(PLAY PARA LEER)
Hay un árbol en donde corro que volteo a ver todo el tiempo, cada vez que paso por donde está tengo que voltear a verlo, y la verdad es que lo saludo. Pensarán que ahora sí me volví loca, pero déjenme les explico.
Es un árbol de durazno, empecé a notarlo en el invierno, está entre un grupo de arboles que parecen todos iguales, pero no lo es…y por alguna razón empecé a tomarle fotos…en la primera parece seco, solo se ven ramas, no se ve bonito, no está frondoso ni tiene color…pero ahí está, parado, decidido, esperando….solo…parece estar solo, y sin embargo los demás se ven muy parecidos, secos, varudos y sin color.
Antes de que llegara la primavera yo me sentía un poco como ese árbol…creo que fue cuando entendí por qué lo veía cada vez que pasaba por ahí. Me parecía familiar….
Cuando llegó la primavera empezó a florear, unos botones lindos, blancos, entre las ramas, sin hojas, empezaron a abrir y se veían las flores, generalmente la la hora que voy le da la luz del sol directamente, sigue en el mismo lugar, como siempre, y con todos los demás alrededor.
Ha pasado el tiempo y lo sigo viendo cada vez que voy, lo sigo saludando y le sigo diciendo lo mismo…sí, le hablo, no, no estoy loca, es mi árbol. Es como yo…
Ahora tiene hojas color vino, se han ido las florecitas, se ve distinto, pero sigue decidido, sigue pareciendo que está entre muchos y sin embargo está solo, pero tranquilo, decidido, y lo chistoso es que el grupo de arboles a su alrededor parecen estar esprando algo, como si quisieran que hiciera algún movimiento para hacerlo ellos también, y parece tener la acitud de “esperen, mi momento llegará” y los demás a veces parecen impacientes, pero ahí siguen…a veces parece que lo admiran, a veces parece que se desesperan, a veces parece como si no lo vieran…pero él sigue ahí..
Hoy no tenía muchas ganas de escribir, no siempre lo hago en mi blog, tengo una libreta donde escribo cosas muy personales, y pensaba escribir esta historia ahí. Pero estoy leyendo un libro, y me hizo reflexionar en algo…me pregunta cuál es mi pasión, qué es lo que más me gusta hacer….lo tengo claro, lo que más me gusta hacer es leer, escribir, correr y estar con mis hijos (siendo la última la mejor para mi)…y me explica el libro que si haces lo que más te gusta, entonces es una manera de compartir y revelar luz.
Por eso comparto esta historia, porque cuando escribo es cuando mejor me siento, y es ahora cuando más ganas tengo de sentirme bien.
Yo soy como ese árbol, yo estoy parada, decidida y determinada a tener la mejor vida que pueda tener, ustedes que leen mi blog, mis amigos y mi familia son como los demás arboles, los que están ahí. Observando….y yo, aunque sé que a veces me equivoco, y que a veces hago las cosas bien, sigo segura de mí…sigo haciendo lo que yo quiero, estoy aprendiendo. Paso por transformaciones, a veces varuda, seca, a veces con flores muy alegre, a veces tranquila y en paz como con la hojas colo vino…
Por eso cada vez que paso por ese lugar, volteo…lo veo y le digo “y hoy, cómo te sientes?” y siempre me contesta. A veces después de preguntarle me volteo para que no me pregunte a mi…porque no siempre le quiero decir, pero regreso la mirada y le digo la verdad, creo que me conoce tan bien que aunque quisiera ocultarle algo, lo sabría de todas maneras, y antes de irme le digo “ahí la llevamos, nos vemos mañana”.
Y ahora que terminé mi historia, confieso que es cierto, escribir me llena, me hace sentir bien, me gusta que alguien lo lea, me hace sentir mejor, por qué? no lo sé. Pero es parte de mi, y no pienso dejar de hacerlo nunca, aunque a veces no lo comparta, escribiré siempre, es mi manera de darme cuenta cuánta luz llevo dentro.