Una carrera con final de película….

Así es….un final de película, pero no podría decir la categoría del filme….drama, comedia, terror, suspenso….

Una carrera preciosa, el Medio Maratón del Puerto de Veracruz. Le traía ganas desde hace dos años cuando Pedro se iba con todo su equipo a correrla y me platicó acerca de ella, pero no estaba entrenada para correr medio maratón, apenas corría carreras de 10 km, “algún día” me dijo Pedro, pero yo lo veía lejano y difícil.

Hace un año decidí hacerla, empecé a entrenar y tenía algunas complicaciones económicas. Le había prometido a mi querida Gris que la haríamos juntas y que nos iríamos a Veracruz las dos, lo necesitábamos, sería un viaje catártico….fue muy estresante para mi ya que tenía un viaje muy cercano con mis hijos y las implicaciones económicas no estaban fáciles de resolver, y cuando no sabía cómo acomodarlo todo, un mes antes me lesioné y tuve que dejar de entrenar, decidí disfrutar mis vacaciones con mis hijos y no pensar más. Gris se fue sola….a su viaje catártico, me sentí triste por eso.

Este año decidimos hacerlo Rosy, Xó, Gris y yo….pero la época para entrenar es de verdad complicada, ya que es en enero, tienes que pasar noviembre y diciembre entrenando duro. Posadas, cenas navideñas, comidas…bebidas…desayunos… y por supuesto vacaciones. Las cosas no se veían cómodas para ponerse a entrenar para medio maratón. Pero nos comprometimos a hacerlo. Un mes y medio antes ya me andaba yo rajando, les dije que tenía que pagar las vacaciones con mis hijos y que además quería hacer una fiesta de mi cumpleaños, que no tenía dinero y que mejor lo pasábamos para otra mejor ocasión, pero no me dejaron, y yo, como dice la Jaiba Mordelona, NUNCA ME RAJO. “OK, vamos a Veracruz” les dije sin poderlo creer…y como pude empecé el entrenamiento, no podía hacerlo todo ya que salí de viaje y cuidé 4 perros y dos hijos durante 15 días sin muchacha…eso complicaba el asunto. En Acapulco tuve que hacer varias distancias y casi me muero con el calorón, la playa y el asfalto, yo pensaba en Veracruz y quería llorar…pero aunque no  muy constante, estuve entrenando.

Llegó el momento, el viaje, Rosy no pudo ir. Ya en el aeropuerto empezó lo que Gris le llamó “la aventura”. La encontré a las 7 de la mañana esperándonos con una actitud increíble, yo llevaba los ojos casi pegados y ella parecía que iba a bailar….Xó y yo nos moríamos de risa. Pero tenía razón, todo era una aventura.

El día anterior a la carrera hicimos tooooodo lo que no se debe de hacer. Desayunamos como huérfanas que nunca han comido, caminamos horas y horas en chancla “pata de gallo” que a mi a veces me lastima los pies (pero eso si, se veía linda). Vimos sol y nos pusimos shorts y playerita mona, lente oscuro y fuimos a conocer el puerto….un frío del diablo, pero nosotros sin perder el estilo. Antes muertas que sencillas. Gris quería ver el mar y la llevamos al mar, con tremenda caguama sentadas en las sillitas de plástico blanco mientras nos coqueteaba un fortachón con tatuajes que juraba que nos traía muertas. Nos reimos horas del galán de pacotilla que tenía cuadritos en la panza. Luego nos fuimos a seguir caminando y decidimos, por qué no, tomar otra cervecita frente a la catedral…y pedir algo “para picar” Comimos tanto que tuvimos que ir a la farmacia a comprar un Onotón porque teníamos que ir a la cena de carbohidratos en la que nos iban a entregar los paquetes de la carrera (el número, chip, playera y demás cositas que traen los tradicionales kits). Nos habían hecho favor unos amigos de ellas de recogerlos, así que no podíamos faltar a la cenita que no sabíamos en dónde la íbamos a meter, casi no nos cabía el aire que respirábamos. Ya en la cena, yo veía a la gente comer y casi me daban ganas de vomitar. La pedimos para llevar, nos dieron los paquetes y salimos hacia el hotel. Nos habíamos levantado muy temprano y habíamos danzado, comido y bebido todo el día. Llegamos a comentar “¿y si no corrremos mañana?” con ganas de que alguna se animara y dijera “no, mejor no corremos” pero ninguna se atrevió.

Más tarde, en el cuarto del hotel, tratamos de comer algo de la cena. A duras penas nos entró a Xó y a mi algo de pasta y atún. Gris cayó dormida porque no podía más.

