Así me quiero morir…

Murió mi querida tía Consuelo, 8 días después de que la vi y me despedí. Ayer hubo una misa de cuerpo presente. Una preciosa celebración, no podía yo creer la cara de mi prima, una paz y una tranquilidad absoluta. Esa que te da el haber heho bien las cosas. Y pensaba yo durante la ceremonia que  alguna vez dije que no me gustaría saber que voy a morir, pensaba que daba una angustia espantosa y un miedo terrible. Pero estos días me han hecho cambiar de opinión.

Mi tía pasó por varias etapas, estoy segura que hubo momentos de frustración, miedo, enojo, tristeza….pero llegaron los de paz, perdón, reconciliación y aceptación. Tuvo el tiempo de arreglar las cosas como ella quería, pero sobre todo, de ayudarnos a los demás a dejarla ir.

Debe ser muy difícil encontrar paz ante la muerte de alguien que se va sin haber dicho adiós, sin haberle dicho cuánto lo querías, aceptabas y perdonabas, sin haberle pedido perdón…debe ser más difícil aceptar la muerte cuando llega sin avisar.

Mi prima se veía ayer radiante, espectacular, guapa como siempre pero sobre todo muy tranquila. Le pidió al sacerdote que no hiciera una misa de difunto, que hiciera una misa para celebrar su vida y el triunfo.

Tuvieron, como todos nosotros, historias complicadas a lo largo de su vida, etapas lindas, etapas duras, etapas enojadas y otras que vivieron separadas….pero al final de sus días se encontraron, ella pudo estar con su mamá en su despedida. Y a las dos les ayudó mucho a hablar de todo aquello que había quedado pendiente. Se me partía en corazón cuando me contaba que la grabó estos días, le pidió que le dejara mensajes a ella, a sus nietos, a sus amigos…. grabó consejos, regaños, la grabó asegurándole que la perdonaba y pidiéndole perdón…todos tenemos cosas que perdonar y todos tenemos cosas que necesitamos sean perdonadas. Y no debe de haber algo más maravilloso que poder hacerlo en vida y recibir de quien más quieres esas palabras que te liberan para el resto de tus días.

Se abrazaron mucho, lloraron juntas, rieron juntas, se tomaron fotos, confesaron cosas…qué más puedo decir. Fueron unos días durísimos en donde se hizo presente el amor en todo momento.

Ayer, que yo estaba toda apachurrada y el sacerdote hablaba de lo lindo de celebrar la vida y también la muerte, que bien que mal es parte de la vida, me puse a pensar en el terrible miedo que se tiene a saber que vas a morir. O yo por lo menos quería evitarlo. Ayer pedí que el día que esté yo por irme, lo sepa. Quiero morirme así, con estilo, pidiendo perdón, diciendo cuánto quiero y amo a la gente que está conmigo, quiero abrazar a mis hijos y decirles lo que considere que deben saber, quiero besarlos…..quiero que toda la gente que me quiere vaya y me lo diga….no debe ser fácil….pero tampoco debe ser tan difícil si uno entiende que es parte de haber vivido en este mundo, es como si vas a una fiesta y te vas sin despedir, nadie se da cuenta que ya no estás hasta que alguien empieza a preguntar en dónde andas….y tú ya estas en tu casa sin haber dicho adiós.

Ayer pensaba que mi tía, que seguro se equivocó en muchas ocasiones, tomó malas y buenas decisiones y fue juzgada por muchos, debe de haber hecho muchas cosas buenas, se le otorgó el maravilloso regalo de la despedida. Para ella fue maravilloso saber cuánta gente la quería, fue increíble pedir perdón y encontrarse con Dios….pero creo yo, que la más afortunada fue mi prima. Tuvo el privilegio de acompañar a su mamá en el proceso de dejar este mundo para irse a otro. Ayer decía que tenía los ojos tristes pero el corazón contento.

