Carta a mi querida tía Consuelo

El domingo en la noche me enteré de una noticia muy triste. Mi adorada prima Mariana me dijo que su mamá estaba muy enferma, cáncer de hígado. Se me hizo un nudo en la garganta, no sabía qué decir, y pa colmo, en lugar de ser un apoyo para Mariana, me puse a llorar y ella me consoló a mí. De gran ayuda que fui….Me dijo que estaba en etapa terminal, así que decidí que quería ir a verla.

El jueves fui con mi mamá y una tía a visitarla, vive en Querétaro, un viaje difícil ya que uno sabe que un buen día se va a morir, nadie se salva, todos vamos para allá, pero ir a ver a alguien que sabe que es pronto te deja con el alma muy triste.

Nos tocó una mañana muy bonita, a mi me encanta manejar en carretera, me da una sensación de libertad que hasta el momento no se iguala con nada. Y por alguna razón, cuando arranqué el coche, me entró la paz…se me quitaron los nervios de la semana y solo quería ir a ver a mi querida tía Consuelo. Tenía muchas cosas qué decirle…

Cuando llegamos al lugar en el que vive, una hacienda preciosa, pensé “este es un lugar privilegiado para morir” lleno de árboles, pájaros cantando y perros!!! tres Golden Retriever preciosos, cariñosos y juguetones. De pronto escucho la voz de mi tía….saludando con mucho ánimo…me acerco, la abrazo y casi la mato con la fuerza de mi abrazo…solo me dijo “ay! cuidado con mi panza!” linda, siempre arreglada, siempre guapa la tía Chelo….nos enseñó la hacienda, las recámaras, caminaba despaciiito despaciiiito. Con mucho cuidado, con una actitud de campeona. Yo solo le preguntaba si estaba bien y si no se cansaba.

De ahí nos fuimos a platicar un ratito a la sala. Y empezó a hablar del asunto como si nos estuviera diciendo que se le picó una muela. Con una valentía envidiable. Uno siempre se proyecta, y yo pensaba en cómo estaría yo si supiera que todos los días me estoy muriendo un poquito.

Después de un ratito, llegaron unas personas a visitarla, la llevaron a su recámara y ya no la pudimos ver. Platicamos con Mariana mientras comíamos, muy muy agradable. Pero me parte el corazón….ahorita mismo vuelvo a llorar, ver a tu mamá cómo sufre y cómo se va apagando…. Dios mio que mujeres tan valientes ese par….

Nos teníamos que ir porque me quedaba manejar de regreso, me hubiera encantado quedarme a ayudar en lo que pudiera!!! como si fuera contar un chiste, lavar un plato, acercarle las pantuflas…algo!!! pero tengo dos bichos que necesitan mi atención.

Como ya no vi a la tía Chelo, quiero escribirle una carta, lo hago en el blog porque quiero que todos sepan el tipo de mujer que es. Se nos va, pero quiero festejar que todavía está y que siempre estará, mientras alguien viva en tu recuerdo, no muere nunca.

He escrito acerca de mi tía Nena y mi tío Oscar a su muerte, y ahora me siento privilegiada de poderle decir a mi tia Consuelo todo lo que siento mientras está con vida. Como dice el dicho “en vida hermano, en vida”.

Querida Tía Consuelo:

No quiero que te mueras, así tendría que empezar porque es lo que me parece más importante. Me sale del corazón…simplemente no quiero. Qué le vamos a hacer…pero quiero que sepas que verte ayer me llenó de paz, verte tan tranquila, tan valiente, tienes una expresión en la cara de total y absoluta paz. Y eso lo admiré mucho. Pero hay otras cosas que siempre he admirado de ti y te las quiero decir.

Siempre que te veo, tienes la mejor actitud, nunca te vi quejarte de algo, no te conozco enojada. Siempre siempre SIEMPRE recibes con la mejor sonrisa…eres la mejor anfitriona que conozco. Cada vez que me invitabas a comer, la comida era la mejor. La mesa puesta precioso, tu casa impecable, vaya que seguro Martha Stewart tendría mucho que aprender de ti.

