¡¡¡Y a mi ni me gustan las cerezas!!!

Seh…ahora lo explico….

Resulta que esto de mi lesión me ha enseñado más que si hubiera tomado años de terapia, en solo unas semanas viví una montaña rusa de emociones, sentimientos, pensamientos, imagínense….¡con lo que se me da pensar! y ahora tenía un motivo muy poderoso para no dejar de hacerlo, pasaron por mi cabeza mil cosas, todo el día “el maratón, viene el maratón y yo en reposo…qué hago…tengo que correr…o…¿no?”

Tampoco era como que tenía demasiadas opciones, o de verdad creo que ninguna. La lesión ahí estaba, y aunque muchas personas me decían que estaba en mi cabeza, yo la sentía en la pantorrilla, seguramente si tenía algo que ver la mente, da igual, la que me dolía era la pierna. Fui al doctor varias veces, tomé terapia de ultrasonido, láser, shocks elcéctricos (en las piernas, aunque hubiera sido mejor en mi cabeza), tomé muchas medicinas, tratamientos iban y venían y cada vez que lo volvía a intentar, el dolor seguía.

Un día sentí una gran frustración saliendo de los viveros…lloré como Magdalena por varias horas, no podía creer que después de 4 meses de un entrenamiento como el que hice, tuviera que parar de golpe y porrazo arriesgando el maratón. “Si no corren los 32 km el domingo deben considerar seriamente su participación en el maratón” escribió mi entrenador en un post que puso para todo el equipo….casi se me cae el pelo. Era prácticamente imposible para mi sacarlos. Solo existía la esperanza de hacerlos más adelante, “no te desanimes, sigue soñando” me dijo Pedro García cuando muy triste le dije que no iría a correrlos.

Ustedes saben bien el coraje que hice, lo comenté hace unos días. Pero toda lección debe ser aprendida. Y lo he hecho muy bien, me he portado “eeeeexcelente” (así me decía mi entrenadora de tennis cuando daba un buen golpe de revés y todavía lo recuerdo). Creo que he aprendido ya lo que ha pasado. Ahora se los comparto.

En enero me inscribí para le medio maratón en julio y el maratón completo en agosto. No tenía en ese momento muy claro lo que iba a pasar, pero más vale prevenir, total, si no lo corría siempre lo podía vender o regalar, pero las inscripciones se acaban pronto. En febrero o marzo lo comenté con mi entrenador y decidimos esperar a ver como salía de una lesión que había tenido entre diciembre y enero. En abril tomé la decisión, ya lo conté hace unas semanas. Pero haciendo un análisis de todo esto, recordé las verdaderas razones por las cuáles decidí correr un maratón.

Tengo una saboteadora en la cabeza, horrible, es mi eterna enemiga, todo el tiempo me dice qué hacer y qué no hacer, obviamente la mayor parte del tiempo me dice que no haga las cosas porque no puedo hacerlas. Un maratón se corre con las piernas, con el cuerpo, con las pompas (dice mi entrenador del gimnasio) con mucha condición física y músculos en el abdomen….pero solo el 15 ó 20 por ciento, lo demás se corre con la mente y con el corazón. Mi corazón está muy bien, lo supe cuando decidí hacerme un electrocardiograma y una cantidad de análisis loca para ser según yo muy responsable y no lanzarme al maratón como el borras y entonces dejar huérfanos de madre a mis hijos, claro que es otro tipo de “corazón” con el que corres, no es el órgano vital del cuerpo… pero yo estaba tranquila porque según yo, estaba muy sana. Pero mi mente…esa traidora…esa era la que tenía que vencer.

Estas semanas que he tenido que tomar decisiones  muy serias me he puesto a platicar con varias amigas, he oído todo tipo de consejos y he contestado toda clase de preguntas. Una que me movió muy fuerte el piso fue “si estabas tan estable, tan contenta  y en uno de tus mejores momentos, ¿qué fue lo que te hizo tomar la decisión de correr un maratón?” y esa pregunta me la hicieron para que lo analizara y pudiera encontrar respuestas.