La parte más difícil pero linda de la ceremonia fue al final, se puso de pie, con su esposo y leyó una carta que le escribió a su mamá de despedida. Una carta preciosa de amor, pero real, no habló solamente bien de su mamá, no, habló de esa mujer de carne y hueso que vivió en búsqueda todo el tiempo. Me partía el alma…todos llorando y ella entera, tranquila, en paz….yo trataba de no llorar y al intentarlo, apretaba la garganta hasta que un dolor de cabeza fuertísimo me hizo imposible el seguirlo haciendo, por fin lloré, y lloré muchísimo….pero me daba una tranquilidad verla bien….

Al final todos la abrazamos, parecía que ella nos pasaba fuerza a nosotros. Irradiaba una paz, una luz, una tranquilidad y una felicidad que eran difíciles de comprender ante la idea de que acababa de perder a su mamá para siempre.

Mariana, si antes te quería y te admiraba, ahora lo hago con más intensidad, siempre me has parecido una mujer muy valiente que ha sabido manejar su vida. Has sufrido…mucho…a lo largo de muchos años. Y ayer me di cuenta que te has convertido en una mujer sabia, madura e inteligente pero sobre todo muy espiritual…has alcanzado la plenitud. Agradezco que sea así porque quiero verte feliz, y quiero que estés a mi lado cuando el momento de pasarla mal llegue para mi. Sé que me vas a pasar algo de la paz que ahora sientes, de la fuerza que has adquirido y de la sabiduria que tienes dentro de ti. Si antes te quería, ahora te quiero más porque he visto cómo has crecido, como has hecho de tu familia un lugar de amor. Ayer la gente hacía fila para darte un abrazo y demostrarte lo mucho que te quiere y lo mucho que le duele que sufras….ayer recibiste mucho amor, pero creo que a todos los que estábamos ahí nos diste una gran lección. No hay que temer a la muerte, hay que aceptarla y festejar la vida así como festejar el irnos también.

Yo solo te pido que cuando me veas flaquear, andes por ahí, que me acompañes y me ayudes y me enseñes a aceptar lo que sé que me va a costar trabajo aceptar. Tú ya sabes cómo. Y lo hiciste exactamente como tu mamá hubiera querido verte hacerlo, con estilo. Debe estar muy orgullosa de verte fuerte y serena.

Te quiero Mariana.

3 Años corriendo…..

Hoy hace tres años que tomé la decisión de salir a correr…no sé cuántos de ustedes tengan claro el día que lo empezaron a hacer o que decidieron intentarlo. Yo por varias razones sí lo tengo, y cada año lo celebro.

Sé que fue ese día, un 25 de octubre, porque el 23 se celebra el aniversario luctuoso de mi querida tía Nena, y recuerdo muy bien que cuando cumplió un año de haber fallecido, durante la misa  en su nombre, me derrumbé y lloré como nunca en la vida con mi pobre papá que no tenía ni idea de qué era lo que me pasaba….al día siguiente el que era mi esposo se iría de la casa. Era una decisión tomada así que el saberlo con anticipación lo hacía muy doloroso.

El día que se fue, un lunes, en la tarde fui a comprarme mis tennis, nunca en mi vida había hecho ejercicio, llevaba tan solo un par de meses de estar haciendo spinning con la Jaiba Mordelona así que pensé que podría correr. No sé que hizo que mi cerebro llegara a tal conclusión, ¡¡¡pero estaba muy equivocado!!!

El martes estaba yo tratando de correr…tratando, porque creía que podría correr al menos unos 20  minutos, qué bárbara, no llegué a 6. Y todo esto lo cuento porque a veces me cuesta creer todo lo que he llegado a hacer en estos tres años.

Ese primer día fue terrible, me sentía ahogada, asfixiada, cansada y además frustrada porque según yo tenía muy buena condición física. Sí como no…pero algo hizo que no me rindiera. Lo había hecho antes con otras cosas, pero algo…algo me hacía volver todos los días a seguirlo intentando…”tengo que lograr un día dar una vuelta completa de 2 kilómetros” decía mi cabeza.

Pasaron los meses y no solo lo logré…he hecho mucho más que 2 kilómetros. Y tengo que decir que sigue sin gustarme hacer ejercicio, siempre fui una vaga la verdad, pero correr me gusta. Y es que cuando yo corro me conecto con algo dentro, algunos le dirán alma, otros energía, otros locura. El caso es que cuando yo corro siento que me estoy metiendo a una zona increíble donde solo existo yo, el sol, las plantas, los árboles, las nubes…siento como si todo lo demás desapareciera, y aunque me canse y quiera parar y a veces lo haga y a veces no, el resultado siempre es el mismo. Corra lo que corra siento una felicidad absoluta.

