Las mamás habitamos entre ustedes…

La mañana que tenido me dice que el día estará movido….Y llevo 3 horas despierta. Todo empezó a las 5:45, hora en la que abrí los ojos como si se me fuera a escapar el tiempo, ya no tenía sueño y no lo podía creer, hasta que recordé que anoche me quedé dormida poco antes de las 9 de la noche, en cuanto se durmieron mis hijos me metí a mi cama, me puse a leer pensando que era buena hora para adelantar bastante el libro en turno y lo último que me acuerdo es haber visto que Tostada se subía a la cama feliz de por fin tener paz y silencio y ver que el reloj marcaba las 8:45….Obvio era que a las 5:45 ya mi cuerpo tendría el descanso suficiente, aunque yo hubiera querido seguir esos 15 minutos que me faltaron.

A esa hora fui al baño a ver si se había secado el libro de Daniel….el libro de Daniel….todo empezó ayer que fui a recoger a mis hijos del entrenamiento de fútbol a las 5:30 de la tarde y por fin me acordé de llevarles agua, todos los días me preguntan “¿nos trajiste agua mamá?” y todos los días les digo que se me olvidó, pero ayer no, ayer antes de salir me acordé y llené dos botellas de agua de jamaica, estaba yo tan contenta de pensar que me iban a preguntar y les iba a decir que ahora sí traía (hasta imaginé sus caras de felicidad). Pasé por ellos con Tostada en el coche, se subieron y no me preguntaron nada, se me había olvidado y cuando me acordé les dije “¿qué creen? que ahora ¡¡sí traigo agua!!” y cuando busco las botellas me encuentro con que una de ellas ya no traía nada….se había salido toda el agua de jamaica en el asiento delantero, jusssssto donde Daniel había dejado su libro “El diario de Greg”….lo primero que pensé  fue “¡me lleva! no traigo agua para los dos”….después le di la noticia a Daniel quien al ver su libro escurriendo agua de jamaica puso una cara de desolación tremenda, lo de menos era que tenía sed…su libro estaba ahogado en agua roja que más tarde se pondría negra (odio la jamaica). Lo calmé diciéndole que igual y se secaba pronto y que pues habría que usar la imaginación para sobreponernos y pensar que a Greg también le podría pasar lo mismo con un libro que quisiera mucho… (o a la mamá de Greg).

Llegamos a la casa con los ojos de Daniel medio nublados y lo distraje diciéndole que teníamos que estudiar y que me pasara su libreta de tareas, eso siempre lo distrae porque nunca la trae….se preocupó tanto que se le olvidó el libro y yo aproveché para ser la mamá buena onda que no regaña siempre por la libreta. Se soprendió tanto que sacó su cuaderno y nos pusimos a estudiar Geografía.

Diego tenía examen de matemáticas, qué cosa tan horrible, no solo son en alemán, son complicadas como nada. Tenía que saber poner en el dibujo de un dado los puntitos que faltan, no sabíamos ni cómo hacerlo porque los dibujos los cambiaban de acomodo y solo ponían dos lados del dado con el número de puntitos….complicado, no sé si me expliqué pero él y yo estábamos muy preocupados. Por fin mi sobrino me dijo algo que yo no sabía, todos los lados opuestos del dado suman 7, siempre suman 7 “¿siempre? Rodrigo?” le había yo preguntado, y sí…siempre. Ahora Diego tenía que aprender a armar un dado en su cabeza de todas las maneras posibles para saber cuál sería el lado opuesto en un dado desarmado, movían los cuadrados de maneras muy complicadas, porque ¿para qué hacer fácil el examen si lo pueden complicar bastante?. Entonces mientras le ponía ejercicios a Diego con dados incompletos dibujados desarmados de las maneras más raras que se imaginen, estudiaba con Daniel las actividades económicas de todos los estados de la República Mexicana, por cierto, el estado de Veracruz cuenta con industria petrolera, pesca, actividad forestal y turismo…me estaba medio volviendo loca entre puntitos y actividades económicas primarias, secundarias y terciarias.

Terminamos de estudiar y Diego tenía que terminar un libro para hoy, por supuesto le faltaba muchísimo. Los mandé a bañar y nos pusimos a leer (o sea le leí lo más que pude). OBVIO me quedé dormida a las 9 de la noche.

Hoy a las 6 de la mañana me levanté a ver el libro de Daniel que había yo dejado en la ventana de mi baño para que se secara “seguro en la noche se seca” le había yo dicho…no, no se secó. Así que a esas horas saqué la secadora de pelo y hoja por hoja me puse a darle aire esperando que algo ayudara, media hora después se levantaron y me encontraron sentada en la tina con la secadora y el libro en las manos. La cara de “mi mamá sí está medio lurias” no la pudieron evitar. Así que le dije a Daniel que se pusiera él a secar las hojitas para que  yo me vistiera, mientras tanto Diego seguía leyendo porque todavía no acababa el libro. Saqué a Tostada a hacer pipí, regresé y mientras desayunaban seguí leyendo el libro en voz alta y me enteré que el niño protagonista había terminado ya cuarto de primaria y en las vacaciones se iba a poner a trabajar, era un libro muy divertido y logramos llegar al final. Corriendo les dije que se bajaran al coche y vi los tennis de Diego….uno de un color y otro de otro color…ninguno me parecía conocido…

—Diego ¿y esos tennis?

—uno es de Ian y el otro de Sebastían

—¿Y los tuyos?

—Uno lo tiene Ian y el otro lo tiene Sebastían

—Y….¿por qué?

—Pues porque sí…

—¡PONTE TUS TENNIS INMEDIATAMENTE!

—No puedo porque no los tengo

—Pues ponte otros

—Entonces no les puedo devolver los suyos a Ian y a Sebastían…

—¿Y desde cuándo estás así?

—Desde ayer que salí de la escuela…

No me había dado cuenta…obvio, nunca reviso los tennis de mis hijos cuando los recojo porque no se me había ocurrido que podrían no traerlos…. pero hoy traía shorts y pude darme cuenta.

