Algo más que la dopamina…

Para mi, correr siempre ha sido más que dar un paso tras otro a ritmo veloz juntando kilómetros….para mi fue en su momento una salvación, después una terapia, y ahora es simplemente un placer. No es fácil, todos los días en la mañana me da muchísima flojera, no crean que soy el tipo de corredora que se levanta llena de ánimo y dice viéndose en el espejo “¿qué tal unos kilómetros? ¿eh? ¡VAMOS! ¡CON ACTITUD!” ….no….nunca….never…Siento decepcionarlos pero mi actitud nunca es esa. Sin embargo me visto, y, murmurando entre dientes, como lo hacía Lindo Pulgoso, voy diciendo “no sé por qué hago esto, tendría que regresar a mi cama, tendría que tomarme un rico café….tendría que volver a mi vida de antes, donde era un rica floja de pacotilla y no hacía nada por mi salud”. Sin embargo voy a dejar a mis hijos a la escuela y de ahí casi sin pensar (más bien tratando de no pensar) me dirijo al lugar donde siempre llego con cara de fuchi y le digo a Pedro “no tengo ganas de correr”, él está tan acostumbrado a mis malos modos matutinos que ya ni caso me hace, siempre le pregunto qué tengo qué hacer, me dice, me quejo, le vale, y yo termino haciendo lo que me sugiere (ordena) que haga. Y al final salgo siempre igual, total y absolutamente feliz. Es por eso que sigo llendo, porque sé que esa sensación me dura el resto del día.

Ahora les voy a contar por qué otras razones corro. Por la gente que conozco.

Todo empezó un día ya muy conocido entre mis amigos….mi famoso “breakdown en los viveros”. Llevaba poco tiempo de correr y un buen día me solté llorando como Magdalena (se queda cortita) y un alma caritativa tuvo a bien estar conmigo en ese proceso de moqueo y lagrimeo grave que terminó en una amistad muy fructífera ya que gracias a él conocí a Pedro, mi entrenador. Él  no sólo me ha enseñado a correr, me ha presentado gente increíble que se ha quedado en mi vida para siempre. Así que si regresamos a ese día (que por aquí anda en un post de por ahí de junio del 2012) podemos decir que estaba escrito que tenía que pasar por eso para llegar a donde estoy ahora. Con una cantidad de amigos corredores increíbles que hacen mi vida muy divertida.

Entre esos amigos se encuentran mis queridas Gris Chagoyán y Xó la Shihuahense…con ellas me fui a Veracruz a correr medio maratón y hace unos meses, casi cuatro, me inscribieron al Medio Maratón Rock’n Roll México D.F. En ese momento les dije que yo no podía porque salía carísimo y me parecía lejano y medio “furris” la verdad….pero la Gris me dijo que luego se lo pagaba y que pasaría rápido el tiempo.

Este domingo fue el tan esperado medio maratón. Las cosas no pintaban bien. Para empezar yo llegué algo cansada del medio maratón de Veracruz en enero, así que unos días no entrené y después me costó mucho trabajo agarrar ritmo para regresar y entenar para este medio. Entré a un proyecto padrísimo de trabajo y me ha costado mucho regresar al diseño, me gusta y lo hago encantada, pero movió todo mi horario, así que corro menos que antes. Eso no le ha gustado nada a Pedro, a mi menos, pero tengo que encontrar la manera de organizarme y equilibrarlo. Gracias a que mi querida Ana CriCri decidió correrlo conmigo también y corre a mi ritmo y tiene buena actitud, pude entrenar un poco más en esos días en que la flojera  y el poco tiempo me boicoteaban muy fuerte.