Antes le recomendaba a mis amigas que corrieran, que lo intentaran y que experimentaran esa sensación, pero ahora no lo hago porque creo que es algo muy personal. No todos lo sienten, no por el simple hecho de correr eres feliz. Te gusta o no te gusta, lo disfrutas o no lo disfrutas. Dicen que estamos hechos para correr, no lo sé, a veces pienso que sí, pero también creo que aunque el cuerpo humano está diseñado para hacerlo, la mente y el alma son otra cosa. Ahora creo que cada quien tiene que encontrar algo que lo haga conectarse, para mi es correr y escribir, para otras personas será quizá rezar, bailar, leer, hablar….

En estos tres años he corrido más de lo que pude haber imaginado. Todavía me acuerdo de el día que estaba entrenando para el medio maratón de la Ciudad de México, y estaba en una comida con mis amigos y tuve que salir más o menos temprano habiendo tomado solo una copa de vino tinto porque al día siguiente tenía que correr 18 km. Antes lo hacía sola, y me fui a la calle, me fui por Río Churubusco, llegué a Patriotismo, llegué a la Condesa y me regresé por Insurgentes, sola, un domingo cualquiera. Y me sigo acordando de lo que sentía. Miren que con mi mala memoria de pocas cosas me acuerdo. No tengo idea de qué ropa me puse ayer, pero sí me acuerdo de lo que sentí el día que terminé esos 18 km.

Me acuerdo también que días después me lastimé, a muy poco tiempo del medio maratón, y con férula seguí entrenando en la bicicleta. Me acuerdo de ese día, el de la carrera, cómo lo sufrí, pero también cómo  me sentí cuando crucé la meta. Se me pone la piel chinita cuando me acuerdo que de pronto vi el estadio de Ciudad Universitaria, iba sobre Insurgentes, y estaba escuchando la canción de U2 “Where the streets have no name”…impresionante….y luego poco antes de cruzar la meta aparece mi querida y adorada “Yellow” de Colplay. Y a llorar como Magdalena por espacio de una hora sin parar, de puro gusto, de pura felicidad…

En estos tres años, he conocido gente increíble, como a Pedro García, mi entrenador, que me molesta que da gusto, que no me deja en paz, que se burla y que me hace enojar y que quiero mucho. He hecho amistad con muchos corredores que han resultado ser increíbles personas que se han ido quedando en mi vida, que no saldrán nunca aunque no corramos juntos. He ido a lugares maravillosos, no puedo expresar bien lo que siento cuando corro en el Ocotal, cuando fui al Nevado de Toluca, creo que he sido total y absolutamente feliz corriendo ahí.

Este año decidí entrenar para correr el maratón completo. Qué cosa tan horrorosa, una cantidad de kilómetros risible si me lo hubieran contado hace tres años…hubo unas semanas que corrí un promedio de 50 a 70 km. Hice intervalos de 1 kilómetro. Me acuerdo cuando Pedro me empezó a entrenar y me pedía intervalos de 100 metros y yo quería llorar, y hace unos meses estaba haciendo de 500, 800 y 1000 metros dejando el alma y la vida….pero sintiéndome totalmente libre. También me acuerdo el día que tenía que hacer 28 km…y los hice feliz. Nunca me había sentido tan cansada y tan contenta al mismo tiempo, me sentía fuerte.

No soy una corredora veloz, pero sí soy una corredora feliz con lo que hago. Podría mejorar, pero soy floja y quejumbrosa, cosa que Pedro odia, pero se aguanta porque no queda de otra. Todos los días llego y le pregunto qué hay que hacer, me dice, me quejo, se enoja, dice que hago lo que me da la gana, le digo que siempre haré eso, lo que me da la gana y al final del entrenamiento termino haciendo lo que me pidió originalmente. Ya no sé ni para qué peleamos, pero cómo nos divertimos. A veces canta (horrible por cierto) y yo me río…me cuenta unos chistes malíiiiisimos….me “bullean” él y Armas, un corredor que parece que estudió una licenciatura de “cómo joder al prójimo” (ya sé, nunca uso groserías, pero es que Armas me vuelve loca….), y salgo feliz.