En la mañana sonó el despertador a las 4….no son horas, de verdad, no lo puedes creer, te preguntas “qué estoy haciendo” casi cada 30 segundos con el pelo parado, los ojos pegados y la voz dormida en el cerebro. Pero nos bañamos y salimos hacia la carrera. El hotel nos tenía preparadas en el lobby unas canastas con fruta y nos llevaron en camiones hacia la salida.

Hacía mucho frío, pero se podía soportar. Calentamos, tomamos las tradicionales “selfies” que ama la Gris, nos reímos y admiramos el paisaje. Qué cosa tan bonita, todo estaba oscuro pero empezaba a salir el sol. Un lugar privilegiado para correr, a lado del mar con el amanecer de frente. Me empecé a animar y dejé de cuestionarme qué diablos estaba yo haciendo.

Me había encontrado a Javier, amigo corredor, y me dijo que tenía pensado hacer menos de 2 horas 20 minutos..correría primero a un promedio de 6:40 minutos por km y al final trataría de acelerar a 6:30 para tratar de llegar a las 2 horas 17 mn. Yo nunca he corrido por tiempo, me pone nerviosa eso de andar calculando la velocidad y cansarme y quemar mis energías antes. Yo siempre corro a paso cómodo en el que pueda llegar viva a la meta, sin gatear y con algo de dignidad….Y empecé a correr de ese modo, cómoda…feliz, oyendo música.

La verdad es que es una carrera preciosa, toda la ruta vas viendo el mar, al principio ves el amanecer, luego das vuelta, regresas y ya te toca el sol del lado derecho, bajito y se refleja en el mar. Yo que soy una cursi redomada, voy disfrutándolo todo, me distraigo mucho, en los tennis de el de adelante de mi, los shorts que le quedan muy mal a la chava que jura que es sexy, en el niño que regala chocolates y yo quiero uno….en la música, las casas, las personas que echan porras….no sé si es mi dispersión o mi gusto por observar, pero nunca veo la velocidad a la que voy. Lo que si veo es cuánto llevo recorrido.

En estos días me he dado cuenta que soy un tipo de corredora “conchuda” no me gusta esforzarme más allá, quizá sería más veloz, pero me da flojera, busco evitar la fatiga y estoy segura que inconscientemente siento algo de miedo a no poder terminar si me “quemo” a medio camino. Estoy entre tratar de mejorar mi velocidad o quedarme con mi conchudez y seguir disfrutando el camino.

No hay subidas ni bajadas, es un terreno plano, pasas por el malecón, por donde están los barcos cargueros, por el famoso restaurante La Parroquia (y quieres matar por algo de comer) y todo el tiempo hay gente en la calle dándote ánimo….porras, caras amables, mucha hidratación, y corredores veloces y lentos. Todo eso me distrae así que no voy pensando mucho en la velocidad, más bien en la resistencia.

Contrario a lo que yo pensaba (y seguro Pedro también) iba bien entrenada. En ningún momento me sentí agotada o con dudas de si podría terminar. No me sentí débil ni cansada. Los primeros dos kilómetros sentí un dolor rmuy fuerte en la parte delantera de la pierna baja, lo que comúnmente le llamamos “la espinilla” (tibial anterior)…mucho dolor, pensé “así no puedo correr, más vale que se me quite pronto porque no vine hasta acá para no terminar”….y me distraje con la música y el paisaje. En ese momento de dolor, pasé por donde el sol me quedaba del lado derecho y se reflejaba en el mar….y apareció una canción que se llama “Good life” me inspiró mucho, me ayudó a pensar positivo y a seguir corriendo pese al dolor. Tenía la sensación de que se me quitaría y así fue. Y me di cuenta de que sí….tengo una buena vida…

Cuando vi que estaba pasando por los 16 kilómetros y me sentía cansada pero fuerte, me acordé de Javier y su plan para hacer menos de 2 horas 20 mn….vi el nombre de mis hijos que me había escrito en el brazo para inspirarme y aceleré el paso, mi pronóstico era llevármela con mucha calma para hacer unas 2 horas 25 mn….pero con el tiempo que llevaba hasta ese momento y la fuerza que sentía, aceleré un poco el paso, sentía curiosidad más que ganas…