¿Sabes de qué me acuerdo mucho? Que cuando yo era niña, y tenía unos 7 años y éramos vecinas, y me hablabas para que le “echara un ojito a Mariana” mientras te bañabas, me encantaba ir a tu casa. Era como ir a visitar a una artista…amaba tu closet!! lleno de zapatos, un orden impecable. En el espejo de tu baño tenías foquitos de esos como de camerino de cantante de ópera. Disfrutaba yo tanto ir….y a Mariana ni la pelaba (lo siento prima, pero me gustaba más ver los zapatos)…y luego me platicabas horas…y yo encantada.

Ya más grandecita..nos veíamos poco, pero cada vez que te veo es de buenas. Hace poco, que tuviste que ir a ayudarle a Mariana a cuidar a los niños, me impresionó tu energía, venías llegando del súper, le diste de comer a los nietos, con un modo que yo no podía creer, le pregunté a Mariana “¿tu mamá siempre es así con los niños?”…de tan bonito humor…la cocina calléndose, Mariana en reposo, sin ayuda de nadie y tu modo inmejorable….

El día que te conté que me había separado recuerdo que te dio tristeza, pero también me hablaste muy bonito. Me diste mucho ánimo para seguir  y me dijiste que yo tenía que ser feliz. No se me olvida. Y no se me va a olvidar nunca.

Siempre te he considerado “la tía elegante” tienes un glamour….hasta para morir!!! porque ayer te imaginaba en cama, dada a la tristeza y en pijama. Ahhh nooo…linda, arreglada, maquillada. En un lugar precioso.

Estoy muy muy triste!!! insisto, no quiero que te mueras….me pareces tan valiente. Mira que arreglarlo todo, cómo quieres morir, dónde quieres morir, cómo quieres morir…y hacerlo con tus hijos. Es que me lo imagino y no puedo ni respirar….

Me quedo siempre con esa sonrisa de anuncio, con tu imagen impecable. Con tu sentido de compartir lo que tienes. Creo que todavía tengo ropa tuya que me regalaste en algún momento. Con tu maravilloso sentido del humor…

Me quedo con tu valentía, con tu paz, con ese amor que diste siempre. Me quedo con la manera en que le hablabas a “mami y papi celes” que te ganaste su corazón con tu manera de ser. Me quedo con tu risa, que escucho. Me quedo con la imagen de una mujer valiente y decidida a hacer las cosas por ella misma, a tratar de ser feliz siempre. Me quedo también con tu manera perfeccionista de hacer las cosas, recuerdo los libros que publicaste, elegantes como tú, bien hechos, como tú. Espero que llegado el momento de mi muerte, tenga la bendición de hacerlo como tú. Que pueda resolver mis asuntos pendientes, que pueda despedirme, que pueda recibirla con esa paz que te vi ayer.

Te quiero y te admiro. Quiero que sepas que adoro a Mariana, que voy a estar pendiente siempre, que la admiro porque, así como tú, está tomando las cosas con mucho valor. No se echa para atrás…no, ahí está, luchando y haciendo las cosas bien. Tiene una familia preciosa, pero de todos modos me tiene a mi siempre. Pase lo que pase. Chico vive muy lejos, pero en el momento en que algo necesite, y quiera que esté, ahí estoy. Te quiero a ti también querido primo Sawyer…

Me parece que es un regalo que te manda la vida el poder estar en tu sitación, somos nosotros los que te queremos los que estamos muy tristes, pero poder saber que tienes que despedirte y hacerlo así, con estilo…poca gente es tan afortunada.

A donde vayas, mándame mucha luz, la necesito, estoy segura que vas a un lugar precioso. Y sé que tú lo sabes también y casi que estás lista….me quería despedir ayer de ti con otro abrazo que no te pude dar…espero poder regresar a dártelo, pero si no…te lo mando muy fuerte, así no te hace daño desde acá. Te quiero de verdad y me enseñaste muchas cosas. Mi mamá, mis tías…todos tristes y llorando porque te vas, eso debe decirte lo mucho que te queremos, admiramos y lo mucho que te vamos a recordar siempre.

Te quiero para toda la vida y te deseo un viaje feliz y encantador a ese lugar hermoso en el que solo encontrarás la paz que siempre has buscado.

Adios, hasta siempre querida tía Consuelo.

Eres un cielo lleno de estrellas