Este domingo fue carrera a las 6:30 de la tarde. El clima no nos estaba ayudando nada, desde el día anterior Gris, Xó, Ana y yo estábamos sufriendo pensando en qué haríamos si llovía a cántaros, porque ese era el pronóstico de todas las páginas del clima…(créanme, las revisé todas). Fue difícil decidir qué desayunar, qué comer….cuánta agua tomar….Y es que estamos acostumbradas a correr casi de madrugada, las carreras generalmente empiezan a las 7 de la mañana y sabes que no te cabe gran cosa y que de hecho es mejor comer tan solo algo que te ayude a no ir con el estómago vacío. Pero no sé si les he dicho que yo sin comer soy una persona muy fea, el carácter se me pone horrendo y me vuelvo intolerante e insoportable….eso me tenía realmente preocupada porque sabía que tenía qué comer, pero no cuánto. No quería llegar con hambre pero tampoco quería llegar con la comida en la garganta. A ellas les pasó lo mismo y desde temprano estuvimos chateando tratando de organizar todo el numerito, preocupadas por la lluvia y el frío pero la verdad muertas de risa de nuestros pronósticos. La carrera empezó para mi desde ese momento.

Quedamos de vernos en mi casa a las 4. Todas muy puntuales tratábamos de decidir qué ropa llevar, si dejar algo en el coche, o en el guardarropa o cargarla….¿y si llovía? Podía pesar la chamarra que llevaríamos amarrada a la cintura (suponiendo que nos diera calor al correr y tuviéramos que quitárnosla). No lográbamos decidirlo. Se nos ocurrió hacer unos impermeables con bolsas de basura (que resulta que eran rosas y lindas) para llevarlos en caso de lluvia. La organización de la carrera (quiero decir que me sorpredió lo bien hecha que estuvo) nos había enviado un mensaje diciendo que llovería y que tuviéramos cuidado con el piso porque iba a estar resbaloso. No no…de verdad que no nos ayudaba nada….Pero ahí vamos las cuatro a la aventura, o como le dice la querida Gris “a nuestra aventura goooeeeyyy” (es tan chistosa, siempre que tenemos una carrera, la llama una aventura, y sí…sí lo es, Gris siempre con la mejor actitud).

Cuando llegamos, no estaba lloviendo, ya íbamos de gane. Tres horas pasamos frente a la cajuela del coche tratando de decidir si dejábamos ahí la ropa seca o la llevábamos al guardarropa…por fin nos fuimos sin nada, con el puro “impermeable rosa” doblado en la cangurera por si las dudas y tratamos de aguantar el frío. Una hora y media estuvimos paradas, divertidas viendo a la gente llegar, tomarse fotos, tomándonos fotos (Gris ama las “selfies”) y rezando para que no lloviera. Por fin empezamos a calentar y estirar las piernas. Era el primer medio maratón de Ana así que tratábamos de decirle lo más adecuado y en un intento de calmar sus nervios la distraíamos…estoy segura que no lo logramos.

Unos 20 minutos antes de arrancar nos metimos a lo que le llaman “corrales de salida”, es decir, con toda la gente en el lugar en el que vas a ir caminando hacia la salida porque no salimos todos al mismo tiempo, van dejando salir por grupos de gente que se clasifica por tiempos. Al inscribirte pones más o menos en cuánto tiempo piensas hacer la carrera, yo siempre pongo el mayo rango posible, así no quedo mal con nadie (como si a alguien le importara) pero no me gusta empezar hasta adelante con los más veloces porque me acelero y entonces trato de seguir su paso y ahí si pierdo antes de empezar toda la gasolina que pueda tener.

En esos “corrales” estábamos pisando una especie de barro porque no era precisamente lodo. La carrera empezó en el hipódromo y el lugar en el que estábamos paradas es justo de donde salen los caballos a correr….qué adecuado….pero era un poco incómodo. Y no tanto estar paradas, más bien caminar y sobre todo empezar a correr, dijeron que serían solo 200 metros de ese barro incómodo, al que yo le decía que parecía arena movediza y Xó se burló un poco….pero de verdad estaba feo.

