperaba a los niños, en el estacionamiento del club mientras tenían su clase de fútbol, mientras hacían tarea, antes de dormir…

¿Por qué me gusta leer? porque mientras estaba comiendo sopa de fideo, estaba paseando por las plantaciones de té en Sri Lanka, porque mientras estaba en el coche con el vidrio cerrado estaba sufriendo con la vida de Diana (otra gran protagonista) que estaba tratando de desenmarañar el secreto de la familia mientras acudía al triste entierro de su abuela, porque mientras los niños peleaban en mi casa  yo estaba con Grace tratando de vivir su amor con Vikram, porque mientras se lavaban los dientes antes de dormir yo quería que Diana y Jonathan Sing por fin se besaran.

Fue un libro que viví en pocos días, cuando lo terminé y descubrí junto con Diana el secreto de Victoria y Grace, me quedé triste pensando que las dejaba, que no las vería más, que no volvería a saber de Vikram y que extrañaría profundamente los paseos por los preciosos lugares en Sri Lanka.

Agradezco tanto que existan esas personas que nos hacen salir de la rutina del día a día para llevarnos a lugares increíbles, que nos hacen usar la imaginación para que podamos sentir y entender emociones tan humanas, que nos hagan sufrir con el suspenso y a veces el miedo desde un lugar seguro como puede ser tu cama… Yo no habría intentado encontrar un tesoro en un castillo abandonado cuando tenía 10 años, no hubiera visitado nunca una tienda en el desierto de arabia a los 15, no hubiera sentido la tristeza y la impotencia de una familia deshecha durante la guerra, no habría sentido el coraje  de una mujer que trata de librarse de las garras de un insoportable y lujurioso capataz, no tendría la intención  de visitar Norugea y no hubiera reído con la historia de un elefante que hace pasar las de Caín al capitán del pelotón encargado de su ridículo traslado…

GRACIAS QUERIDOS ESCRITORES, me hacen la vida con sus historias.

 

 

 

 

 

Libélulas para Emilio

Hace unas horas recibí uno de los mensajes más bonitos y esperanzadores que he recibido en toda mi vida.

¿Recuerdan a Emilio?, ¿ese precioso niñito de dos años que junto con su papás y su hermana, está luchando por su vida?. Ayer estuve platicando con mi adorada Casual Chic, quien no solo es tía de Emilio, también es su madrina y lo ama con todo su corazón, y me contaba cómo se sentía llena de paz porque había estado con él unas lindas horas y lo había sentido tranquilo y había aprovechado cada minuto y cada segundo para ser feliz con él. También me dijo cómo le contó un cuento acerca de unas libélulas…un cuento precioso.

Hoy en la mañana tenía qué correr, no es raro que me dé una flojera tremenda, pero por alguna razón, hoy no busqué pretextos, simplemente fui, estaba algo nerviosa porque el entrenamiento de hoy era pesado, incluía una serie de intervalos (correr a tu máxima velocidad) con los cuales tengo una relación de amor-odio. Me gusta sentir la velocidad pero me canso muchísimo.

Cuando estaba a punto de empezar decidí que cada uno se los dedicaría a Brenda, la mamá de Emilio y a Alejandra (Casual Chic) porque han pasado momentos muy difíciles y sería para mi un honor y una motivación extra, no me iba a rendir así como Brenda no se ha rendido, y no porque sea una heroína de novela, simplemente es su mamá, tiene qué seguir y muchas veces he sentido una gran impotencia de querer hacer algo por quitarle la carga que lleva, pero como no puedo, al menos dedico un gran esfuerzo para mandarle mucha luz, toda esa que se crea al pensar en alguien en postivo.

Empecé a hacerlo y de verdad que en cada uno pensaba en ellas, uno para Brenda, uno para Ale…y así. Por ahí del quinto sentí el sol en la cara y el viento fresco en el cuerpo y fui muy feliz, ese se lo mandé a Brenda, el séptimo me costó mucho trabajo, ese se lo mandé a Ale.

Antes de hacer el último, cuando ya sentía que no me quedaba nada en el cuepo, ni fuerza, ni aire, ni un músculo que me pudiera ayudar a terminar, decidí dedicárselo a Emilio, pensé en hacer el mejor intervalo de los diez, toda mi energía para esos preciosos ojos de Emilio.

Sonó la alarma de mi reloj y arranqué con más velocidad que los anteriores, era en la zona más bonita del bosque porque veo el sol a la izquiera y los árboles dan sombra suficiente para no sentir calor, pero alcanzas a ver cada rayo de luz, no bajé del ritmo en ningún momento, y cuando estaba desesperada por oir el aviso de mi reloj diciéndome que mi tortura había terminado, cambié el chip de mi cerebro y dije “anda, con alegría y sin sufrir que Emilio lo merece” y aceleré los último metros, terminé con el corazón en la mano, pero feliz, lo había logrado, fue el más rápido de los diez.

Minutos después de recuperar el aliento, tenía qué correr otros diez minutos a paso tranquilo, lo hice y mientras cambié de música. Apareció “Sky full of stars” y pensé en que Emilio ilumina como una estrella, iba tan distraída cantando que no me dí cuenta y cambié mi ruta, sin quererlo me dirigía a un lugar en los viveros que antes visitaba mucho, la zona de los toreros. Es una explanada que tiene alrededor bancas que ven hacia el centro, seguí mi camino y del lado derecho había un equipo de hombres vestidos de azul haciendo unas rutinas de ejercicios, algo me motivó a voltear hacia atrás y vi una banca donde siempre me sentaba a sentir el sol en la cara y me quedaba disfrutando un momento de paz. Me regresé y me senté en esa banca mientras seguía oyendo la canción, cuando terminó apagué el celular y cerré los ojos, sentí el sol en la cara, la levanté y pensé en un Emilio feliz, lleno de luz, sano y fuerte y enseñándonos a creer… es un niño tan iluminado que nos ha hecho a todos los que lo conocemos (y a los que no, también) ser mejores seres humanos.

Me levanté y en ese momento prendí la música otra vez para seguir corriendo y terminar el entrenamiento, tenía una sensación de tanta paz y amor que no me dolían las piernas, empecé a escuchar una de las canciones más bonitas que conozco, “Miracles”,  y en ese momento me detuvo un enjambre de insectos extraño que volaba a mi alrededor, parecían abejas y me sorprendió mucho, me detuve porque me revoloteaban alrededor, pero no eran abejas y no me querían hacer daño, eran libélulas… y me dieron un mensaje muy claro “Emilio estará bien”.

Me paralicé, libélulas en los viveros, recordé el cuento… hoy que le mandé toda mi mejor energía a Brenda, Ale y sobre todo a Emilio, hoy que el sol salió y me iluminó la cara, todo esto mientras escuchaba “Miracles”…

Traté de tomarles una foto, pero no era posible porque volaban muy rápido a mi alrededor… después de unos segundos se fueron, no quedó ninguna…

Mientras salía, pensaba… ¿por qué hoy cambié de ruta?, ¿por qué hoy fui a ese lugar que hace años no visitaba?, ¿por qué me sentía tan feliz después de entrenar tan duro y estar tan cansada?, ¿por qué me senté en esa banca?, ¿por qué escuché “Miracles”? y la respuesta me hizo llorar… porque las libélulas me esperaban…