Total que nos fuimos corriendo, yo lista para dejarlos e irme a entrenar porque el domingo tengo otra carrera (sehhhh) y no quería faltar. En el camino Diego me dijo que HOY tenía que pagar el campamento….no lo maté porque lo quiero y es mi hijo, porque si no ha sido así lo saco por la ventana desde el segundo piso del periférico. “Ok, dejo a Daniel, paso al cajero del súper, saco dinero, dejo a Diego y me voy a correr”….le dije a Daniel que se preparara una cuadra antes de llegar porque estaba haciendo pulseras de ligas que anda vendiendo para comprarse un Xbox (les falta vender bastaaaaantes pulseritas de 5 pesos cada una), y cuando ya íbamos a llegar me pregunta “mamá, ¿y mi mochila?”….otro que si no hubiera sido mi hijo lo hubiera sacado por la ventana….se le había olvidado en la casa….me enojé tanto que ni siquiera lo regañé, eso le preocupó bastante porque si me enojo y me quedo callada significa que podría matarlo y él lo sabe. Lo saqué casi a patadas del coche y pregunté si podría llevarla más tarde, me dijeron que sí y me hubiera gustado mucho que me hubieran dicho que no. Llegué al súper, subimos al cajero, salí del súper, llevé a Diego, me despedí y alcancé a decirle que lo seguía queriendo y salí corriendo por el coche para regresar a la casa por la mochila de Daniel, adiós a mi entrenamiento. En mi casa agarré la mochila, salí corriendo a la escuela y obvio el tráfico estaba tremendo.

A todo esto, por supuesto no había desayunado, y justo ayer en la tarde había leído que era bueeenísimo tomar en ayunas agua caliente con limón, tenía tantas ventajas que no logro acordarme de ninguna, pero hoy en la mañana lo hice. Claro que de regreso a la escuela e Daniel llevaba un hoyo en el estómago. Abrí la cajuelita del coche y me encontré una bolsa de chícharos secos con habas y otra cosa no identificada que tengo para emergencias de hambre de los niños. Odio los chícharos con todo mi ser, pero en ese momento me empecé a comer todos, a la goma los beneficios del limón, seguro no me cayó nada bien una cantidad enorme de leguminosas secas y enchiladas a las 8:30 de la mañana, lo que me hizo comprobar que cuando tienes hambre eres capaz de comer cualquier cosa. Aventé la mochila de Daniel en su escuela y salí de regreso a mi casa. Tráfico infernal….

Por fin llegué, por supuesto que a estas horas llevo ya casi todas las actividades que debería de hacer en un rango de 4 horas o más, o sea que podrían ser las 12 del día, hora en la que la chela ya es legal….me la merezco. Y llevo ya tanto vuelo que ni siquiera me acuerdo de todo lo que tenía que hacer hoy en la mañana, mi día empezaría muy sencillo llevando a los niños al colegio como en una película de Disney, cantando y gozando el camino, de ahí me iba a correr y regresaría feliz a bañarme y a desayunar y a empezar con todo lo que tenía que hacer que había decidido en las primeras horas de la madrugada cuando abrí los ojos y tenía la mente fresca…

Algo que podemos rescatar de este post sería que quienes no sabían que los lados opuestos de un dado siempre suman 7, ahora ya lo saben, y los que no sabían que Veracruz es un estado tan polifacético, ahora ya lo saben. Alguna vez mi querida Casual Chic me dijo que sería bueno que mi blog no fuera solo para contar anécdotas y situaciones en mi vida, sino que fuera útil para algo o alguien….pues ahí está, no ha sido un post inútil.

De verdad que las mamás debemos de ser esos seres extraterrestres que nadie cree que habitan entre nosotros, no hay manera de estar siempre al pendiente hasta el punto de estar secando un libro que ha sido sumergido en agua de jamaica a las 6 de la mañana para que el niño pueda seguir leyendo, ¿seguro no creen que habitamos entre ustedes?

Algo más que la dopamina…

Para mi, correr siempre ha sido más que dar un paso tras otro a ritmo veloz juntando kilómetros….para mi fue en su momento una salvación, después una terapia, y ahora es simplemente un placer. No es fácil, todos los días en la mañana me da muchísima flojera, no crean que soy el tipo de corredora que se levanta llena de ánimo y dice viéndose en el espejo “¿qué tal unos kilómetros? ¿eh? ¡VAMOS! ¡CON ACTITUD!” ….no….nunca….never…Siento decepcionarlos pero mi actitud nunca es esa. Sin embargo me visto, y, murmurando entre dientes, como lo hacía Lindo Pulgoso, voy diciendo “no sé por qué hago esto, tendría que regresar a mi cama, tendría que tomarme un rico café….tendría que volver a mi vida de antes, donde era un rica floja de pacotilla y no hacía nada por mi salud”. Sin embargo voy a dejar a mis hijos a la escuela y de ahí casi sin pensar (más bien tratando de no pensar) me dirijo al lugar donde siempre llego con cara de fuchi y le digo a Pedro “no tengo ganas de correr”, él está tan acostumbrado a mis malos modos matutinos que ya ni caso me hace, siempre le pregunto qué tengo qué hacer, me dice, me quejo, le vale, y yo termino haciendo lo que me sugiere (ordena) que haga. Y al final salgo siempre igual, total y absolutamente feliz. Es por eso que sigo llendo, porque sé que esa sensación me dura el resto del día.

Ahora les voy a contar por qué otras razones corro. Por la gente que conozco.

Todo empezó un día ya muy conocido entre mis amigos….mi famoso “breakdown en los viveros”. Llevaba poco tiempo de correr y un buen día me solté llorando como Magdalena (se queda cortita) y un alma caritativa tuvo a bien estar conmigo en ese proceso de moqueo y lagrimeo grave que terminó en una amistad muy fructífera ya que gracias a él conocí a Pedro, mi entrenador. Él  no sólo me ha enseñado a correr, me ha presentado gente increíble que se ha quedado en mi vida para siempre. Así que si regresamos a ese día (que por aquí anda en un post de por ahí de junio del 2012) podemos decir que estaba escrito que tenía que pasar por eso para llegar a donde estoy ahora. Con una cantidad de amigos corredores increíbles que hacen mi vida muy divertida.

