Un maratón que no fue de 42 km.

Screen Shot 2015-09-02 at 5.29.31 PM

Esta es la historia de un maratón que no fue de 42 kilómetros.

Hace varios meses tuve que dejar de correr, me venía bien el descanso después de varios años de no parar pero eso sí, le subí a la báscula un par de kilos y los jeans se vieron afectados, no puede uno comer como si estuviera entrenando, sin correr. Las matemáticas son exactas, lo que no consumes se guarda.

Pero llegó a mi vida la historia de Kenneth, la que he contado varias veces. Hace unas 6 semanas que supe que lo había conocido Xó, y ella Gris y yo, decidimos hacer todo lo posible por ayudarlo en su sueño de ser atleta paralímpico. Ellas ya estaban en la recta final de su entrenamiento de meses para correr el maratón de la Ciudad de México y yo iba en la recta perfecta que se iba convirtiendo en curva por llevar más de 4 meses sin correr. Pero me conmovió tanto la historia que en ese momento decidí unirme a ellas en la aventura de “correr con causa” y vender los kilómetros para ayudar a Kenneth a comprar una silla de ruedas de pista y encaminarlo a cumplir su sueño, le hacía falta muchísimo dinero.

“Yo corro medio maratón y vendo los 21 km que corra”, a lo que Gris me dijo “Seguro vendes más”, pero honestamente yo no lo creía, para empezar ya me parecía lo suficientemente difícil correr medio maratón en un mes sin haber corrido por tanto tiempo, estaba empezando casi de cero, y pensar en vender kilómetros me parecía una tarea casi imposible, “¿quién los va a comprar?” pensaba todo el tiempo.

Fui a hablar con Pedro, mi entrenador, y le dije que quería correr medio maratón en un mes, se encogió de hombros y me dijo “ok, no irás por tiempo supongo, vamos a tratar de trabajar en la resistencia”, hasta risa me dio, Pedro sabe que NUNCA voy por tiempo y que odio la resistencia, pero no había de otra, era eso o no correr. Todos los días me daba instrucciones porque íbamos viendo poco a poco como reaccionaba mi cuerpo, yo no tenía idea de cómo lograr 21 km después de tratar de correr 8 y casi morir en el intento, pero quería hacerlo.

Empezó mi campaña “mediática”en facebook, compartí la historia y Xó nos presentó con Aquiles, un cuate padrísimo que inmediatamente se unió a la causa y nos ayudó haciendo videos que nos ayudaron mucho, hicimos un equipo increíble con Berna, un chavo que ha corrido también con causa y que sabe cómo manejarlo, nos asesoró y poco a poco todo empezó a fluir, los donativos empezaron a llegar y yo empecé a creer que lograría vender mis 21 km y que en una de esas los corría sin gatear en la meta.

Corrí todos los días, entrené exactamente como me dijo Pedro, cuando no podía en la mañana por ser vacaciones de verano y estar con mis hijos en la casa, me iba al club en la tarde con ellos y en la caminadora le daba duro. Traté de comer mejor y empecé a tomar muchos jugos de verduras, espesos terribles pero yo sabía que me ayudaban a estar más fuerte. Mucho pescado, muchos líquidos y poco a poco la curva de la cadera se fue haciendo menos pronunciada y los jeans me lo empezaron a agradecer, poco a poco me fue costando menos trabajo correr 8 km y empezaba a correrlos con mejor ritmo.

De pronto cumplí con la venta de mis 21 km y no podía de felicidad, ¡ya solo me faltaba correrlos! pero  la meta no era mia, era para Kenneth y nos faltaba bastante para la silla, así que avisé en facebook que iría por la venta del maratón completo aunque no lo corriera, y siguieron cayendo los donativos.

Es impresionante como te sorprende la gente, personas que tengo más de 20 años de no ver me mandaban fichas de depósito, la gente confiaba en la causa y se sentía con ganas de ayudar a Kenneth. Todo esto me empezó a inspirar muchísimo a seguir entrenando. Llegué a considerar el intentar correr el maratón completo, de alguna manera, caminando, gateando, arrastrándome, quería cumplir con los que estaban donando…..pero lo hablé con Pedro y me dijo que no tenía sentido, era muy arriesgado y podría sufrir una lesión y dejar otra vez de correr por mucho tiempo.

Me daba mucha pena vender kilómetros sin correrlos, hasta que entendí que no necesitaba cubrirme de gloria, el objetivo era muy claro, era la silla para Kenneth, no el éxito personal ni convertirme en una heroína de película de Hollywood, pero lo que sucedió ese día fue digno de una película del tipo de Libertad Lamarque, uno de los días más emocionantes de mi vida.

