Un zape brutal

Hace justo un año descubrí una bolita en el pecho…bolita, qué digo bolita…¡un bolón!…lo sentí mientras me servía agua de una jarra, al cruzar el brazo…así, sin más, eran como las 11 de la noche, venía de una comida con mis amigos de la universidad, de haber pasado un día increíble, y de pronto, todo cambió, sentí inmediatamente como se me bajaba el color, como cuando te pegas un susto de aquellos y sientes que pierdes hasta el pelo, así…eso sentí. Me toqué mil veces, “no puede ser” pensaba, porque me reviso seguido, así que el tamaño no era algo lógico, ¿cómo era posible no haberlo sentido antes?, pues ahí estaba. Por supuesto, fue una de las peores noches de mi vida (quizá la peor, pero gracias a Dios tengo mala memoria) pero de esta si me acuerdo perfecto, sudaba de miedo, una bola tan grande en el pecho no podía ser nada bueno, ya no digamos bueno…nada inofensivo. Con ese tamaño…seguro era algo “fatal”. Iba al cuarto de mis hijos y casi casi me despedía de ellos, los compadecía, pensaba que solo les faltaba que en su vida se presentara este “pequeño problemita” de que su mamá tuviera cáncer. Me veía yo con quimioterapias, sin pelo, tirada en la cama con la boca seca tratando de pronunciar mis ultimas y sabias palabras. Sí sí, parece exagerado, pero de verdad, uno cree que tiene cáncer y pasan mil cosas por la cabeza…o bueno, no sé si todos, yo sí.

Tomé acción al día siguiente, y siguiente y siguiente…..después de varios estudios y una biopsia, el diagnóstico fue benigno…nunca en mi vida me había dado tanto gusto un resultado de laboratorio…creo que ni cuando me dijeron que estaba embarazada me alegró de esa manera. Tenía muchas ganas de celebrar, y lo hice, no en ese momento, sino después…empecé a celebrar mi vida.

Una sacudida de ese tamaño es un regalo, al principio lo veía todo neeegro neeegro….en algún momento de mi vida aprendí que en lugar de preguntarte “por qué” hay que preguntarte “para qué”…y en lo que salían los resultados, que pasaron más de 10 terribles días, no encontraba el “para qué” pero luego me quedó clarísimo.

Hoy lo considero mi primer segundo cumpleaños, porque a partir de ahí empecé a agradecer y vivir al máximo, hice cambios, algunas cosas las dejé como estaban pero las valoré más, me deshice de todo aquello que me causaba problemas y no me dejaba vivir, y además, valoré la salud como no tienen idea. Descubrí a mis verdaderos amigos, descubrí quienes eran los que sin yo saber que ahí estaban..sí estaban, descubrí a los que decían estar…y no estaban. Y me dí cuenta con quién contaba y quién de verdad me quería.

En este año seguí corriendo, corrí medio maratón, aprendí a andar en bicicleta, tuve piojos en la cabeza (hay que mencionarlo todo) empecé a trabajar en lo que siempre he querido hacer, no estoy esperando las condiciones “ideales” para hacer las cosas, las hago ya, tomé decisiones importantes, me fui de vacaciones con mis hijos en diciembre y las pagué yo sola (cosa que nunca había hecho), seguí diciendo lo que pensaba y lo que sentía, de manera políticamente correcta, pero sin importarme lo que pensaba la gente, dejé de buscar darle gusto a todos, me enfoqué en mi y en mis hijos, con eso puedo y solo eso quiero. Les organicé la fiesta de cumpleaños de sus sueños, un torneo de futbol con playeras conmemorativas, medallas y trofeo… me lo agradecieron con toda el alma…conocí gente increíble…hice nuevos amigos, trabajé más y mejor.

Hice muchas cosas que nunca había hecho y las seguiré haciendo, pero lo más importante fue que empecé a agradecer todos los días lo que tengo y también lo que no tengo, ¿alguien lo hace? ¿alguien agradece de pronto no tener un fuerte dolor de cabeza? o quizás puedes agradecer que a tus hijos no les duele el oído…o que te subes al coche y no está ponchada una llanta…Es que pasamos la vida solo pidiendo….A veces agradecemos lo que tenemos, los que hemos confirmado que vivir así es vivir plenamente, pero pocas veces agradecemos todo lo que no tenemos, y hay que recordarlo, cuando me acuesto a dormir, doy gracias de que hace un año aprendí a vivir de manera diferente, aprendí a valorar mi vida, mi salud, la de mis hijos….mis piernas, que me han permitido seguir corriendo, lesiones van y vienen…pero siempre regreso.

De pronto estoy sola en un centro comercial y decido comprarme un helado de yogurt cubierto con chocolate líquido y choco krispis y lo disfruto muchísimo, de pronto voy a correr y veo el sol colado entre los árboles, de pronto estoy acurrucada en un sillón con Tostada tomándome una cerveza, de pronto estoy en el cine sola, de pronto acompañada, de pronto estoy comiendo con amigos o desayunando con mis queridas amigas, de pronto chateo y muero de risa….todo esto quizá lo hacía antes, pero no lo veía.

Hagan hoy en la noche un ejercicio (como lo haría Josefina Vázquez Mota) y cierren los ojos…imaginen que les habla un doctor y les dice “que crees, parece que tienes un tumor”….imaginen lo que sería su vida a partir de ahí, lo que tendrían que hacer, lo que sentiría su familia….y después de verlo todo negro….agradezcan que no es cierto.

Yo no necesito hacerlo, ya me pasó, y agradezco todos los días ese zape que me dio la vida.