Entre esos amigos se encuentran mis queridas Gris Chagoyán y Xó la Shihuahense…con ellas me fui a Veracruz a correr medio maratón y hace unos meses, casi cuatro, me inscribieron al Medio Maratón Rock’n Roll México D.F. En ese momento les dije que yo no podía porque salía carísimo y me parecía lejano y medio “furris” la verdad….pero la Gris me dijo que luego se lo pagaba y que pasaría rápido el tiempo.

Este domingo fue el tan esperado medio maratón. Las cosas no pintaban bien. Para empezar yo llegué algo cansada del medio maratón de Veracruz en enero, así que unos días no entrené y después me costó mucho trabajo agarrar ritmo para regresar y entenar para este medio. Entré a un proyecto padrísimo de trabajo y me ha costado mucho regresar al diseño, me gusta y lo hago encantada, pero movió todo mi horario, así que corro menos que antes. Eso no le ha gustado nada a Pedro, a mi menos, pero tengo que encontrar la manera de organizarme y equilibrarlo. Gracias a que mi querida Ana CriCri decidió correrlo conmigo también y corre a mi ritmo y tiene buena actitud, pude entrenar un poco más en esos días en que la flojera  y el poco tiempo me boicoteaban muy fuerte.

Este domingo fue carrera a las 6:30 de la tarde. El clima no nos estaba ayudando nada, desde el día anterior Gris, Xó, Ana y yo estábamos sufriendo pensando en qué haríamos si llovía a cántaros, porque ese era el pronóstico de todas las páginas del clima…(créanme, las revisé todas). Fue difícil decidir qué desayunar, qué comer….cuánta agua tomar….Y es que estamos acostumbradas a correr casi de madrugada, las carreras generalmente empiezan a las 7 de la mañana y sabes que no te cabe gran cosa y que de hecho es mejor comer tan solo algo que te ayude a no ir con el estómago vacío. Pero no sé si les he dicho que yo sin comer soy una persona muy fea, el carácter se me pone horrendo y me vuelvo intolerante e insoportable….eso me tenía realmente preocupada porque sabía que tenía qué comer, pero no cuánto. No quería llegar con hambre pero tampoco quería llegar con la comida en la garganta. A ellas les pasó lo mismo y desde temprano estuvimos chateando tratando de organizar todo el numerito, preocupadas por la lluvia y el frío pero la verdad muertas de risa de nuestros pronósticos. La carrera empezó para mi desde ese momento.

Quedamos de vernos en mi casa a las 4. Todas muy puntuales tratábamos de decidir qué ropa llevar, si dejar algo en el coche, o en el guardarropa o cargarla….¿y si llovía? Podía pesar la chamarra que llevaríamos amarrada a la cintura (suponiendo que nos diera calor al correr y tuviéramos que quitárnosla). No lográbamos decidirlo. Se nos ocurrió hacer unos impermeables con bolsas de basura (que resulta que eran rosas y lindas) para llevarlos en caso de lluvia. La organización de la carrera (quiero decir que me sorpredió lo bien hecha que estuvo) nos había enviado un mensaje diciendo que llovería y que tuviéramos cuidado con el piso porque iba a estar resbaloso. No no…de verdad que no nos ayudaba nada….Pero ahí vamos las cuatro a la aventura, o como le dice la querida Gris “a nuestra aventura goooeeeyyy” (es tan chistosa, siempre que tenemos una carrera, la llama una aventura, y sí…sí lo es, Gris siempre con la mejor actitud).

Cuando llegamos, no estaba lloviendo, ya íbamos de gane. Tres horas pasamos frente a la cajuela del coche tratando de decidir si dejábamos ahí la ropa seca o la llevábamos al guardarropa…por fin nos fuimos sin nada, con el puro “impermeable rosa” doblado en la cangurera por si las dudas y tratamos de aguantar el frío. Una hora y media estuvimos paradas, divertidas viendo a la gente llegar, tomarse fotos, tomándonos fotos (Gris ama las “selfies”) y rezando para que no lloviera. Por fin empezamos a calentar y estirar las piernas. Era el primer medio maratón de Ana así que tratábamos de decirle lo más adecuado y en un intento de calmar sus nervios la distraíamos…estoy segura que no lo logramos.

Unos 20 minutos antes de arrancar nos metimos a lo que le llaman “corrales de salida”, es decir, con toda la gente en el lugar en el que vas a ir caminando hacia la salida porque no salimos todos al mismo tiempo, van dejando salir por grupos de gente que se clasifica por tiempos. Al inscribirte pones más o menos en cuánto tiempo piensas hacer la carrera, yo siempre pongo el mayo rango posible, así no quedo mal con nadie (como si a alguien le importara) pero no me gusta empezar hasta adelante con los más veloces porque me acelero y entonces trato de seguir su paso y ahí si pierdo antes de empezar toda la gasolina que pueda tener.

En esos “corrales” estábamos pisando una especie de barro porque no era precisamente lodo. La carrera empezó en el hipódromo y el lugar en el que estábamos paradas es justo de donde salen los caballos a correr….qué adecuado….pero era un poco incómodo. Y no tanto estar paradas, más bien caminar y sobre todo empezar a correr, dijeron que serían solo 200 metros de ese barro incómodo, al que yo le decía que parecía arena movediza y Xó se burló un poco….pero de verdad estaba feo.

Salimos a las 6:40 de la tarde y todavía había algo de luz de día. La idea de la carrera era que corrieras sin música ya que habría bandas a lo largo del recorrido, pero yo no puedo. Siempre hago un “playlist” especial para motivarme. Las cancione que escojo me motivan a seguir y no pensar en cuántos kilómetros me faltan o en el tiempo o en la incomodidad de estar corriendo en calor o frio.