Durante mi entrenamiento para el maratón sufrí horrible, me quejé creo que todos los días, pero seguía, porque cada vez que terminaba, la satisfacción era absoluta. Claro que luego me tenía que ir al gimnasio a tratar de fortalecer las piernas. Nunca, nunca hice ejercicio, así que no tengo tono muscular. Creo que es demasiado tarde, pero el instructor del gimnasio, a pesar de que se muere de risa, no se rinde. dice que de alguna manera va a lograr que fortalezca las piernas.

Fue tanto mi entrenamiento que sufrí una lesión que estoy segura que mi cuerpo pidió a gritos, y si no mi cuerpo, sí mi alma, o mi espíritu, o mis piernas o algo o alguien porque estaba agotada. Me frustré horrible, me deprimí espantoso…hasta que lo solté…dejé ir al maratón y ahora, unos meses después, ya dada de alta y recuperada de una lesión complicada, he recuperado las ganas de correr. Eso era lo que yo había perdido durante mi entrenamiento, lo hacía por obligación, por miedo a rendirme, por no “quedarme” mal…

Ahora, que no he tenido tiempo de correr, que Pedro está de viaje y no me ha regañado y que se me ha complicado la vida por mil pendientes….muero de ganas de ir el lunes a mi querido hogar….

Hace rato escuché una conferencia de Elizabeth Gilbert, esa ecritora con la que me identifico mucho, en la que decía que el hogar es ese lugar en el que te encuentras haciendo lo que más te gusta. No es una casa, un departamento, una oficina, un parque…no es un lugar físico, es aquello que te hace feliz, como si es cantar, trabajar, comer…y a mi lo que me hace feliz es correr y escribir. Mi hogar entonces lo encuentro cuando hago esas dos cosas. Soy muy afortunada, después de estar perdida varios años de mi vida, al terminar una historia, un matrimonio, me recuperé a mi, encontré mi hogar, lo descubrí y no tenía idea de lo que me esperaba durante estos tres maravillosos años. No sabía lo que iba a crecer, a aprender, a disfrutar…ese buen día, el que me compré mis tennis y decidí correr, decidí volar, decidí moverme a una vida mejor, “quieres moverte a otro lado” me decía en aquel entonces mi terapeuta. Y tenía razón y lo hice.

Cuando empecé a correr redescubrí también la música. Maravillosa, la había perdido, ahora me acompaña siempre. Y en la primera etapa de corredora, encontré un buen día “Yellow” en la versión en vivo en Sydney…qué cosa…esa canción me acompaña en todas mis carreras. Y me ha llevado a cruzar varias metas juntas…la emoción que sigo sientiendo al escucharla es impresionante, no me cansa, no me aburre y no me acostumbro, vaya, que si la escucho corriendo, me regresa a aquellos días en los que me hizo tan feliz escuchar “look at the stars, look how they shine for you, and all the things  you do…” y me emociona toda otra vez.

Tres años corriendo, conociendo gente, aprendiendo, riendo, llorando. Tres años de descubrimiento, ¡¡¡cómo me gusta correr en montaña!!! eso no lo sabía hace un año….ahora, que ya no necesito correr, es mucho mejor. Al principio era un escape, ahora es solo un momento de felicidad.

Después del ritmo que traía, de tantos kilómetros a la semana, en la que me sentía a veces como G.I. Jane, en que no paraba y creía que un día iba a desaparecer….vino la calma….ahora mi mamá a veces se preocupa porque ahorita estoy entrenando muy poco. Pero necesitaba esta pausa, un descanso para recuperarme, para centrarme, para reconcer que a mi no me gusta el ejercicio, lo que a mi me gusta es correr, que a mi me hace feliz, que me conecto y que lo seguiré haciendo mientras las piernas me dejen, y el día que me fallen, tendré que encontrar otra manera, mientras tanto, el lunes me voy a celebrar mi tercer aniversario.