Y las encontré, “para vencer a mi mente, porque si yo soy capaz de ganarle y correr un maratón, soy capaz de todo, no habrá nada que me detenga, sabré entonces que le he ganado a la traidora que llevo dentro”….otra respuesta fue “porque si ahora estoy tan bien, cuando cruce esa meta de los 42 km me sentiré increíble, será la cereza del pastel, coronaré una etapa de lucha por ser la persona que soy ahora”.

Y así varias otras, no terminaría nunca si les contara todo lo que ha pasado por mi mente. Todo esto me hacía seguir entrenando, varios de ustedes saben que me quejaba, que me cuestionaba mucho por qué estaba haciendo todo ese esfuerzo por correr el maratón. El doctor me dijo que sin fuerza no lo lograría así que me iba al gimnasio después de correr 3 veces por semana, los domingos eran distancias demenciales…y cuando salía agotada de las mañana y me iba a levantar pesas, habiendo bebido solo un licuado lleno de cosas raras en el coche y salía del club a la una de la tarde a desayunar algo rápido para irme a recoger a los niños, me sentía muy orgullosa, estaba lográndolo todo. La pobre de mi amiga que me trataba de entrenar la mente varias veces sufrió al tenerme que convencer que todo esto valía la pena. Pero mi duda más fuerte era siempre “¿por qué lo hago si no quiero?….¿por qué me quejo tanto?…¿por qué no siento esa pasión por el entrenamiento que sienten todos mi compañeros?” , a veces se lo preguntaba a Pedro, mi entrenador, y me decía que tenía quizá tenía que replantearme si verdaderamente quería correrlo. Muchos me decían que es normal, que la mente sabotea de manera natural a todos los corredores. Y yo seguía, siempre sintiéndome muy orgullosa de que a pesar de no querer, estaba yo ahí y hacía todo lo que se me pedía.

Recuerdo muy bien que un día le dije a una amiga corriendo, “¿sabes por qué sigo? porque me da mucho miedo rendirme, sería un fracaso para mi, tengo mucho miedo a sentir que perdí”….y seguía.

Ahora con la lesión, que pedí a gritos, se me movió todo. “¿ah no quieres correr? tómala!! pues ahora no corres…¡¡pero ahora sí quiero!!….pues ahora no puedes”…Dios mio qué lección.

Reposo obligatorio. Los primeros días los disfruté un poco, pensando que me merecía el descanso, pero conforme pasó el tiempo me fui preocupando y sentía una presión terrible. Estaba muy triste, deprimida y enojada.

Ahora….ahora siento una paz impresionante porque ¿saben que? vencí el peor miedo que tenía, el de rendirme…el de decirle a mi mente “ganaste, tenías razón, no puedo”….no es cierto, si puedo, no me rendí, no me ganó. Es más, le demostré a ella y a mí que tengo fuerza de voluntad, que los compromisos los cumplo, que si tengo algo qué hacer, lo hago. Pero que ya no tengo por qué hacer algo que no quiero, que no disfruto, por el simple hecho de qua ya no necesito cruzar la meta para que me diga yo misma que sí puedo. Sé que me gusta correr, ahora quiero hacerlo más que antes, porque no lo hago por aplausos ni propios ni ajenos. Lo hago porque lo disfruto. Las lesiones son compañeras de los deportistas y es algo con lo que tenemos que aprender a vivir. Así que de entrada tienes que soltar lo que no tienes, como una meta asegurada. Haces planes y te ves cruzando, está muy bien eso de que tienes que visualizarte, lo que no está bien es dejar a un lado toda tu vida para conseguir un objetivo que crees que te hará feliz, pensar que eso lo vale todo, porque en mi caso, no es así.

Cuando decidí entrenar para correr el maratón dejé a un lado muchos compromisos sociales, desayunos, fiestas, comidas….mucho tiempo con mis hijos….proyectos de trabajo que quería hacer y que siempre decía “ahorita no tengo tiempo, pero en cuanto corra el maratón lo hago” Todo lo pospuse para cuando “despegara mi vida” sin saber que había despegado ya. Creo firmemente que por eso lo estaba sufriendo tanto, porque yo no tengo esa pasión por el maratón, soy corredora, una corredora muy feliz, no una maratonista, no ahora por lo menos.