Salimos a las 6:40 de la tarde y todavía había algo de luz de día. La idea de la carrera era que corrieras sin música ya que habría bandas a lo largo del recorrido, pero yo no puedo. Siempre hago un “playlist” especial para motivarme. Las cancione que escojo me motivan a seguir y no pensar en cuántos kilómetros me faltan o en el tiempo o en la incomodidad de estar corriendo en calor o frio.

En este caso era frío…pero se quita a los 10 minutos. La verdad el ambiente estaba muy agradable, se sentía a la gente feliz corriendo (no es que haya visto nunca a nadie llorando pero la energía se sentía diferente a otras carreras). Era la primera vez que se corría en México, las bandas la hacían divertida, pero sobre todo creo que el hecho de que no estuviera lloviendo nos dio a todos una gran tranquilidad.

Cuando empezó a anochecer la ciudad se veía preciosa. Nunca había corrido por Reforma de noche y era un espectáculo. Ya desde la calle Ejército Nacional empezaron a prender las luces y me dio mucha emoción. Ahí estaba yo con mis amigas corriendo por las calles de mi ciudad en la noche un medio maratón. Creo que siempre que empieza una carrera me pasa lo  mismo, cuando llevo un kilómetro me entra la felicidad al cuerpo (luego se sale) pero en ese momento soy muy muy feliz.

Todo iba muy bien, los primeros 10 kilómetros fueron espectaculares. Divertidos por ver a algunos corredores disfrazados. En especial me acuerdo de haber corrido un buen rato junto a “Slash”, el guitarrista de Guns N’ Roses (esa nota fue para mi papá….lo malo es que no sé si sepa quiénes son Guns N’ Roses…) bueno, un tipo con una peluca de chinos negra enoooorme, sombrero de copa, una guitarra colgando (espero haya sido muy ligerita) pulseras, lentes, estoperoles….todo el numerito completo. Yo a duras penas aguanto una cangurera delgada y plana en la cadera y me choca llevar amarrada una playera a la cintura (de hecho Gris quería en un principio correr con pelucas, y con todo lo que yo la quiero me negué rotundamente) y veía yo a este personaje y me causaba intriga saber si terminaría así los 21 km.

Pasábamos por los lugares por donde estaban las bandas y como no es mi tipo de música (demasiado pesado) no me quitaba los audífonos. Cuando nos dirigíamos hacia el Ángel de la Independencia me entró otra vez mucha emoción, se veía increíble iluminado y cambiaba de color….naranja, morado, verde, azúl, amarillo….y de verdad me di cuenta de lo bonita que es la ciudad de noche. Ana y yo íbamos juntas, Gris y Xó se habían adelantado porque son mucho más rápidas, de hecho a veces me pregunto si Gris le pone coetes a sus tennis…. Y nos tomamos la obligada “selfie” a los pies del Ángel.

Había mucha gente en las calles echando porras y animando. No tienen idea de lo que nos sirve a los que vamos corriendo. No necesitas conocer a las personas que te dan ánimo para que esto sirva…es impresionante la energía que transmiten y te hacen querer seguir y terminar bien. Si un día tienen oportunidad, salgan a las calles de la ciudad para animar a los corredores en una carrera, estoy segura que es mutuo el sentimiento entre corredor y espectador, es algo muy especial. Había niños que te “chocaban” las manos y es encantador. Yo veía a mi querida Ana disfrutándolo y chocando manos con cuanta gente se la daba….Había puestos de hidratación casi cada 2 km….lo cuál agradeces en el alma porque yo tomo mucha agua cuando corro, eso me hace sentirme muy bien.

