Así me quiero morir…

Murió mi querida tía Consuelo, 8 días después de que la vi y me despedí. Ayer hubo una misa de cuerpo presente. Una preciosa celebración, no podía yo creer la cara de mi prima, una paz y una tranquilidad absoluta. Esa que te da el haber heho bien las cosas. Y pensaba yo durante la ceremonia que  alguna vez dije que no me gustaría saber que voy a morir, pensaba que daba una angustia espantosa y un miedo terrible. Pero estos días me han hecho cambiar de opinión.

Mi tía pasó por varias etapas, estoy segura que hubo momentos de frustración, miedo, enojo, tristeza….pero llegaron los de paz, perdón, reconciliación y aceptación. Tuvo el tiempo de arreglar las cosas como ella quería, pero sobre todo, de ayudarnos a los demás a dejarla ir.

Debe ser muy difícil encontrar paz ante la muerte de alguien que se va sin haber dicho adiós, sin haberle dicho cuánto lo querías, aceptabas y perdonabas, sin haberle pedido perdón…debe ser más difícil aceptar la muerte cuando llega sin avisar.

Mi prima se veía ayer radiante, espectacular, guapa como siempre pero sobre todo muy tranquila. Le pidió al sacerdote que no hiciera una misa de difunto, que hiciera una misa para celebrar su vida y el triunfo.

Tuvieron, como todos nosotros, historias complicadas a lo largo de su vida, etapas lindas, etapas duras, etapas enojadas y otras que vivieron separadas….pero al final de sus días se encontraron, ella pudo estar con su mamá en su despedida. Y a las dos les ayudó mucho a hablar de todo aquello que había quedado pendiente. Se me partía en corazón cuando me contaba que la grabó estos días, le pidió que le dejara mensajes a ella, a sus nietos, a sus amigos…. grabó consejos, regaños, la grabó asegurándole que la perdonaba y pidiéndole perdón…todos tenemos cosas que perdonar y todos tenemos cosas que necesitamos sean perdonadas. Y no debe de haber algo más maravilloso que poder hacerlo en vida y recibir de quien más quieres esas palabras que te liberan para el resto de tus días.

Se abrazaron mucho, lloraron juntas, rieron juntas, se tomaron fotos, confesaron cosas…qué más puedo decir. Fueron unos días durísimos en donde se hizo presente el amor en todo momento.

Ayer, que yo estaba toda apachurrada y el sacerdote hablaba de lo lindo de celebrar la vida y también la muerte, que bien que mal es parte de la vida, me puse a pensar en el terrible miedo que se tiene a saber que vas a morir. O yo por lo menos quería evitarlo. Ayer pedí que el día que esté yo por irme, lo sepa. Quiero morirme así, con estilo, pidiendo perdón, diciendo cuánto quiero y amo a la gente que está conmigo, quiero abrazar a mis hijos y decirles lo que considere que deben saber, quiero besarlos…..quiero que toda la gente que me quiere vaya y me lo diga….no debe ser fácil….pero tampoco debe ser tan difícil si uno entiende que es parte de haber vivido en este mundo, es como si vas a una fiesta y te vas sin despedir, nadie se da cuenta que ya no estás hasta que alguien empieza a preguntar en dónde andas….y tú ya estas en tu casa sin haber dicho adiós.

Ayer pensaba que mi tía, que seguro se equivocó en muchas ocasiones, tomó malas y buenas decisiones y fue juzgada por muchos, debe de haber hecho muchas cosas buenas, se le otorgó el maravilloso regalo de la despedida. Para ella fue maravilloso saber cuánta gente la quería, fue increíble pedir perdón y encontrarse con Dios….pero creo yo, que la más afortunada fue mi prima. Tuvo el privilegio de acompañar a su mamá en el proceso de dejar este mundo para irse a otro. Ayer decía que tenía los ojos tristes pero el corazón contento.

La parte más difícil pero linda de la ceremonia fue al final, se puso de pie, con su esposo y leyó una carta que le escribió a su mamá de despedida. Una carta preciosa de amor, pero real, no habló solamente bien de su mamá, no, habló de esa mujer de carne y hueso que vivió en búsqueda todo el tiempo. Me partía el alma…todos llorando y ella entera, tranquila, en paz….yo trataba de no llorar y al intentarlo, apretaba la garganta hasta que un dolor de cabeza fuertísimo me hizo imposible el seguirlo haciendo, por fin lloré, y lloré muchísimo….pero me daba una tranquilidad verla bien….

Al final todos la abrazamos, parecía que ella nos pasaba fuerza a nosotros. Irradiaba una paz, una luz, una tranquilidad y una felicidad que eran difíciles de comprender ante la idea de que acababa de perder a su mamá para siempre.

Mariana, si antes te quería y te admiraba, ahora lo hago con más intensidad, siempre me has parecido una mujer muy valiente que ha sabido manejar su vida. Has sufrido…mucho…a lo largo de muchos años. Y ayer me di cuenta que te has convertido en una mujer sabia, madura e inteligente pero sobre todo muy espiritual…has alcanzado la plenitud. Agradezco que sea así porque quiero verte feliz, y quiero que estés a mi lado cuando el momento de pasarla mal llegue para mi. Sé que me vas a pasar algo de la paz que ahora sientes, de la fuerza que has adquirido y de la sabiduria que tienes dentro de ti. Si antes te quería, ahora te quiero más porque he visto cómo has crecido, como has hecho de tu familia un lugar de amor. Ayer la gente hacía fila para darte un abrazo y demostrarte lo mucho que te quiere y lo mucho que le duele que sufras….ayer recibiste mucho amor, pero creo que a todos los que estábamos ahí nos diste una gran lección. No hay que temer a la muerte, hay que aceptarla y festejar la vida así como festejar el irnos también.

Yo solo te pido que cuando me veas flaquear, andes por ahí, que me acompañes y me ayudes y me enseñes a aceptar lo que sé que me va a costar trabajo aceptar. Tú ya sabes cómo. Y lo hiciste exactamente como tu mamá hubiera querido verte hacerlo, con estilo. Debe estar muy orgullosa de verte fuerte y serena.

Te quiero Mariana.