Tres años felices, duros y complicados, pero felices. A veces me pregunto “¿cómo es que llegué aquí? ¿a este momento y en este lugar en el que me encuentro tan bien y tan feliz?” …..pues nada, que llegué corriendo.

Carta a mi querida tía Consuelo

El domingo en la noche me enteré de una noticia muy triste. Mi adorada prima Mariana me dijo que su mamá estaba muy enferma, cáncer de hígado. Se me hizo un nudo en la garganta, no sabía qué decir, y pa colmo, en lugar de ser un apoyo para Mariana, me puse a llorar y ella me consoló a mí. De gran ayuda que fui….Me dijo que estaba en etapa terminal, así que decidí que quería ir a verla.

El jueves fui con mi mamá y una tía a visitarla, vive en Querétaro, un viaje difícil ya que uno sabe que un buen día se va a morir, nadie se salva, todos vamos para allá, pero ir a ver a alguien que sabe que es pronto te deja con el alma muy triste.

Nos tocó una mañana muy bonita, a mi me encanta manejar en carretera, me da una sensación de libertad que hasta el momento no se iguala con nada. Y por alguna razón, cuando arranqué el coche, me entró la paz…se me quitaron los nervios de la semana y solo quería ir a ver a mi querida tía Consuelo. Tenía muchas cosas qué decirle…

Cuando llegamos al lugar en el que vive, una hacienda preciosa, pensé “este es un lugar privilegiado para morir” lleno de árboles, pájaros cantando y perros!!! tres Golden Retriever preciosos, cariñosos y juguetones. De pronto escucho la voz de mi tía….saludando con mucho ánimo…me acerco, la abrazo y casi la mato con la fuerza de mi abrazo…solo me dijo “ay! cuidado con mi panza!” linda, siempre arreglada, siempre guapa la tía Chelo….nos enseñó la hacienda, las recámaras, caminaba despaciiito despaciiiito. Con mucho cuidado, con una actitud de campeona. Yo solo le preguntaba si estaba bien y si no se cansaba.

De ahí nos fuimos a platicar un ratito a la sala. Y empezó a hablar del asunto como si nos estuviera diciendo que se le picó una muela. Con una valentía envidiable. Uno siempre se proyecta, y yo pensaba en cómo estaría yo si supiera que todos los días me estoy muriendo un poquito.

Después de un ratito, llegaron unas personas a visitarla, la llevaron a su recámara y ya no la pudimos ver. Platicamos con Mariana mientras comíamos, muy muy agradable. Pero me parte el corazón….ahorita mismo vuelvo a llorar, ver a tu mamá cómo sufre y cómo se va apagando…. Dios mio que mujeres tan valientes ese par….

Nos teníamos que ir porque me quedaba manejar de regreso, me hubiera encantado quedarme a ayudar en lo que pudiera!!! como si fuera contar un chiste, lavar un plato, acercarle las pantuflas…algo!!! pero tengo dos bichos que necesitan mi atención.

Como ya no vi a la tía Chelo, quiero escribirle una carta, lo hago en el blog porque quiero que todos sepan el tipo de mujer que es. Se nos va, pero quiero festejar que todavía está y que siempre estará, mientras alguien viva en tu recuerdo, no muere nunca.

He escrito acerca de mi tía Nena y mi tío Oscar a su muerte, y ahora me siento privilegiada de poderle decir a mi tia Consuelo todo lo que siento mientras está con vida. Como dice el dicho “en vida hermano, en vida”.

Querida Tía Consuelo:

No quiero que te mueras, así tendría que empezar porque es lo que me parece más importante. Me sale del corazón…simplemente no quiero. Qué le vamos a hacer…pero quiero que sepas que verte ayer me llenó de paz, verte tan tranquila, tan valiente, tienes una expresión en la cara de total y absoluta paz. Y eso lo admiré mucho. Pero hay otras cosas que siempre he admirado de ti y te las quiero decir.

Siempre que te veo, tienes la mejor actitud, nunca te vi quejarte de algo, no te conozco enojada. Siempre siempre SIEMPRE recibes con la mejor sonrisa…eres la mejor anfitriona que conozco. Cada vez que me invitabas a comer, la comida era la mejor. La mesa puesta precioso, tu casa impecable, vaya que seguro Martha Stewart tendría mucho que aprender de ti.