Por ahí del kilómetro 20 me encontré a Javier, me dio muchísimo gusto y le dije que me sentía cansada, sentía que, aunque llegaría viva a la meta, no lo haría en mejor tiempo, pero un tipazo el Javi, me empezó a echar porras, corrimos juntos ese tramo y de pronto me dijo “Diana, ahora que entres al estadio, te sueltas”….por un lado pensé “¿cuál estadio?”, luego pensé “¿me suelto?”….y vi la entrada a lo que parecía ser “el estadio”, y vi de lejos lo que parecía ser la meta….ese arco que casi siempre parece rodeado de un halo de luz divina, que lo acaban de bajar del cielo para que puedas poner fin a todo tu sufriemiento…como corredor, lo que mas ansías es ver el arco que dice “META” así que como lo ví a unos 100 metros y Javier me dijo “piensa que es un intervalo”, aceleré, corrí como si me viniera persiguiendo el diablo (o Pedro) y me sentía como en el final de la película en la cual la chava que ha sufrido lo indecible para llegar a esa carrera, entra de manera triunfal cual campeona olímpica y el público aplaude de pie con lágrimas en los ojos y la piel “chinita” de la emoción por ver a la guapa (por supuesto) corredora dejar la vida en el tartán y cruzar la meta con los dientes de fuera….cuando todo esto ocurría (mi final de película en la mente) vi la meta de frente, “ya casi llegas, ¡¡¡acelera!!!” pensé….y aceleré al grado que vi mi imagen en cámara lenta, sentía cómo se me movían los pómulos y los ojos casi se salían….mi final de película…de pronto…veo pasar la meta del lado izquiero, si si….mi película era de Mr. Bean…resulta que para llegar a la meta había que rodear todo el estadio, no estaba a la entrada, como yo creía…entonces mi intervalo de 100 metros se convirtió en un intervalo de 500, casi me muero (literal) entre la decepción de no terminar en ese instante, el cansancio de haber acelerado como si no hubiera un mañana llevando a cuestas 20.5 km y la tristeza de no tener mi final de película con el público aclamando, decidí que no podía frenar, no podía bajar la velocidad, quería mi desenlace histórico (aunque de verdad nadie te está viendo y a nadie le interesa) pero pensé “ahhhh nooooo, ahora lo termino como si fuera la mujer más veloz sobre la faz de la Tierra” y seguí ese paso desencajante. Las piernas me respondieron, el corazón a todo, era la cabeza la que sentía que se me salia de su lugar y los dientes caían uno por uno….por fin llegué, al cruzar levanté los brazos y le di gracias a Dios de que había terminado, para variar lloré….en eso vi llegar a Javier, pobre, lo abracé llorando (entre risa y emoción), no podía creer mi paso en el último kilómetro. Fotos por aquí, fotos por allá y por fin vi a mis queridas Gris y Xó, les conté a todos mi experiencia con la maldita ilusión de la meta que estas a punto de cruzar y no, y se morían de risa, vimos el tiempo en mi reloj y en efecto, el kilómetro más rápido de toda la carrera fue el 21.

Saliendo de ahí nos fuimos a desayunar a La Parroquia, una cosa espectacular….la mesa tenía tantos platillos como hambre nosotras, pero no pudimos con todo, lo mejor fue el café “lechero” probamos por supuesto las famosas “bombas” (conchas con frijoles) y le entramos sin piedad a las “picadas” con chorizo o chicharrón. Cuando el ambiente empezaba a decaer, decidimos irnos a descansar al hotel, para continuar con la comedera más tarde.

Tengo que decir que fue una experiencia increíble. EL viaje, Veracruz es lindo, el clima nos ayudó mucho porque estaba despejado y soleado pero el viento muy frío nos ayudaba a no sofocarnos. Aunque el entrenamiento es difícil en el mes de diciembre, y para variar me quejé de este hecho, valió 100 por ciento la pena. No es solamente la carrera, es todo. El camino, la llegada, la comida, las cervezas en la playa, las picadas, la bomba con frijoles, el lechero. Reír de la experiencia, correr con amigos, la gente de Veracruz , las porras el compañerismo, el ambiente.

Tuve un final de película, aunque sé que soy la versión femenina y mexicana de Mr. Bean, fue emocionante, de no haber estado bien entrenada no me hubiera sido posible dejar los dientes en la pista, porque no hay manera de correr a esa velocidad en el final del kilómetro 20 (claro, pensando que te faltan 50 metros, no 500).

Tengo que agradecerles a Xó y a Gris que me convencieron de ir a Veracruz, a Pedro por entrenarme, no soy una persona fácil porque siempre estoy reclamando, agradezco a mis hijos que  me dicen “ve y gana mamá, la fuerza está contigo” (se creen caballeros Jedis)  y a mis papás que siempre están ahí para apoyarme y ayudarme.

Seguiré mientras pueda para tener más finales emocionantes, cómicos, pero divertidos. Si alguien hubiera visto la expresión de mi cara al ver pasar la meta del lado izquierdo y no poderla cruzar, se reiría el resto de su vida….

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