Por ahí del km 13 empezaron las subidas. De Reforma nos pasaron a una lateral del Periférico y de pronto la primera graaaan subida al segundo piso….la ves de lejos y quieres llorar, pero sigues….del lado derecho estába Reforma y se veía la bandera espectacular, seguramente la vista nos ayudó a todos (y era la primera gran subida)…y ahí vamos, viendo el piso para no perder la inclinación y yo tratando de no ver la pendiente ni lo largo de la misma. Sube y sube y sube y crees que nunca se va a acabar. Por fin llegar hasta arriba y una banda nos animaba a seguir. Yo checaba que Ana estuviera bien y todavía estaba entera. Seguimos por el segundo piso del Periférico y nos encontramos a la izquierda con la fuente de Petroleos Mexicanos, preciosa iluminada, y del lado derecho Reforma (creo, soy malísima para ubicarme) pero la vista era espectacular. Los edificios altos e iluminados, parecía una ciudad civilizada y en ese momento no te acuerdas de todas las cochinadas que hace el gobierno, en ese momento piensas “pero qué bonito es México y qué bonita mi ciudad”….de ahí en adelante llegaron subidas y bajadas muy muy fuertes, cada vez que pasábamos una pensábamos “esta debe de ser la última”, y más adelante había otra. Todo lo que sube tiene que bajar, pero tan incómodo es subir como descender porque duelen las rodillas al ir frenando, hay que hacerlo con mucho cuidado para no irte como gorda en tobogán…Cada subida me costaba, de verdad, pero milagrosamente coincidieron con las canciones que más me gustan… siempre que hago un “playlist” calculo que a partir del kilómetro 15 voy a empezar a sufrir así que escojo lo que más me inspira. La música me gusta porque no solo es la melodía…es la letra la que me ayuda. Generalmente me recuerdan a mis hijos, y en esas subidas pensaba en ellos y en un par de chamaquitos a los que les dediqué esta carrera, siempre van los nombres de mis bichos escritos en uno de mis brazos, pero el domingo escribí otros dos que necesitan mucha buena vibra y, sobre todo, pensé en su mamá. Cuando iba subiendo me acordaba de los ojos de mis hijos, por alguna razón cuando estoy sufriendo en mi mente veo sus ojos…y eso me saca siempre adelante. Ahora pensaba en sus ojos y en los otros dos niños y su mamá, y pensaba que yo estaba corriendo con mis amigas por las calles de la ciudad, disfrutando y que ellos no…así que me dije “no vas a caminar, lo vas a dedicar…” y así fue y eso me sacó de cada subida.

Ya por el km 18, cuando yo creía que no habría más sufrimiento y me sentía cansada pero bien, vi un grupo de gente echando porras a todo pulmón….los reconocí y eran integrantes del equipo de Pedro, el “Run and Run Team” (un grupo de gente maravillosa que no solo corre y entrena, siempre apoya en las carreras te conozca o no)… me dio una emoción, parecían un oásis en el desierto, me saludaron y me gritaron y de pronto vi a Pedro, no me importa decir el gusto y la felicidad que me causó porque nunca lee mi blog…pero sí lo sentí, me dio muchísimo gusto y mucha fuerza para seguir, “VAMOS DIANA” me gritó y se me salieron unas lagrimitas por ahí…así que a seguirle “ya falta muy poco” pensé…Ana venía más atrás porque en algún momento tuvo que bajar la velocidad y no la quise presionar con mi ritmo. A la hora de correr, aunque vas con amigas, siempre respetamos el ritmo de cada una…se trata de disfrutar no de sufrir queriendo seguir a alguien. Más adelante bajé el ritmo para esperarla y tratar de cruzar la meta juntas. La vi y seguimos, pero regresaron las subidas, ¡¡qué cosa tan horrible!! justo cuando piensas que ya terminaron…la entrada al hipódromo fue eteeeeeeerna…llegamos a la parte del escenario, donde estaban dando un concierto, la gente estaba de pie, aplaudiendo y parece que es para ti, obvio ni te ven porque estan gritando y brincando al ritmo del grupo que está tocando, pero si le echas imaginación, te sientes entrando al estadio olímpico en una película que bien podría llamarse “Inquebrantable”…cuando yo pasé estaba cantando Moderato, seguimos y seguimos y mi reloj marcaba ya los 21 km…eso no lograba entenderlo porque no veía la meta, esa parte estuvo tannn pesada….llegamos incluso a la parte trasera del hipódromo y olía a establo, llevas las vias respiratorias totalmente abiertas para jalar aire y ese olor sí fue muy desagradable, por fin regresamos a la parte del barro horrendo y ahí, por más que quieras cerrar con velocidad, no hay manera. Los pies no jalan, el peso del cuerpo estorba y es como correr en arena mojada y “fofa”, esperé un poco a Ana porque la había vuelto a dejar atrás en las subidas para darle tiempo, cuando la vi me dio mucha emoción y por fin entramos juntas…nos abrazamos y casi lloramos, ¡lo habíamos logrado!, pese a todos los pronósticos de lluvia, de un entrenamiento complicado por la falta de tiempo y el nunca haber corrido de noche  y no tener idea de cómo hacerlo, habíamos corrido 21.5 kilómetros (eso marcó mi reloj, y créanme, cuando llevas 21 kilómetros, esos 500 metros son trágicos y más cuando no ves la meta ni pa’cuando aparezca). Caminamos y nos encontramos a Gris y a Xó en un estado muy parecido al nuestro, de un cansancio brutal. Nos dieron una especie de plástico/cobija térmica para el frío porque calaba los huesos, y llevas la playera mojada de sudor y al minuto en que dejas de correr te enfrías rapidísimo.