En este caso era frío…pero se quita a los 10 minutos. La verdad el ambiente estaba muy agradable, se sentía a la gente feliz corriendo (no es que haya visto nunca a nadie llorando pero la energía se sentía diferente a otras carreras). Era la primera vez que se corría en México, las bandas la hacían divertida, pero sobre todo creo que el hecho de que no estuviera lloviendo nos dio a todos una gran tranquilidad.

Cuando empezó a anochecer la ciudad se veía preciosa. Nunca había corrido por Reforma de noche y era un espectáculo. Ya desde la calle Ejército Nacional empezaron a prender las luces y me dio mucha emoción. Ahí estaba yo con mis amigas corriendo por las calles de mi ciudad en la noche un medio maratón. Creo que siempre que empieza una carrera me pasa lo  mismo, cuando llevo un kilómetro me entra la felicidad al cuerpo (luego se sale) pero en ese momento soy muy muy feliz.

Todo iba muy bien, los primeros 10 kilómetros fueron espectaculares. Divertidos por ver a algunos corredores disfrazados. En especial me acuerdo de haber corrido un buen rato junto a “Slash”, el guitarrista de Guns N’ Roses (esa nota fue para mi papá….lo malo es que no sé si sepa quiénes son Guns N’ Roses…) bueno, un tipo con una peluca de chinos negra enoooorme, sombrero de copa, una guitarra colgando (espero haya sido muy ligerita) pulseras, lentes, estoperoles….todo el numerito completo. Yo a duras penas aguanto una cangurera delgada y plana en la cadera y me choca llevar amarrada una playera a la cintura (de hecho Gris quería en un principio correr con pelucas, y con todo lo que yo la quiero me negué rotundamente) y veía yo a este personaje y me causaba intriga saber si terminaría así los 21 km.

Pasábamos por los lugares por donde estaban las bandas y como no es mi tipo de música (demasiado pesado) no me quitaba los audífonos. Cuando nos dirigíamos hacia el Ángel de la Independencia me entró otra vez mucha emoción, se veía increíble iluminado y cambiaba de color….naranja, morado, verde, azúl, amarillo….y de verdad me di cuenta de lo bonita que es la ciudad de noche. Ana y yo íbamos juntas, Gris y Xó se habían adelantado porque son mucho más rápidas, de hecho a veces me pregunto si Gris le pone coetes a sus tennis…. Y nos tomamos la obligada “selfie” a los pies del Ángel.

Había mucha gente en las calles echando porras y animando. No tienen idea de lo que nos sirve a los que vamos corriendo. No necesitas conocer a las personas que te dan ánimo para que esto sirva…es impresionante la energía que transmiten y te hacen querer seguir y terminar bien. Si un día tienen oportunidad, salgan a las calles de la ciudad para animar a los corredores en una carrera, estoy segura que es mutuo el sentimiento entre corredor y espectador, es algo muy especial. Había niños que te “chocaban” las manos y es encantador. Yo veía a mi querida Ana disfrutándolo y chocando manos con cuanta gente se la daba….Había puestos de hidratación casi cada 2 km….lo cuál agradeces en el alma porque yo tomo mucha agua cuando corro, eso me hace sentirme muy bien.

Por ahí del km 13 empezaron las subidas. De Reforma nos pasaron a una lateral del Periférico y de pronto la primera graaaan subida al segundo piso….la ves de lejos y quieres llorar, pero sigues….del lado derecho estába Reforma y se veía la bandera espectacular, seguramente la vista nos ayudó a todos (y era la primera gran subida)…y ahí vamos, viendo el piso para no perder la inclinación y yo tratando de no ver la pendiente ni lo largo de la misma. Sube y sube y sube y crees que nunca se va a acabar. Por fin llegar hasta arriba y una banda nos animaba a seguir. Yo checaba que Ana estuviera bien y todavía estaba entera. Seguimos por el segundo piso del Periférico y nos encontramos a la izquierda con la fuente de Petroleos Mexicanos, preciosa iluminada, y del lado derecho Reforma (creo, soy malísima para ubicarme) pero la vista era espectacular. Los edificios altos e iluminados, parecía una ciudad civilizada y en ese momento no te acuerdas de todas las cochinadas que hace el gobierno, en ese momento piensas “pero qué bonito es México y qué bonita mi ciudad”….de ahí en adelante llegaron subidas y bajadas muy muy fuertes, cada vez que pasábamos una pensábamos “esta debe de ser la última”, y más adelante había otra. Todo lo que sube tiene que bajar, pero tan incómodo es subir como descender porque duelen las rodillas al ir frenando, hay que hacerlo con mucho cuidado para no irte como gorda en tobogán…Cada subida me costaba, de verdad, pero milagrosamente coincidieron con las canciones que más me gustan… siempre que hago un “playlist” calculo que a partir del kilómetro 15 voy a empezar a sufrir así que escojo lo que más me inspira. La música me gusta porque no solo es la melodía…es la letra la que me ayuda. Generalmente me recuerdan a mis hijos, y en esas subidas pensaba en ellos y en un par de chamaquitos a los que les dediqué esta carrera, siempre van los nombres de mis bichos escritos en uno de mis brazos, pero el domingo escribí otros dos que necesitan mucha buena vibra y, sobre todo, pensé en su mamá. Cuando iba subiendo me acordaba de los ojos de mis hijos, por alguna razón cuando estoy sufriendo en mi mente veo sus ojos…y eso me saca siempre adelante. Ahora pensaba en sus ojos y en los otros dos niños y su mamá, y pensaba que yo estaba corriendo con mis amigas por las calles de la ciudad, disfrutando y que ellos no…así que me dije “no vas a caminar, lo vas a dedicar…” y así fue y eso me sacó de cada subida.

