Hace unos días leí un artículo acerca de los “corazones rotos”, me acordé de cuando yo lo tenía. Y justo preguntaba qué hacer cuando tienes un corazón roto y cómo te sientes, y sí….me acordé de esa sensación tan desoladora.
Todos hemos pasado por ese sentimiento en el que creemos que de un momento a otro vamos a dejar de respirar, o incluso lo deseamos…y no sucede, sigues viviendo con esa sensación de vacío en el cuerpo, de tener un hueco en el pecho.
O no paras de llorar o te sientes como adormecido porque ya no sabes qué está pasando y no puedes llorar más. O no paras de comer o no puedes meterte comida en la boca porque no hay manera de tragarla. No sabes si estás arrastrando los pies o de verdad alguien te está haciendo el favor de cargarte porque no sabes cómo es que acabas de salir del súper, con toda la comida empacada en las bolsas en la cajuela y de verdad no te acuerdas ni cómo lo lograste. No sabes cómo es que vas manejando y siguiendo los semáforos porque vas en “automático”.
No estoy escribiendo esto para hacer un drama o una “oda a la tristeza”…esa ya la hizo Neruda de manera monumental. Mi intención es mandar algo de ánimo a los que ahora están pasando por esos momentos tan tristes en su vida.
Todo lo que acabo de describir lo viví yo…todo, el vacío, no comía, arrastraba los pies y sí llegué a pensar que había pagado la comida que alguien más había metido en mi carrito del súper. Mis hijos me hablaban y contestaba en automático “¿ahhh si? ” porque de esa manera me aseguraba que, una de dos, o me lo volvieran a decir para tratar de ahora sí poner atención, o lo dejaran pasar creyendo que de hecho, ya tenía la información necesaria. Mis pobres hijos sobrevivieron a mi tristeza y mal humor de una manera increíble. Lo que más me preocupaba eran ellos, sin embargo, aunque traté siempre de que todo siguiera el curso normal de su vida, estoy segura que por momentos fui una “mamá zombie”.
Pero hubo un momento muy especial, creo que fue cuando decidí salir…un momento muy triste. No sé cómo, pero de pronto me encontraba sentada en el piso de mi baño sin poder parar de llorar, tenía la presión de salir para ir a recoger a mis hijos de la escuela pero no me podía levantar. Y tampoco dejaba de llorar….fue un momento en el que me dio mucho miedo “¿y si nunca puedo dejar de llorar? ¿qué voy a hacer? ¿me voy a quedar aquí para siempre?….” Todo eso me pregunté en esos momentos….y la respuesta fue “NO”. De milagro me había metido el teléfono, como pude le marqué a mi querida Casual Chic…”no puedo, no puedo”, me empezó a decir muchas cosas que me hicieron poco a poco dejar de llorar, a recobrar la fuerza en la piernas para levantarme y a decidir salir del baño. No sé por qué estaba ahí, no había nadie en mi casa, ¿de quién me estaría escondiendo?….no lo sé. Pero salí, fui por mis hijos y seguí mi vida.
El artículo que leí hacía la pregunta “¿qué hiciste cuando te rompieron el corazón?” yo puedo contestar “pedí ayuda a mis amigas”. No hubo nada que me dijeran que hiciera a lo que yo me negara. Fueron espectaculares y creativas, unas me hacían reír, otras llorar más, otras me sacaron a pasear como perrito y otras se las ingeniaron para llevarme a lugares de lo más extraños y ortodoxos (no olvido cuando la Che me llevó a ese Temazcal en el que yo pensé que me iba a morir y escuché claramente cómo la Vírgen me hablaba…me les iba de un momento a otro).
Me puse a correr, me compré unos tenis bien bonitos y fui a escupir los pulmones porque nunca lo había hecho antes.
Me puse a leer cuanto libro llegaba a mis manos y me puse a escribir.
Me metí a clases de Kabbalah (debo decir que estas me ayudaron muchísmo, todo empezó a cobrar sentido).
Me recuperé poco a poco. Y no volví a ser la que era antes, no, me convertí en una mejor versión.
Descubrí que había muchas cosas que me gustaba hacer que nunca hubiera probado de no haber estado en ese “hoyo negro” del que creí que no podría salir.
El universo tiene tantas cosas para ti, que parece imposible llegar a creer que tu vida se acaba cuando termina una historia con una persona. Pero sí lo crees.
Así que a todos los que están en este momento pasando por un hoyo negro, les quiero decir que todo mejora, todo se supera, todo pasa. Los que somos sobrevivientes lo sabemos bien, sales de ahí, continúa tu vida e incluso mejora, solo tienes que saber que sí lo logras. Habrá un momento en el que tengan que tomar una decisión, el mío fue en el piso del baño….
Hay una persona en especial que sé que la está pasando muy mal, quisiera hacer algo espectacular para ayudar, para que salga antes, para hacerla sentir bien, para que me crea que de verdad todo mejora. Pero toma tiempo….hay que tener paciencia y mucho coraje y valentía. Es difícil pero cuando lo logras, sientes que puedes conquistar el mundo. Te sientes fuerte y sientes que si te vuelves a caer, de seguro te vas a levantar de nuevo.
Ahora no puedo creer lo fuerte que soy, lo mucho que me divierto, y lo feliz que me siento. Ese momento en el baño no lo olvido porque fue decisivo, no quiero volver a sentir ese miedo, pero ahora sé que si lo vuelvo a sentir, también lo voy a volver a superar.
Te prometo que todo va a estar bien…ANIMO…eres más fuerte de lo que crees.