Nos dieron la medalla la cual me pesaba como si estuviera cargando dos centenarios al cuello. En ese momento empezamos a desvariar…cansadísimas, la ruta había estado muy pesada de verdad. Muchas subidas que nos dejaron agotadas y habíamos estado paradas una hora y media antes de empezar. Me entró una necesidad bruta de sentarme y ni en dónde hacerlo. De plano pregunté y un señor me dijo que en una mesa que había ahí cerca. Por supuesto que no me dio ni tantita pena, me senté sobre la mesa y me regresó el espíritu al cuerpo. Seguimos caminando, nos dieron agua y no podíamos beber….por alguna extraña razón teníamos náuseas, yo sentía el estómago revuelto, todavía no sé bien por qué pero me sentía muy mal. Por fin encontramos un lugar donde tirarnos (literal) al piso. Descansamos unos minutos, nos tomamos (obvio) la foto del final y empezamos a caminar de nuevo. No sabíamos bien qué hacer porque nuestros planes eran quedarnos al concierto y tomarnos una cerveza, que además te la regalaban. Pero no era posible, mi estado era tan desgraciado que ni una cerveza gratis quise tomar. Nos dieron una playera de “finisher” (en algunas carreras te regalan una playera al terminar) y caminamos lo que yo sentí que fueron otros 21 kilómetros al coche, seguían las subidas y además escaleras (una crueldad). Ríos de gente haciendo lo mismo y todos con cara de agotamiento, las piernas ya no nos daban….le tuvimos que decir a Gris que el plan de quedarnos en el concierto “cheleando” con pelucas, no era ya una opción. Nos dio mucha pena pero humanamente no era posible. Ana estaba en las últimas, Xó y yo también estábamos muy cansadas. Yo no sé de dónde saca Gris tanta energía, pero la admiro.

Regresé por fin a mi casa, a las 11 de la noche en un estado patético. Tostada quería jugar y estaba Gertrudis (una perra que tenía en pensión) que también estaba muy inquieta. No les hice caso, como pude me metí a la regadera y no sentía el agua caliente, le quitaba fría y seguía sin calentarme, de esas veces que tu cuerpo está tan frío que no sientes la temperatura del agua…hasta que vi que tenía la piel roja (me estaba cocinando) supuse que el agua sí estaba caliente y era cuestión de tener paciencia y esperar….por fin me calenté un poco. Salí, me sequé el pelo (otras dos horas) y en estado crítico me acosté….logré tomar un poco de agua y trataba de acomodarme para dormir…las piernas no se “hayaban” ni dobladas ni estiradas, por fin, me quedé dormida.