Ya por el km 18, cuando yo creía que no habría más sufrimiento y me sentía cansada pero bien, vi un grupo de gente echando porras a todo pulmón….los reconocí y eran integrantes del equipo de Pedro, el “Run and Run Team” (un grupo de gente maravillosa que no solo corre y entrena, siempre apoya en las carreras te conozca o no)… me dio una emoción, parecían un oásis en el desierto, me saludaron y me gritaron y de pronto vi a Pedro, no me importa decir el gusto y la felicidad que me causó porque nunca lee mi blog…pero sí lo sentí, me dio muchísimo gusto y mucha fuerza para seguir, “VAMOS DIANA” me gritó y se me salieron unas lagrimitas por ahí…así que a seguirle “ya falta muy poco” pensé…Ana venía más atrás porque en algún momento tuvo que bajar la velocidad y no la quise presionar con mi ritmo. A la hora de correr, aunque vas con amigas, siempre respetamos el ritmo de cada una…se trata de disfrutar no de sufrir queriendo seguir a alguien. Más adelante bajé el ritmo para esperarla y tratar de cruzar la meta juntas. La vi y seguimos, pero regresaron las subidas, ¡¡qué cosa tan horrible!! justo cuando piensas que ya terminaron…la entrada al hipódromo fue eteeeeeeerna…llegamos a la parte del escenario, donde estaban dando un concierto, la gente estaba de pie, aplaudiendo y parece que es para ti, obvio ni te ven porque estan gritando y brincando al ritmo del grupo que está tocando, pero si le echas imaginación, te sientes entrando al estadio olímpico en una película que bien podría llamarse “Inquebrantable”…cuando yo pasé estaba cantando Moderato, seguimos y seguimos y mi reloj marcaba ya los 21 km…eso no lograba entenderlo porque no veía la meta, esa parte estuvo tannn pesada….llegamos incluso a la parte trasera del hipódromo y olía a establo, llevas las vias respiratorias totalmente abiertas para jalar aire y ese olor sí fue muy desagradable, por fin regresamos a la parte del barro horrendo y ahí, por más que quieras cerrar con velocidad, no hay manera. Los pies no jalan, el peso del cuerpo estorba y es como correr en arena mojada y “fofa”, esperé un poco a Ana porque la había vuelto a dejar atrás en las subidas para darle tiempo, cuando la vi me dio mucha emoción y por fin entramos juntas…nos abrazamos y casi lloramos, ¡lo habíamos logrado!, pese a todos los pronósticos de lluvia, de un entrenamiento complicado por la falta de tiempo y el nunca haber corrido de noche  y no tener idea de cómo hacerlo, habíamos corrido 21.5 kilómetros (eso marcó mi reloj, y créanme, cuando llevas 21 kilómetros, esos 500 metros son trágicos y más cuando no ves la meta ni pa’cuando aparezca). Caminamos y nos encontramos a Gris y a Xó en un estado muy parecido al nuestro, de un cansancio brutal. Nos dieron una especie de plástico/cobija térmica para el frío porque calaba los huesos, y llevas la playera mojada de sudor y al minuto en que dejas de correr te enfrías rapidísimo.

Nos dieron la medalla la cual me pesaba como si estuviera cargando dos centenarios al cuello. En ese momento empezamos a desvariar…cansadísimas, la ruta había estado muy pesada de verdad. Muchas subidas que nos dejaron agotadas y habíamos estado paradas una hora y media antes de empezar. Me entró una necesidad bruta de sentarme y ni en dónde hacerlo. De plano pregunté y un señor me dijo que en una mesa que había ahí cerca. Por supuesto que no me dio ni tantita pena, me senté sobre la mesa y me regresó el espíritu al cuerpo. Seguimos caminando, nos dieron agua y no podíamos beber….por alguna extraña razón teníamos náuseas, yo sentía el estómago revuelto, todavía no sé bien por qué pero me sentía muy mal. Por fin encontramos un lugar donde tirarnos (literal) al piso. Descansamos unos minutos, nos tomamos (obvio) la foto del final y empezamos a caminar de nuevo. No sabíamos bien qué hacer porque nuestros planes eran quedarnos al concierto y tomarnos una cerveza, que además te la regalaban. Pero no era posible, mi estado era tan desgraciado que ni una cerveza gratis quise tomar. Nos dieron una playera de “finisher” (en algunas carreras te regalan una playera al terminar) y caminamos lo que yo sentí que fueron otros 21 kilómetros al coche, seguían las subidas y además escaleras (una crueldad). Ríos de gente haciendo lo mismo y todos con cara de agotamiento, las piernas ya no nos daban….le tuvimos que decir a Gris que el plan de quedarnos en el concierto “cheleando” con pelucas, no era ya una opción. Nos dio mucha pena pero humanamente no era posible. Ana estaba en las últimas, Xó y yo también estábamos muy cansadas. Yo no sé de dónde saca Gris tanta energía, pero la admiro.

Regresé por fin a mi casa, a las 11 de la noche en un estado patético. Tostada quería jugar y estaba Gertrudis (una perra que tenía en pensión) que también estaba muy inquieta. No les hice caso, como pude me metí a la regadera y no sentía el agua caliente, le quitaba fría y seguía sin calentarme, de esas veces que tu cuerpo está tan frío que no sientes la temperatura del agua…hasta que vi que tenía la piel roja (me estaba cocinando) supuse que el agua sí estaba caliente y era cuestión de tener paciencia y esperar….por fin me calenté un poco. Salí, me sequé el pelo (otras dos horas) y en estado crítico me acosté….logré tomar un poco de agua y trataba de acomodarme para dormir…las piernas no se “hayaban” ni dobladas ni estiradas, por fin, me quedé dormida.

Cualquiera diría que ante tal sufrimiento es una necedad correr. Es probable que sea una necedad, pero tendrían que estar en todo el proceso para entenderlo. Todo esto no lo vivi sola, estaban Gris, Xó y Ana…nos reímos mucho, sufrimos mucho y lo compartimos todo. Para mi eso es felicidad. No solo corro por mi, por salud o por la dopamina y las endorfinas (que son una maravilla) corro también porque al compartir momentos haces historias, mismas que marcan tu vida.