El día anterior, el sábado, había quedado de ir con la Che al parque acuático El Rollo, era cumpleaños de su hija y llevaríamos a varios niños. La fecha no era la mejor, pero pensé que me subiría a un par de toboganes y el resto del día me lo tomaría con calma, estaba muy tranquila porque por primera vez iba a correr sin lesiones ni dolores, sin hazañas ni dramas. Pero me subí a “El Péndulo” un tobogán de lo más divertido pero de lo más violento, casi caída libre al empezar y sentí en el cuello un dolor como si me hubieran dado una puñalada…vi mi carrera irse por la borda, esos segundos que dura la caída en el tobogán pasaron ante mi como horas de tortura por no poder correr con tanto entrenamiento que había hecho. Me daba entre risa y preocupación, no podía ser que yo corriera en paz, no, ¿tenía que ser dramático?, bueno pues pasamos el resto del día en El Rollo, fui al servicio médico y me dijeron que era una contractura no muy fuerte ya que podía mover el cuello.

Cuando regresamos en la noche, me seguía doliendo, cuando por fin encontré al doctor me dijo que me inyectara, eran las 9 de la noche, y tenía yo ganas de llorar, sentía que la cabeza estaba pegada al cuerpo sin cuello, algo así como Cuauhtémoc Blanco, así que con toda la flojera del mundo fui a comprar la medicina y después a un hospital que está por mi casa que es de monjitas. La única que no era monja (era de esperarse) me dijo que sin receta médica no me podía poner nada, así que muy seria y dramática les dije “llevo un mes entrenando para una carrera que tengo que correr mañana y no es opcional, si no me inyecta no puedo correr”, traté de que se escapara una lágrima para hacerlo más dramático pero soy muy mala actriz. Una monja se conmovió y le conté la historia de Kenneth, así que me dijo que firmara un papel donde me hacía responsable, lo firmé y santo remedio.

Al día siguiente sentía dolor, no tan fuerte, pero me molestaba bastante, estaba muy preocupada y pensaba que si no podía correr estaría defraudando a todos los que querían verme con mi playera roja corriendo por el sueño de Kenneth. En ese momento de preocupación me llegó una foto…era él en una silla de pista, a la salida del primer bloque, con una sonrisa de satisfacción que me enchinó la piel y me sacó lágrimas, y no crean que de esas que solo se asoman y se escurren por la cara, no, eran de una emoción tal que casi sollozaba. Eso era por lo que habíamos empezado todo, ese era el propósito, conseguir la silla que Kenneth necesita para entrenar y ser el atleta que él quiere ser.

Screen Shot 2015-09-01 at 1.12.09 PM

Me vestí y me fui. No iba a empezar en el km 0, había decidido empezar en el km 21. Fui al Auditorio Nacional y vi pasar a algunos corredores elite, a los Kenianos, a unos que iban casi volando y decidí esperar a que pasara un contingente que fuera más lento, se me hacía una falta de respeto entrar con los que van a cumplir metas de tiempo. Iba con Ana, mi querida amiga que casi siempre me acompaña y que me impulsa mucho. Y de pronto, cuando estaba tomando fotos de mis brazos donde había escrito los nombres de todos los que habían donado dinero, me grita Ana “¿no es ese Kenneth?” y veo pasar volando a un hombre de playera roja con una silla de pista, era él, le grité y me dio mucha emoción, la gente me dijo que lo alcanzara, lo intenté pero era obvio que no había manera. Otra vez me puse a llorar….

Empecé la carrera y entramos a Chapultepec, el clima era perfecto, nublado, fresco y sin lluvia. Había hecho un playlist especial para cada momento, al empezar música tranquila para no ir a una velocidad que me quemara, y cuando estaba rodeada de bosque estaba escuchando la música de la película de “La Misión”, fue un momento divino para mi porque me acordé que hacía 5 semanas no estaba corriendo nada y que en ese momento estaba empezando una carrera por una causa increíble, volví a llorar…De ahí en adelante seguí, siempre concentrada en hacer una carrera inteligente porque me sentía muy insegura. El domingo anterior había hecho 18 kilómetros en un entrenamiento y me habían dejado tirada en el piso, fue tan agotador que no me pude parar para ir a tomar agua y había ido gateando por mi botella, no estoy exagerando, no me podía mover y estaba muy nerviosa pensando “¿de dónde saco 21 km con subidas y en concreto si no puedo correr 18 sin tirarme y gatear?”, así que iba concentrada en hacerlo tranquila.

Es impresionante lo que vives en el maratón, absolutamente toda la ruta está llena de gente apoyando y gritando, tengo que decir que por la zona de La Condesa me hicieron llorar varias veces con tantas porras, te reparten agua, Coca Cola, plátano, naranja, chocolates…yo fui comiendo todo el camino y bebiendo todo el tiempo, pensaba que eso haría sentirme bien y así fue. La gente te da la mano, te impulsa, quiere que te sientas bien y se transmite la buena vibra.

Vi a algunas personas conocidas y me dio mucha emoción, Ana iba feliz y me dio mucho gusto. Yo seguía concentrada, tenía ganas de llegar al km 15 para pensar que solo me faltan 6, como tres vueltas a los Viveros, donde a veces entreno, veía de vez en cuando mis brazos con los nombres de las personas que habían donado y me servía de inspiración.