Entre algunos comentarios que me hicieron, una querida amiga me dijo “Diana, tú sabes ser feliz” y me hizo llorar, otra querida corredora me dijo “vuelve a casa”….como Magdalena, todo eso me hacía sentido, pero no soltaba la lucha, no soltaba el maratón, no soltaba la meta y la idea de que si todo esto lo soprebasaba sería completamente feliz y le habría ganado a la mente, habría vencido el miedo.

Y de pronto….solté la lucha, decidí dejarlo. No hay tiempo, ya no es posible correrlo. El otro día el doctor me dijo que con el entrenamiento que llevé estos meses lo podría hacer corriendo muy despacio, que me podían infiltrar y….. cuando empezó a decirme lo que podríamos hacer lo paré en seco y me salió del alma “no doctor, no quiero actos heróicos, no los necesito”…se me quedó viendo y me dijo “creo que yo estoy más aferrado qué usted” a lo que yo le contesté que sí…que lo soltara, que iba a estar bien.

Todo lo pospuse y lo dejé de lado para cumplir un objetivo inmeso que me haría completamente feliz. Ahora sé que no es así. Que tengo otras maneras de lograr esa satisfacción. Sí, es cierto, cruzar una meta te da una felicidad inmesa, pero ahora tengo que encontrar otras maneras, porque me estaba quitando mi energía, no se puede dejar todo para un solo objetivo y creo que es una de las lecciones que mejor he aprendido estos días…

Me dediqué estas semanas a difrutar tiempo con mis hijos, con mis amigos, con mi familia. Hace un rato ví en facebook que quedaban 12 días para el maratón…sentí una paz en el alma que es imposible que sea actuada…”no tengo qué hacerlo” pensé en automático….pero quizá quiera hacerlo….No estoy diciendo que no corra ese día, estoy diciendo que si no quiero, no lo haré. No tengo miedo  a que sea eso,miedo. Ya no temo a soltar lo que no me hace feliz por el miedo a rendirme. Ya sé que no es rendirse, es soltar lo que no te está dando la vida que tu quieres. Es soltar lo que te provoca una guerra interior, es soltar lo que te provoca estrés….es que yo no soy maratonista ahorita, soy corredora, ¿lo seré algún día?…quién sabe, pero soy feliz, y ahora tengo que seguir viviendo con la estabilidad que he alcanzado sin necesitar grandes actos de heroísmo…antes los requería, ya no. Ya he cruzado muchas metas, en carreras y en la vida y ha llegado el momento de disfrutarlas y plantearme otras que me den paz y felicidad.

Había hace años un anuncio, no me acuerdo de qué era, pero salía un actor que se llamaba Athony Quinn que decía “si las cosas que valen la pena fueran fáciles, cualquiera las haría” y me quedó siempre muy grabado. Y existe la idea esta de que lo que vale la pena es difícil de alcanzar y que hay que hacer cosas que poca gente está dispuesta. Vaya….que hay que sufrir para disfrutar. Ya no estoy de acuerdo con eso, porque el otro día me vi feliz andando en bicicleta con mis hijos….hace unos días me comí un helado exquisito que disfruté como si fuera el último de mi vida, escribir me da una satisfacción inmesa, salir a caminar con Tostada me encanta, correr los domingos porque quiero, no porque debo, me da paz…y todas estas cosas (y muchas más) no son difíciles para mi. Creo más bien que uno tiene que encontrar lo que lo hace feliz y hacerlo. Sin importar si es fácil o difícil o a la gente le parece bien o mal. Hay muchos corredores en mi equipo que tienen una pasión que admiro por correr, por los kilómetros recorridos, por el tiempo que hicieron, porque estan “imparables” yo los admiro y me da mucho gusto por ellos, pero yo no soy ese tipo de corredora. Yo no tengo esa pasión que se requiere. Pero si soy el tipo de corredora que toca las plantitas cuando corre, que ve la luz del sol que atraviesa los árboles, que disfruta recorrer la montaña, que siente felicidad cuando cruza las nubes en el Nevado de Toluca, que ríe a carcajadas con sus compañeros corredores. Eso…eso si me hace inmensamente feliz.

Quería la cereza del pastel…y resulta que ni me gustan las cerezas y que mi pastel es de chocolate, no la necesita, ya está delicioso.