Cualquiera diría que ante tal sufrimiento es una necedad correr. Es probable que sea una necedad, pero tendrían que estar en todo el proceso para entenderlo. Todo esto no lo vivi sola, estaban Gris, Xó y Ana…nos reímos mucho, sufrimos mucho y lo compartimos todo. Para mi eso es felicidad. No solo corro por mi, por salud o por la dopamina y las endorfinas (que son una maravilla) corro también porque al compartir momentos haces historias, mismas que marcan tu vida.

Fue una carrera padrísima, hubo momentos increíbles con vistas espectaculares de la ciudad, chistosos como correr junto a “Slash”, sufridos como las subidas y emocionantes como ver a Pedro en la calle y ver a Ana cruzar la meta….y todos y cada uno de esos momentos fueron compartidos con gente que quiero y que me quiere, y eso los hace ya parte de mi vida para siempre.

¿Sufres? sí….pero no se compara con lo que se queda en tu corazón, con los momentos divertidos desde que estás bromeando en wapp con tus amigas pensando que vas a terminar la carrera nadando por la lluvia, con los momentos en que arranca y te deseas suerte con toda la sinceridad del mundo, con los momentos en los que no quieres seguir y ves en tus brazos los nombres de gente que quisiera estar en ese momento ahí corriendo, con los momentos en los que escuchando música veo los ojos llenos de vida de mis hijos, con los momentos que vives cuando ves a una amiga cumplir un sueño, con los momentos en los que te abrazas al terminar y con los momentos que vives cuando te metes a tu cama total y absolutamente feliz de haberlo hecho, de cumplir tus metas y hacerlo feliz y con los momentos en que a punto de cerrar los ojos te mandan un mensaje tus amigas felicitándote por haber corrido y tener una voluntad tan fuerte….por los momentos en que te despides de tus compañeras de carrera deséandote que descanses y te repongas pronto sabiendo que seguirán más moementos como éste con ellas.

Yo por eso corro….por esos momentos que no cambiaría por nada del mundo.

Gracias Gris por haberme regalado esta carrera de cumpleaños, fue un festejo más para mi, gracias Xó porque me haces reír tanto que disfruto desde antes las carreras, gracias Ana porque verte cumplir un sueño fue cumplir uno mio. Gracias Pedro por seguirme entrenando  “considerando que corro cuanto y cuando quiero” siempre diciéndome cómo hacerlo y por tenerme paciencia. Gracias papá y mamá por siempre apoyarme en mis objetivos, gracias Daniel y Diego por siempre desearme “que la fuerza me acompañe” y siempre acompañarme con su mirada y gracias a Dios por darme salud, piernas y amigas.

Y gracias porque no llovió.

Screen Shot 2015-03-18 at 5.52.14 PM Ana, Gris, Xó y yo

Screen Shot 2015-03-18 at 5.52.25 PM El barro

Screen Shot 2015-03-18 at 5.52.39 PM Huellas…

Screen Shot 2015-03-18 at 5.54.46 PM Los corrales

Screen Shot 2015-03-18 at 5.56.05 PM El Ángel

Screen Shot 2015-03-18 at 6.19.12 PM Ana, El Ángel y yo

Screen Shot 2015-03-18 at 6.19.49 PM Subiendo al Periférico

Screen Shot 2015-03-17 at 10.30.32 AM Corriendo en mi ciudad de noche

Screen Shot 2015-03-17 at 10.34.16 AM Entrando entre el público y el escenario

Screen Shot 2015-03-18 at 6.19.38 PM La horrible altimetría

Screen Shot 2015-03-18 at 6.17.25 PM El triunfo