Fue una carrera padrísima, hubo momentos increíbles con vistas espectaculares de la ciudad, chistosos como correr junto a “Slash”, sufridos como las subidas y emocionantes como ver a Pedro en la calle y ver a Ana cruzar la meta….y todos y cada uno de esos momentos fueron compartidos con gente que quiero y que me quiere, y eso los hace ya parte de mi vida para siempre.

¿Sufres? sí….pero no se compara con lo que se queda en tu corazón, con los momentos divertidos desde que estás bromeando en wapp con tus amigas pensando que vas a terminar la carrera nadando por la lluvia, con los momentos en que arranca y te deseas suerte con toda la sinceridad del mundo, con los momentos en los que no quieres seguir y ves en tus brazos los nombres de gente que quisiera estar en ese momento ahí corriendo, con los momentos en los que escuchando música veo los ojos llenos de vida de mis hijos, con los momentos que vives cuando ves a una amiga cumplir un sueño, con los momentos en los que te abrazas al terminar y con los momentos que vives cuando te metes a tu cama total y absolutamente feliz de haberlo hecho, de cumplir tus metas y hacerlo feliz y con los momentos en que a punto de cerrar los ojos te mandan un mensaje tus amigas felicitándote por haber corrido y tener una voluntad tan fuerte….por los momentos en que te despides de tus compañeras de carrera deséandote que descanses y te repongas pronto sabiendo que seguirán más moementos como éste con ellas.

Yo por eso corro….por esos momentos que no cambiaría por nada del mundo.

Gracias Gris por haberme regalado esta carrera de cumpleaños, fue un festejo más para mi, gracias Xó porque me haces reír tanto que disfruto desde antes las carreras, gracias Ana porque verte cumplir un sueño fue cumplir uno mio. Gracias Pedro por seguirme entrenando  “considerando que corro cuanto y cuando quiero” siempre diciéndome cómo hacerlo y por tenerme paciencia. Gracias papá y mamá por siempre apoyarme en mis objetivos, gracias Daniel y Diego por siempre desearme “que la fuerza me acompañe” y siempre acompañarme con su mirada y gracias a Dios por darme salud, piernas y amigas.

Y gracias porque no llovió.

Screen Shot 2015-03-18 at 5.52.14 PM Ana, Gris, Xó y yo

Screen Shot 2015-03-18 at 5.52.25 PM El barro

Screen Shot 2015-03-18 at 5.52.39 PM Huellas…

Screen Shot 2015-03-18 at 5.54.46 PM Los corrales

Screen Shot 2015-03-18 at 5.56.05 PM El Ángel

Screen Shot 2015-03-18 at 6.19.12 PM Ana, El Ángel y yo

Screen Shot 2015-03-18 at 6.19.49 PM Subiendo al Periférico

Screen Shot 2015-03-17 at 10.30.32 AM Corriendo en mi ciudad de noche

Screen Shot 2015-03-17 at 10.34.16 AM Entrando entre el público y el escenario

Screen Shot 2015-03-18 at 6.19.38 PM La horrible altimetría

Screen Shot 2015-03-18 at 6.17.25 PM El triunfo

Yo también soy rica.

Estaba leyendo una carta que escribió Armando Fuentes Aguirre (Catón) en la que se propone demandar a la revista “Fortune” por no haberlo mencionado dentro de la lista de las personas más ricas del mundo. En esta lista mencionan al sultán de Brunei, los herederos de Sam Walton y Takichiro Mori, la Reina Isabel de Inglaterra, Stavros Niarkos, y los mexicanos Carlos Slim y Emilio Azcárraga. La carta es del 2011, así que no sé si en este momento serían las mismas personas. Y explica Fuentes Aguirre por qué se considera rico. Deberían de leer la carta porque es maravillosa y a mi me hizo pensar mucho, y llegué a la conclusión de que yo…también soy rica.

Tengo vida y empezando por ahí ya estamos de gane…tengo salud y estoy a la mitad de mi existencia con otra vida por delante de mi. Estoy segura que viene lo mejor porque ahora soy más sabia y tengo experiencia, he aprendido y hago las cosas mejor. Los errores me han enseñado mucho así que ha sido una educación gratuita.

Tengo dos hijos maravillosos que me hacen enojar absolutamente todos los días…TODOS…eso quiere decir que están llenos de vida, o, como diría mi mamá, llenos de salud, así que no paran, son muy inquietos y tienen una energía que me deja agotada a las 9 de la noche, hora en la que por supuesto ya soy una bruja porque no puedo más con ellos, y en el último minuto antes de dormir, después de la diaria pelea por lavarse los dientes, sacar su ropa y meterse a la cama, después de gritos y sombrerazos, rezamos en calma, los beso y los abrazo y en un murmullo me dicen “te quiero mucho mamá”.

Tengo dos piernas con las que no solo camino, también corro y un lugar precioso al que trato de ir todos los días para sacar toda la energía acumulada y todo el estrés que anda rondando el cuerpo. Un lugar lleno de árboles por los cuales se cuela el sol en las mañanas y me hace apreciar la belleza de la naturaleza. Corro y sudo…sudo y corro y al mismo tiempo canto. Tengo la música que me acompaña todos los días a correr a mi bosque preferido. Siempre salgo feliz y con la cara llena…así, de esas caras que no te cabe otra expresión más que la de felicidad, no importando el cansancio. Correr me llena de vida y es totalemente gratis.

Tengo amigos que me quieren como soy, con mis alegrías y mis penas, mis distracciones y olvidos….y están siempre ahí, y ellos me tienen a mi, así también como soy y estoy siempre ahí.

Tengo a mis papás vivos, conmigo y reímos juntos, todavía me río de ellos (en este punto creo que me puedo meter en problemas…) pero es que son maravillosos y al permitirme reirme de ellos demuestran su gran sentido del humor. Mi papá me llena de paz con sus distracciones y actitudes extrañas, esto es porque me hace reír muchísimo y me doy cuenta que lo mío es genético, he heredado la dispersión y entonces me quita toda la responsabilidad. Mi mamá hace también cosas muy extrañas y chistosas con las que también me siento en paz….no tenemos remedio. Me siguen haciendo reír y todavía no me hacen llorar. Así que guardo en una cuenta bancaria virtual todos esos momentos para cuando sea necesario sacarlos y recordarlos para afrontar los duros que vengan. Por el momento seguimos en pie y riéndome de ellos (y con ellos).