¿Sabes de qué me acuerdo mucho? Que cuando yo era niña, y tenía unos 7 años y éramos vecinas, y me hablabas para que le “echara un ojito a Mariana” mientras te bañabas, me encantaba ir a tu casa. Era como ir a visitar a una artista…amaba tu closet!! lleno de zapatos, un orden impecable. En el espejo de tu baño tenías foquitos de esos como de camerino de cantante de ópera. Disfrutaba yo tanto ir….y a Mariana ni la pelaba (lo siento prima, pero me gustaba más ver los zapatos)…y luego me platicabas horas…y yo encantada.

Ya más grandecita..nos veíamos poco, pero cada vez que te veo es de buenas. Hace poco, que tuviste que ir a ayudarle a Mariana a cuidar a los niños, me impresionó tu energía, venías llegando del súper, le diste de comer a los nietos, con un modo que yo no podía creer, le pregunté a Mariana “¿tu mamá siempre es así con los niños?”…de tan bonito humor…la cocina calléndose, Mariana en reposo, sin ayuda de nadie y tu modo inmejorable….

El día que te conté que me había separado recuerdo que te dio tristeza, pero también me hablaste muy bonito. Me diste mucho ánimo para seguir  y me dijiste que yo tenía que ser feliz. No se me olvida. Y no se me va a olvidar nunca.

Siempre te he considerado “la tía elegante” tienes un glamour….hasta para morir!!! porque ayer te imaginaba en cama, dada a la tristeza y en pijama. Ahhh nooo…linda, arreglada, maquillada. En un lugar precioso.

Estoy muy muy triste!!! insisto, no quiero que te mueras….me pareces tan valiente. Mira que arreglarlo todo, cómo quieres morir, dónde quieres morir, cómo quieres morir…y hacerlo con tus hijos. Es que me lo imagino y no puedo ni respirar….

Me quedo siempre con esa sonrisa de anuncio, con tu imagen impecable. Con tu sentido de compartir lo que tienes. Creo que todavía tengo ropa tuya que me regalaste en algún momento. Con tu maravilloso sentido del humor…

Me quedo con tu valentía, con tu paz, con ese amor que diste siempre. Me quedo con la manera en que le hablabas a “mami y papi celes” que te ganaste su corazón con tu manera de ser. Me quedo con tu risa, que escucho. Me quedo con la imagen de una mujer valiente y decidida a hacer las cosas por ella misma, a tratar de ser feliz siempre. Me quedo también con tu manera perfeccionista de hacer las cosas, recuerdo los libros que publicaste, elegantes como tú, bien hechos, como tú. Espero que llegado el momento de mi muerte, tenga la bendición de hacerlo como tú. Que pueda resolver mis asuntos pendientes, que pueda despedirme, que pueda recibirla con esa paz que te vi ayer.

Te quiero y te admiro. Quiero que sepas que adoro a Mariana, que voy a estar pendiente siempre, que la admiro porque, así como tú, está tomando las cosas con mucho valor. No se echa para atrás…no, ahí está, luchando y haciendo las cosas bien. Tiene una familia preciosa, pero de todos modos me tiene a mi siempre. Pase lo que pase. Chico vive muy lejos, pero en el momento en que algo necesite, y quiera que esté, ahí estoy. Te quiero a ti también querido primo Sawyer…

Me parece que es un regalo que te manda la vida el poder estar en tu sitación, somos nosotros los que te queremos los que estamos muy tristes, pero poder saber que tienes que despedirte y hacerlo así, con estilo…poca gente es tan afortunada.

A donde vayas, mándame mucha luz, la necesito, estoy segura que vas a un lugar precioso. Y sé que tú lo sabes también y casi que estás lista….me quería despedir ayer de ti con otro abrazo que no te pude dar…espero poder regresar a dártelo, pero si no…te lo mando muy fuerte, así no te hace daño desde acá. Te quiero de verdad y me enseñaste muchas cosas. Mi mamá, mis tías…todos tristes y llorando porque te vas, eso debe decirte lo mucho que te queremos, admiramos y lo mucho que te vamos a recordar siempre.