Screen Shot 2015-09-01 at 1.13.51 PM

De pronto… a lo lejos…veo un señor bastante parecido a mi papá….con una cámara fotográfica colgada al cuello, viendo para otro lado medio distraido, pero lo abracé con todo el impuslo que llevaba (casi lo tiro) y me puse a llorar, nunca me habían visto en una carrera porque siempre pasaba algo extraño….y mientras lloraba de emoción vi a mi mamá atravesarse para saludarme y la abracé con todas mis fuerzas, casi la rompo porque es como una varita de nardo, frágil y flaquita, llorando y llorando de emoción, seguí y a 5 pasos vi a mi tía María, mi segunda mamá y oootro abrazo fuerte, me sentía tan feliz que solo le pude decir “¡ya voy a acabar!” y me fui…unos metros después estaba la porra del equipo Run and Run…me dio emoción y vi a Pedro…me lancé a abrazarlo sin pensarlo, no creo que en otra carrera me haya sentido tan feliz como en esta, “¡CORRE!, ¡SIGUE!, ¡NO PARES!” me gritó Pedro.

Venía la subida más pesada, faltaban unos 4 kilómetros y la entrada al estadio y cruzar la meta, iba bien, cansada pero sabía que lo iba a lograr….cuando me acerqué a la zona de CU aceleré un poco, venía escuchando la canción “where the streets have no name” de U2, seguí corriendo pensando que pronto podría ver a mis hijos, le había pedido a su papá que tratara de llevarlos, y cuando cambió la canción y empezó la última que había escogido para entrar, vi la mejor escena que he visto en mi vida, a mis hijos buscándome, con cara de cansados….y no pude de emoción, me paré a abrazarlos y a llorar (otra vez) y le pedí a un policía que los dejara correr conmigo, se volteó para otro lado como diciendo “yo no estoy viendo nada ni me voy a dar cuenta si se brincan la valla”, los pasé por los barrotes y empezamos a correr juntos, la canción que sonaba era “Yellow” de Coldplay, una versión en vivo que me ha acompañado durante 4 años en mis carreras….Llorando me di cuenta de cuántos sueños estaba cumpliendo, ver a mis papás, ver a mis hijos, correr con ellos y conseguir el dinero suficiente para impulsar a Kenneth en su sueño. En ese momento pasaron ante mi todos los mensajes que la gente me mandaba avisándome que había donado, la foto que me había mandado Kenneth en la mañana, mis hijos corriendo conmigo, mis papás llorando de emoción….era una película, era el final perfecto.

Screen Shot 2015-09-01 at 1.12.54 PM

Cruzando la meta con mis hijos de la mano levantando los brazos me di cuenta que había sido un maratón de casi cuatro años, era el final de un periodo de recuperación y crecimiento, era la meta que me había propuesto cruzar tantas veces y que por primera vez sentía verdaderamente mia.

He corrido varias carreras, algunos medios maratones, todos muy felices, pero correr con causa me hizo descubrir muchas cosas que se quedan conmigo para siempre. Todo cobra sentido de pronto, todo lo que he pasado me ha dejado cosas buenas, la vida por todo lo malo, algo bueno te da, y siempre lo supera.

Ha sido para mi un proceso de 4 años….poco más de 42 kilómetros he corrido en este tiempo, y esa meta con mis hijos fue la más importante de mi vida.

Así que espero que no se sientan defraudados por no haber hecho la hazaña de correr 42 kilómetros, porque lo que hice fue correr llena de inspiración por todos los que nos apoyaron, ahora Kenneth tiene, gracias a todos los que nos ayudaron, una silla especialmente hecha para él, empieza su sueño, ahora le toca a él seguir, siempre con nuestro apoyo y cariño. Ahora me toca a mi seguir también ayudando a gente que como yo, pasa por periodos complicados y decirles que siempre puede haber un final feliz, siempre hay metas que cruzar, ya sean de 5, 10, 21 o 42 km….no es la distancia que corres, es lo que pasas en el camino lo que vale la pena vivir.

GRACIAS A TODOS LOS QUE DONARON para que Kenneth pudiera comprar su silla, han hecho la diferencia en la vida de una persona para siempre.

GRACIAS KENNETH por ser inspiración, ahora sé que se puede hacer lo que uno quiere, se debe soñar y se pueden cumplir esos sueños.

GRACIAS AQUILES por tanto apoyo, por los mensajes que nos mandaste para motivarnos y para seguir con la causa cuando nos sentías cansadas, pero sobre todo gracias por ayudar a que mis hijos fueran a la carrera.

GRACIAS BERNA por ayudarnos a conseguir tantos donativos y por tu apoyo.

GRACIAS A CESAR, que llevó a Daniel y a Diego para ver, sentir y entender el por qué me paraba todos los días a entrenar. La lección para ellos fue maravillosa, vieron pasar a Kenneth y se emocionaron mucho, “¡iba en su silla mamá!”

ESTAN EN MI CORAZON GRIS Y XO…las quiero para siempre y me siento agradecida de que estén en mi vida.

GRACIAS A TODOS  por sus felicitaciones, espero que no se sientan decepcionados.

GRACIAS A LA VIDA por enseñarme tanto, gracias por hacerme correr un maratón de 4 años que culminó en una meta tan feliz.

Screen Shot 2015-09-01 at 1.12.42 PM