Tengo una perra maravillosa que cree que soy la mejor persona del mundo. No existe nadie tan importante como yo y se desvive en demostrármelo a cada minuto. Cuando llego a la casa parece que llegó el Papa a México…me hace sentir querida, no, adorada y muy muy importante. No se va a dormir hasta que yo estoy en la cama, se inquieta si ando por todos lados caminando porque me quiere ver ya acostada para poderse subir a la cama para calentarme los pies. Los días que estamos solas los disfrutamos tanto en silencio que hasta nos vemos a los ojos y decimos “ahhhhh que paz tiene por fin la casa”.

Escribo, lo disfruto y tengo algunos lectores. Y cuando alguien se acerca y me dice “cómo me gusta tu blog” provoca una reacción eléctrica en mi cuerpo. No sé cómo explicarlo pero me llena de felicidad. Es una sensación que no puedes comprar con nada. Un día una amiga muy querida que veo muy poco me contó que estaba muy triste pasando por un problema muy fuerte, se había sentado en la banqueta de la calle y no encontraba cómo salir de ahí, de pronto leyó en su celular un post que milagrosamente había escrito sin tener idea de lo que ella estaba pasando y le ayudó mucho. Cuando me lo contó sentí como una corriente me recorrió el cuerpo y me llenó totalmente. Me lo agradecía sin saber que hizo más por mi que lo que pude haber hecho yo por ella.

Tengo trabajo y me mantiene la mente ocupada, bueno…mi mente está siempre ocupada, tendría que decir que me mantiene lejos de estar masticando pensamientos ilógicos y fatalistas como los que se acercan porque falta muy poco para el campamento de mis hijos…mejor me pongo a pensar en el folleto que estoy diseñando o en el post que tengo tantas ganas de escribir.

Tengo una casa con refrigerador y agua, luz y tele, gas y camas, baños y regaderas. Tengo un coche que me lleva a las escuelas de mis hijos y al fútbol, también a la montaña, mi lugar favorito para correr. Me ha llevado a la playa, mi lugar favorito para estar y me lleva con mis amigas a tomarme una cerveza, mi bebida favorita para platicar. Me lleva a casa de la Che, a los desayunos de mis queridas “Sexys con Alzheimer” y a esas cenas de “los últimos miércoles de cada mes” que tanto disfruto.

Tengo un club de lectura que me obliga a leer aunque no tenga tiempo y con el que he obligado a varias a leer aunque no tengan tiempo, en el que somos muy felices todas.

Tengo una memoria privilegiada, nunca me acuerdo de nada. Eso hace que viva sorpresas todos los días, que siempre haya una película nueva (aunque ya la haya visto) y que si alguien me lastima no lo recuerde para siempre. Antes me quejaba por no acordarme de nada, ahora me siento bendecida con mi mala memoria.

Tengo un teléfono celular que más que nada tiene WhatsApp….que me hace reír todos los días con los chats maravillosos a los que pertenezco. Nunca pasa un día sin que alguien me haga reír….NUNCA.

Tengo una vida maravillosa, no sé si la reina de Inglaterra o Carlos Slim disfruten tanto su celular como yo….o correr como yo, o tengan un perro como Tostada. Es probable que tengan mil cosas más que se compran con sus millones….lo que yo tengo ellos no lo podrían comprar. No pienso demandar a la revista “Fortune” como lo piensa hacer Armando Fuentes “Catón” porque entre estas cosas que mencioné arriba, también tengo muy poca disposición a ver lo que hacen los demás o tienen los demás y a buscar pleitos innecesarios….me da exactamente lo mismo. Disfruto mucho lo que tengo yo sin meterme a “metichar” la vida de los demás. No me duele ni me afecta.

Soy rica…soy muy muy rica….pertenezco a esa lista. ¿Y tú? ¿en qué lista estarías?

No puedo trabajar, así que me pongo a escribir…

Desde hoy en la mañana…no…corrijo, desde ayer en la noche tenía ganas de escribir acerca de la necesidad de aprender a estar solo, y no sólo eso, a disfrutarla e incluso respetarla y cuidarla. Pero tenía que dormir porque pasé un fin de semana muy ajetreado y remató con una distancia larga en mi entrenamiento el domingo en la mañana y no pude descansar en todo el día. El viernes Daniel no pudo dormir por varios ataques de miedo debidos a una conversación maldita que tuvo con un niño del club, acerca de unos animatronics (creo haber entendido algo así) y fue una laaaaaarga noche acompañada por llanto, temblorina, ronquidos de Tostada, sudoración por tener al niño abrazado hasta con los dientes y, por qué no, la aparición de Diego diciéndome que no podía dormir a eso de las 2 de la mañana. Total que fue una noche terrible. El sábado decidí ser una madre ejemplar y llevármelos a un museo y a comer antes de que se fueran con su papá, quería pasar el tan famoso “tiempo de calidad” y en la mañana hice una especie de meditación en la que me repetía el mantra “no me voy a enojar, no voy a regañar, no me voy a desesperar”….una y otra y otra vez hasta que se grabara en mis células. Funcionó y pasamos un sábado muy lindo (aunque debo confesar que también fue lindo el momento en el que su papá pasó por ellos). Me encontré un par de películas, me puse a leer un libro increíble y me dormí tarde, no me acordaba que al día siguiente tenía una carrera, tenía que despertarme a las 5:30 de la madrugada y después tenía que correr la distancia larga, pero dormí más o menos bien (aunque poco).