Te quiero para toda la vida y te deseo un viaje feliz y encantador a ese lugar hermoso en el que solo encontrarás la paz que siempre has buscado.

Adios, hasta siempre querida tía Consuelo.

Eres un cielo lleno de estrellas

Revolucionaria, republicana e indésirable…pero madre.

Hace unas semanas, en mi club de lecutura, leímos un libro maravilloso llamado “Corazón helado” de Almudena Grandes. Habla de la historia de dos familias españolas durante la Guerra Civil en los años 36 a 39 y continúa con algo de la segunda Guerra Mundial y se entrelaza con el presente de manera maravillosa. Es un libro que, aunque al principio pareciera muy complicado, se va desarrollando poco a poco una historia llena de magia. Para mi fue importante leerlo. Después de escribir aquel post en el que hablaba de el exilio de mis abuelos españoles, una amiga me recomendó que lo leyera, después otra querida amiga me platicó de él hasta que por fin decidí proponerlo en el club. En sus más de mil páginas va contando cómo viven esos momentos en su historia, cómo lo sufren, cómo sobrevivien….y todo el tiempo imaginaba yo a mis abuelos contándome esas historias. Parecía que me estaban hablando a través de Julio Carreón y de Ignacio Fernández, de Anita y de Raquel, de Paloma….republicanos contra fachistas….la dictadura, la guerra…los horrores de la pobreza, pero ante todo, las hisotrias de amor.

Mis abuelos eran republicanos, salieron huyendo hacia Francia, a mi abuelo lo ubicaron en un campo de concentración en la costa y a mi abuela la mandaron a Paris, a través de la Duquesa de Kent, que dirigía la Cruz Roja Internacional, lograron reunirse, trabajar en la cosecha de la uva, ahorrar y salir en un barco que esperaba tormentas para no ser hundido por submarinos y así llegar a América, donde tuvieron que bajarse en República Dominicana porque nació mi papá. Años después lograr viajar hacia México. ¡Cómo me gustaría platicar con ellos! he aprendido tanto en los últimos años…les haría tantas preguntas…¡tengo tantas dudas!…cuando vivían no se me ocurrian…y ahora que soy una mujer madura y que soy madre y que he pasado por muchas cosas difíciles y que he librado batallas….(que por cierto, ante las que ellos libraron, parecen tan insulsas) creo que hablaría por días enteros sin parar con ellos.

Cuando terminamos el libro, teníamos la reunión de conclusión, así que platiqué mucho con mi papá acerca de la guerra civil para poderles contar a las integrantes del club, me explicó muchas cosas que yo no sabía y me puse a investigar otras…”¡papá! ¡soy republicana!” le dije cuando terminamos de hablar…y me dijo “sí, eres republicana y revolucionaria”. Mi abuelo materno estaba muy vinculado a la Revolución Mexicana.

Entendí muchas cosas, acerca de mi carácter, ahora sé por qué el famoso “Dianazo” por qué no me puedo quedar callada cuando siento que se está cometiendo una injusticia, por qué tengo el temperamento de luchar siempre y por qué me es más fácil sobrevivir.

En una parte del libro, Ignacio Fernández, un republicano de hueso colorado, trata de entrar a Francia, y en la frontera lo catalogan (como a casi todos los pobres españoles que iban huyendo después de haber perdido ante la dictadura) como Indésirable..y ante la oportunidad de dar una “cuota” para no ser enviado con los otros indésirables a campos de concentración, debido a su alto rango en el ejército y a su posición social, decide quedarse con sus compatriotas republicanos, españoles e indésirables…”soy lo que soy” decía Ignacio….esa soy yo.

El martes pasado vi una foto de un muchacho normalista de Ayotzinapa muerto, torturado…sin cara y sin ojos…no quería verla, venía en el coche, regresando con mis hijos del club, en la noche y en el tráfico decidí meterme a facebook para escribir que estaba viendo la luna más bonita del año, cuando al entrar me apareció esta foto. Me quedé impresionada, cerré inmediatamente la aplicación…mis hijos atrás cenando en el coche….como si la vida solamente se tratara de fútbol…a mi se me revolvió el estómago, me dieron náuseas, la foto era impresionante, pero lo era más el saber que hay gente capaz de hacer eso. Y mientras mis hijos discutían sobre goles y reglas…yo pensaba en el México que estamos viviendo. Con una sociedad que está permitiendo que tantas injusticias se cometan y que se queda impávida sin hacer nada. Ya poco nos soprende…y eso….es trágico.