El domingo lo pasé de un lado para otro….literal, primero la carrera de 5 km de mis tan queridos Viveros, no podía faltar. Después correr 13 km más para juntar los 18 que me tocaban. La ventaja fue que la hice con dos amigas que son muy divertidas y la pasamos bien, vueltas por aquí, vueltas por allá y juntamos los kilómetros que nos había pedido (exigido) nuestro entrenador. De ahí fuimos a desayunar, yo comí como si fueran a ejecutarme horas mas tarde y no pudiera volver a comer nunca más, unos chilaquiles con cecina que me supieron a gloria….claro que de ahí quería dormir y dormir pero me fui a bañar, a sacar a Tostada un buen rato y a comer con otra querida amiga. La pasamos muy bien. Cuando regresé saqué de nuevo a Tostada y a los 30 segundos llegaron mis hijos de pasar el domingo con su papá. La casa perdió la paz en esos 30 segundos. Cuando llegan parece que entra un huracán…hasta Tostada me voltea a ver con carita de “se nos acabó el 20” así que tuve que hacer de cenar y tuve que ser la mamá que todos odiamos. Por fin regresó la paz a mi hogar a eso de las 9:30 de la noche. Yo solo quería cenar y dormir. Pero por más que lo intentaba no lograba conciliar el sueño. ¡No lo podía creer! con lo cansada que estaba….hasta que me vino a la mente el cafecito que me tomé en la comida. No entiendo por qué si le pides al mesero un café descafeinado te dan uno con cafeína…y tampoco entiendo por qué yo lo sigo pidiendo sabiendo que les vale gorro ya que no los vas a ir a buscar a las 2 de la mañana para reclamarles (y eso que los he amenazado). A esas horas fue cuando se me ocurrieron varias cosas para escribir. Pero pensé que si me ponía a hacerlo sería todavía más difícil dormirme, “mañana te acuerdas de todo esto, ¡¡duérmete ya!!!” y nada….

A las 5:15 de la mañana me rendí. Me puse a leer un poco hasta que por fin sonó el despertador, el que apagué con toda calma perfectamente despierta a diferencia de un día común en el que pongo el “snooze” como 15 veces…

Hoy muy temprano llevé a mis hijos a la escuela. No fui a correr porque tengo mucho trabajo así que decidí desayunar y empezar mi proceso creativo de diseño. Tengo que hacer un par de logotipos, un personaje ilustrado y unos bocetos de unos folletos…..pero no puedo de sueño. Nomás no me puedo concentrar. Llevo tres horas tratando de decidir qué hacer, porque quería escribir pero no quería desperdiciar mi poca concentración en desarrollar el tema este de la necesidad de aprender a estar solos. Pero no hago ni una cosa ni la otra. Llevo horas frente a la pantalla de mi computadora y ni escribo ni diseño. Siento los ojos arenosos de sueño y de pronto me descubro viendo el monitor como si fuera el infinito, con la mirada perdida. Me rehuso a escribir pero no puedo diseñar. Tengo que trabajar y no puedo darme el lujo de escribir….total que ni una cosa ni la otra. Hasta que hace como 15 minutos decidí desperdiciar totalmente mi tiempo. Sí sí….decidí tirarlo y escribir absolutamente de nada. Así no tengo que concentrarme y no desperdicio el poco cerebro que tengo en este momento en uso. Este podría ser el post más inútil sobre la faz de la tierra. No es acerca de nada, absolutamente de nada. No tiene ningún mensaje, moraleja, anécdota….nada. Solo quiero pasar el tiempo sin que implique ver la pantalla como viendo ‘padentro sin sentir culpa de no estar haciendo nada, por lo menos estoy escribiendo….No sé qué voy a hacer, dentro de hora y media tengo que pasar por mis hijos y entonces estaré totalmente arrepentida por no haber aprovechado mi poco tiempo que tengo al día para trabajar. Y luego ya me veo con la entrega encima para la presentación de los diseños y acordándome que me puse a escribir acerca de absolutamente nada. Pero no logro encontrar la entrada de mi proceso creativo. Aquí me tienen perdiendo el tiempo tecleando palabras y quizá haciéndoselos perder a ustedes. Aunque tengo la esperanza que algunos hayan decidido dejar de leer hace algunos párrafos al darse cuenta que este post no vale absolutamente la pena.

Alguna vez le dije a mi mamá que perder el tiempo también es muy valioso (es que  tiene una obsesión con aprovechar cada minuto de su vida haciendo algo útil) y en este momento estoy haciendo eso…justo….perdiendo el tiempo haciendo algo totalmente inútil. Tengo la esperanza que al terminar este post (tan inútil) pueda encontrar al fin la entrada de mi proceso creativo, quiero pensar que puse a trabajar otras partes de mi cerebro que están en coma….en estado vegetativo…. ¡Estoy totalmente perdida! se me cierran los ojos y no puedo tomar una decisión…dormir un rato para poder diseñar después….o seguir intentándolo. Lo peor es que ya ha pasado tanto tiempo que creo que ya no voy a poder hacer ninguna de las dos cosas….ya no me puedo dormir y no voy a poder hacer nada de los diseños pendientes.

Quizá debí de haber escrito sobre lo que originalmente quería, pero es que ni para eso me da….y no quiero hacer cualquier cochinada (como ésta) y prefiero guardar el tema para cuando tenga más conciencia acerca de lo que estoy diciendo.

En mi intento de concentrarme ya me tomé un café, me comí unos chocolates, fui a la cocina a ver qué más encontraba para comer, parecía la llorona deambulando y abrí como 3 veces el refrigerador sin encontrar nada. Lo que me hace pensar que es urgente ir al súper….no hay nada para comer y eso aumenta mis tareas para dentro de unos 20 minutos.

Creo que me voy a ir a dormir una media hora, luego me voy a volver a bañar, luego voy a ir por Diego a la escuela, me lo llevo al súper (pobre) recojo a Daniel, comemos algo que encontremos en algún recóndito cajón del refrigerador y mientras hacen la tarea trato de encontrar la entrada al proceso creativo que por ahora está cerrada.

¡Una disculpa a este post tan pero tan inútil! pero a veces cuando escribo arranco la mente….cosa que debo confesar que no ha sucedido.