Llegando a mi casa lo tuve que escribir, tuve que poner en facebook lo que pensaba, ya de la luna ni me acordaba…estaba muy muy triste y dolida, enferma del estómago por la foto pero sobre todo…sin saber qué hacer ni tener nada claro. Más tarde una Casual Chic  me dijo que el miércoles habría una marcha para protestar “yo tengo que ir” pensé….

El día siguiente, muy temprano me habló al celular para ponernos de acuerdo para ir a la marcha. Yo tenía la tarde muy complicada, Diego con clase de alemán, a Daniel nadie lo podía recoger, y si lograba que alguien lo hiciera, iban a pasar la tarde solos, o jugando en el club sin hacer tarea…no me era posible, “soy revolucionaria, pero también soy mamá” pensé, y por ahora….tengo que cubrir ese puesto. La verdad, me dio mucho coraje ¡y mucha impotencia! pero mi papel de revolucionaria tiene que esperar, y quería hacer algo, pero no…no podía.

Al medio día, casi para recoger a Diego, me habló Casual Chic, a ella se le estaba complicando mucho también, no podría ir si no lograba que alguien recogiera a su hijo Lu del colegio a las 3:30 del futbol y llevarlo a su casa. Para mi estaba difícil ayudarla, la clase de Diego era a las 4:30, y teníamos que comer y hacer tareas….empecé a pensar en voz alta y de pronto lo resolví, “yo paso por Lu, pero tú vas a esa marcha en mi nombre, me representas y yo te represento”….y así fue. Me quedé un poco más tranquila. Iba a recoger a mis hijos, los iba a dejar en la casa, ellos comerían y harían tarea mientras yo iba por Lu para llevarlo a su casa y regresaba por ellos para llevarlos a la clase de alemán y al club…estaba todo complicado y requería trabajo de equipo, yo no tendría tiempo para comer, pero podría ayudar, así que en cuanto se subieron al coche apagué el radio y les dije “Daniel y Diego…necesito su ayuda. Estamos viviendo cosas tristes en México, muchas injusticias, y hoy hay una marcha a la que yo quería ir, pero no puedo, ahora que si ustedes me ayudan podemos lograr que vaya Casual Chic y nos represente a todos, pero tienen que comer sin que yo esté con ustedes, tienen que cambiarse de ropa, tienen que empezar la tarea y todo sin que yo los esté acarreando cada 30 segundos, si no lo hacemos así, Casual Chic no va a la marcha y por lo tanto, yo tampoco, qué dicen, ¿vamos todos a cooperar por México?” contestaron que sí, algo sorprendidos…y ¿saben qué? lo hicieron perfecto, yo pasé por Lu, encantador, adoro a ese niñito que no le para la boca y que no tuvo ningún problema en que yo fuera por él, se iba comiendo un espagueti en el camino, yo le mezclé la carne para que se conviertiera en una bolognesa y mientras hacía yo todo esto, pensaba en la marcha, en que no podía estar ahí, pero en que alguien le tenía que hacer la bolognesa a Lu, alguien tenía que llevar a mis hijos a comer, alguien tenía que hacer toooooodo el resto de la tarde la tarea con Daniel que pareciera que no había un mañana (nunca había tenido tanta tarea).

Finalmente, cumplí….con el papel de madre que por ahora me toca cumplir, pero no dejo de ser Republicana ni Revolucionaria y quizá sea Indésirable para mucha gente….pero seguiré siempre luchando por lo que no me parece justo, y enseñaré a mis hijos a hacer lo mismo. Ese es mi papel más importante…todos los días les hablo del poder de la educación, les inculco amor por su país, les hago conciencia de lo importante que es ser buenos seres humanos, honestos, trabajadores y justos….y espero que un día pueda yo andar de revolucionaria por ahí gritando consignas…por hoy…solo soy madre.